..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.118, Viernes, 7 de abril del 2006

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La persistencia Entrevista a Rubén del Valle Lantarón, director de la Novena Bienal
Por Isabel María Pérez Pérez

A lo largo de sus más de 20 años, la Bienal de La Habana ha sorteado los más diversos obstáculos para prevalecer como la cita obligada de aquellos interesados en ponerse al tanto de la producción simbólica y conceptual contemporánea en el campo de la visualidad. La Bienal ha trascendido el ámbito regional proyectándose a escala global, apostando por el inclusivismo y la aceptación de la diferencia y colocándose, en este sentido, junto a grandes eventos mundiales como la Bienal de Venecia, la Bienal de Sao Paulo, la de Dakar o la Documenta de Kassel.

La Novena Bienal de La Habana, a celebrarse entre el 27 de marzo y el 27 de abril del 2006, reunirá 122 artistas de 51 países de América Latina, el Caribe, Asia, África, Medio Oriente, Europa y Canadá que expondrán sus obras en diferentes espacios del Centro Histórico e intervendrán con proyectos específicos -performances, pintura mural, gráfica ambiental, esculturas, instalaciones, objetos- otras zonas de la ciudad como El Vedado, Marianao, Centro Habana, Alamar, Boyeros, Jaimanitas. Dinámicas de la Cultura Urbana se ha convertido esta vez en el eje temático sobre el cual se desarrollarán las estrategias teóricas y prácticas del discurso curatorial, para indagar en ese mundo plural de códigos estéticos, auditivos, táctiles, que inundan las ciudades de hoy en día.

Entre los invitados especiales concurre la francesa Lucy Orta, con sus arquitecturas portátiles y la documentación de sus intervenciones y acciones sociales, el norteamericano Spencer Tunick exhibirá paisajes humanos en escenarios públicos, mientras el español Antoni Miralda muestra un work in process itinerante y colectivo que busca exaltar la comida como cultura. Además, el afamado realizador español Carlos Saura expondrá sus fotografías manipuladas, el arquitecto francés Jean Nouvel presentará una documentación de su colosal obra arquitectónica, y la artista iraní Shirin Neshat discursa sobre los problemas de género con el video “Zarin”. Más de diez proyectos colectivos figuran en la nómina de esta novena edición: Taller de Vestuario Alternativo , con estudiantes, diseñadores y artistas de varios países; Ciudad- video, muestra internacional de materiales audiovisuales; Arquivo Brasilia , de los fotógrafos alemanes Michael Wesely y Lina Kim, Territorio Sao Paulo, una sala “espejando” otra en Brasil, y Agua-Wasser , registro de un proyecto público en la Ciudad de México. Se suman Omni Zona Franca , colectivo cubano que desarrolla su obra partiendo de sus experiencias en el barrio de Alamar, Cubabrasil , un proyecto del arte de aerosol y el muralismo, La dinámica de un viaje , de incidencia multidisciplinaria en la enorme sala de espera de la Terminal Ferroviaria La Coubre y Jaimanitas , un proyecto que extiende el quehacer liderado por José R. Fúster en ese poblado costero. Por último Cartele, de Argentina, propone una visión plena de humor acerca de la gráfica popular, y La ciudad y la fotografía . La Habana 1900-2005 exhibe imágenes de homenaje múltiple a la urbe cubana.

Para su novena edición la Bienal busca, una vez más, una perspectiva iniciadora, esta vez dirigida por el joven Rubén del Valle Lantarón, con experiencia múltiple en el polémico mundo de dirección de proyectos vinculados al arte y la cultura.

La Bienal de La Habana asume para esta novena edición, por primera vez en su historia, un director que no forma parte de la nómina de sus curadores tradicionales. ¿Significa acaso un punto de giro?

La Bienal desde su segunda edición está constantemente en movimiento, más que dando puntos de giro. Cuando la examinas en su devenir encuentras que de una a otra va cambiando, adecuándose a las nuevas circunstancias. Y es por ello precisamente que ha trascendido, no se ha quedado atada a su primer esquema, mantiene sus principios fundacionales pero continúa, como la propia cultura, enriqueciéndose, aportando, y eso precisamente está sucediendo ahora.

El Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam conserva intacta su estructura y el equipo de curadores es prácticamente el mismo que el de la octava edición, y en buena medida el de las cuatro anteriores. Se ha sumado Margarita González, antes directora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, alguien de mucha experiencia en la organización de los principales eventos de arte cubano. Pero el núcleo central se mantiene: Nelson Herrera Ysla, José Manuel Noceda, Ibis Hernández, Margarita Sánchez. La octava edición presentó al grupo RAIN (Austria) como curador invitado, y en esta oportunidad hemos invitado al español Antonio Zaya. Las entradas y salidas del equipo de curadores de cualquier evento en el mundo son frecuentes, y también inevitables.

He intentado articular todas las ideas y las pretensiones de esta novena edición, mantener la fidelidad a los principios fundacionales, aquello que Llilian Llanes ha llamado la mística de la Bienal, y es precisamente en ese sentido que he encauzado mi trabajo.

