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 Violencia
sexista Algunas claves para la comprensión del feminicidio
en Ciudad Juárez*
Por Griselda Gutiérrez Castañeda
En “Violencia sexista. Algunas claves para comprender el feminicidio
en Ciudad Juárez” (UNAM, 2004) se revela “una
historia de pobreza, misoginia, e impunidad”, donde las precisiones
conceptuales se ven desbordadas por una violencia estructural que
igual sobreexplota el trabajo femenino, o perfecciona “sus
recursos discriminatorios y destructivos contra las mujeres, al
extremo en que ni las víctimas ni sus familias parecen encontrar
justicia, y ni siquiera solidaridad”.
Ciudad
de México | Miércoles 23 de febrero de 2005
* Prólogo del libro Violencia sexista. Algunas
claves para comprender el feminicidio en Ciudad Juárez (UNAM,
2004). Griselda Gutiérrez Castañeda, coordinadora.
En ciertas caracterizaciones que se hacen del fenómeno
de la violencia como una constante en nuestras sociedades, se suele
incorporar a la desigualdad y la pobreza como parte del repertorio
de lo que se denominan formas de violencia estructural, provocadas
por ciertos modelos organizativos de tipo socio económico,
aunados a los mecanismos punitivos de los diseños institucionales
y legales encaminados a preservar un orden dado. En ese tenor se
suele distinguir de esas modalidades de violencia económica,
social, material, las que se podrían considerar formas de
violencia simbólica, en las que se pueden incluir patrones
y actitudes que hacen efectivas valoraciones y relaciones de sojuzgamiento,
devaluación, discriminación, etcétera. Tradicionalmente
se han registrado como variables generadoras o justificantes de
tales conductas razones de estatus social, económicas, raciales,
étnicas, religiosas, ideológico políticas,
e incluso genéricas.
El debate que eventualmente pudo haber desencadenado
el distinto alcance de la gravedad del daño inferido por
la violencia socio económica, la institucional, o la violencia
simbólica, parece haber sido superado cuando se constatan
los costos vitales y psíquicos que le acarrean a la persona
que lo padece. Si los argumentos al reconocer sus efectos les hace
en algún punto equiparables, lo que indudablemente marca
diferencias extremas e inconmensurables es cuando la violencia no
puede ser sancionada ni por ordenamientos establecidos, normativas
sedimentadas o códigos “naturalizados”. Este
es el caso de la violencia que pauperiza como sistema a sus víctimas,
que se ensaña contra ellas por su condición de género,
y que se puede ejercer en su contra con total impunidad.
El caso de los asesinatos y desapariciones de mujeres
de Ciudad Juárez, es una historia de pobreza, misoginia,
e impunidad, un fenómeno en el que sin desmedro de la utilidad
de las precisiones conceptuales, tales distinciones se ven desbordadas,
porque tan estructural es la violencia que sobre explota el trabajo
femenino, como el que en una cultura patriarcal se perfeccionen
sus recursos discriminatorios y destructivos contra las mujeres,
como el que institucional y socialmente se ensanchen los cauces
de la impunidad, al extremo en que ni las víctimas ni sus
familias parecen encontrar justicia, de parte de quienes tienen
la atribución de ejercerla, y ni siquiera solidaridad, la
indiferencia no es exclusiva de amplios sectores de la sociedad
local, se extiende a lo largo del país, y destaca cuando
incluso instancias como las iglesias evitan cualquier pronunciamiento.
En el lapso de diez años la violencia estructural,
la violencia simbólica y la violencia extrema y depredadora
ha aniquilado, según cifras conservadoras a 370 mujeres,
de las que por lo menos en 137 casos hay evidencia de violencia
sexual, y existe un registro aproximado de 500 mujeres desaparecidas[1].
En este contexto hablar de feminicidio[2] no es un exceso, es si
acaso la denominación de un hecho que para intentar comprenderlo
exige rebasar la dimensión casuística, la particularidad
de casos aislados e incluso psicopatías individuales, y dimensionar
que su proliferación es síntoma de una patología
social de origen multifactorial.
