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 La persistencia Entrevista a
Rubén del Valle Lantarón, director de la Novena Bienal
Por Isabel María Pérez Pérez
A lo largo de sus más de 20 años, la Bienal de La
Habana ha sorteado los más diversos obstáculos para
prevalecer como la cita obligada de aquellos interesados en ponerse
al tanto de la producción simbólica y conceptual contemporánea
en el campo de la visualidad. La Bienal ha trascendido el ámbito
regional proyectándose a escala global, apostando por el
inclusivismo y la aceptación de la diferencia y colocándose,
en este sentido, junto a grandes eventos mundiales como la Bienal
de Venecia, la Bienal de Sao Paulo, la de Dakar o la Documenta de
Kassel.
La
Novena Bienal de La Habana, a celebrarse entre el 27 de marzo y
el 27 de abril del 2006, reunirá 122 artistas de 51 países
de América Latina, el Caribe, Asia, África, Medio
Oriente, Europa y Canadá que expondrán sus obras en
diferentes espacios del Centro Histórico e intervendrán
con proyectos específicos -performances, pintura mural, gráfica
ambiental, esculturas, instalaciones, objetos- otras zonas de la
ciudad como El Vedado, Marianao, Centro Habana, Alamar, Boyeros,
Jaimanitas. Dinámicas de la Cultura Urbana se ha convertido
esta vez en el eje temático sobre el cual se desarrollarán
las estrategias teóricas y prácticas del discurso
curatorial, para indagar en ese mundo plural de códigos estéticos,
auditivos, táctiles, que inundan las ciudades de hoy en día.
Entre los invitados especiales concurre la francesa Lucy Orta,
con sus arquitecturas portátiles y la documentación
de sus intervenciones y acciones sociales, el norteamericano Spencer
Tunick exhibirá paisajes humanos en escenarios públicos,
mientras el español Antoni Miralda muestra un work in process
itinerante y colectivo que busca exaltar la comida como cultura.
Además, el afamado realizador español Carlos Saura
expondrá sus fotografías manipuladas, el arquitecto
francés Jean Nouvel presentará una documentación
de su colosal obra arquitectónica, y la artista iraní
Shirin Neshat discursa sobre los problemas de género con
el video “Zarin”. Más de diez proyectos colectivos
figuran en la nómina de esta novena edición: Taller
de Vestuario Alternativo , con estudiantes, diseñadores y
artistas de varios países; Ciudad- video, muestra internacional
de materiales audiovisuales; Arquivo Brasilia , de los fotógrafos
alemanes Michael Wesely y Lina Kim, Territorio Sao Paulo, una sala
“espejando” otra en Brasil, y Agua-Wasser , registro
de un proyecto público en la Ciudad de México. Se
suman Omni Zona Franca , colectivo cubano que desarrolla su obra
partiendo de sus experiencias en el barrio de Alamar, Cubabrasil
, un proyecto del arte de aerosol y el muralismo, La dinámica
de un viaje , de incidencia multidisciplinaria en la enorme sala
de espera de la Terminal Ferroviaria La Coubre y Jaimanitas , un
proyecto que extiende el quehacer liderado por José R. Fúster
en ese poblado costero. Por último Cartele, de Argentina,
propone una visión plena de humor acerca de la gráfica
popular, y La ciudad y la fotografía . La Habana 1900-2005
exhibe imágenes de homenaje múltiple a la urbe cubana.
Para su novena edición la Bienal busca, una vez más,
una perspectiva iniciadora, esta vez dirigida por el joven Rubén
del Valle Lantarón, con experiencia múltiple en el
polémico mundo de dirección de proyectos vinculados
al arte y la cultura.
La Bienal de La Habana asume para esta novena edición,
por primera vez en su historia, un director que no forma parte de
la nómina de sus curadores tradicionales. ¿Significa
acaso un punto de giro?
