En
el país que destruyó la histórica Biblioteca
de Bagdad, otra anécdota ilustra la relatividad de
la libertad de expresión que Washington pretende enseñar
a las demás naciones. Mientras un cargamento de libro
destinados a la Universidad de La Habana sigue confiscado
en el puesto fronterizo de Allen, Texas, desde julio pasado,
un miembro de la Junta Escolar de Miami-Dade exige que un
libro infantil titulado Vamos a Cuba sea retirado de la red
de bibliotecas escolares.
El funcionario Frank Bolaños, ha cuestionado públicamente
el libro que se encuentra en 34 escuelas primarias y ha pedido
su retirada inmediata además de reclamar una investigación
para saber cómo fue posible que fuera distribuido.
¿Cual será el contenido que Bolaños
valora tan escandaloso? En la página 5, la autora de
la obra, Alta Schreier escribe textualmente: “La gente
de Cuba come, estudia y trabaja como tú. Pero en Cuba
hay cosas únicas''.
Esta visión de Cuba constituye una afrenta al exilio,
estima Bolaños quien reclama “su inmediata remoción”,
según el Nuevo Herald.
El portavoz del sistema escolar, Joseph García, anunció
que un comité revisará el libro, el 19 de abril
en la escuela Marjorie Stoneman Douglas, y tomará una
decisión, al afirmar que el documento fue “probablemente”
adquirido por la administración anterior.
El libro vilipendiado pertenece a una colección de
textos infantiles publicados por la editorial Heinemann Library.
La reciente designación de una escuela pública
del condado Miami-Dade con el nombre del padrino de Luis Posada
Carriles, el agente de la CIA Jorge Más Canosa, ilustra
el ambiente que reina en el universo escolar de la Florida
del Sur.
EL PEQUEÑO PRINCIPE, DETRÁS DE LOS BARROTES
Entretanto, la Administración norteamericana que gasta
anualmente millones para acusar falsamente a Cuba de obstaculizar
la libre circulación de libros, conserva en las almacenes
de sus Servicios de Inmigración y Adunas (ICE) en la
frontera mexicana a cientos de libros en idioma inglés
destinados a la Biblioteca de la Universidad de La Habana.
Entre las obras secuestradas el 21 de julio del pasado año,
bajo órdenes expresas del Departamento del Comercio,
se encuentran títulos tan “controvertidos”
como El Principito, del francés Antoine de Saint-Exupéry,
El Amante de Lady Chaterley del escritor británico
David Herbert Lawrence, las Memorias de Sir Winston Churchill,
El Gran Inquisidor (Los Hermanos Karamazov) de Fedor Dostoievski,
Qué Verde Era Mi Valle (How green was my valley), el
best-seller del autor norteamericano Richard LLewellyn, y
Veinte mil leguas de viaje submarino, del francés Jules
Verne.
El lunes 14 de abril del 2003, en lo que fue el último
capítulo del pillaje de Bagdad, la Biblioteca Nacional,
los Archivos Nacionales de Iraq fueron reducidos a cenizas.
Parece que a Fray Tomás de Torquemada que impulsó
la destrucción de libros, en el medio de la Santa Inquisición,
no le falta partidarios en la tierra de Joseph McCarthy.
Enviado por su autor
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