Desde los distintos espacios de nuestro quehacer
profesional nos interesa involucrarnos y contribuir a que el debate
público le gane espacio al silencio que se hace cómplice
de tales iniquidades. Son varios los objetivos que nos proponemos
alcanzar con la publicación de este libro:
Particularmente, promover la profundización
del estudio serio y sistemático que permita la comprensión
de un fenómeno cuyo dramatismo e indignidad se viene escenificando
en Ciudad Juárez, pero que está lejos de circunscribirse
a sus límites territoriales, un fenómeno cuyo síntoma
más impactante e inadmisible es el feminicidio, que por sí
mismo nos compromete como estudiosos y profesionales de distintos
campos a analizar los matices y especificidades de las conductas
agresivas cuando su proliferación se focaliza en contra de
las mujeres. Pero un estudio que requiere contender con la perversa
articulación que se da entre una cultura misógina,
con un polo económico político como es la frontera,
en que se concentra un escenario urbano lacerado por la pobreza,
flujos migratorios, fragmentación social, vulnerabilidad,
delincuencia organizada, violencia generalizada, resquebrajamiento
del tejido social y del estado de derecho.
Ante todo, porque es fundamental destacar la suerte
de paradigma que las nuevas tendencias económico políticas
parecen experimentar en esa localidad, Ciudad Juárez es un
modelo económico, carente de todo programa social en el que
esté previsto ya no el progreso social, siquiera medidas
para atenuar el deterioro y el riesgo. No considerar esta gama de
factores dificultará tanto el examen de esta problemática,
como cualquier iniciativa en búsqueda de solución.
Desde luego nos mueve el compromiso cívico
y ético de solidarizarnos con los familiares de las víctimas,
las iniciativas de organización civil que se han dado, y
la vinculación que han establecido con ONG’s y agrupaciones
diversas, para clamar por el esclarecimiento de los delitos, el
castigo a los victimarios y la restitución del daño.
Como también, contribuir a romper el silencio
que ha permitido que las autoridades locales, regionales y federales,
minimicen el problema con actitudes omisas e irresponsables, y se
acaben convirtiendo más que en procuradores de soluciones
y justicia, en cómplices del delito, de la impunidad, y del
repunte de un clima de violencia generalizado que fractura todo
estado de derecho y que es de alcances imprevisibles.
Sin el menor asomo de duda las grandes protagonistas
de la lucha contra la violencia y la impunidad de que han sido y
siguen siendo blanco las mujeres de Juárez, son las familias,
y particularmente las madres de las víctimas, que pese a
la indiferencia e incluso hostigamiento y amenazas de las autoridades,
han logrado hacer visible el problema y han conseguido a fuerza
de tenacidad la colaboración de organizaciones nacionales
e internacionales. Son logros inapreciables el apoyo que les han
brindado múltiples organizaciones civiles, de artistas, de
defensores de derechos humanos, de la propia Comisión Nacional
de Derechos Humanos, del Instituto Nacional de la Mujer, y algunas
comisiones parlamentarias de nuestro Congreso, así como Amnistía
Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,
y distintas instancias de la Organizaciones de las Naciones Unidas,
entre otros, representan grandes pasos que hayan emitido recomendaciones
a las autoridades, y que pudieran sustentar como una violación
a los derechos humanos el inferido a las víctimas y familiares.
Pero son avances que aún están lejos
de concretarse en acciones coordinadas y efectivas para la erradicación
del problema, no obstante persistir en ello es fundamental.
Sin embargo, es menester considerar e insistir que
la juridización del problema no es más que parte de
la posible solución. De ahí que los variados enfoques
de los ensayos que integran este volumen aspiren a enriquecer el
horizonte de análisis y la densidad del reto que autoridades
y sociedad civil tenemos delante de nosotros.
En su mayoría, los trabajos aquí reunidos
son producto de las Jornadas Universitarias contra la Violencia.
Juárez: ni una muerta más ni una mujer menos, a los
que se incorporaron algunas otras colaboraciones. Dicha actividades
tuvieron efecto el 21 y 22 de noviembre de 2002, con el propósito
de sumarnos desde nuestro espacio universitario, a la gran marcha
que las distintas organizaciones de familiares de las víctimas
hicieron a la sede de los poderes federales, y exigir ser escuchadas
por el ejecutivo, audiencia que no se les concedió.
Para la realización de las jornadas universitarias
se contó con el auspicio del Programa Universitario de Estudios
de Género (PUEG) y la Facultad de Filosofía y Letras
de la UNAM, bajo la coordinación de Griselda Gutiérrez
Castañeda. En las mismas se contó con la participación
de destacados profesionales del periodismo, de la política,
de la academia, de distintas especialidades, y con la participación
testimonial de Marisela Ortíz Rivera, como representante
de Nuestras Hijas de Regreso a Casa.