La Bienal desde su segunda edición está constantemente
en movimiento, más que dando puntos de giro. Cuando la examinas
en su devenir encuentras que de una a otra va cambiando, adecuándose
a las nuevas circunstancias. Y es por ello precisamente que ha trascendido,
no se ha quedado atada a su primer esquema, mantiene sus principios
fundacionales pero continúa, como la propia cultura, enriqueciéndose,
aportando, y eso precisamente está sucediendo ahora.
El Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam conserva intacta
su estructura y el equipo de curadores es prácticamente el
mismo que el de la octava edición, y en buena medida el de
las cuatro anteriores. Se ha sumado Margarita González, antes
directora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, alguien
de mucha experiencia en la organización de los principales
eventos de arte cubano. Pero el núcleo central se mantiene:
Nelson Herrera Ysla, José Manuel Noceda, Ibis Hernández,
Margarita Sánchez. La octava edición presentó
al grupo RAIN (Austria) como curador invitado, y en esta oportunidad
hemos invitado al español Antonio Zaya. Las entradas y salidas
del equipo de curadores de cualquier evento en el mundo son frecuentes,
y también inevitables.
He intentado articular todas las ideas y las pretensiones de esta
novena edición, mantener la fidelidad a los principios fundacionales,
aquello que Llilian Llanes ha llamado la mística de la Bienal,
y es precisamente en ese sentido que he encauzado mi trabajo.
Un evento de las dimensiones, connotación y alcance de la
Bienal trasciende la simple experiencia de las artes visuales, para
insertarse en los presupuestos de la cultura contemporánea.
En este caso específico, supone una asunción plena
de la transdisciplinaridad y nuestra inclusión en el contexto
urbano y el contexto social, pues exige que participen en su concepción,
desarrollo y promoción especialistas de las más diversas
disciplinas. Para esta novena edición se han comprometido
en un esfuerzo común un equipo de arquitectos, críticos,
curadores, periodistas, promotores e historiadores.
Al elegir como eje conceptual Dinámicas de la Cultura Urbana
esta Bienal implica no sólo mayor incidencia en el espacio
extra galerístico, sino también presencia substancial
de otras manifestaciones artísticas dentro del programa y
del propio concepto; o sea, se integrarán en un discurso
común la danza, el teatro, la música, el cine, la
televisión y la radio.
En un principio la Novena Bienal anunció una nómina
reducida, pero a fin de cuentas tiene prácticamente tantos
o más artistas y proyectos invitados que en la séptima
o la octava edición: 122 artistas de 51 países. ¿Es
acaso esto proporcional a un mayor apoyo financiero?
En la Bienal de La Habana no existe una relación directa
entre presupuestos y proyección, nunca la ha habido. No vamos
a tener más recursos financieros. Habíamos iniciado
la selección pensando en una nómina mucho más
reducida, pero la capacidad de convocatoria y nuestra propia pesquisa
han propiciado que muchos artistas presentasen proyectos afines
al tema. Esta circunstancia nos ha forzado a incrementar la relación
de invitados, proyectos, exposiciones, todos estrechamente imbricados
en el discurso que pretende esbozar la Bienal.
Por supuesto para ello contamos en primer lugar con la generosidad
de los propios artistas invitados, quienes financian la producción
de sus obras y el viaje a La Habana, pues la Bienal carece de recursos
para asumir esos gastos. Resulta interesante en esta edición
la presencia de un grupo de artistas del llamado primer mundo, todos
ellos dialogando, indagando en los temas propuestos. En muchos casos
sus obras abordan cuestiones no sólo de la “alta cultura”,
sino tópicos comunes, inherentes tanto al norte desarrollado
como al precario sur, según apunta Benedetti. Artistas de
amplísimo reconocimiento internacional, de presencia en los
principales circuitos del arte contemporáneo, creadores desconocidos,
personas de las más diversas filiaciones políticas,
económicas y sociales se han ofrecido a compartir la experiencia
de la Bienal de La Habana. Para nosotros es un honor que intercambien,
truequen, convivan en nuestra ciudad y con el público cubano.
