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 Cuba y la lucha contra la corrupción
Por Pascual Serrano
El gobierno cubano ha iniciado una ofensiva sin precedentes contra
la corrupción. Es verdad que ha habido otras anteriormente,
pero ninguna de esta envergadura. Su objetivo va desde la lucha
contra la distribución y venta ilegal de productos agropecuarios,
al mercado negro de gasolina o las ilegalidades en los restaurantes
privados, llamados paladares. Algunos medios de comunicación
están presentando fuera de Cuba esas medidas como represivas
o arbitrarias, tal y como suelen hacer con casi todas las decisiones
del gobierno cubano. En otras ocasiones, las agencias y medios han
calificado las intervenciones como una cruzada contra los “nuevos
ricos”, término inapropiado porque la lucha no es contra
la riqueza sino contra las vías ilegales de enriquecimiento
a costa de los fondos comunes que un estado social dispone para
atender las necesidades de los ciudadanos. Por todo ello, quizás
sea bueno conocer esas medidas con precisión.
La corrupción es, indiscutiblemente, un hecho excesivamente
común en todo el mundo y, especialmente, en América
Latina. Cuba no es ninguna excepción, sin embargo, la existencia
de un sistema socialista permite que no existan unos métodos
y que aparezcan otros. En los países capitalistas una forma
muy habitual de corrupción es el soborno a un funcionario
o político por parte de una empresa para ser la adjudicataria
por el Estado para la prestación de un servicio o la venta
de un producto. En Cuba eso no puede suceder, no hay empresas privadas
adjudicatarias de limpieza, de mantenimiento, de sanidad, de educación...
Otra corrupción generalizada en el mundo es la ligada a las
constructoras y las calificaciones de terrenos. Son los políticos
quienes deciden cuándo una superficie puede ser construida
y su precio pasa a multiplicarse varias veces su valor, es lógico
por tanto deducir las connivencias ilegales entre propietarios de
terrenos y políticos que tienen en su mano la recalificación
de esas superficies, la autorización para construir o el
número de alturas de los edificios. Son sólo dos ejemplos
de formas de corrupción inherentes en el capitalismo. Hay
muchas más: la financiación de las campañas
electorales, las políticas de subvenciones públicas
a determinadas empresas o sectores, etc... Ninguna de estas corrupciones
existen en un sistema socialista.
Sin embargo, un sistema como el cubano puede generar otras corrupciones,
y es contra ellas contra las que se está actuando por parte
del gobierno. Estos días algunos mercados agropecuarios amanecieron
convulsionados por las medidas de inspección y control que
se establecieron por sorpresa. Se trata de mercados que ofrecen
productos a precios liberalizados procedentes de un determinado
porcentaje de la producción agrícola que se le permite
a los campesinos y cooperativas distribuir en el mercado libre.
Las cooperativas cubanas disponen de ayudas para insumos, maquinaria,
combustible, e incluso la cesión de tierras, por parte del
gobierno a cambio de que gran parte de su producción se venda
al estado a un precio tasado. De este modo, los consumidores pueden
acceder a frutas y verduras a un precio menor del que correspondería
por ley del mercado, algo que no sucede en el resto de países
de América Latina. El resto la pueden vender en el mercado
libre.
La creación de mercados agropecuarios de precio libre fue
una medida aprobada en el periodo especial que ayudaba a que los
escasos productos agrícolas pudieran llegar a las capitales
y no quedarse para el consumo exclusivo de las zonas productoras.
La mejora de la economía y el acceso a recuperado al combustible
para la maquinaria agrícola ha permitido aumentar la producción
hasta el punto de que estos mercados libres ya no son tan imprescindibles
para garantizar el suministro de las capitales, al contrario, restan
suministros a los mercados estatales a precios más accesibles
para los cubanos. Además, la picaresca ha provocado el desvío
cada vez mayor de productos que deberían distribuirse vía
precio limitado al Estado, hacia el mercado libre, con mayor margen
de ganancia para campesino pero, sobretodo, para redes de distribución
no controladas que encarecen los productos y desabastecen los mercados
estatales. El resultado es la ausencia de productos baratos y asequibles
en los mercados estatales y su aparición en los mercados
liberalizados con su precio multiplicado. Otras veces es sólo
el desvío de los mejores productos, dejando para el gobierno
los de peor calidad. Es por eso que las inspecciones ahora han confiscado
decenas de camiones que burlaban la ley e impuesto importantes multas.
A mediados de octubre, La Habana se despertó con otra medida
relámpago. Los expendedores de las gasolineras, llamados
pisteros, fueron sustituidos súbitamente por trabajadores
sociales. El operativo se fundamentaba en la sospecha gubernamental
de que los empleados de Cuba Petróleo (Cupet) sustraían
ilícitamente combustible y lo revendían a bajo precio.
Son muchos los funcionarios que tienen adjudicado una determinada
cantidad de combustible que no utilizan y que, con la complicidad
de los trabajadores de las gasolineras, desviaban al mercado negro.
Todo ello afecta negativamente a los recursos públicos y,
por tanto, a los servicios gratuitos o subvencionados que ofrece
el sistema cubano a los ciudadanos. Los jóvenes trabajadores
sociales interceptaban ahora la complicidad de las gasolineras y
registraban la matrícula de cada automóvil que repostaba
combustible. Con esa acción se hicieron “grandes ahorros
de combustible, con sumas importantes para el país",
señaló el presidente. Según los trabajadores
sociales, hoy se esta recaudando el doble y el triple de dinero
que antes. También se ha aumentado el control del puerto
de La Habana con el propósito de fiscalizar todas las operaciones
de carga y descarga, donde eran habituales los robos y desapariciones.
Por otro lado, en los últimos días se han incrementado
los controles a los restaurantes privados, llamados paladares, permitidos
en 1994 en pleno periodo especial como vía para poder resolver
los ingresos de algunos cubanos mediante un tipo de trabajo por
cuenta propia hasta entonces ilegal. El gobierno ha acusado a estas
empresas de parasitarias al estar disfrutando de los precios subsidiados
y casi gratuitos de electricidad, agua y otros servicios públicos,
con el consiguiente daño a la economía pública.
Las medidas adoptadas no pasan por la prohibición, sino sólo
por el control de su actividad, número de mesas, personal,
etc...
En conclusión, lo que está sucediendo en Cuba no
tiene nada que ver ni con medidas represivas ni con obsesiones persecutorias
contra ningún tipo de cubano que no sean los que buscan enriquecerse
a costa del patrimonio y del trabajo colectivo de toda la sociedad.
Parece que hasta esos objetivos molestan a los enemigos del socialismo
cubano. Probablemente vean que, una vez más, les están
arrebatando argumentos para atacar a Cuba y eso no lo perdonan.
www.pascualserrano.net
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=22892
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