El libro contiene nueve ensayos, distribuidos en
cuatro secciones. La primera esta integrada por un escrito de tipo
testimonial, en el que la conjunción de un conocimiento profundo
de la región, de vivencias personales y de la mirada aguda
que le ha permitido cultivar su profesión como fotoperiodista
hace que Julián Cardona nos ofrezca un rico trabajo para
comprender la problemática realidad de Ciudad Juárez.
Una mirada cuyo objetivo puede ser la cotidianidad
de la afirmación de la vida, así sea en sus formas
más básicas, de mera sobrevivencia, en los espacios
delimitados por el mercado, vale decir, la maquila, el table dance,
la distribución de la droga al menudeo, la venta de protección.
Pero en donde el encuadre hace que ese objetivo se dimensione y
proyecte luz sobre aquellos puntos cardinales que “ordenan”
el horizonte, y son a su vez las fuerzas dirruptoras de ese orden,
y de las posibilidades de la vida: paso por excelencia de la migración,
de asentamientos poblacionales irregulares, laboratorio económico
de los acuerdos económicos internacionales, sede de la delincuencia
organizada en su modalidad de narcotráfico, o en su modalidad
de tráfico de influencias, tanto de autoridades como de particulares.
A fin de cuentas, imágenes en las que Julián
Cardona nos ofrece un retrato en el que quedan plasmadas las tragedias
humanas, personales y sociales, las adicciones, la violencia en
todas sus modalidades llegando al punto de la abyección.
La segunda sección, conformada por tres ensayos,
nos ofrece algunas claves estructurales para la comprensión
de las tendencias que conforman la problemática de Juárez.
En un notable recuento de las transformaciones económicas
que ha acarreado al país su inserción a la globalización
en condiciones subordinadas, en las dos últimas décadas,
se muestra como se desplazaron en términos regionales los
polos de inversión a las zonas fronterizas, y junto con ello
se privilegió la producción maquiladora a costa de
la industria de la transformación, favoreciendo así
las olas migratorias hacia dichos espacios. En este análisis
Sergio Zermeño aporta elementos imprescindibles para comprender
cómo se articula la cara económica de tales cambios,
con la cara social que les acompaña: la del trastocamiento
del mundo de la vida, la de la ruptura de las redes sociales que
permitan afirmar formas de integración y pertenencia, la
descolocación en los roles tradicionales de género.
En suma, la confluencia de todos aquellos factores estructurales
que cobran sus cuotas humanas, atentando contra la seguridad e incluso
la vida, como parte no de mentes psicópatas sino de una patología
social.
En este tenor, asumimos que la tendencia a simplificar
el tratamiento de los crímenes contra las mujeres en Ciudad
Juárez, al punto de reducirle a un asunto de nota roja, es
testimonio de los atavismos y prejuicios que culturalmente permean
a nuestra sociedad, de manera tal que las mujeres típicamente
no son noticia, en tanto se mantienen en sus espacios de encierro
y tareas de reproducción social, y cuando salen no pueden
mas que ser las responsables directas de convertirse en foco del
escándalo, la inseguridad y la violencia. Pero también
es testimonio, como lo destaca Alejandro Gutiérrez, de la
incapacidad, irresponsabilidad e ineficiencia que ha caracterizado
a nuestra clase política para contender con los complejos
problemas provenientes de los grandes atrasos sociales que aquejan
a nuestro país, y con las implicaciones que pueden desencadenar
ciertas políticas económicas con las que supuestamente
se promovería el desarrollo social y económico de
determinadas regiones y se abatirían algunos rezagos.
En efecto, en su trabajo de periodismo de investigación,
el autor nos hace una semblanza de la compleja realidad del fenómeno
fronterizo, nos permite asomarnos a la combinación explosiva
de factores que han dado por resultado lo que es hoy Ciudad Juárez,
en la que se mezclan pobreza, migración, intereses económicos
depredadores, delincuencia organizada y una clase política
cómplice de estos intereses, incapaz e indiferente para hacer
prevalecer la legalidad, para ejecutar una planeación mínima
que permita a abatir el deterioro del espacio urbano y social, así
como los niveles de violencia desbordada, incapaz pues para restañar
el desgarramiento del tejido social que todos esos elementos han
generado.
