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 Rodolfo
Walsh a 28 años de su secuestro y desaparición
A 28
años del secuestro y desaparición de Rodolfo J. Walsh
esta agencia, que no por casualidad lleva su nombre, hace un alto,
mira a Rodolfo y le dice: “esperamos tu despacho, estamos
por cerrar el primer servicio de hoy”. No necesitamos explicarle
justamente a él que la lucha de los pueblos no se detiene,
la noticia no espera, el tiempo fluye y tenemos tanto que hacer
y que aprender.
“Hay
que tirar para adelante, el camino te va llevando, en el camino
se van dando las cosas” decía Walsh a Valenzuela, un
viejo interlocutor de la villa en charlas salpicadas de locro y
vino. Y tiraba para adelante, se embalaba, por eso le decían
“Capitán” o “el Capi”.
Aquí
estamos, en el camino, buscando nuevas respuestas a viejos problemas,
apoyándonos en las ricas experiencias de nuestro pueblo.
Surgimos de “la necesidad de un grupo de compañeros
que intenta enfrentar el manejo de los grandes multimedios ... Nos
proponemos aportar para hacer visible lo que está aparentemente
oculto y no le interesa a los traficantes de la información
... Queremos poner nuestro grano de arena en la ardua construcción
popular, en la difícil lucha por la liberación”.
Esta agencia que se define en estos términos en la invitación
a la suscripción, no por casualidad lleva su nombre.
Sabemos
que las miradas sobre Walsh son múltiples, como múltiples
fueron sus facetas militantes y creativas, siempre hay algo para
aprender de él. Y aquí estamos para eso.
¿Vamos
Capitán?
Agencia
Rodolfo Walsh
**
PEQUEÑA
BIOGRAFÍA DE RODOLFO J. WALSH
Rodolfo J. Walsh nació en 1927 en la localidad de Choele-Choel,
provincia de Río Negro. Fue escritor, periodista, militante,
traductor y asesor de colecciones. Su obra recorre especialmente
el género policial, periodístico y testimonial, con
celebradas obras como “Operación Masacre” y “Quién
mató a Rosendo”. Walsh es para muchos el paradigmático
producto de una tensión resuelta: la establecida entre el
intelectual y la política, la ficción y el compromiso
revolucionario. Como periodista trabajó en Panorama, Noticias,
Semanario Villero. También fue uno de los fundadores de la
agencia Prensa Latina y dirigió, en 1969, el periódico
de la Confederación General del Trabajo de los Argentinos
(CGTA). Fue el artífice de Cadena Informativa y de la Agencia
de Noticias Clandestina (ANCLA), alimentada sobre la base de la
información popular y que funcionó como una herramienta
política ofensiva en el marco de la resistencia a la última
dictadura militar. El 25 de marzo de 1977 un pelotón especializado
emboscó a Rodolfo Walsh en San Juan y Combate de los Pozos
de la ciudad de Buenos Aires, con el objetivo de aprehenderlo vivo.
Walsh, militante revolucionario, se resistió con un arma
calibre 22, pero fue herido de muerte. Su cuerpo nunca apareció.
El día anterior había escrito lo que sería
su última palabra pública: la Carta Abierta a la Junta
Militar, que según el escritor colombiano Gabriel García
Márquez “quedará siempre como una obra maestra
del periodismo universal”. Allí denunciaba el siniestro
balance de los primeros 365 días de la dictadura “sin
esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero
fiel al compromiso que asumí hace mucho de dar testimonio
en momentos difíciles”.
Fuentes:
Asamblea Popular Plaza 1º de Mayo, Con vida los queremos -
APBA
**
GUEVARA
Artículo
de R. Walsh escrito en 1967, extraído del libro “El
violento oficio de escribir” . Editorial Planeta (1995).
¿Por
quién doblan las campanas? Doblan por nosotros. Me resulta
imposible pensar en Guevara, desde esta lúgubre primavera
de Buenos Aires, sin pensar en Hemingway, en Camilo, en Masetti,
en Fabricio Ojeda, en toda esa maravillosa gente que era La Habana
o pasaba por La Habana en el ´59 y el ´60. La nostalgia
se codifica en un rosario de muertos y da un poco de vergüenza
estar aquí sentado frente a una maquina de escribir, aun
sabiendo que eso también es una especie de fatalidad, aun
si uno pudiera consolarse con la idea de que es una fatalidad que
sirve para algo.
