..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.120, Viernes, 21 de abril del 2006

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Playa Girón en la memoria de Dora Alonso
Por Roberto Rodríguez

Reportera en Playa Girón
“Yo me preguntaba: ¿qué van pensando?, ¿tienen miedo?, ¿están como yo? Experimentaba sensaciones muy diversas: deseaba ardientemente estar con los míos; pensaba que no sabíamos a ciencia cierta por dónde habían atacado, pensaba en mi madre, mi marido, en los hijos que he criado -aunque no son míos- y, al mismo tiempo, la obsesión: los yanquis nos atacan, tengo que ir allá, tengo que reportarlo todo, porque no dudé ni un momento de la victoria [...] Yo me fijaba en las reacciones de la gente; el miedo es un estado normal, pero lo escondían tan bien como yo, porque, mira, yo tenía que elegir: o me retiraba, o avanzaba y hacía mi reportaje. Si el miedo me vencía no me hubiera considerado nunca ni cubana, ni revolucionaria ni periodista, y no creo que nadie en mi caso hubiera dudado. Hice lo que tenia que hacer, nada más.”
[1961]
Fragmento de una entrevista de Orlando Castellanos, Granma (Resumen Semanal), mayo 18, 1980: 5.

“Entrevisté a Dora Alonso una mañana de otoño. Era lunes. Antes de entrar en materia tomamos té, conversamos sobre la radio y me leyó su poema Sabe el venado. Las horas que duró la conversación me mostraron a una escritora lúcida y sensible a quien los ochenta y siete años le han rejuvenecido, por fuera y por dentro, el encanto de su mirada. Debo agradecer que para el encuentro ella escogió justamente su sitio de creación, donde máquina de escribir, papeles, libros, fotos, cuadros y recuerdos de toda intimidad vivida, encantan por la sólida sencillez de su presencia”.

Así empezaba mi entrevista a Dora Alonso publicada siete años atrás. Ahora, con la magia de las cosas que no se explican, vuelven a mi memoria aquellas declaraciones suyas sobre un acontecimiento histórico que marcó para siempre a todos los cubanos: Playa Girón. Acudo de nuevo al casete (su voz fuerte pero tierna) y para bien de la cultura cubana activo un play que levanta el polvo del tiempo y lo sacude fuerte en el aire para presentármela de nuevo como era. Como es. Como uno comprende que seguirá siendo esta mujer de pájaros y rosas.

Ha transcurrido 45 años de aquellos sucesos de Girón. Me acuerdo que estaba yo atrincherado en la Secundaria Básica, con un cachimbo de cowboy al cinto, un tabaco entre mis dedos de la mano derecha apagado por la falta de costumbre, una boina asturiana de mi padre sobre mi cabeza, un pantalón verde olivo y una camisa de miliciano vieja y enigmática, y los infaltables papeles brotando de uno de sus bolsillos, presagiando complicaciones filosóficas (detalle para estar a la moda entre los jóvenes revolucionarios de entonces) y donde, estoy seguro, se apretujaba un poema de noche desvelada. No pasábamos de 12 estudiantes, entre varones y hembras, dispuestos a no movernos de aquel edificio, nuestra querida escuela, dispuestos a entrarles a pedradas a los mercenarios si se presentara la ocasión. Son los hechos. Ese era también nuestro bautismo de fuego. Y sobre nosotros sentíamos las miradas atentas de algunos profesores que meses después cruzaron el charco hacia una vida mejor “según ellos”. Pero también sentimos la mirada noble y leal de los vecinos y familiares dispuestos a defender la patria por encima de todo. Es apenas alguna que otra reflexión sobre lo que nos embargaba a un grupo de jóvenes en la Secundaria Básica “Calixto García”, en Aldecoa.

Estábamos dispuestos a vender cara nuestra libertad. Y un viejo radio que alguien trajo para estar informados nos mantuvo en vilo y bien despiertos las horas que duraron los combates en las arenas de Girón. Es un recuerdo. Quizá no importante para otros. Pero para mí, niño de escuela privada y tranquilidad espiritual, fue un volcán de pasiones que no se borran. Por eso quiero llevar al lector y compartir lo que me dijo Dora Alonso sobre los apasionantes días en que la Patria se jugó el todo por el todo, en la Bahía de Cochinos.