Asimismo fundaciones y organizaciones internacionales han brindado
su colaboración financiando rubros específicos dentro
del evento. Especialmente relevante el aporte que supone el apoyo
material, humano y logístico de un sinnúmero de instituciones
y empresas nacionales fuera y dentro del sector de la cultura, quienes
han aunado voluntades para garantizar no sólo la sobre vivencia
de la Bienal, sino su potenciación como acontecimiento imprescindible
en la cultura cubana e internacional.
El Centro Wifredo Lam organiza, dirige, concentra las actividades
fundamentales de la Bienal. En este momento se haya en una restauración
capital. ¿Estará listo el 27 de marzo para la inauguración?
Ciertamente, pero esta reconstrucción va a tener dos etapas,
una previa y otra posterior a la novena edición. Para la
inauguración estarán listas la sala permanente Wifredo
Lam, que acogerá una exposición fotográfica
del célebre creador español Carlos Saura, y una de
la planta baja, donde se exhibirán obras del norteamericano
Spencer Tunick. A la vez el Centro concentrará la actividad
de acreditaciones, la oficina de información y atención
a los artistas, será lugar de reuniones, espacio fundamental
de encuentro, y exhibirá una vez más la magnificencia
de las grandes casonas coloniales que bordean la Plaza de la Catedral.
Dinámicas de la Cultura Urbana suele ser quizás
ambiguo, demasiado amplio como concepto. ¿Exactamente hacia
dónde se ha encaminado la curaduría?
Cuando repaso las reflexiones que sirvieron de punto de partida
a esta, y también a anteriores ediciones de la Bienal, encuentro
un enunciado que se repite mucho y es probablemente una de las actitudes
que con más precisión nos definen: la Bienal hace
preguntas más que plantear respuestas o tesis, indaga en
determinados fenómenos del acontecer cultural contemporáneo,
y también en otros que lo trascienden como son los referidos
a las migraciones, la comunicación o la propia vida. La Bienal
persevera en ciertos cuestionamientos, ha sido uno de sus principios
históricos capitales. Por supuesto, cuando los críticos
y los teóricos hacen una valoración final pueden encontrar
signos, códigos, caminos. Pero el más distintivo de
todos ellos es un tradicional apego a la vocación indagadora.
Nos precede la experiencia de eventos de diversa índole
que se han acercado a las culturas urbanas de una u otra manera.
La Bienal pretende llamar la atención sobre situaciones que
ocurren al hombre moderno en las ciudades contemporáneas,
no sólo en las grandes megalópolis sino también
en las pequeñas urbes, y en las ciudades del sur, aquellas
de África, América Latina. Asoman un sinnúmero
de conflictos: migraciones internas y externas, el impacto de la
ruralización, los grandes disparates en que han devenido
algunos proyectos de modernidad, las utopías arquitectónicas:
Brasilia, Sao Paulo,... Nos interesa subrayar cómo fallaron
los proyectos sociales que debieron acompañar algunos de
esos colosales proyectos constructivos, devenidos espacios de crecimiento
desorganizado, arbitrario. La marginalidad, la exclusión
social visible en muchas ciudades del mundo actual, más allá
de la latitud que exhiba el país.
Por otro lado, la visualidad contemporánea no la signa únicamente
las bellas artes. La imaginería popular ha copado también
el entorno urbano ocupando un lugar protagónico, al igual
que el impacto de la imagen publicitaria y de los mass media. Los
estudios visuales , destacados como una disciplina en el terreno
de las humanidades, encuentran terreno fértil en una arista
de la mirada citadina concerniente a lo ignoto, lo popular, espontáneo,
precario. Dentro de la Bienal hay un grupo de proyectos discursando
sobre estos asuntos.