Lo
veo a Camilo, una mañana de domingo, volando bajo en un helicóptero
sobre la playa de Coney Island, asomándose muerto de risa
y la muchedumbre que gozaba con él desde abajo. Lo oigo al
viejo Hemingaway, en el aeropuerto de Rancho Boyeros, decir esas
palabras penúltimas: “Vamos a ganar, nosotros los cubanos
vamos a ganar”. Y ante mi sorpresa: “I´m not a
yankee, you know”.
Interminablemente
veo a Masetti en las madrugadas de Prensa Latina, cuando ya se tomaba
mate y se escuchaban unos tangos, pero el asunto que volvía
era el de esa revolución tan necesaria, aunque hoy se presente
tan dura, tan vestida con la sangre de la gente que uno ha admirado
o simplemente quiso.
Nunca
sabíamos en Prensa Latina cuando iba a venir el Che, simplemente
caía sin anunciarse, y la única señal de su
presencia en el edificio eran dos guajiritos con glorioso uniforme
de la sierra, uno se estacionaba junto al ascensor, otro ante la
oficina de Masetti, metralleta al brazo. No sé exactamente
por que daban la impresión de que se harían matar
por Guevara, y que cuando eso ocurriera no sería fácil.
Mucho
tuvieron más suerte que yo, conversaron largamente con Guevara.
Aunque no era imposible, ni siquiera difícil yo me limité
a escucharlo hablar, dos o tres veces, con Masetti. Había
preguntas por hacer pero no daban ganas de interrumpir o quizá
las preguntas quedaban contestadas antes que uno las hiciera. Sentía
lo que él cuenta que sintió al ver por única
vez a Frank País: sólo podría precisar en este
momento que sus ojos mostraban en seguida al hombre poseído
por una causa y que hombre era un ser superior. Yo leía sus
articulos en Verde Olivo, lo escuchaba por TV: parecía suficiente
porque Che Guevara era hombre sin desdoblamiento. Sus escritos hablaban
con su voz, y su voz era la misma en el papel o entre dos mates
en aquella oficina del retiro Médico. Creo que los habaneros
tardaron un poco en acostumbrarse a él, su humor frío
y seco, tan porteño, debía caerles un poco chubasco.
Cuando lo entendieron, era uno de los hombres más queridos
en Cuba.
De
aquel humor se hacía la primera víctima. Que yo recuerde,
ningún jefe del ejercito, ningún general, ningún
héroe se ha descrito a sí mismo huyendo en dos oportunidades.
Del combate de Bueyecito, donde se le trabó la ametralladora
frente a un soldado enemigo que lo tiroteaba de cerca, dice: “Mi
participación en aquel combate fue escasa y nada heroica,
pues los pocos tiros que enfrente con la parte posterior del cuerpo”.
Y refiriéndose a la sorpresa de Altos de espinosa: “No
hice anda más que una ´retirada estratégica´
a toda velocidad en aquel encuentro”. Exageraba él
estas cosas, cuando todos sabían lo que acababa de recordar
Fidel, que lo difícil era sacarlo de lugar, donde hubiera
más peligro. Dominaba su vanidad como el asma. En esa renuncia
a las últimas pasiones, estaba el germen del hombre nuevo
de que hablaba.
Guevara
no se proponía como un héroe: en todo caso, podía
ser héroe a la altura de todos. Pero esto, claro, no era
cierto para los demás. Su altura era anonadante: resultaba
más fácil a veces desistir que seguirlo, y lo mismo
ocurría con Fidel y la gente de la Sierra. Esta exigencia
podía ponernos en crisis, y esa crisis tiene ahora su forma
definitiva, tras los episodios de Bolivia.
Dicho
más simplemente: nos cuesta a muchos eludir la vergüenza,
no de estar vivos – porque no es el deseo de la muerte, es
su contrario, la fuerza de la revolución – sino de
que Guevara haya muerto con tan pocos a su alrededor. Por supuesto,
no sabíamos, oficialmente no sabíamos nada, pero algunos
sospechábamos, temíamos. Fuimos lentos, ¿culpables?
Inútil ya discutir la cosa, pero ese sentimiento que digo
está, al menos para mí, y tal vez sea un nuevo punto
de partida.
