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 Como fue
que el New York Times descubrió todas esas armas de destrucción
masiva en Cuba e Irak
Por Jane Franklin
ZNET
Traducción para Cubadebate: Isabel Perea
El articulo del New York Times del domingo 8 de septiembre, vociferaba
“EEUU dice que Hussein intensifica búsqueda de piezas
para Bomba Atómica”. Ese artículo fatal es hoy
un ejemplo de la desastrosa simbiosis que hay entre la Casa Blanca
y las corporaciones de noticias. Utilizando fuentes de la Casa Blanca,
los co-autores Judith Miller y Michael Gordon plantearon como hechos
que “Irak ha intentado comprar miles de tubos de aluminio
especialmente diseñados, que funcionarios norteamericanos
consideran se usarán como componentes para centrifugar y
enriquecer uranio” en el uso de la construcción de
armas nucleares.
El artículo advertía que los funcionarios de EEUU
estaban alarmados por “la pesquisa de Irak de armas nucleares”.
“La primera señal de la prueba, discuten, puede que
sea la nube de hongo nuclear.” Aquí estaba el regalo
perfecto para la búsqueda de Bush de una guerra: un artículo
cotorreando las propias palabras de la administración en
primera plana del liberal New York Times, “el periódico
de la seriedad.” Preparado para los programas televisados
del domingo y sus invitados de a Casa Blanca, el artículo
fue desplegado a escasa horas de su publicación por el vicepresidente
Dick Cheney, el Secretario de Estado Colin Powell y la Asesora de
Seguridad Nacional Condoleezza Rice, cada uno aprovechando la oportunidad
para divulgar esta terrible desinformación al publico televisivo
a través del mundo y del país.
En el programa “Meet the Press” con Tim Russert, Cheney
citó el articulo como prueba en apoyo a la política
de la Administración: “Hay un articulo en el New York
Times está mañana… Quiero atribuirle al Times.
No quiero hablar, obviamente sobre fuentes especificas de inteligencia,
pero es público ya, de hecho que [Saddam Hussein] ha estado
intentando adquirir… los tipos de tubos que se necesitan para
construir una centrifuga como paso hacia la construcción
de una bomba nuclear. El general Colina Powell, un moderado según
la imagen en los medios (a pesar de logros como el de haber encubierto
la masacre de My Lai en Vietnam, apoyar a los contra en Nicaragua
y supervisar la invasión de Panamá) era parte del
espectáculo.
En su entrevista para “Fox News Sunday” hecha por Tony
Snow y Brit Hume, Powell emitió un discurso belicoso pidiendo
un “cambio rápido de régimen” porque “el
tiempo no está de nuestra parte.” “Como pudimos
ver en el reportaje de esta mañana,” advirtió
con gravedad, Hussein ha solicitado “estos tubos de aluminio
especializados que se requieren para hacer las centrífugas
que darán la capacidad” para construir bombas nucleares.
Entrevistada por Wolf Blitzer en el programa “Late Edition”
de CNN, Condi Rice dijo que la Casa Blanca sabe de “envíos
hacia Irak” de tubos de aluminio “que solo sirven para
los programas de armas nucleares.”
Dejó de mencionar que su propio gabinete había recibido
información a principios de año de que existían
serias dudas sobre esa afirmación. Tomando prestada una oración
del articulo dijo “no queremos que la prueba final sea la
nube nuclear en forma de hongo.” Esta frase se convirtió
en el grito de unión utilizado por el Presidente Bush el
7 de octubre en Cincinnati que llevó a la Nación a
la guerra. “Irak,” dijo, “ha intentado adquirir
tubos de alta calidad de aluminio y otros equipos que se utilizan
para las centrifugas de gas, que se usan para enriquecer el uranio
para las armas nucleares.”
“Enfrentados a una prueba evidente de peligro,” continuó,
“no podemos esperar a las pruebas finales – la definitiva
– que podría venir con la nube nuclear en forma de
hongo.” Cuatro días más tarde, un congreso acobardado
le entregó a Bush la autoridad para ir a la guerra. Por ello
la colusión entre la Administración Bush y el New
York Times contribuyeron a una guerra catastrófica. Periodistas
reportaron que fuentes en la Casa Blanca habían dado la información
y la Casa Blanca dijo que habían sido los periodistas los
que habían reportado. Aun cuando las supuestas pruebas –
luego reveladas como inventos totales – ya se disputaban,
ficción de la Casa Blanca sutilmente configurada en verdad
por tener la respetada estampa del Times.
