..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 2, Nro.99, Viernes, 25 de noviembre del 2005

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El anti-neo
Por Eliades Acosta Matos

El Apocalipsis según San George, del ensayista Eliades Acosta Matos,director de la Biblioteca Nacional José Martí, será presentado hoy en El Sábado del Libro del Palacio del Segundo Cabo. JR ofrece a sus lectores algunos fragmentos del capítulo ocho de este volumen publicado por la Casa Editora Abril y que estará en la próxima Feria Internacional del Libro

La política norteamericana, que nunca ha sido plácida ni caballeresca, ha sido desplazada de su eje de rotación habitual por la irrupción del movimiento neoconservador. Pocas veces en la historia de la Humanidad una fuerza política y de pensamiento ha logrado imponer su agenda en tan corto tiempo y en un entorno tan altamente enrarecido y competitivo, donde las innovaciones no se admiten y los advenedizos no se permiten.

El arrollador crecimiento y triunfo de los neoconservadores norteamericanos demuestra que responden a los intereses del momento y que las fuerzas ocultas que dominan y deciden sobre el poder, en ese país, los consideran el mejor de los vasallos posibles, para esta coyuntura. Tras lograr la benévola aprobación de los dioses, a nadie debe extrañar que triunfen y hayan entrado apoteósicamente en Roma estos guerreros, tal como en su momento lo hicieron en Kabul unos oscuros estudiantes de las madrazas* paquistaníes conocidos como talibanes. Luego se supo, por supuesto, que quienes se habían impuesto contra todos los enemigos, enzarzados en infinitas guerras y ya notoriamente desgastados, eran un producto de laboratorio, armados, entrenados y financiados por las agencias de inteligencia de los Estados Unidos.

(...)

El futuro neoconservador, en consecuencia, depende de seguir gozando del favor de quienes le permitieron llegar a ser lo que es, en razón de su propia conveniencia. En la medida que represente con fidelidad y defienda con éxito, como hace hoy, los intereses de las grandes corporaciones que dominan los Estados Unidos y el mundo y, muy especialmente, del complejo militar-industrial —a los cuales debe alimentar con guerras infinitas y crecientes gastos militares—, gozará de su apoteosis. Cuando deje de ser necesario, u ose rebelarse creyéndose poseedor de voluntad o poder propios, será fulminado por algún rayo de Júpiter Tonante o hundido para siempre en el Averno.

Incubados en las batallas ideológicas que estremecieron a la izquierda y al movimiento comunista internacional, antes de la Segunda Guerra Mundial; frutos de la confusión y la decepción sufridas por muchos debido al impacto del stalinismo sobre la sociedad soviética y las luchas mundiales contra el capital; exponentes del oportunismo y la acción diversionista del enemigo de clases, que jamás escatimó dinero ni arte alguno de seducción para prevalecer durante los años de la Guerra Fría, los neoconservadores son el más preciado botín ideológico que la ideología burguesa e imperialista pueden mostrar para desmoralizar a sus actuales oponentes.

¿Quién, mejor que ellos, encarna y hace recordar a los mortales, a cada minuto, la imposibilidad de vencer a los dioses y la inconmensurable magnitud de su poder? ¿Quién, mejor que ellos, recuerda a los idealistas que la realidad más cruda y vulgar termina imponiéndose y que, más que intentar explicar o transformar al mundo, se trata de asimilarse a él y vivir, lo mejor posible, de las migajas que los amos nos dejen caer?

Pero las ventajas derivadas de haber pagado a tiempo el precio de las almas de sus antiguos adversarios, no es el único interés que se deriva del capital invertido. Habiéndose formado dentro de la izquierda comunista o trostkysta, los fundadores del movimiento se pasaron al campo enemigo con armas, bagajes y las tácticas de lucha aprendidas a las que han seguido dando uso, cambiándoles apenas el signo y volviéndolas contra sus antiguos camaradas. Destinar a ex guerrilleros felones a labores de anti-insurgencia ha rendido amplios beneficios al capital, propiciado no pocas deserciones relativizando la moral que sostiene la concepción general de la doctrina de lucha de las fuerzas anticapitalistas.

¿Qué otra cosa significa, si no, que el antiguo internacionalismo proletario de Marx y Lenin, fundamento de la solidaridad combativa entre los explotados contra los explotadores de todas las naciones, se haya convertido, en manos de los neoconservadores actuales, en la aberrante versión de que imponer la “democracia global” es un imperativo moral que no reconoce ni respeta fronteras nacionales y que tiene como vehículos, no a generosos luchadores que arriesgan en ello su vida, única posesión terrenal de que disponen, sino los millones para la subversión de la NED, la United States Agency for International Development (USAID), las corporaciones “filantrópicas” conservadoras y también la aplastante tecnología militar de la mayor superpotencia de la historia?