El
agente de la CIA que según la agencia Reuter codeó
y panceó a cien periodistas que en Valle Grande pretendían
ver el cadáver, dijo una frase en ingles “Awright,
get the hell out of here”.
Esta
frase con su sello, su impronta, su marca criminal, queda propuesta
para toda la historia. Y su necesaria réplica: alguien tarde
o temprano se irá al carajo de este continente. No será
la memoria del Che.
Que
ahora está desparramado en cien ciudades
Entregado
al camino de quienes no lo conocieron
Rodolfo
Walsh
Buenos
Aires, octubre de 1967.
**
ALGUNAS
DE SUS OBRAS
Diez
cuentos policiales (1953); Cuentos para tahúres; Variaciones
en rojo (1953); Antología del cuento extraño (1956);
Operación Masacre (1957); Secuencia Final; La granada (1965,
teatro); La batalla (1965, teatro); Los oficios terrestres (1965);
Un kilo de oro (1967); ¿Quién mató a Rosendo?
(1969); Un oscuro día de justicia (1973); El caso Satanovsky
(1973); Los oficios terrestres (1986); Esa mujer; Cuento para tahúres
y otros relatos policiales (1987); Los nutrieros; Ese hombre y otros
papeles personales (1995)
ALGUNAS
DE LAS OBRAS QUE HABLAN DE RODOLFO WALSH
Periodistas
desaparecidos “Con vida los queremos” editado por la
APBA, 1986; Rodolfo Walsh y la prensa clandestina, Horacio Verbitsky,
Colección El periodista, 1985; ANCLA, Una experiencia de
comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh, Natalia
Vinelli, La Rosa Blindada, 2002
**
CARTA
ABIERTA DE RODOLFO WALSH A LA JUNTA MILITAR
1.
La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el
allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos
y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos,
son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión
clandestina después de haber opinado libremente como escritor
y periodista durante casi treinta años.
El
primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance
de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales,
donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen
como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.
El
24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban
parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política
represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones
convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva
lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel
Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático
donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.
Ilegítimo
en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en
los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones
de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie
como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único
significado posible de ese "ser nacional" que ustedes
invocan tan a menudo.
Invirtiendo
ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses
de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas
productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una
política semejante sólo puede imponerse transitoriamente
prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando
la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido
la sociedad argentina.
2.
Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas
de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.
Colmadas
las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales
guarniciones del país virtuales campos de concentración
donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador
internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado
como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría
de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite
y el fusilamiento sin juicio.1
Más
de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados
negativamente este último año. En otros miles de casos
de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque
se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado
que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que
lo hacían fueron a su turno secuestrados.
De
este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite
en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de
presentarlo al juez en diez días según manda un ley
que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores
dictaduras.
La
falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la
falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas
en que se operó directamente sobre las articulaciones y las
vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos
y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos.
El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los
inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con
la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones
contemporáneas.2
Mediante
sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a
la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes
a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida
que el fin original de obtener información se extravía
en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso
de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder
la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han
perdido.
3.
La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros
es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución
de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el
pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.
Extremistas
que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez
en vehículos que se incendian son los estereotipos de un
libreto que no está hecho para ser creído sino para
burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla
mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias
desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones
guerrilleras.
Setenta
fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a
la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por
el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año
Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19
tras la explosión que destruyó la comisaría
de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos
combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando
no tuvieron muertos.
Depositarios
de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia,
incapaces de influir en la política que dicta los hechos
por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados
sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores
no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar
la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de "cuenta-cadáveres"
que usaron los SS en los países ocupados y los invasores
en Vietnam.
El
remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es
asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que
en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo
10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más
encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por
un muestreo periodístico de circulación clandestina
que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero
de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23
muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.3
Más
de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de
fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien
lo crea sino a prevenir a la guerrilla y los partidos de que aún
los presos reconocidos son la reserva estratégica de las
represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según
la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el
humor del momento.
Así
ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez,
jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo
con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba,
después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta
prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas
sin piedad y narradas sin pudor.4
El
asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el
6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción
del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez
Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones
alucinados sino la política misma que ustedes planifican
en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen
como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros
de la Junta de Gobierno.