Ignorar la complejidad que resulta de la combinación
de todos estos factores, nos impide entender, como nos lo hace ver
Alejandro Gutiérrez la densidad de los problemas que hay
que enfrentar, en algún sentido los homicidios perpetrados
contra las mujeres de Juárez, es la punta del iceberg que
denota el nivel de deterioro que podemos ser capaces de alcanzar,
por ello reducir la cuestión a un asunto policiaco no es
más que reproducir una red de complicidades, como el autor
en su trabajo periodístico lo ha podido corroborar, y con
ello contribuir a que ese deterioro se expanda.
Por su parte, en un sucinto análisis, César
Delgado Ballesteros hace penetrantes trazos con los que da cuenta
del significado de un espacio fronterizo como lo es Juárez,
lugar de paso y expectativas, pero también de límite
y bloqueo para las mismas; un lugar que visualizado como canal de
migración está signado por la falta de arraigo, como
de afán alguno por construir un orden estable y vivible,
pero que cuando se convierte en refugio, como ocurre frecuentemente,
y sede de un nomadismo frustrado, no puede menos que condensar altas
dosis de marginalidad, riesgo, ilegalidad; en una palabra, el espacio
proclive para que la vulnerabilidad de sus habitantes se agudice
y cobre sus víctimas entre quienes en la extrema precariedad
de ser mujeres, de ser migrantes y de ser pobres, se vuelven blanco
de la violencia, el abandono y el olvido.
La tercera sección integrada también
por tres ensayos, nos da cuenta de algunas de las distintas formas
de intervención, que con sus bemoles, se han hecho presentes
en tal escenario. El primer ensayo corre a cargo de José
Pérez-Espino, quien es un periodista que haciendo gala de
profesionalismo, de apego a las formas éticas y métodos
de estudio que reclama un periodismo de investigación, tiene
el mérito de haber sido el primero en haber tematizado en
los medios, la cadena de homicidios de mujeres en Ciudad Juárez.
Este hecho denota tanto el compromiso con su quehacer
periodístico, como con los problemas nacionales, y con los
de su lugar de origen que es dicha localidad.
Conocedor de las particularidades de la región
fronteriza y de la ciudad que ha sido el escenario de estos crímenes,
realiza un meticuloso trabajo de la cobertura que algunos de los
principales medios impresos y televisivos han hecho de esta problemática.
Este análisis ineludiblemente se traduce en una denuncia
de muchos de los déficits y vicios que nos aquejan: desde
el centralismo político y cultural que menosprecia los problemas
sociales de las distintas regiones de nuestro país; la devaluación
del trabajo profesional que se produce en estos lugares, en este
caso el de los informadores y los escritores; hasta de la dudosa
ética profesional de aquellos que han divulgado información
sobre esta problemática., quienes dando cuenta de poca seriedad
y rigor en el manejo de las fuentes, los datos, les ha llevado a
diagnósticos mal sustentados, con lo cual hacen patente el
nulo respeto por el trabajo de otros colegas y de falta de sensibilidad
frente a los hechos de los que se hacen voceros, por decir lo menos.
Ya que en algunos casos se ponen de manifiesto comportamientos poco
escrupulosos, al medrar a costa de la tragedia que se escenifica
en aquella región.
El registro de lo que ocurre en el ámbito
mediático, a propósito de la cuestión medular
que son los asesinatos y desapariciones de centenares de mujeres,
no es más que uno de los síntomas, que como bien nos
deja entrever Pérez-Espino, denota el poco aprecio que les
puede merecer a las autoridades, periodistas e intelectuales, sobre
lo que ocurre en otras regiones del país y, desde luego,
del poco aprecio que tienen por la seguridad, la reputación
y la vida de tantas mujeres.
En el segundo ensayo, con la sensibilidad y el compromiso
de una larga trayectoria en las filas del activismo social y la
responsabilidad pública de un cargo de representación
popular, la senadora suplente Patria Jiménez nos hace el
recuento de las diversas iniciativas que desde 1997 en el seno del
Congreso han tenido lugar, a efectos de contribuir a la solución
de los homicidios y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez.
