..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 2, Nro.65, Viernes, 1 de abril del 2005


 

Con Motivo del Dia Del Libro Cubano: La Biblioteca, unica solucion a su crisis
Por Fermín Peraza.

Nuevamente traemos a ustedes documentos del acontecer bibliotecario antes de 1959:

Ante la realidad del alto costo de producción del libro cubano y el precio de venta del extranjero, cuando más necesita el país que el cubano lea, se instruya y tome a plenitud los derechos y deberes democráticos; nos encontramos con la gran realidad de una crisis del libro y la lectura en Cuba, ante la dificultad del acceso al mismo por falta de verdaderas bibliotecas y un proceso educacional que no hace de la Biblioteca, el Archivo y el Museo, centros auxiliares necesarios a sus funciones.

El texto único y lo que es aún peor, la copia, están todavía vigentes en muchas fases de la educación, en nuestro país. Pero es bueno advertir en seguida que no se lee, porque no hay un servicio de bibliotecas bien dotadas y equipadas, y porque el libro en general es extraordinariamente caro.

¿Cuál es la solución? Casi todos los que tratan el problema contestan inmediatamente, que hacer bajar el precio de los libros. Esta solución no lo es en el fondo, porque no se pueden bajar el precio de los libros nada más que en aquellos en que se cobra un precio abusivo, y el precio alto de los libros en Cuba, especialmente los nacionales, es el resultado de factores económicos que no pueden cambiarse sí no se cambian sus causas, lo que equivale a decir todo el engranaje de nuestros ajustes más vitales. Como dijimos en nuestra conferencia del 15 de septiembre de 1944 en la Institución Híspanocubana de Cultura, el libro cubano es una víctima de nuestra organización económica. Cuba vive económicamente del mercado de los Estados Unidos. Lleva a él sus productos y de él recibe cuanto necesita para su vida y progreso. Con relación a la imprenta, adquiere allá las máquinas, papel y tinta, con los cuales elabora los impresos. Paga jornales similares o superiores a los de los Estados Unidos. Y el producto, el libro, por única excepción entre todas las industrias básicas de nuestra economía, no puede llevarse al mercado de nuestros vecinos, que es nuestro mercado, por hablar ambos países distintos idiomas. Ante este problema podríamos pensar en otros mercados, pero inmediatamente que consultamos los distintos tipos de moneda de los países en que pudiéramos encontrarlos, comparados con el alto costo de la moneda cubana, llegamos a la conclusión de que tampoco es posible ofrecer al libro cubano, por este camino, una oportunidad de éxito.

Como consecuencia de lo anteriormente expuesto -seguíamos diciendo en septiembre de 1944-, los libros cubanos se hacen en ediciones muy cortas, no tienen la mayoría de ellos interés mercantil y apenas pasan unos meses después de su impresión, están agotados, o sin estarlo, no se encuentran por ninguna parte Y esto ocurre con los libros que se depositan en las librerías en consignación para liquidar al autor cuando se vendan, porque la mayoría de los impresos cubanos ni siquiera se ponen en venta, y entonces, por supuesto, es aún más difícil adquirirlos.


Tampoco hay facilidades para adquirir libros extranjeros, necesarios para el desenvolvimiento intelectual del país, renovando nuestras ideas al ritmo del pensamiento universal. Sobre esto decíamos en 1944 que la falta de bibliotecas públicas hace que los cubanos salgan de sus estudios sin adquirir el precioso hábito de la lectura, y son, porque no los enseñaron a otra cosa, adultos indiferentes a los libros. Esto merma mercado a las librerías, y como no hay compradores, sus existencias no son lo variada y completas que debieran ser, limitándose a veces sus actividades a simples agencias de edición y venta de libros de texto.

Posteriormente a estas observaciones nuestras se han publicado dos trabajos de importancia sobre el mismo tema: El libro en Cuba, publicado por la Cámara Cubana del Libro, en 1949; y la conferencia: ¿Cuáles son los problemas del libro y cómo resolverlos? por Mariano Sánchez Roca, dada a los oyentes de la Universidad del Aire en el curso Actualidad y destino de Cuba, en virtud de invitación de su director Jorge Mañach, cuya conferencia aparece en el cuaderno 19 de su serie impresa de las conferencias radiadas por C.M.Q.

Ambos trabajos toman los efectos por causas, sin llegar a formular una solución satisfactoria al problema del libro cubano. El primero es una defensa de los libreros, aduciendo razones para justificar que el libro en Cuba no puede venderse a precios bajos, porque el Estado le impone una serie de impuestos y trámites a veces absurdos, que dificultan tanto la importación de los libros extranjeros, como la exportación de los nacionales, y como solución se propone: suspensión o derogación de impuestos a los libros, manteniendo que "mientras no logremos introducir el libro cubano en él mercado continental, intensificando así su producción, el precio de los libros, tanto cubanos como extranjeros, no podrá ser considerablemente rebajado, como se ha de ver en estas páginas”. Esta solución, como hemos visto antes, es totalmente utópica. Para realizarla, sería necesario cambiar toda la economía de América, para adaptarla a la nuestra, haciendo que los pesos argentinos, chilenos, mexicanos, etc., eleven su valor a la altura del dólar.

