..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.118, Viernes, 7 de abril del 2006

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Comentarios al mensaje de un manipulador

Recientemente publicamos en este boletín una entrevista a la Cra. Carmen Velásquez Quintana, Directora de la Biblioteca Provincial de Las Tunas. El Grupo de “Enemigos de las Bibliotecas Oficialistas Cubanas”, como podrían muy bien llamárseles, en evidente monitoreo de nuestras páginas, se agarraron como de un clavo ardiente de esta entrevista, intentando una vez más, pero una vez más inútilmente, sumar a su causa a los verdaderos bibliotecarios cubanos. Esta es la respuesta, la digna respuesta de una verdadera bibliotecaria cubana, una orgullosa bibliotecaria “oficialista” a este servil y mentiroso lacayo del imperio:

En el municipio de Las Tunas se han creado 44 casas bibliotecas, las mismas parten de una experiencia iniciada en la década del 70 por una maestra del poblado de Bartle, que fue generalizada para ampliar las posibilidades de los pobladores de aquellos lugares que no cuentan con servicios de bibliotecas. Cuando se inicia el Programa Provincial por la lectura, el 20 de octubre de 1998, se les reconoce como la modalidad comunitaria que distingue nuestra provincia, por tanto surgen mucho antes que los ”inventos” de Colas. Es él y no nosotros, quien ha “copiado” y tergiversado, con fines de lucro, una iniciativa noble y desinteresada.

Las casas bibliotecas incrementan la presencia del libro y de la cultura en las comunidades como una acción propia de las bibliotecas para ampliar su alcance. Son atendidas por activistas que, sin cobrar nada, absolutamente ni un centavo por esto, atienden a sus vecinos, le prestan los libros y contribuyen a formar hábitos de lectura mediante las actividades culturales que realizan. Estos activistas tienen como interés compartir sus libros de manera solidaria, sin mediar fines de lucro ni beneficios personales, para cultivar el espíritu y los conocimientos de todos aquellos que las visitan.

Muy presente tenemos el manifiesto de la UNESCO sobre bibliotecas públicas y así brindamos toda clase de conocimientos e información disponible a los usuarios sin que se discrimine a nadie ni por edad, raza, sexo, política, religión, condición social, etc. Las colecciones se forman con la contribución de los comunitarios y las donaciones que realizan las bibliotecas y otros amantes de la lectura, siempre atendiendo las necesidades de sus usuarios, porque ellos son su razón de ser. Dentro de ellos predominan los estudiantes, pues la bibliografía busca correspondencia con sus demandas y así sucede con los demás sectores de la población.

¡Qué distintos los fines de esos que se denominan “bibliotecarios independientes”! No han logrado convencer con sus intenciones de ser reconocidos y recibir financiamiento para, supuestamente, defender el “derecho a la información sin censura”. Conocemos que forman sus colecciones con lo que da la SINA (Oficina de Intereses Norteamericana en La Habana) y la emplean para hacer proselitismo político. Valen mucho más aquellos libros que recibimos de personas altruistas, que los dan para un fin cultural, dentro de ellos algunos que con gran cariño han acompañado junto a la almohada, porque se saben útiles al compartirlos con otros. No reciben a cambio nada material, no se les montan costosas campañas de propaganda ni reciben remesas de un gobierno extranjero. ¡Allá los que viven a expensas de migajas u otras prerrogativas en beneficio personal, a cambio de su dignidad!.

Soy bibliotecaria con más de 25 años de experiencia: esto me permite reconocer los libros buenos, los que no deben dejarse de consultar. Me formé como profesional gracias a la Revolución, la cual defiendo desde mi puesto como verdadera bibliotecaria; me respeto y mucho, porque no tolero a nadie que cuestione nuestra labor y mucho menos a alguien como Colas, tan desagradecido, que se formó aquí en su tierra, gratuitamente, como profesional (a pesar de su color) y sin embargo asumió el triste papel de pelele. Junto a los recursos que han destinado a las supuestas “bibliotecas independientes”, ya se consiguió su pasaporte para emigrar a los Estados Unidos que era su verdadero objetivo, para continuar viviendo del cuento y el engaño.

La moral que tengo es quien me protege. Ud., Señor Colas, reconoce “la honestidad de esta cubana”. Tengo plena conciencia de mi trabajo, defiendo el derecho del pueblo a toda clase de conocimientos e información disponible, por eso hemos extendido la actividad bibliotecaria, creando las casas bibliotecas.

La informatización de los servicios y el acceso a la Internet se están materializando en nuestro país y sé discernir lo que vale eso, de toda la hojarasca que algunos se dedican a publicar en Internet. Digo esto porque me considero defensora de la política bibliotecaria de la Revolución, que es sin censura. El esfuerzo que realiza el gobierno revolucionario para la informatización tiene como fin contribuir a la cultura de nuestro pueblo, que el mundo conozca lo que hacemos los cubanos e intercambiar informaciones sobre los avances que en los diferentes campos se producen: no podemos gastar tiempo ni recursos en cosa que no valen la pena.

Y si algo tenemos bien claro los verdaderos bibliotecarios cubanos, es nuestra misión de promover los valores de la cultura local, nacional y universal. Hay una ética en nuestra profesión, y la hemos defendido con nuestros esfuerzos, con el trabajo cotidiano, llevando a los más apartados lugares el libro y las opciones de lectura, para que la región de nuestro país donde viva un cubano no sea un obstáculo: ése sí es acceso libre, gratuito y honorable al saber.

Nuestro Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas cuenta con Instituciones que ofrecen servicios gratuitos, con entrada libre a todos los ciudadanos. Somos los bibliotecarios los que formamos nuestras colecciones, propiciamos la superación constante de nuestros profesionales bibliotecarios, sin recaudar nada, pues el programa revolucionario reconoce el valor social de nuestro quehacer.

Para que se tenga una idea de lo importante que resulta la labor de la Biblioteca Provincial de Las Tunas, en el año 2005 se ofrecieron 233 973 servicios a 86 148 usuarios, superando ampliamente las cifras del año anterior. Cada día crecen las demandas informativas y los bibliotecarios gustosos accedemos a ofrecer diferentes servicios, préstamos de documentos, actividades de promoción de la lectura, entre otros.

Quiero aclarar que según dice Colas estamos limitando a nuestros usuarios el acceso a poder consultar textos de algunos autores: con toda propiedad puedo decirle que la mayoría de estos autores forman parte de nuestro fondo bibliotecario, por tanto una vez más reitero que trabajamos arduamente porque estén representados los mejores creadores. Nos nombra como “bibliotecarios oficialistas”, pero muy orgullosos nos sentimos de ser bibliotecarios públicos cubanos. No hace falta visitar a nadie de los que cita, pues las personas dignas no son detenidas en Cuba.

Quiero puntualizar además que la trayectoria de Ernesto Guevara, al que este difamador calumnia con maldad e ignorancia, es reconocida no solo en Cuba, sino en el mundo, y es un ejemplo a seguir, por sus ideales, sus convicciones y su actuar. Es lamentable que personas tan faltas de conocimientos, escrúpulos, valor y dignidad utilicen semejantes adjetivos para referirse al Ché, lo que denota que no lo ha leído. Le sugiero consultar algunas de las obras que abordan su trayectoria revolucionaria y así se convenza de que distante estuvo al definirlo como lo hizo en su artículo, que refleja serias lagunas de conocimiento y le resta bastante a Usted al hacer estos planteamientos, aún más, si cabe, agregando una nueva mancha a su ya deteriorada imagen de mercenario de Bush.




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