Nuestra mirada quizás sea un poco caótica, anárquica,
tal y como también resultan las ciudades que intentamos develar,
intuir. Acaso exista cierta correspondencia entre el estado de cosas
del mundo y la propuesta misma de la Bienal. Sería pretencioso
procurar desentrañar las esencias urbanas en tan poco espacio
y tiempo.
Evaluando la nómina de los artistas invitados, ¿encuentras
un acento especial sobre algún aspecto del arte contemporáneo?
Cuando revisas el esquema de lo que será la Bienal, el signo
que más me atrae es su diversidad, incluso creo que resulta
coherente con el propio concepto que convocó al evento: el
entramado citadino, ese gran concierto donde confluyen y a veces
se articulan o desarticulan diversas maneras de ver y ser.
Por ejemplo, esta edición se caracteriza por una increíble
multiplicidad en los soportes de expresión: desde los más
vanguardistas desde el punto de vista tecnológico, espectáculos
de mix-media, juegos interactivos, video proyección, pero
también fotografía e incluso pintura en su sentido
tradicional, pues a partir de esa técnica ya milenaria también
se aborda la visualidad y la cultura contemporáneas. Se emplazarán
obras en espacios cerrados, pero también muchas otras en
el ámbito público interactuando en la calle y en áreas
que tradicionalmente poco tienen en común con el mundo artístico.
La nómina de los artistas seleccionados es un universo heterogéneo:
se nutre tanto de creadores muy jóvenes como de otros plenamente
validados en los circuitos tradicionales. Entre los cubanos hay
recién egresados del Instituto Superior de Arte junto a protagonistas
de la generación de los ochenta. Coexisten así varias
generaciones, completando nuestra intención de abordar el
mundo desde disímiles miradas.
Esta propuesta de la Bienal de La Habana refracta, refleja la pluralidad
del mundo de hoy, y por ende la multiplicidad de su visualidad,
privilegia el arte como un instrumento de indagación sobre
los fenómenos sociales, humanos. Consecuentes con la Convención
de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la
Diversidad Cultural, la Bienal persiste en su tentativa de propiciar
la aceptación y la tolerancia, defender la identidad cultural
y la diversidad.
El fenómeno de la Bienal trasciende el evento en sí
mismo porque, amén de la muestra curada por el Centro de
Arte Contemporáneo Wifredo Lam, la ciudad organiza en su
red de galerías exposiciones colaterales de diversa índole.
¿Conserva la novena edición esa voluntad integradora?
En esta ocasión la ciudad se propone un programa colateral
de casi setenta proyectos entre exposiciones individuales y colectivas,
intervenciones en espacios públicos y acciones callejeras.
Acogerán estas exhibiciones galerías municipales,
espacios de la red de la Oficina del Historiador, sitios informales,
e incluso el Castillo del Morro, utilizado en ediciones anteriores
como sede del núcleo central.
Es imprescindible apuntar que aún cuando la Bienal genera
un contexto propicio al encuentro y la confluencia en La Habana
de interesados de diversa índole en la visualidad contemporánea,
y en especial en el arte cubano, las muestras exhibidas de manera
colateral (organizadas por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas)
no forman parte de la propuesta estética y conceptual de
la Bienal, que se define a sí misma como un proyecto curado
en torno a un concepto específico en cada edición
y con una perspectiva estética precisa y análoga.
En ocasiones se ha censurado, fundamentalmente por la crítica
especializada, la coexistencia del proyecto Bienal con esas exposiciones
de carácter colateral. Sin embargo, considero que la presencia
de esos proyectos expositivos, de las obras de esos artistas “otros”
a los que propone el esquema de la Bienal, contribuye a la diversidad
y a abrir el abanico de creación, de expresión y promoción
del arte cubano; permite en un mismo intervalo de tiempo la concomitancia
e interacción de diversas generaciones, modos de hacer y
ver el arte. No se trata de duplicidad de propuestas, simplemente
es una manera de propiciar la simultaneidad, el paralelismo, la
concordancia.
http://www.bienalhabana.cult.cu/informativas/boletin/noticia.php?idn=48
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