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 El anti-neo
Por Eliades Acosta Matos
El Apocalipsis según San George, del ensayista
Eliades Acosta Matos,director de la Biblioteca Nacional José
Martí, será presentado hoy en El Sábado del
Libro del Palacio del Segundo Cabo. JR ofrece a sus lectores algunos
fragmentos del capítulo ocho de este volumen publicado por
la Casa Editora Abril y que estará en la próxima Feria
Internacional del Libro
La política norteamericana, que nunca ha sido plácida
ni caballeresca, ha sido desplazada de su eje de rotación
habitual por la irrupción del movimiento neoconservador.
Pocas veces en la historia de la Humanidad una fuerza política
y de pensamiento ha logrado imponer su agenda en tan corto tiempo
y en un entorno tan altamente enrarecido y competitivo, donde las
innovaciones no se admiten y los advenedizos no se permiten.
El arrollador crecimiento y triunfo de los neoconservadores norteamericanos
demuestra que responden a los intereses del momento y que las fuerzas
ocultas que dominan y deciden sobre el poder, en ese país,
los consideran el mejor de los vasallos posibles, para esta coyuntura.
Tras lograr la benévola aprobación de los dioses,
a nadie debe extrañar que triunfen y hayan entrado apoteósicamente
en Roma estos guerreros, tal como en su momento lo hicieron en Kabul
unos oscuros estudiantes de las madrazas* paquistaníes conocidos
como talibanes. Luego se supo, por supuesto, que quienes se habían
impuesto contra todos los enemigos, enzarzados en infinitas guerras
y ya notoriamente desgastados, eran un producto de laboratorio,
armados, entrenados y financiados por las agencias de inteligencia
de los Estados Unidos.
(...)
El futuro neoconservador, en consecuencia, depende de seguir gozando
del favor de quienes le permitieron llegar a ser lo que es, en razón
de su propia conveniencia. En la medida que represente con fidelidad
y defienda con éxito, como hace hoy, los intereses de las
grandes corporaciones que dominan los Estados Unidos y el mundo
y, muy especialmente, del complejo militar-industrial —a los
cuales debe alimentar con guerras infinitas y crecientes gastos
militares—, gozará de su apoteosis. Cuando deje de
ser necesario, u ose rebelarse creyéndose poseedor de voluntad
o poder propios, será fulminado por algún rayo de
Júpiter Tonante o hundido para siempre en el Averno.
Incubados en las batallas ideológicas que estremecieron
a la izquierda y al movimiento comunista internacional, antes de
la Segunda Guerra Mundial; frutos de la confusión y la decepción
sufridas por muchos debido al impacto del stalinismo sobre la sociedad
soviética y las luchas mundiales contra el capital; exponentes
del oportunismo y la acción diversionista del enemigo de
clases, que jamás escatimó dinero ni arte alguno de
seducción para prevalecer durante los años de la Guerra
Fría, los neoconservadores son el más preciado botín
ideológico que la ideología burguesa e imperialista
pueden mostrar para desmoralizar a sus actuales oponentes.
¿Quién, mejor que ellos, encarna y hace recordar
a los mortales, a cada minuto, la imposibilidad de vencer a los
dioses y la inconmensurable magnitud de su poder? ¿Quién,
mejor que ellos, recuerda a los idealistas que la realidad más
cruda y vulgar termina imponiéndose y que, más que
intentar explicar o transformar al mundo, se trata de asimilarse
a él y vivir, lo mejor posible, de las migajas que los amos
nos dejen caer?
Pero las ventajas derivadas de haber pagado a tiempo el precio
de las almas de sus antiguos adversarios, no es el único
interés que se deriva del capital invertido. Habiéndose
formado dentro de la izquierda comunista o trostkysta, los fundadores
del movimiento se pasaron al campo enemigo con armas, bagajes y
las tácticas de lucha aprendidas a las que han seguido dando
uso, cambiándoles apenas el signo y volviéndolas contra
sus antiguos camaradas. Destinar a ex guerrilleros felones a labores
de anti-insurgencia ha rendido amplios beneficios al capital, propiciado
no pocas deserciones relativizando la moral que sostiene la concepción
general de la doctrina de lucha de las fuerzas anticapitalistas.
¿Qué otra cosa significa, si no, que el antiguo internacionalismo
proletario de Marx y Lenin, fundamento de la solidaridad combativa
entre los explotados contra los explotadores de todas las naciones,
se haya convertido, en manos de los neoconservadores actuales, en
la aberrante versión de que imponer la “democracia
global” es un imperativo moral que no reconoce ni respeta
fronteras nacionales y que tiene como vehículos, no a generosos
luchadores que arriesgan en ello su vida, única posesión
terrenal de que disponen, sino los millones para la subversión
de la NED, la United States Agency for International Development
(USAID), las corporaciones “filantrópicas” conservadoras
y también la aplastante tecnología militar de la mayor
superpotencia de la historia?