4.
Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en
secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos
de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo,
por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por
el espanto provocado entre sus propias fuerzas.5
Veinticinco
cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las
costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento
de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de
la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de
esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda,
atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región
anal y fracturas visibles" según su autopsia.
Un
verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976
un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió
a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió
a los diarios que no la publicaron.6
Treinta
y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril
de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río
Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del
20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo
de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.
En
esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha,
presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces dc
atravesar la mayor guarnición del país en camiones
militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de
arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada
Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante
Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la
Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias
de distintos signos" ni el árbitro justo entre "dos
terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido
el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.8
La
misma continuidad histórica liga el asesinato del general
Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte
del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor
Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se
ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos
en Chile, Boliva y Uruguay.9
La
segura participación en esos crímenes del Departamento
de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por
oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los
comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos
a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA
en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que
hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse
siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos
jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez,
en la creación de la Logia Libertadores de América,
que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido
por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este
cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de
cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara,
quien desde hace una década investigaba los negociados de
altos jefes de la Marina, o del periodista de "Prensa Libre"
Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que
ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez
de Hoz con monopolios internacionales.
A
la luz de estos episodios cobra su significado final la definición
de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que
libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza
más allá del bien y del mal".10
5.
Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no
son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al
pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos
en que ustedes incurren. En la política económica
de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación
de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones
de seres humanos con la miseria planificada.
En
un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores
al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional
al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita
un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando así
formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos
reductos coloniales.
Congelando
salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de
las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva,
prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios,
elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo
aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las
relaciones de producción a los comienzos de la era industrial,
y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados
de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en
algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.13
Los
resultados de esa política han sido fulminantes. En este
primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido
el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido
prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran
Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que
nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como
la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las
cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas
fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto
de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares,
suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de
médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo
provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".
Basta
andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez
con que semejante política la convirtió en una villa
miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios
enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean
las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en
un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios
militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más
grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios
del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos
industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han
tomado es prohibir a la gente que se bañe.
Tampoco
en las metas abstractas de la economía, a las que suelen
llamar "el país", han sido ustedes más afortunados.
Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior
que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación
anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana
de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión
externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto
de la fría deliberación y la cruda inepcia.
Mientras
todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian
hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma.
Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad
de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y
Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía
Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que
duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director
de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares
a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación
ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte,
único campo de la actividad argentina donde el producto crece
y donde la cotización por guerrillero abatido sube más
rápido que el dólar.
6.
Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta
que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia,
la política económica de esa Junta sólo reconoce
como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva
oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios
internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices,
la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente
el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.
Un
aumento del 722% en los precios de la producción animal en
1976 define la magnitud de la restauración oligárquica
emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo
de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda:
"Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos
sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".14
El
espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana
ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos
por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana
duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda
loca de la especulación en dólares, letras, valores
ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por
hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía
a acabar con el "festín de los corruptos".
Desnacionalizando
bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos
de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se
premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas
de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando
los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur
y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos
hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas
de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios
al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología
que amenaza al ser nacional.
Si
una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no
pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla
defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la
vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes
en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen
al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún
si mataran al último guerrillero, no haría más
que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más
de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino
no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del
estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.
Estas
son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto
gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin
esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero
fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio
en momentos difíciles.
Rodolfo
Walsh. - C.I. 2845022
Buenos
Aires, 24 de marzo de 1977.
1 Desde
enero de 1977 la Junta empezó a publicar nóminas incompletas
de nuevos detenidos y de "liberados" que en su mayoría
no son tales sino procesados que dejan de estar a su disposición
pero siguen presos. Los nombres de millares de prisioneros son aún
secreto militar y las condiciones para su tortura y posterior fusilamiento
permanecen intactas.
2 El dirigente peronista Jorge Lizaso fue despellejado en vida,
el ex diputado radical Mario Amaya muerto a palos, el ex diputado
Muñiz Barreto desnucado de un golpe. Testimonio de una sobreviviente:
"Picana en los brazos, las manos, los muslos, cerca de la boca
cada vez que lloraba o rezaba... Cada veinte minutos abrían
la puerta y me decían que me iban hacer fiambre con la máquina
de sierra que se escuchaba".