Las diversas estrategias que se han puesto en práctica, dan
cuenta no sólo de la intrincada problemática que se
encara, sino del peso y la densidad que a manera de rémoras
plantean las autoridades políticas y jurídicas locales,
como también las federales, que han dado muestras sobradas
de falta de sensibilidad, y una conjugación de misoginia,
ineptitud e irresponsabilidad.
Esas estrategias han ido desde la integración
de comisiones especiales para diagnosticar el estado de la cuestión,
darle seguimiento a las tareas de las autoridades locales, entrevistarse
con éstas, y con las distintas partes involucradas, incluyendo
familiares de las víctimas, con los presuntos acusados, y
con organizaciones civiles. Como también, emitiendo recomendaciones
a dichas autoridades, en un intento por hacer valer su autoridad
político institucional.
Las rémoras son tan contundentes, que han
echado por tierra los pretendidos compromisos asumidos por las autoridades
locales, al punto que en el trabajo de algunas legisladoras se ha
tenido que apelar a las iniciativas coordinadas con movimientos
sociales, instancias internacionales y distintas iniciativas de
la sociedad civil, para posicionar el tema en el debate público
y darle fuerza a las exigencias de solución y justicia que
la sociedad juarense reclama, y a las cuales se unen voces desde
todos los espacios.
Una clara muestra, pues, de que el poder institucionalizado
no cumple a cabalidad sus responsabilidades, bloquea los cauces
de comunicación interpares, con lo cual se sitúa en
una posición en la que se ve rebasado y deslegitimado.
El tercer ensayo es muestra del invaluable trabajo
que han realizado los grupos promotores de los derechos humanos,
Adriana Carmona como integrante de una de estas agrupaciones hace
un informe del trabajo de análisis, diagnóstico y
de algunas de las conclusiones a que han arribado, destaca ante
todo como la problemática en esa localidad es una muestra
inequívoca del resquebrajamiento del tejido social, pero
también del estado de derecho. El modus operandi de las autoridades
locales testimonian estas apreciaciones, tanto en su tardía
intervención, como en la forma misma de tipificar los problemas.
Así cuando instancias como la Procuraduría General
de Justicia del Estado ha elaborado sus informes hace constar en
sus estadísticas una distinción entre crímenes
seriales y situacionales, a la que parece subyacer la intención
de mostrar la sobreinterpretación que a su juicio significa
tildar de sexistas estos crímenes, cuando a su parecer corresponderían
a crímenes del orden común, que no hace sino demostrar
la dudosa reputación de las víctimas, su responsabilidad
en el desencadenamiento de la violencia de que han sido objeto,
y por ello asunto de interés para la nota roja, pero de ninguna
manera imputable a responsabilidad u omisión de su papel
y a sus atribuciones como autoridades. Por ende, no susceptible
de interpretación alguna que dé lugar a centrar la
atención en la dimensión institucional, jurídica
y/o política, tal que ponga a debate la capacidad de sus
funcionarios y autoridades, y mucho menos, cuestione la eficacia
y compromiso, o la situación social, cultural y valorativa,
que pudieran hacer de este fenómeno un termómetro
de la agudización de formas inequitativas, discriminatorias
y criminales de cariz sexista, o un indicador de su generalización
a nivel social, que hiciera aparecer a las autoridades como parte
y cómplices, o portadores de actitudes insensibles e inconscientes.
En contrapartida el trabajo de los grupos promotores
de los derechos humanos y las ONG’s, han testificado como
lo demuestra Adriana Carmona, las irregularidades que como constantes,
han estado presentes en la actuación de las autoridades:
omisiones y errores en los procedimientos de investigación,
negligencia, parcialidad y actitudes prejuiciadas al tratarse de
víctimas mujeres. Abiertas ilegalidades en la fabricación
de pruebas, falta de elementos para inculpar a los presuntos culpables,
aplicación incluso de tortura, nula asistencia jurídica
a los familiares de las víctimas, e incluso empleo de disuasión
y amenazas en su contra, como también hacia las organizaciones
solidarias para promover la aplicación de la justicia.
Ante la ineptitud y falta de voluntad política
de las autoridades locales, estatales y federales, estas agrupaciones
en apoyo a las familias, y como parte de sus propias iniciativas
han acudido a la difusión, denuncia y búsqueda de
colaboración de instancias internacionales que respalden
y coadyuven a la investigación, aplicación de la justicia,
y desarrollo de programas integrales que reviertan estas tendencias
de descomposición social e institucional.