Un evento de las dimensiones, connotación y alcance de la Bienal trasciende la simple experiencia de las artes visuales, para insertarse en los presupuestos de la cultura contemporánea. En este caso específico, supone una asunción plena de la transdisciplinaridad y nuestra inclusión en el contexto urbano y el contexto social, pues exige que participen en su concepción, desarrollo y promoción especialistas de las más diversas disciplinas. Para esta novena edición se han comprometido en un esfuerzo común un equipo de arquitectos, críticos, curadores, periodistas, promotores e historiadores.

Al elegir como eje conceptual Dinámicas de la Cultura Urbana esta Bienal implica no sólo mayor incidencia en el espacio extra galerístico, sino también presencia substancial de otras manifestaciones artísticas dentro del programa y del propio concepto; o sea, se integrarán en un discurso común la danza, el teatro, la música, el cine, la televisión y la radio.

En un principio la Novena Bienal anunció una nómina reducida, pero a fin de cuentas tiene prácticamente tantos o más artistas y proyectos invitados que en la séptima o la octava edición: 122 artistas de 51 países. ¿Es acaso esto proporcional a un mayor apoyo financiero?

En la Bienal de La Habana no existe una relación directa entre presupuestos y proyección, nunca la ha habido. No vamos a tener más recursos financieros. Habíamos iniciado la selección pensando en una nómina mucho más reducida, pero la capacidad de convocatoria y nuestra propia pesquisa han propiciado que muchos artistas presentasen proyectos afines al tema. Esta circunstancia nos ha forzado a incrementar la relación de invitados, proyectos, exposiciones, todos estrechamente imbricados en el discurso que pretende esbozar la Bienal.

Por supuesto para ello contamos en primer lugar con la generosidad de los propios artistas invitados, quienes financian la producción de sus obras y el viaje a La Habana, pues la Bienal carece de recursos para asumir esos gastos. Resulta interesante en esta edición la presencia de un grupo de artistas del llamado primer mundo, todos ellos dialogando, indagando en los temas propuestos. En muchos casos sus obras abordan cuestiones no sólo de la “alta cultura”, sino tópicos comunes, inherentes tanto al norte desarrollado como al precario sur, según apunta Benedetti. Artistas de amplísimo reconocimiento internacional, de presencia en los principales circuitos del arte contemporáneo, creadores desconocidos, personas de las más diversas filiaciones políticas, económicas y sociales se han ofrecido a compartir la experiencia de la Bienal de La Habana. Para nosotros es un honor que intercambien, truequen, convivan en nuestra ciudad y con el público cubano.

Asimismo fundaciones y organizaciones internacionales han brindado su colaboración financiando rubros específicos dentro del evento. Especialmente relevante el aporte que supone el apoyo material, humano y logístico de un sinnúmero de instituciones y empresas nacionales fuera y dentro del sector de la cultura, quienes han aunado voluntades para garantizar no sólo la sobre vivencia de la Bienal, sino su potenciación como acontecimiento imprescindible en la cultura cubana e internacional.

El Centro Wifredo Lam organiza, dirige, concentra las actividades fundamentales de la Bienal. En este momento se haya en una restauración capital. ¿Estará listo el 27 de marzo para la inauguración?

Ciertamente, pero esta reconstrucción va a tener dos etapas, una previa y otra posterior a la novena edición. Para la inauguración estarán listas la sala permanente Wifredo Lam, que acogerá una exposición fotográfica del célebre creador español Carlos Saura, y una de la planta baja, donde se exhibirán obras del norteamericano Spencer Tunick. A la vez el Centro concentrará la actividad de acreditaciones, la oficina de información y atención a los artistas, será lugar de reuniones, espacio fundamental de encuentro, y exhibirá una vez más la magnificencia de las grandes casonas coloniales que bordean la Plaza de la Catedral.

Dinámicas de la Cultura Urbana suele ser quizás ambiguo, demasiado amplio como concepto. ¿Exactamente hacia dónde se ha encaminado la curaduría?

Cuando repaso las reflexiones que sirvieron de punto de partida a esta, y también a anteriores ediciones de la Bienal, encuentro un enunciado que se repite mucho y es probablemente una de las actitudes que con más precisión nos definen: la Bienal hace preguntas más que plantear respuestas o tesis, indaga en determinados fenómenos del acontecer cultural contemporáneo, y también en otros que lo trascienden como son los referidos a las migraciones, la comunicación o la propia vida. La Bienal persevera en ciertos cuestionamientos, ha sido uno de sus principios históricos capitales. Por supuesto, cuando los críticos y los teóricos hacen una valoración final pueden encontrar signos, códigos, caminos. Pero el más distintivo de todos ellos es un tradicional apego a la vocación indagadora.