Después que ya el daño estaba hecho, los editores
del Times publicaron el 26 de mayo del 2004, una disculpa patética,
dado el papel que había jugado en facilitar una supuesta
Guerra Contra el Terrorismo que está al convertirse en la
Guerra Eterna. Apenados por evidentes informes falsos, los editores
mencionaron en particular a seis artículos, incluyendo por
supuesto el histórico del 8 de septiembre del 2002. Judith
Miller fue la responsable de la mayoría de estos (cuatro
de un total de seis), más que cualquier otro periodista,
pero hubo otros que fueron autores o co-autores: Chris Hedges, John
Tagliabue, Patrick E. Tyler y Michael Gordon. Esos cinco por supuesto
no son los únicos altoparlantes ansiosos.
Ahora Arthur Sulzberger Jr. está culpando a los editores
del Times al igual que a Judith Miller por los falsos informes antes
de la guerra sobre las armas de destrucción masiva en Irak.
Dijo que los editores “no se dieron cuenta a tiempo”.
¿Y donde estaba él? ¿Y porque publicó
el Times esos artículos sobre las armas de destrucción
masiva en Irak en medio de una campaña masiva de la Casa
Blanca enfilada hacia crear el apoyo para el plan de Bush de salir
de Hussein y tomar Irak? Cuando se trata de política exterior,
los dueños del New York Times están en cama con los
equipos de la Casa Blanca que le alimentan la información
a los voceros ansiosos de las corporaciones de los medios. Ellos
comparten, por ejemplo, la misma posición clara en asuntos
cruciales como Cuba e Israel.
La mala información y la desinformación del New York
Times y otros de las corporaciones de noticias no son nada nuevo.
Aquellos que deseen explorar su historial sórdido, sobretodo
del Times podrían comenzar consultando Lies of our Times
(Mentiras de nuestros tiempos [haciendo juego de palabra con Times]),
una revista mensual publicada de enero de 1990 a diciembre 1994:
el articulo de Edward Herman “The New York Times vs. The Civil
Society” (El New York Times vs. La Sociedad Civil) en diciembre
de 2005, Z Magazine, y Howard riel y Richard Falk con “The
Record of the Paper: How The New York Times Misreports US Foreign
Policy”.
Judith Miller pudo utilizar su trabajo en un diario prestigioso
para adjuntarse con personalidades claves como el favorito de Cheney,
Ahmad Chalabi, un iraquí con lazos iraníes capaz de
producir desertores mentirosos. En la propia Casa Blanca Miller
se unió a varios cercanos a Cheney, no solo I. Lewis (Scooter)
Libby. Sus enredos con John R. Bolton son igualmente insidiosos.
Igual que su colaboración con la Casa Blanca en lograr la
estampida de nuestra invasión a Irak, así mismo fue
su intento con Cuba.
En la primavera del 2002 el antiguo Presidente Jimmy Carter tenía
programado visitar La Habana, convirtiéndose en el primer
mandatario dentro o fuera de la Casa Blanca en ir a la isla desde
la Revolución del 1ero de enero de 1959. Debido a que la
visita contrariaba la política aisladora de sanciones de
comercio y de viajes contra Cuba de la Casa Blanca, esta por supuesto
que quería sabotear el viaje de Carter. El 6 de mayo, seis
días antes del viaje de Jimmy y Rosalyn Carter, el sub secretario
de estado para el control de armas John Bolton pronunció
un discurso a la Fundación Heritage en Washington que tituló
“Más allá del Eje del Mal: Amenazas adicionales
de armas de destrucción masiva.” Anunció: “Los
EEUU cree que Cuba ha hecho por lo menos un estudio limitado en
las investigaciones del desarrollo de armas bacteriológicas.
Cuba les ha entregado biotecnología de doble uso a países
taimados. Estamos preocupados de que tal tecnología podría
apoyar la guerra biológica en esos países.”
Sin perder un compás, Judith Miller inmediatamente publicó
un articulo alarmante en el New York Times, que se titulaba, “Washington
Acusa a Cuba de Investigar Guerra Bacteriológica.”
Enmarcado en el formato del “dime que te diré”
que caracteriza al periodismo “objetivo” en estos tiempos,
Miller correctamente presentó el caso en nombre de sus contactos
en la Casa Blanca. ¿Quién podría ser la persona
que podría negar o al menos cuestionar los planteamientos
de Bolton? Pues, un oficial cubano, por supuesto. Por el otro lado,
citó en apoyo a Bolton a un desertor soviético, a
un desertor cubano, y a un “funcionario de la administración”
no identificado.
