..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 2, Nro.99, Viernes, 25 de noviembre del 2005

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Alto a la violencia
Por Ileana Artiles*

El próximo 25 de noviembre se celebra el Día Mundial de la No Violencia contra las mujeres, un fenómeno poco visible en muchos países que limita el alcance de una salud integral para todas, propósito de la nueva campaña regional sobre el tema

La violencia de género causa más muertes e incapacidad entre las mujeres de 15 a 44 años que el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico e incluso la guerra.

Se puede afirmar que todas las personas, en alguna etapa de sus vidas, han sido víctimas de intimidación, ya sea en situaciones de abierto conflicto o incluso en la resolución de problemas, a veces muy simples, de la vida cotidiana.

La diferencia estriba en que el factor de riesgo o vulnerabilidad para la violencia de género es el solo hecho de ser mujer, un fenómeno que a fuerza de cotidiano se nos ha vuelto casi imperceptible, pues no le damos el espacio que requiere en nuestra conciencia individual y colectiva.

Como realidad compleja, nos resistimos a percibirla y se nos dificulta pensarla, pero esta violencia contra la mujer afecta a toda la familia, especialmente a niños y niñas.

Según apunta la OPS, una proporción elevada de mujeres es golpeada durante el embarazo. De acuerdo a la UNICEF, solo uno de cada tres casos de abuso sexual en América Latina es denunciado, y de ellos, el 80% corresponde a niñas o adolescentes.

Otra fuente señala que entre el 30% y 50% de las víctimas de violación o intento de violación tiene menos de 15 años y alrededor del 20% tiene menos de 10 años, según estudios realizados en Chile, Perú, Malasia y Estados Unidos.

Epidemia invisible

Las 225 personas más ricas del mundo, todos hombres, acumulan el mismo capital que los 2 500 millones más pobres, de los cuales el 80 por ciento son mujeres. Mientras se gasta en armamento 780 000 millones de dólares al año, solo se destina a la salud reproductiva de las féminas 12 000 millones.

Estos son dos ejemplos que reflejan la asimetría existente en las relaciones de poder entre varones y mujeres. El “patriarcado” como sistema perpetúa la subordinación y desvalorización de lo femenino frente a lo masculino, negando además los derechos de la mujer a la libertad, la salud, la seguridad, la protección en condiciones de igualdad, a no ser sometida a torturas o tratos crueles, inhumanos o degradantes y, en definitiva, su derecho a la vida.

La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la mujer de la Asamblea General de las Naciones Unidas abarca “la violencia física, sexual y psicológica en la familia, incluidos los golpes, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital y otras prácticas tradicionales que atentan contra la mujer.”

Así mismo incluye “la violencia ejercida por personas distintas del marido y la violencia relacionada con la explotación; la violencia física, sexual y psicológica al nivel de la comunidad en general, incluidas las violaciones, los abusos sexuales, el hostigamiento y la intimidación sexual en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros ámbitos (...)”.

Como una buena parte de este fenómeno se produce dentro del hogar, ha merecido especial preocupación por parte de organizaciones de mujeres, investigadoras/es, organismos de gobierno y agencias de desarrollo.

Pero este problema, como todo lo relacionado con la violencia intrafamiliar, se ve afectado por un elevado subregistro, pues un número indeterminado de sobrevivientes no hacen la denuncia o no buscan asistencia médica por temor a la censura social, la “culpa” que han aprendido a sentir o la vergüenza que perciben al hacerla pública.

Otro factor importante es que en la mayoría de los casos no se reconoce la situación vivida como violencia, a lo cual se agrega que en las instituciones de salud de numerosas naciones la práctica tradicional genera la invisibilidad de la violencia contra la mujer, pues no están preparadas para identificar este fenómeno como causa de morbilidad a través de las patologías que genera.

Es por eso que la OPS, la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLAC) y otras instituciones hablan de una epidemia invisible, cuyas consecuencias pudieran no ser mortales en algunos casos, pero en otros sí.

La ubicación de esta problemática en el marco de la salud pública, propósito de la nueva campaña regional para los años 2005-2007, es una estrategia que contribuye a visualizarla socialmente y a buscar alternativas para atender sus efectos.

Esta propuesta, enfocada en la comunidad, abarca la atención a sobrevivientes, la prevención, una mayor capacitación de los especialistas en el tema y políticas educacionales para facilitar modelos de conducta no agresivos, el entrenamiento en la resolución de conflictos por medios no violentos y el estímulo hacia las actitudes respetuosas hacia los sentimientos, el cuerpo y los derechos tanto propios como ajenos, así como una educación no sexista.

Por eso, este 25 de noviembre constituirá un momento especial para formar estrechas alianzas con el personal de salud, que ocupa un lugar privilegiado en el proceso de detectar, denunciar, atender y acoger a las víctimas, quienes deben contar con las herramientas y el apoyo necesario para defender su derecho a vivir sin violencias.

*Máster en Sexualidad del CENESEX

http://www.jrebelde.cu/secciones/sexosentido/portadasexo.html




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