El segundo trabajo citado, la conferencia de D. Mariano Sánchez Roca ilustre abogado y político español radicado entre nosotros como impresor desde la caída de la República, analiza las dolencias del libro cubano, señalando como sus enemigos: a) El alto costo de la producción, el Fisco y el precio; b) Lo limitado del mercado; c) La dificultad, insuperable, de su exportación; d) La ausencia de una verdadera y protectora política por parte del Estado; e) El reducido número de autores capaces de contribuir a la creación del libro trascendente, mediante el noble y legítimo estímulo de la natural compensación; f) El librero: g) La imposibilidad de la propaganda; h) La falta de crítica exenta de los eflucios de la amistad; i) El sol, el radio y el cine; y j) La creencia, generalizada hasta el infinito, entre los que leen, de que tienen derecho al obsequio de todo libro que se publique. Con gracia e ingenio peculiar analiza Sánchez Roca esos puntos en su trabajo, para coincidir con la Cámara del Libro en la necesidad de suspender o derogar todos los impuestos que directa o indirectamente gravan al libro, así como todos los trámites que lo encarecen al dificultar su entrada o salida en el territorio nacional. Como fórmula concreta para salir en auxilio inmediato del libro, no ve otra solución que la ayuda oficial a las editoriales, descartando las posibilidades de los mercados extranjeros a los cuales confía todo la Cámara del Libro y señalando que tampoco es posible llegar a una cooperación interna para aumentar la venta, por haber intentado sin éxito que las editoriales cubanas se pusieran de acuerdo para adquirir en firme una limitada cantidad de todo libro que se imprima para ellas, lo que hubiera garantizado al menos, la colocación inmediata en el mercado de unos 200 ejemplares cada nueva obra.

Ambos trabajos están de acuerdo en la urgente necesidad de derogar o suspender todos los impuestos que directa o indirectamente gravan al libro, y nosotros hemos mantenido esa tesis en todo momento, suscribiendo, con los demás miembros del Comité del Día del Libro Cubano, la necesidad de derogar o suspender esos impuestos, al igual que la promulgación de la Ley Santovenia, protectora también del libro cubano propuesta desde hace años por un gran defensor de nuestras bibliotecas, el Dr. Emeterio S. Santovenia.

Como hemos visto, ninguno de los dos trabajos nos da una solución satisfactoria al problema del libro en Cuba. Nosotros creemos encontrarla en la biblioteca pública. En la décima edición de nuestro Directorio de bibliotecas de Cuba, anotamos 380 bibliotecas, privadas o públicas, que están prestando servicios en todo el territorio nacional, siendo muchas de ellas municipales, en cumplimiento del mandato expreso de nuestros Estatutos Constitucionales en las que se dispone la obligación de sostener, por lo menos, una biblioteca públíca, cada municipio del país. Esas bibliotecas públicas deben ser el punto de partida de la defensa del libro cubano. Si el Estado adquiere ejemplares de los buenos libros que se publiquen en Cuba o de los que publiquen cubanos en el extranjero, y hace llegar a cada una de esas bibliotecas un ejemplar. Si cada municipio de Cuba, en cumplimiento de la leydedica una cantidad aunque sea muy modesta, para acrecentar el acervo de su biblioteca municipal. Si eso se hiciera, al cabo de un corto período nuestras bibliotecas habrán cambiado por completo, y se hará un milagro, habrá compradores de libros, porque habrá lectores en toda la República, y los libreros serán comerciantes ni más ni menos iguales a los otros, gustosos de traer mercancías, si esa mercancía tiene compradores. Sí eso se hace quedará resuelto el problema del libro cubano, por una vía, la única posible, por el mejoramiento de nuestro servicio bibliotecario.

Inmediatamente que las bibliotecas adquieran mayor cantidad de material, despertarán el interés de la colectividad. Los alumnos egresados de la Escuela de Bibliotecarios de la Facultad de Filosofía y Letras y los Cursos de Verano de la Universidad de la Habana, así como los graduados de la Escuela Cubana de Bibliotecarios, tendrán a su alcance mayores oportunidades de servir a su país y llevar adelante su vocación profesional, frustrada en la mayoría de los casos de Cuba por falta de oportunidades para los más aptos, postergados o desplazados en la mayoría de los casos.

Todo lo que dejamos expuesto puede hacerse entre nosotros mismos, dentro del límite y las posibilidades de nuestro país y puede hacerse también en cualquiera de nuestras nacionalidades latinoamericana, sin necesidad de cambiar toda la economía de América para resolver el problema editorial de Cuba como quiere la Cámara del Libro, o cambiando toda la economía interior de la República, haciendo bajar el precio de todo nuestros productos básicos para obtener con ello el abaratamiento de los libros, como han propuesto otros.

Ambos supuestos son totalmente utópicos, de imposible realización presente ni futura, según nuestra manera de pensar. El costo de los libros debe bajar mediante un equilibrio interno reconociéndose a la industria editora cubana el sacrificio con que ella se desenvuelve en nuestro medio por la necesidad de mantener a un alto costo otros productos que tienen su mercado principal en los Estados Unidos, donde nuestros libros no pueden obtener lectores por la diferencia de idiomas. Y para buscar ese equilibrio es necesario adoptar una política del libro que se oriente en la necesidad de obtener un auxilio para la industria editorial y de librería que eleve su rango y mercado a la altura del volumen de otros productos de nuestra balanza comercial.

Revista Cuba Bibliotecológica (La Habana) I (2) : [10]-12 ; abr.-jun. de 1956




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