Por último, en la cuarta sección,
en un esfuerzo de reflexión teórico filosófico
ineludible, se ofrece una interpretación crítica de
cariz ético y político de las implicaciones y significados
de una cultura misógina. El primer ensayo es un breve pero
agudo análisis en el que Graciela Hierro apunta aspectos
clave que hacen de coordenadas para situar el feminicidio en Ciudad
Juárez, considera que la comprensión del fenómeno
de violencia de género es fundamental, porque pese a su especificidad,
en cuanto a la modalidad de su ejercicio, y su selectividad, respecto
a las víctimas a las que se les infringe el daño,
denota un complejo sistemático de construcciones ideológicas
que articulan valores, actitudes, prácticas, discursos, así
como formas organizativas que pautan formas de relaciones, de atribuciones
de reglas que incluyen o excluyen, que jerarquizan, y conforme a
las cuales se diseñan y delimitan espacios y roles.
Un orden patriarcal que se sostiene, al decir de
Graciela Hierro, mediante recursos múltiples para asegurar
su composición, su reproducción y legitimación,
ello explica el papel fundamental que juega la violencia, que en
sus distintos grados y modalidades de ejercicio hace las veces de
medio para afianzar dicho orden, expresándose en forma soterrada
o radical consumándose en violación e incluso homicidio.
Junto a la significativa conjunción de los
distintos ángulos desde los cuales es pertinente analizar
el fenómeno de Ciudad Juárez, en su sentido económico,
sociológico, político y periodístico, apoyados
todos ellos en el manejo de información sólida y sistematizada,
y aportando agudas y sugerentes hipótesis de interpretación,
se remata este recorrido con una reflexión teórica
que sustentada en la teoría de género, nos invita
a examinar el significado de la violencia sexista, y su más
radical expresión que es el feminicidio.
Desde la filosofía política y en diálogo
con otras disciplinas, Griselda Gutiérrez Castañeda
formula interrogantes nodales, que nos permitan comprender la construcción
simbólica, cultural, social de las diferencias, especialmente
las diferencias de género, que las hace sede o plataforma
de desigualdades, construcciones generadoras de relaciones opresivas
y legitimadoras de la articulación persistente entre desigualdad
y violencia.
Es un análisis que arroja luz y nos da pautas
para hacer inteligible una realidad que parece rebasar y trastocar
toda forma de socialidad, de comunicación, de racionalidad,
vale decir, la reiterativa ocurrencia de conductas violentas, de
sus distintas modalidades y grados de daño, y de su repetitiva
focalización contra las mujeres.
Quienes colaboramos en este libro con nuestros escritos
y quienes han apoyado este proyecto, somos concientes que el reposicionamiento
de las mujeres en espacios otrora exclusivos de los hombres, están
a la base de las lecturas sociales que generan rechazo y desencadenan
violencia, que el nuevo orden de comportamiento criminal que se
ha concentrado en Ciudad Juárez, tiende a generalizarse a
otros espacios, que las causas disruptoras de las formas de integración
social son producto de rezagos de larga data que se engarzan con
cambios y nuevas tendencias societales y estructurales, y que las
posibilidades de desintegración se proyectan a múltiples
espacios y alcanzan a todos los actores sociales. Pero también
estamos convencidos que la interpretación de la violencia
sexista como un indicador del grado de deterioro a que hemos llegado
como sociedad, puede fungir como el activador de la alarma que nos
lleve a actuar desde todos los ámbitos para contrarestar
los efectos no deseados que estos cambios epocales acarrean, y particularmente
para actualizar el compromiso ético y político por
la defensa de la legalidad, de la vida y de la dignificación
de las personas.
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[1] Cifras registradas por Amnistía Internacional.
[2] Se define al feminicidio como la acción
desencadenada por motivaciones misóginas, que incluyen violencia
sexual y que tienen por objetivo el exterminio de la víctima,
que son los aspectos centrales destacados por Radford y Russell.
Ver Radford Jill and Diana Russel FEMICIDE, New York, Toronto, 1992.
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Violencia sexista. Algunas claves para comprender el feminicidio
en Ciudad Juárez
Griselda Gutiérrez Castañeda (coord.)
UNAM / Programa Universitario de Estudios de Género / Facultad
de Filosofía y Letras, México, 2004, 166 p.
ISBN 968-36-9537-X
http://www.almargen.com.mx/archivo/libros/claves.htm

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