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 Alto a la violencia
Por Ileana Artiles*
El próximo 25 de noviembre se celebra el Día
Mundial de la No Violencia contra las mujeres, un fenómeno
poco visible en muchos países que limita el alcance de una
salud integral para todas, propósito de la nueva campaña
regional sobre el tema
La violencia de género causa más muertes e incapacidad
entre las mujeres de 15 a 44 años que el cáncer, la
malaria, los accidentes de tráfico e incluso la guerra.
Se puede afirmar que todas las personas, en alguna etapa de sus
vidas, han sido víctimas de intimidación, ya sea en
situaciones de abierto conflicto o incluso en la resolución
de problemas, a veces muy simples, de la vida cotidiana.
La diferencia estriba en que el factor de riesgo o vulnerabilidad
para la violencia de género es el solo hecho de ser mujer,
un fenómeno que a fuerza de cotidiano se nos ha vuelto casi
imperceptible, pues no le damos el espacio que requiere en nuestra
conciencia individual y colectiva.
Como realidad compleja, nos resistimos a percibirla y se nos dificulta
pensarla, pero esta violencia contra la mujer afecta a toda la familia,
especialmente a niños y niñas.
Según apunta la OPS, una proporción elevada de mujeres
es golpeada durante el embarazo. De acuerdo a la UNICEF, solo uno
de cada tres casos de abuso sexual en América Latina es denunciado,
y de ellos, el 80% corresponde a niñas o adolescentes.
Otra fuente señala que entre el 30% y 50% de las víctimas
de violación o intento de violación tiene menos de
15 años y alrededor del 20% tiene menos de 10 años,
según estudios realizados en Chile, Perú, Malasia
y Estados Unidos.
Epidemia
invisible
Las 225 personas más ricas del mundo, todos hombres, acumulan
el mismo capital que los 2 500 millones más pobres, de los
cuales el 80 por ciento son mujeres. Mientras se gasta en armamento
780 000 millones de dólares al año, solo se destina
a la salud reproductiva de las féminas 12 000 millones.
Estos son dos ejemplos que reflejan la asimetría existente
en las relaciones de poder entre varones y mujeres. El “patriarcado”
como sistema perpetúa la subordinación y desvalorización
de lo femenino frente a lo masculino, negando además los
derechos de la mujer a la libertad, la salud, la seguridad, la protección
en condiciones de igualdad, a no ser sometida a torturas o tratos
crueles, inhumanos o degradantes y, en definitiva, su derecho a
la vida.
La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia
contra la mujer de la Asamblea General de las Naciones Unidas abarca
“la violencia física, sexual y psicológica en
la familia, incluidos los golpes, el abuso sexual de las niñas
en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación
por el marido, la mutilación genital y otras prácticas
tradicionales que atentan contra la mujer.”
Así mismo incluye “la violencia ejercida por personas
distintas del marido y la violencia relacionada con la explotación;
la violencia física, sexual y psicológica al nivel
de la comunidad en general, incluidas las violaciones, los abusos
sexuales, el hostigamiento y la intimidación sexual en el
trabajo, en instituciones educacionales y en otros ámbitos
(...)”.
Como una buena parte de este fenómeno se produce dentro
del hogar, ha merecido especial preocupación por parte de
organizaciones de mujeres, investigadoras/es, organismos de gobierno
y agencias de desarrollo.
Pero este problema, como todo lo relacionado con la violencia intrafamiliar,
se ve afectado por un elevado subregistro, pues un número
indeterminado de sobrevivientes no hacen la denuncia o no buscan
asistencia médica por temor a la censura social, la “culpa”
que han aprendido a sentir o la vergüenza que perciben al hacerla
pública.
Otro factor importante es que en la mayoría de los casos
no se reconoce la situación vivida como violencia, a lo cual
se agrega que en las instituciones de salud de numerosas naciones
la práctica tradicional genera la invisibilidad de la violencia
contra la mujer, pues no están preparadas para identificar
este fenómeno como causa de morbilidad a través de
las patologías que genera.
Es por eso que la OPS, la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas
y del Caribe (RSMLAC) y otras instituciones hablan de una epidemia
invisible, cuyas consecuencias pudieran no ser mortales en algunos
casos, pero en otros sí.
La ubicación de esta problemática en el marco de
la salud pública, propósito de la nueva campaña
regional para los años 2005-2007, es una estrategia que contribuye
a visualizarla socialmente y a buscar alternativas para atender
sus efectos.
Esta propuesta, enfocada en la comunidad, abarca la atención
a sobrevivientes, la prevención, una mayor capacitación
de los especialistas en el tema y políticas educacionales
para facilitar modelos de conducta no agresivos, el entrenamiento
en la resolución de conflictos por medios no violentos y
el estímulo hacia las actitudes respetuosas hacia los sentimientos,
el cuerpo y los derechos tanto propios como ajenos, así como
una educación no sexista.
Por eso, este 25 de noviembre constituirá un momento especial
para formar estrechas alianzas con el personal de salud, que ocupa
un lugar privilegiado en el proceso de detectar, denunciar, atender
y acoger a las víctimas, quienes deben contar con las herramientas
y el apoyo necesario para defender su derecho a vivir sin violencias.
*Máster en Sexualidad del CENESEX
http://www.jrebelde.cu/secciones/sexosentido/portadasexo.html
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