Sobrevivientes de las batallas contraculturales de los 60, los
neoconservadores resistieron atrincherados dentro de la sitiada
fortaleza de las ideas, la cultura y la moral burguesas. Muchos
de ellos, como Irving Kristol, tienen también una tenebrosa
historia de colaboración con la CIA, expresada en su nombramiento
como coeditor de la revista Encounter durante los años de
la Guerra Fría, y que tuvo a Londres como puesto cultural
avanzado. Carl Rove, conocido asesor de Bush Jr. y llamado, por
tanto, “el cerebro del Presidente”, fue miembro de la
Board of International Broadcasting, encargada de las emisiones
de Radio Free Europe y Radio Liberty, voceros de la CIA para subvertir
a la URSS y al resto de los gobiernos socialistas de Europa del
Este. Detectados, fichados y contratados por los scouts de las corporaciones,
avalados por sus antiguos jefes de la Guerra Fría cultural,
no tardaron en ser generosamente pagados y promovidos, llegando
al poder durante el primer mandato de Ronald Reagan.
Tras los enunciados radicales de derecha, casi fascistas, del “Programa
de Santa Fe” (I y II), estrategia de contraofensiva y reconquista
mundial del imperialismo norteamericano a inicios de los 80, estaba
la mano de los neocons. Algunos de ellos, como Oliver North, actual
gacetillero de townhall.com y Elliott Abrams —quien fuera
subsecretario de Estado durante el gobierno de Reagan y yerno de
Midge Decter y Norman Podhoretz—, fueron procesados por su
participación directa en el escándalo Irán-Contra.
John Negroponte, ex procónsul en Iraq, fue embajador de Reagan
en Honduras y encabezó, en el terreno, la guerra sucia contra
la revolución sandinista y las guerrillas de El Salvador
y Guatemala, responsable directo, en consecuencia, de crímenes
y masacres contra sus oponentes y la población civil.
(...)
En realidad, se trataba del reposo del guerrero, pues los neoconservadores,
desplazados momentáneamente del poder, no se resignaron ni
renunciaron a sus planes estratégicos y desde la más
feroz oposición posible (recuérdese el extraño
affaire de Clinton y Mónica Lewinsky, que casi le cuesta
la presidencia a este) continuaron trabajando, más frenéticamente
que nunca, para protagonizar el asalto final a las instituciones
del país. En junio de 1997 se dio un paso más para
fortalecer el acoso a Clinton y dotar al movimiento de un programa
y un rostro públicos: fue presentado el “Proyecto para
el Nuevo Siglo Americano”. En las fraudulentas elecciones
de 2000, que dieron la presidencia a Bush Jr., quedó evidenciado
que los neoconservadores no se detendrían ante medio alguno,
como aconsejaba Maquiavelo, con tal de gobernar y gobernar para
siempre, como creen que harán.
La nómina de altos funcionarios del gobierno de Bush Jr.
que han recorrido este largo y tortuoso camino neoconservador es
mayor que la de Reagan, con la añadidura de que muchos de
ellos han envejecido y por lo tanto, son más conservadores,
más inescrupulosos, más maquiavélicos, más
straussianos y menos idealistas, si alguna vez lo fueron, que cuando
comenzaron su carrera política. Saben que nada debe dejarse
al azar de la política nacional e internacional y que ha
llegado el momento de reconfigurar, definitivamente, la cartografía
política del mundo de la post Guerra Fría, en interés,
no de los Estados Unidos, como declaran, sino del grupo de poder
cuyas ganancias defienden, como mayordomos de lujo que son.
El 11 de septiembre de 2001 fue el momento esperado del viraje
definitivo, para la consumación del golpe termidoriano mediante
el cual se creaban las condiciones ideales, dentro y fuera de los
Estados Unidos, que propiciaban un cierto consenso y aceptación
de la agresiva e inmoral agenda hegemónica neoconservadora.
Las primeras víctimas han sido, no los “daños
colaterales” en Afganistán o Iraq, sino los derechos
y libertades civiles ganadas por el pueblo norteamericano durante
las arduas luchas de los 60, 70 y 80, valladares precarios, pero
obstáculos al fin, que se interponían entre las neo-utopías
y la realidad.
Iniciado como un insignificante movimiento intelectual disidente
dentro de la izquierda norteamericana de los años 30 y 40;
continuado como minúsculo y desprestigiado destacamento de
agitprop anticomunista durante los años de la Guerra Fría,
bajo las órdenes y utilizando las generosas subvenciones
destinadas por la CIA para su frente cultural; descubiertos y utilizados
por las espantadas corporaciones que veían peligrar, en los
60 y 70, la propia supervivencia del establishment bajo los embates
de la contracultura y el ascenso de las luchas anticolonialistas,
anticapitalistas y antiimperialistas, dentro y fuera de los Estados
Unidos; invitados a compartir el poder bajo los gobiernos de Reagan,
Bush Sr. y Bush Jr., gracias al 11 de septiembre de 2001, los neoconservadores
dejaron de ser visitantes de la Casa Blanca para convertirse en
sus verdaderos propietarios.
