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 Otro examen de ingreso al seminario
/ Benedicto XVI aprobó el documento para la Congregación
de la Educación Católica el 31 de agosto.
Por Cristian Alarcón
Una agencia de noticias católica divulgó
ayer el documento que firmó Benedicto XVI. El texto dictamina
que la Iglesia “no puede admitir a aquellos que practican
la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales y apoyan la
llamada cultura gay”. Rechazo de la comunidad homosexual.
¿Creés en Dios, sos varón y te gustan los
hombres? ¿Tenés tendencia a mirar anatomías
masculinas? ¿Alguna vez tuviste alguna experiencia, aunque
de costado, con eso que se llama homosexualidad? ¿Sentís
una profunda identificación con la cultura gay? Pues, por
más religioso, católico, apostólico o romano
que seas; por más que jures que no pecarás junto a
un prójimo de tu mismo sexo, no podrás consagrarte
al sacerdocio. A menos que pienses ocultar bajo la sotana aquello
que ahora prohibió explícitamente a través
un documento vaticano el propio papa Benedicto XVI. “La Iglesia,
en el más profundo respeto de esas personas, no puede admitir
al seminario y a las Ordenes Sagradas a aquellos que practican la
homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente
radicadas y apoyan la llamada cultura gay”, afirma el documento.
Desde la Comunidad Homosexual Argentina, Marcelo Suntheim criticó:
“En esta oportunidad dan el mismo trato a los gays hacia adentro
que el que dan hacia afuera coartando cualquier iniciativa que nos
otorgue derechos”.
Hace algunos meses que en los pasillos del Vaticano se conoce el
documento divulgado recién ayer por la agencia católica
Adista. El papa Benedicto lo aprobó el 31 de agosto pasado.
Preparado especialmente para la Congregación de la Educación
Católica, será presentado en sociedad oficialmente
el próximo 29 de noviembre. Ayer rodó por el mundo:
se trata de la primer instrucción concreta en torno a cómo
filtrar a los seminaristas que muestren tendencias homosexuales
en las puertas del sacerdocio. Son cinco páginas tituladas
“Sobre los criterios de discernimiento vocacional de las personas
con tendencias homosexuales en vista a su admisión al seminario
y a las Ordenes Sagradas”. Están firmadas por el prefecto
de la congregación, el cardenal Zenon Grocholennwski, el
pasado 4 de noviembre, cuando el Papa ya había dado su OK
al texto.
“Madurez afectiva y paternidad espiritual” se llama
el primer capítulo del documento. Es el punto de base para
luego argumentar contra la homosexualidad en los ingresantes al
seminario. En la Iglesia, el sacerdote representa sacramentalmente
a Cristo y debe entregarse al servicio de la Iglesia y de la caridad
pastoral: por eso “debe alcanzar la madurez afectiva, que
le haga mantener una correcta relación con hombres y mujeres”.
Así, se va previendo que un gay podría no mantener
semejante corrección, ya que no lograría tal madurez.
En el capítulo dos se precisa la distinción que hace
el Catecismo entre “actos homosexuales” y “tendencias
homosexuales”. Los actos serían pecados graves, intrínsecamente
inmorales y contrarios a la ley natural. “Por ello, no pueden
ser aprobados en caso alguno.” Aclara entonces que las tendencias
homosexuales “profundamente radicadas que se manifiestan en
un cierto número de hombres y mujeres” son consideradas
“desordenadas”, pero dice que tienen que ser acogidas
con respeto y delicadeza y no ser objeto de “injusta discriminación”.
Es esa tendencia la que es combatida: “Obstaculiza gravemente
una correcta relación con hombres y mujeres”, advierte
el Vaticano.
La Iglesia habla del “discernimiento de la idoneidad”
de los candidatos al seminario: algo así como un testeo sobre
la condición gay. En la traducción vaticana se trata
de “verificar la madurez afectiva y tener un juicio moralmente
cierto sobre sus cualidades”. Aunque marcan una diferencia:
si el joven seminarista manifestara tendencias homosexuales “que
sólo son la expresión de un problema transitorio”,
como por ejemplo una “adolescencia inacabada”, esas
tendencias deben haber sido superadas “por lo menos tres años
antes de la ordenación diaconal”.
Página/12 consultó al obispo de Rafaela, Carlos Franzini,
presidente de la Comision de Ministerio del Episcopado –máxima
autoridad de los seminarios argentinos–, quien prefirió
tener el documento en la mano antes de opinar. Y al mismo tiempo
dos sacerdotes porteños apuntaron que no resulta demasiado
novedosa la instrucción de Ratzinger. “Hace diez años
una autoridad de los jesuitas en carta privada a los directores
de seminarios distinguía siete tipos variables de homosexualidad,
siete niveles identificables. Desde un tipo que le gusta hacerle
ojitos a otro, a besar por besar a otro estudiante, que serían
cosas menores. Este intento no es nuevo, pero habría que
hablar con los teólogos morales. Lo cierto es que en la Iglesia
hay y ha habido siempre homosexuales”, le dijo un cura a este
diario. “Estaría de acuerdo que se prohíba el
ingreso a los perversos, que violen niños o niñas.
Lo real es que la mayoría, si tiene una práctica homosexual,
la tiene escondida, lo mismo que si tiene una practica hetero. A
menos que sea con gente del mismo palo”, dijo otro sacerdote.
“Sería interesante saber si los curas homosexuales
se van a poder ordenar obispos”, lanzó, irónico.
Marcelo Suntheim, secretario de la CHA, considera que “también
hay que entender que es una respuesta torpe de la institución
vaticana al incontrolable problema que significa la represion sexual
que se impone a los curas. Incurren en abusos como parte de la descompensación
que significa la abstinencia sexual”. A Suntheim tampoco lo
sorprende la declaración: “Es parte de una estrategia
más global de depuración hacia adentro, para sostener
la de afuera. Como no nos sorprende que la Iglesia no haya dicho
nada sobre los skinheads con esvástiscas protegiendo un símbolo
muy propio como la iglesia” en la marcha gay del último
sábado cuando católicos de ultraderecha atacaron a
los manifestantes.
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-59571-2005-11-23.html
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