Nos precede la experiencia de eventos de diversa índole que se han acercado a las culturas urbanas de una u otra manera. La Bienal pretende llamar la atención sobre situaciones que ocurren al hombre moderno en las ciudades contemporáneas, no sólo en las grandes megalópolis sino también en las pequeñas urbes, y en las ciudades del sur, aquellas de África, América Latina. Asoman un sinnúmero de conflictos: migraciones internas y externas, el impacto de la ruralización, los grandes disparates en que han devenido algunos proyectos de modernidad, las utopías arquitectónicas: Brasilia, Sao Paulo,... Nos interesa subrayar cómo fallaron los proyectos sociales que debieron acompañar algunos de esos colosales proyectos constructivos, devenidos espacios de crecimiento desorganizado, arbitrario. La marginalidad, la exclusión social visible en muchas ciudades del mundo actual, más allá de la latitud que exhiba el país.

Por otro lado, la visualidad contemporánea no la signa únicamente las bellas artes. La imaginería popular ha copado también el entorno urbano ocupando un lugar protagónico, al igual que el impacto de la imagen publicitaria y de los mass media. Los estudios visuales , destacados como una disciplina en el terreno de las humanidades, encuentran terreno fértil en una arista de la mirada citadina concerniente a lo ignoto, lo popular, espontáneo, precario. Dentro de la Bienal hay un grupo de proyectos discursando sobre estos asuntos.

Nuestra mirada quizás sea un poco caótica, anárquica, tal y como también resultan las ciudades que intentamos develar, intuir. Acaso exista cierta correspondencia entre el estado de cosas del mundo y la propuesta misma de la Bienal. Sería pretencioso procurar desentrañar las esencias urbanas en tan poco espacio y tiempo.

Evaluando la nómina de los artistas invitados, ¿encuentras un acento especial sobre algún aspecto del arte contemporáneo?

Cuando revisas el esquema de lo que será la Bienal, el signo que más me atrae es su diversidad, incluso creo que resulta coherente con el propio concepto que convocó al evento: el entramado citadino, ese gran concierto donde confluyen y a veces se articulan o desarticulan diversas maneras de ver y ser.

Por ejemplo, esta edición se caracteriza por una increíble multiplicidad en los soportes de expresión: desde los más vanguardistas desde el punto de vista tecnológico, espectáculos de mix-media, juegos interactivos, video proyección, pero también fotografía e incluso pintura en su sentido tradicional, pues a partir de esa técnica ya milenaria también se aborda la visualidad y la cultura contemporáneas. Se emplazarán obras en espacios cerrados, pero también muchas otras en el ámbito público interactuando en la calle y en áreas que tradicionalmente poco tienen en común con el mundo artístico.

La nómina de los artistas seleccionados es un universo heterogéneo: se nutre tanto de creadores muy jóvenes como de otros plenamente validados en los circuitos tradicionales. Entre los cubanos hay recién egresados del Instituto Superior de Arte junto a protagonistas de la generación de los ochenta. Coexisten así varias generaciones, completando nuestra intención de abordar el mundo desde disímiles miradas.

Esta propuesta de la Bienal de La Habana refracta, refleja la pluralidad del mundo de hoy, y por ende la multiplicidad de su visualidad, privilegia el arte como un instrumento de indagación sobre los fenómenos sociales, humanos. Consecuentes con la Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad Cultural, la Bienal persiste en su tentativa de propiciar la aceptación y la tolerancia, defender la identidad cultural y la diversidad.

El fenómeno de la Bienal trasciende el evento en sí mismo porque, amén de la muestra curada por el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, la ciudad organiza en su red de galerías exposiciones colaterales de diversa índole. ¿Conserva la novena edición esa voluntad integradora?

En esta ocasión la ciudad se propone un programa colateral de casi setenta proyectos entre exposiciones individuales y colectivas, intervenciones en espacios públicos y acciones callejeras. Acogerán estas exhibiciones galerías municipales, espacios de la red de la Oficina del Historiador, sitios informales, e incluso el Castillo del Morro, utilizado en ediciones anteriores como sede del núcleo central.

Es imprescindible apuntar que aún cuando la Bienal genera un contexto propicio al encuentro y la confluencia en La Habana de interesados de diversa índole en la visualidad contemporánea, y en especial en el arte cubano, las muestras exhibidas de manera colateral (organizadas por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas) no forman parte de la propuesta estética y conceptual de la Bienal, que se define a sí misma como un proyecto curado en torno a un concepto específico en cada edición y con una perspectiva estética precisa y análoga.

En ocasiones se ha censurado, fundamentalmente por la crítica especializada, la coexistencia del proyecto Bienal con esas exposiciones de carácter colateral. Sin embargo, considero que la presencia de esos proyectos expositivos, de las obras de esos artistas “otros” a los que propone el esquema de la Bienal, contribuye a la diversidad y a abrir el abanico de creación, de expresión y promoción del arte cubano; permite en un mismo intervalo de tiempo la concomitancia e interacción de diversas generaciones, modos de hacer y ver el arte. No se trata de duplicidad de propuestas, simplemente es una manera de propiciar la simultaneidad, el paralelismo, la concordancia.

http://www.bienalhabana.cult.cu/informativas/boletin/noticia.php?idn=48




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