Tras cuatro años del primer mandato de Bush Jr. y el inicio
de dos guerras, que son el despegue de lo que Norman Podhoretz calificó
como “IV Guerra Mundial”, los necons sintieron que el
poder tan duramente conquistado, no debía ser entregado por
remilgos democráticos decadentes, más o menos. Las
armas a las que apelaron para lograr la reelección de Bush
Jr., fueron tan inescrupulosas como ellos mismos: de momento, el
ciclo del miedo en los Estados Unidos recibió una sensible
aceleración, tras publicarse misteriosos mensajes en video
donde Osama Bin Laden amenazaba con nuevos atentados contra los
ciudadanos norteamericanos y otros terroristas estremecían
con acciones, sin sentido aparente y desprovistas de cualquier lógica
militar o política, a Osetia del Norte y Arabia Saudita;
la campaña de desprestigio y calumnias contra John Kerry
se desarrolló a toda máquina: se prepararon fraudes
electorales en Ohio; se impidió el registro de más
de cuatro millones de ciudadanos, fundamentalmente afroamericanos,
por tanto, potenciales votantes demócratas; se promulgaron
promesas imposibles de cumplir para regularizar el status migratorio
de millones de hispanos; se ocultó, celosamente, a la opinión
pública mundial la verdadera marcha y las crecientes bajas
de la guerra en Iraq; y sobre todo, Carl Rove selló una alianza
más que electoral, estratégica, entre los neoconservadores
bushistas y sus aliados naturales, los teoconservadores provenientes
de las filas del fundamentalismo cristiano, que suman millones de
personas en todo el país.
En noviembre de 2004, opacado por los jubilosos gritos de los partidarios
de Bush tras conocerse su reelección y por el lamentable
espectáculo del desplome demócrata, cuajado de lamentaciones
y sollozos, tuvo lugar un suceso político de enorme importancia
y de alcance mundial, sin ser observado ni analizado: el paso del
movimiento neoconservador norteamericano de su fase elitista e intelectual,
al estadio de doctrina de masas, siguiendo los pasos exactos del
nacional-socialismo alemán, encabezado por Hitler.
Cuando un reducido movimiento intelectual parasitario de extrema
derecha, como es el neoconservador, encuentra un cuerpo masivo,
robusto donde hospedarse, la resultante de tal simbiosis no puede
ser otra que el fascismo.
*Escuelas musulmanas de estudios superiores.
http://www.jrebelde.cu/2005/octubre-diciembre/nov-19/cuba-elantineo.html
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Apocalipsis del imperio
Sonia Sánchez
En medio de estos tiempos en que las opiniones sobre si los actuales
Estados Unidos son o no un imperio siguen llenando las páginas
de los medios de prensa de gran parte del mundo, sobre todo, de
esa mitad a la que le interesa saber si han dejado de ser países
soberanos para convertirse en colonias, será presentado en
el próximo Sábado del Libro un llamativo texto que
trata sobre el tema: El Apocalipsis según San George, del
notable intelectual cubano Eliades Acosta Matos.
En el habitual espacio capitalino de las 11:00 a.m. en el Palacio
del Segundo Cabo, los seguidores podrán acceder al texto
—publicado por la Editora Abril— que aborda un viaje
fascinante y estremecedor que intenta desentrañar las esencias
ocultas del movimiento neoconservador norteamericano, permitiendo
al lector un recorrido desde sus orígenes hasta los albores
del año 2005, en el cual se perfila como la nueva religión
laica del imperio y la base filosófica de su práctica
política.
Como se destaca en la introducción, la propaganda del imperio
machaca, día y noche, a los seres humanos del planeta, con
la imagen que de sí mismos tienen los prohombres imperiales,
o al menos, la que utilizan en sus apariciones públicas para
hacernos creer que creen en ella: la de estar defendiendo de enemigos
salvajes y bárbaros (unas veces terroristas árabes
y otras narco guerrilleros colombianos) a la Tierra Prometida de
la Libertad, los Derechos y la Democracia, estación final
de arribo del género humano en su larga marcha hacia la civilización
y el progreso.
Acosta Matos (Santiago de Cuba, 1959), Licenciado en Filosofía
en 1982 y, desde 1997 director de la Biblioteca Nacional José
Martí, es también autor de los libros Los hermanos
santiagueros de Martí (1995), El árbol de la discordia
y El siboney de los cubanos (ambos en 1997) y 1898-1998: cien respuestas
para un siglo de dudas (1998), todos publicados por la Editorial
Pablo de la Torriente Brau; y Los colores secretos del Imperio (2002),
el último de Ciencias Sociales.
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