Sobrevivientes de las batallas contraculturales de los 60, los neoconservadores resistieron atrincherados dentro de la sitiada fortaleza de las ideas, la cultura y la moral burguesas. Muchos de ellos, como Irving Kristol, tienen también una tenebrosa historia de colaboración con la CIA, expresada en su nombramiento como coeditor de la revista Encounter durante los años de la Guerra Fría, y que tuvo a Londres como puesto cultural avanzado. Carl Rove, conocido asesor de Bush Jr. y llamado, por tanto, “el cerebro del Presidente”, fue miembro de la Board of International Broadcasting, encargada de las emisiones de Radio Free Europe y Radio Liberty, voceros de la CIA para subvertir a la URSS y al resto de los gobiernos socialistas de Europa del Este. Detectados, fichados y contratados por los scouts de las corporaciones, avalados por sus antiguos jefes de la Guerra Fría cultural, no tardaron en ser generosamente pagados y promovidos, llegando al poder durante el primer mandato de Ronald Reagan.

Tras los enunciados radicales de derecha, casi fascistas, del “Programa de Santa Fe” (I y II), estrategia de contraofensiva y reconquista mundial del imperialismo norteamericano a inicios de los 80, estaba la mano de los neocons. Algunos de ellos, como Oliver North, actual gacetillero de townhall.com y Elliott Abrams —quien fuera subsecretario de Estado durante el gobierno de Reagan y yerno de Midge Decter y Norman Podhoretz—, fueron procesados por su participación directa en el escándalo Irán-Contra. John Negroponte, ex procónsul en Iraq, fue embajador de Reagan en Honduras y encabezó, en el terreno, la guerra sucia contra la revolución sandinista y las guerrillas de El Salvador y Guatemala, responsable directo, en consecuencia, de crímenes y masacres contra sus oponentes y la población civil.

(...)

En realidad, se trataba del reposo del guerrero, pues los neoconservadores, desplazados momentáneamente del poder, no se resignaron ni renunciaron a sus planes estratégicos y desde la más feroz oposición posible (recuérdese el extraño affaire de Clinton y Mónica Lewinsky, que casi le cuesta la presidencia a este) continuaron trabajando, más frenéticamente que nunca, para protagonizar el asalto final a las instituciones del país. En junio de 1997 se dio un paso más para fortalecer el acoso a Clinton y dotar al movimiento de un programa y un rostro públicos: fue presentado el “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”. En las fraudulentas elecciones de 2000, que dieron la presidencia a Bush Jr., quedó evidenciado que los neoconservadores no se detendrían ante medio alguno, como aconsejaba Maquiavelo, con tal de gobernar y gobernar para siempre, como creen que harán.

La nómina de altos funcionarios del gobierno de Bush Jr. que han recorrido este largo y tortuoso camino neoconservador es mayor que la de Reagan, con la añadidura de que muchos de ellos han envejecido y por lo tanto, son más conservadores, más inescrupulosos, más maquiavélicos, más straussianos y menos idealistas, si alguna vez lo fueron, que cuando comenzaron su carrera política. Saben que nada debe dejarse al azar de la política nacional e internacional y que ha llegado el momento de reconfigurar, definitivamente, la cartografía política del mundo de la post Guerra Fría, en interés, no de los Estados Unidos, como declaran, sino del grupo de poder cuyas ganancias defienden, como mayordomos de lujo que son.

El 11 de septiembre de 2001 fue el momento esperado del viraje definitivo, para la consumación del golpe termidoriano mediante el cual se creaban las condiciones ideales, dentro y fuera de los Estados Unidos, que propiciaban un cierto consenso y aceptación de la agresiva e inmoral agenda hegemónica neoconservadora. Las primeras víctimas han sido, no los “daños colaterales” en Afganistán o Iraq, sino los derechos y libertades civiles ganadas por el pueblo norteamericano durante las arduas luchas de los 60, 70 y 80, valladares precarios, pero obstáculos al fin, que se interponían entre las neo-utopías y la realidad.

Iniciado como un insignificante movimiento intelectual disidente dentro de la izquierda norteamericana de los años 30 y 40; continuado como minúsculo y desprestigiado destacamento de agitprop anticomunista durante los años de la Guerra Fría, bajo las órdenes y utilizando las generosas subvenciones destinadas por la CIA para su frente cultural; descubiertos y utilizados por las espantadas corporaciones que veían peligrar, en los 60 y 70, la propia supervivencia del establishment bajo los embates de la contracultura y el ascenso de las luchas anticolonialistas, anticapitalistas y antiimperialistas, dentro y fuera de los Estados Unidos; invitados a compartir el poder bajo los gobiernos de Reagan, Bush Sr. y Bush Jr., gracias al 11 de septiembre de 2001, los neoconservadores dejaron de ser visitantes de la Casa Blanca para convertirse en sus verdaderos propietarios.