Miller concluyó su artículo citando al Representante
cubano-americano de extrema derecha, Lincoln Díaz-Balart
(R-Fl), quien ha hecho llamados públicos a favor del asesinato
del Presidente Fidel Castro. Díaz-Balart dijo que los comentarios
de Bolton “comenzaban a poner en perspectiva el debate sobre
Cuba, un estado terrorista con armas bacteriológicas a 90
millas de las costas de EEUU.” Por tanto, el artículo
pasó del alegato de Bolton de “estudio limitado en
investigaciones para el desarrollo de armas bacteriológicas”
a la afirmación de Díaz-Balart de “armas bacteriológicas”
a 90 millas de la Florida.
Los lectores apresurados probablemente se perderían las
pruebas dentro del artículo que indicaban la oposición
por parte de las agencias de inteligencia de Washington de lo dicho
por Bolton. Miller reportó que Bolton había “aludido
públicamente a las conclusiones de las agencias norteamericanas
de inteligencia después de meses de largos debates internos.”
¿Debate interno? ¿De que se trata esto? Un periodista
investigativo pudo haber averiguado sobre esto fácilmente.
La acusación infundada de Bolton era tan escandalosa que
se convirtió en uno de los temas principales que invalidaron
su confirmación por el Senado para el puesto de embajador
ante la ONU ya que había intentado intimidar a analistas
para que dijeran que había una intención real por
parte de Cuba de desarrollar armas bacteriológicas. Según
se informó, a la insistencia de Cheney, Bush le dio el puesto
durante un receso senatorial.
El New York Times, que no pretende cubrir las noticias sobre Cuba
de manera justa, pareció el lugar perfecto para promover
la arremetida de Bolton. El reportaje de Miller se dirigía
a convencer a los lectores que el sistema alabado de salud en Cuba
no era más que una fachada para actividades terroristas.
¿Por qué querría entonces Jimmy Carter visitar
una nación con armas bacteriológicas?
Pero esta vez la Administración había ido demasiado
lejos. Incluso mucho de los medios en manos corporativas reconocieron
la perversidad tras presentar el sistema de salud de Cuba, admirada
y servicial por todo el mundo como una amenaza terrorista. Había
un coro virtual de “¿donde están las pruebas?”
El Sun Sentinal de la Florida mencionó el hecho del momento
en que salía esta acusación y después continuó
con un editorial que se preguntaba “¿Cuál es
el problema?” La revista Newsday de Nueva York llamó
la acusación de terrorismo “una insinuación
absurda”, tomando nota de que “Cuba tiene el sistema
bio médico más sofisticado de toda América
Latina,” y añadiendo “¿y qué?”
Respuestas escépticas de todas partes incluyendo el Chicago
Tribune, el Baltimore Sun y el Guardian de Londres. (La acusación
de Bolton era parte de una campaña más amplia que
alegaba que en Cuba habían armas de destrucción masiva
como se exploró en mi articulo, “En busca de los terroristas
en el sistema de salud de Cuba.”, Z Magazine, junio 2003.)
Jimmy Carter no canceló su viaje. Por el contrario. Durante
la visita mientras el y Rosalyn pasaban por el Centro de Ingeniería
Genética y Biotecnología con Fidel Castro, le reveló
que antes de su viaje durante varios encuentros él le había
preguntado a la Casa Blanca, el Departamento de Estado y la CIA
si había alguna posibilidad de que “alguna actividad
terrorista fuera apoyada por Cuba,” y la respuesta de los
tres fue “No.” ¿Por qué no hizo eso la
Miller? ¿Por qué no se lo exigieron sus editores?
Hubiera sido interesante haber sido una mosca en la pared durante
el encuentro el verano pasado de Judith Miller con Bolton cuando
ella estaba presa. ¿Fue la amistad o el miedo lo que lo llevó
a visitarla? El New York Times jamás se ha disculpado por
el articulo del 7 de mayo del 2002, que promovió los cargos
falsos de Bolton sobre Cuba incluso a pesar de que los editores
deben de haberse enterado de lo que dijera Carter una semana después.
En octubre, cuando sus historias se terminaban de desenredar, la
Miller le dijo al Times, “Armas de destrucción Masivas.-
me equivoqué por completo.” Culpando a sus fuentes,
dijo” los analistas los expertos y los periodistas que cubrieron
esto – todos estábamos equivocados. Si tus fuentes
están equivocadas tu estás equivocado.” No creo
que cueste tanto trabajo buscarse mejores fuentes que Ahmad Chalabi,
John Bolton, Karl Rove, Scooter Libby Dick Cheney y el resto de
la pandilla de Bush.
http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=especiales-show¬iciaid=5774¬iciafecha=2005-11-22
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