-Hábleme de Girón, Dora…su imbricación en este hecho tan decisivo.

- Empiezo por decirte que le tengo tremendo miedo a los tiros, pero no había que pensar en ellos y sí en mi raíz martiana. Yo estaba en Santiago de Cuba cuando bombardearon el 17 de abril y salí al día siguiente hacia La Habana. La Habana y no para Girón. Tenía a mi madre viejita y enferma en la capital y mi marido pertenecía al ejército….cuando llegue al pueblo de Colón, de madrugada, me enteré de los horrores que estaban haciendo con los campesinos, los míos, mis abuelos, mi sangre, como los vi después.

-Fue la primera realidad de la guerra cercana.

-Sin dudas. Allí supe que estaban volando a bombazos los humildes bohíos y zapatos por aquí, y camitas quemadas por allá, quemados, humeantes y no pude dudar más…

-¿Qué sucedió entonces?

-Reflexioné y me dije: “Tienes miedo pero te vas a ir al frente”. Había vencido mi amigo, venció Martí.

-¿En ese momento todavía se encontraba en Colón?

-Sí. Y desde allí llamamos el fotógrafo Gilberto Ante y yo a Bohemia para pedir autorización y poder ir al frente como corresponsal de guerra.

- ¿Los autorizaron?

-De inmediato. Aquello fue todo muy rápido.

- ¿Y de ahí a Girón?-

-Te cuento que sin pérdida de tiempo nos trasladamos. Allí vi a un pueblo en armas y creo que la única que tenía miedo era yo, pero me lo tragué a tal punto que cuando estábamos bajo los aviones y me hablaban no contestaba por miedo a que me castañetearán los dientes. Pasé a la primera línea, y a las nueve de la noche regresé porque yo era quien iba a reportar para la revista Bohemia . Si no entregaba a las veinticuatro horas no salía en taller y teníamos una tirada de 600 mil ejemplares.

-¿Y a esa hora salió para La Habana?

- Sin perder tiempo. Era un lucha contra el reloj. Y puedo decirte que llegué, me senté a escribir después de tomarme dos pastillas pues llevaba días sin dormir, y de un tirón escribí 16 páginas a un solo espacio sin cuidar en lo más mínimo la redacción… Hoy leo y me digo, lo que hubiera podido escribir si me dan más tiempo, pero razono que entonces no hubiera salido ese fervor del momento. Esa fue mi gloria y mi alegría.

El tiempo pone distancia y reflexión, madurez necesaria para comprender el valor de la hazaña de aquellas horas en que los cubanos le respondimos a Fidel de oriente a occidente, de norte a sur del archipiélago, desde las arenas de Playa Girón hasta un viejo edificio de Secundaria Básica donde, con viejos cachimbos entre las manos, abrimos un pequeño grupo de muchachas y muchachos las puertas de la juventud para ver, quemante y entero, el sol de la Patria.

Acaso sea esta una brevísima incursión sobre un asunto sin pasado. Un detalle sobre detalle. La gloria de una victoria y el recuerdo apropiado y profundo de una escritora que me contestó, ese lunes de iluminación, a la pregunta de:

-Para usted ¿qué es la fama?

-No sé, pero yo no la siento…y recuerdo que yo me podía sentar a esperar una guagua en un parque junto a un pobre negro viejo que en la escala social era lo último y conversar con él, de tú por tú, amistosamente, tratando de comprenderlo o de ayudarlo y no me sentía ni mejor ni peor, ni por arriba ni por abajo, no podía entenderme en el hecho literario, pero en el hecho humano sí. Si lo mío es fama, no es tan difícil de lograr- concluía Dora Alonso.

A 45 años de la victoria del pueblo cubano y la primera gran derrota militar de nuestro enemigo mayor, en este mundo tan necesitado de justicia social, escuchar los recuerdos de la insigne escritora cubana, en su propia voz, en torno a sucesos tan decisivos, traen una justa sensación de alivio en el devenir del tiempo, un acomodo de las cosas, la distancia necesaria para comprender el valor de lo que perdura.

Fuente: Cubarte

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