Tras cuatro años del primer mandato de Bush Jr. y el inicio de dos guerras, que son el despegue de lo que Norman Podhoretz calificó como “IV Guerra Mundial”, los necons sintieron que el poder tan duramente conquistado, no debía ser entregado por remilgos democráticos decadentes, más o menos. Las armas a las que apelaron para lograr la reelección de Bush Jr., fueron tan inescrupulosas como ellos mismos: de momento, el ciclo del miedo en los Estados Unidos recibió una sensible aceleración, tras publicarse misteriosos mensajes en video donde Osama Bin Laden amenazaba con nuevos atentados contra los ciudadanos norteamericanos y otros terroristas estremecían con acciones, sin sentido aparente y desprovistas de cualquier lógica militar o política, a Osetia del Norte y Arabia Saudita; la campaña de desprestigio y calumnias contra John Kerry se desarrolló a toda máquina: se prepararon fraudes electorales en Ohio; se impidió el registro de más de cuatro millones de ciudadanos, fundamentalmente afroamericanos, por tanto, potenciales votantes demócratas; se promulgaron promesas imposibles de cumplir para regularizar el status migratorio de millones de hispanos; se ocultó, celosamente, a la opinión pública mundial la verdadera marcha y las crecientes bajas de la guerra en Iraq; y sobre todo, Carl Rove selló una alianza más que electoral, estratégica, entre los neoconservadores bushistas y sus aliados naturales, los teoconservadores provenientes de las filas del fundamentalismo cristiano, que suman millones de personas en todo el país.

En noviembre de 2004, opacado por los jubilosos gritos de los partidarios de Bush tras conocerse su reelección y por el lamentable espectáculo del desplome demócrata, cuajado de lamentaciones y sollozos, tuvo lugar un suceso político de enorme importancia y de alcance mundial, sin ser observado ni analizado: el paso del movimiento neoconservador norteamericano de su fase elitista e intelectual, al estadio de doctrina de masas, siguiendo los pasos exactos del nacional-socialismo alemán, encabezado por Hitler.

Cuando un reducido movimiento intelectual parasitario de extrema derecha, como es el neoconservador, encuentra un cuerpo masivo, robusto donde hospedarse, la resultante de tal simbiosis no puede ser otra que el fascismo.

*Escuelas musulmanas de estudios superiores.

http://www.jrebelde.cu/2005/octubre-diciembre/nov-19/cuba-elantineo.html

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Apocalipsis del imperio
Sonia Sánchez

En medio de estos tiempos en que las opiniones sobre si los actuales Estados Unidos son o no un imperio siguen llenando las páginas de los medios de prensa de gran parte del mundo, sobre todo, de esa mitad a la que le interesa saber si han dejado de ser países soberanos para convertirse en colonias, será presentado en el próximo Sábado del Libro un llamativo texto que trata sobre el tema: El Apocalipsis según San George, del notable intelectual cubano Eliades Acosta Matos.

En el habitual espacio capitalino de las 11:00 a.m. en el Palacio del Segundo Cabo, los seguidores podrán acceder al texto —publicado por la Editora Abril— que aborda un viaje fascinante y estremecedor que intenta desentrañar las esencias ocultas del movimiento neoconservador norteamericano, permitiendo al lector un recorrido desde sus orígenes hasta los albores del año 2005, en el cual se perfila como la nueva religión laica del imperio y la base filosófica de su práctica política.

Como se destaca en la introducción, la propaganda del imperio machaca, día y noche, a los seres humanos del planeta, con la imagen que de sí mismos tienen los prohombres imperiales, o al menos, la que utilizan en sus apariciones públicas para hacernos creer que creen en ella: la de estar defendiendo de enemigos salvajes y bárbaros (unas veces terroristas árabes y otras narco guerrilleros colombianos) a la Tierra Prometida de la Libertad, los Derechos y la Democracia, estación final de arribo del género humano en su larga marcha hacia la civilización y el progreso.

Acosta Matos (Santiago de Cuba, 1959), Licenciado en Filosofía en 1982 y, desde 1997 director de la Biblioteca Nacional José Martí, es también autor de los libros Los hermanos santiagueros de Martí (1995), El árbol de la discordia y El siboney de los cubanos (ambos en 1997) y 1898-1998: cien respuestas para un siglo de dudas (1998), todos publicados por la Editorial Pablo de la Torriente Brau; y Los colores secretos del Imperio (2002), el último de Ciencias Sociales.




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