3
"Cadena Informativa", mensaje Nro. 4, febrero de 1977.
4
Una versión exacta aparece en esta carta de los presos en
la Cárcel de Encausados al obispo de Córdoba, monseñor
Primatesta: "El 17 de mayo son retirados con el engaño
de ir a la enfermería seis compañeros que luego son
fusilados. Se trata de Miguel Angel Mosse, José Svagusa,
Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Yung y Eduardo Hernández,
de cuya muerte en un intento de fuga informó el Tercer Cuerpo
de Ejército. El 29 de mayo son retirados José Pucheta
y Carlos Sgadurra. Este úItimo había sido castigado
al punto de que no se podía mantener en pie sufriendo varias
fracturas de miembros. Luego aparecen también fusilados en
un intento de fuga".
5
En los primeros 15 días de gobierno militar aparecieron 63
cadáveres, según los diarios. Una proyección
anual da la cifra de 1500. La presunción de que puede ascender
al doble se funda en que desde enero de 1976 la información
periodística era incompleta y en el aumento global de la
represión después del golpe. Una estimación
global verosímil de las muertes producidas por la Junta es
la siguiente. Muertos en combate: 600. Fusilados: 1.300. Ejecutados
en secreto: 2.000. Varios. 100. Total: 4.000.
6
Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina
de Noticias.
7
"Programa" dirigido entre julio y diciembre de 1976 por
el brigadier Mariani, jefe de la Primera Brigada Aérea del
Palomar. Se usaron transportes Fokker F-27.
8 El canciller vicealmirante Guzzeti en reportaje publicado por
"La Opinión" el 3-10-76 admitió que "el
terrorismo de derecha no es tal" sino "un anticuerpo".
9
El general Prats, último ministro de Ejército del
presidente Allende, muerto por una bomba en setiembre de 1974. Los
ex parlamentarios uruguayos Michelini y Gutiérrez Ruiz aparecieron
acribillados el 2-5-76. El cadáver del general Torres, ex
presidente de Bolivia, apareció el 2-6-76, después
que el ministro del Interior y ex jefe de Policía de Isabel
Martínez, general Harguindeguy, lo acusó de "simular"
su secuestro.
10
Teniente Coronel Hugo Ildebrando Pascarelli según "La
Razón" del 12-6-76. Jefe del Grupo I de Artillería
de Ciudadela. Pascarelli es el presunto responsable de 33 fusilamientos
entre el 5 de enero y el 3 de febrero de 1977.
11
Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976.
Después la situación se agravó aún más.
12
Diario "Clarín".
13
Entre los dirigentes nacionales secuestrados se cuentan Mario Aguirre
de ATE, Jorge Di Pasquale de Farmacia, Oscar Smith de Luz y Fuerza.
Los secuestros y asesinatos de delegados han sido particularmente
graves en metalúrgicos y navales.
14
Prensa Libre, 16-12-76.
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RODOLFO
CONVIRTIÓ LA REALIDAD
Rodolfo
convirtió la realidad en su obra maestra asedió las
respuestas con preguntas urísimas tuvo una enojosa obsesión
por la verdad cómo no iban a odiarlo si sabían que
sabía maltrecho o pertrecho con su cara de insomnio sus ojos
pálidos de testigo sus opiniones de pedernal su seriedad
de clown en día de asueto Rodolfo convirtió la realidad
en su obra maestra averiguó hasta llegar al máximo
rigor de la tristeza se desprendió de los pretextos como
de hollejos se puso el riesgo con la mejor de sus sencilleces desde
la rabia invadió la esperanza y
bregó hasta que le secuestraron la noticia pero
tenía otras culpas todas sin atenuantes cómo
no iban a odiarlo si le mataron a la hija Rodolfo
convirtió la realidad en su obra maestra uno
podía abrirla en cualquier tiroteo y
salían volando inocencias fervores paces
y guerras extraños ciudadanos que
se sabían comprendidos a la exacta medida de
su justicia visceral modestísima cómo
no iban a odiarlo si era justo y
no tuvo vergüenza de saberlo.
Del
libro COTIDIANAS (1979)
Mario Benedetti
Tomado
de http://www.elistas.net/lista/agenciawalsh
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