..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.120, Viernes, 21 de abril del 2006

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Aproximación al espiritualismo filosófico de José Martí
Por Juan Alberto Blanco Rivera y Liván Pita Ramos

Introducción

El debate entorno al pensamiento filosófico martiano, resulta un elemento necesario en la búsqueda imprescindible de la significación humana universal de la obra del apóstol cubano. Las posiciones en este tema han sido diversas y encontradas, por la intención manifiesta o velada de acercar a este pensador a una u otra escuela o tendencia filosófica, o por las diferencias de presupuestos metodológicos de los autores, que ha impedido lograr en ocasiones, la representación de totalidad orgánica en sus determinaciones esenciales, que constituyen fundamento de la distinción de lo filosófico, a partir del reconocimiento de momentos aparentemente contrapuestos en esta creación intelectual como: la religiosidad y una visión dialéctica y objetiva de las relaciones sociales, políticas y económicas; la exaltación de lo espiritual emotivo-sensual que distingue la naturaleza de lo poético y el reconocimiento del papel de la ciencia en la realización de los ideales humanos; la fe en la utilidad de la virtud en el mejoramiento humano y el trabajo fundamentalísimo en la preparación de la guerra necesaria.

El enfoque del pensamiento martiano a partir la consideración de la existencia en el de un fundamento espiritualista confronta desde su inicio, el inconveniente de la diversidad interpretaciones del espiritualismo. En su interpretación metafísica, a diferencia de la concepción psicológica o etnológica, aunque relacionadas con ellas, desde la antigüedad significó el reconocimiento de una esencia pura ideal que de algún modo trascienda lo material, lo determina o lo compone, siendo el fundamento de su existencia y/o la finalidad de su devenir. De este modo el espiritualismo desemboca con frecuencia en el monismo filosófico idealista.

En esta perspectiva nos interesa destacar el enfoque del espiritualismo a partir del principio del monismo, considerado en si por la forma en que resuelve la relación entre lo material y el espíritu. En tal sentido asumimos la idea de que,"el espiritualismo se subdivide en dos especies: el espiritualismo «más íntimo» (monista) y el espiritualismo «menos íntimo» (dualista). «La especie dualista es el teísmo, que ha sido elaborado por los filósofos escolásticos, en tanto que la especie monista es el panteísmo" (Ferrater Mora, 1979: 1020-1021).

El presente trabajo pretendo fundamentar la tesis otros autores han sostenido, de la existencia de un espiritualismo filosófico en José Martí, a partir de los siguientes presupuestos:

1) El proyecto liberador martiano y dentro del su concepción humanista constituye el principio, que permite estructurar una lógica de pensamiento donde se revela en sus planos más universales lo filosófico;
2) El espiritualismo martiano, se fundamenta en la idea de la plenitud que tiene antecedentes en B. Spinoza y J.G.F Hegel además de su relación con el krausismo;
3) Las urgencias de las luchas políticas condicionan en Martí una lógica de pensamiento que incorpora al espíritu individual, no como mera encarnación de lo universal, sino también como su anticipación creadora en la plenitud de los caracteres primarios;
4) La búsqueda de estos signos primarios del espíritu, se puede determinar a partir del estudio de las valoraciones martianas de diferentes personalidades norteamericanas que representaron con sus virtudes e inconsecuencias, modos concretos del ser del espíritu. El objeto de nuestro trabajo lo constituyen, estas valoraciones martianas que revelan la contradictoria manifestación de una forma específica de la espiritualidad universal, en un espíritu individual que lo determina como un carácter primario, aunque dichas valoraciones tienden a un enfoque integral desde lo ético.;
5) El saber, la palabra, la civilidad, la política, y la poesía, constituyen aquellas determinaciones del espíritu esencialisimas para la obra revolucionaria, que la lógica del pensamiento martiano estructura, en una totalidad a partir de la concepción de la filosofía de la relación.

La lógica que hemos seguido implica, a partir de la lectura de los textos martianos reconstruir una visión de la determinación de lo espiritual en su concepción del mundo y desde el fundamento del principio de plenitud, que caracteriza su particular monismo, indagar en algunos de sus antecedentes histórico filosóficos.

La espiritualidad de los caracteres primarios.
El saber

El la valoraciones martianas sobre personalidades norteamericanas ocupa un lugar significativo el filósofo Emerson. Conmovido por su muerte escribe "Emerson ha muerto: y se llenan de dulces lágrimas los ojos. No da dolor sino celos. No llena el pecho de angustia, sino de ternura. La muerte es una victoria y cuando se ha vivido bien, el féretro es un carro de triunfo"(Martí, 1975: 17). Martí además que la influencia intelectual del pensamiento del norteamericano, fue conmovido por la manera grandiosa y sencilla, y por consiguiente natural con que aquel, asumió la vida.

En su ensayo se revela claramente la universalidad del saber, que engrandece a un hombre y lo hace bueno al acercarlo a la naturaleza, a los demás hombres y a Dios. El acercamiento a Dios por el saber, eleva al hombre a una determinación más plena de sí, por ello aprecia en Emerson que, "El veía tras de sí al espíritu creador que a través del el habla a la naturaleza. El se veía como pupila transparente que lo veía toda, y solo rea pupila". (Martí, 1975:19).

La comprensión del saber, como manifestación esencial del espíritu, parte de la relación de este con el Universo. Para Martí el espíritu creador deviene como sustancia en la naturaleza y esto tiene su prueba en la unidad central de los hechos y las cosas, La hermosura física, caracterizada por la armonía, constituye uno de sus un atributos fundamentales y primarios, puesto que significa la existencia de determinado grado de organización y de finalidad.

El Universo es algo más que el ser total, es la superación cualitativa de la diversidad infinita contenida en lo uno. Aquella belleza, provee a la naturaleza de un carácter moral condicionador de la conciencia de pertenencia a la raza humana, de la que deviene el reconocimiento de su propia esencia por el hombre. Esta idea, que conduce a la estetización de la realidad, no obedece, en mi opinión, a la simple pretensión de una argumentación religiosa, sino que entronca con la búsqueda de la explicación de la unidad del todo, de lo espiritual y lo material, a diferencia del sentido tradicional racionalista, que consideraba lo segundo una derivación lógica de lo primero.

Al respecto señala Martí "…El hombre no se halla completo, ni se revela a si mismo, ni ve lo invisible sino en su intima relación con la naturaleza. El Universo va en múltiples formas a dar en el hombre"- (Martí,1975: 26). En consecuencia, lo moral adquiere una sustantividad definitoria respecto a la conciencia individual de cada uno de los hombres. Esta ontologización de lo ético, implica, junto a la ya mencionada dimensión óntica de lo estético, un enfoque social – natural del espíritu, ya que él no está dado de modo pleno a los hombres individuales, y no puede ser de otro modo, porque el Universo no se nos revela a todos como manifestación total, y solo puede generar, la representación de su posible conquista por el saber, como encuentro definitivo con nuestro propio ser socializado.

El devenir del espíritu, es también la búsqueda de si mismo, y el comienzo de ella es, representación de la analogía con la naturaleza, " por que todo en ella es símbolo del hombre, y todo lo que hay en el hombre lo hay en ella".(Martí, 1975: 23). La identidad aquí planteada aquí como principio, es abstracta, está en el plano de la intuición o incluso de los sentimientos.

La naturaleza no pude revelarse al hombre directamente, en su ser esencial, "en formulas ", diríamos lógicas, pero le inspira, las emociones, sin las cuales aquellas no serían posibles. Este primer momento del saber es una condición básica de su realización como proceso universal humano, por que se refiere, a la definición de nuestra facultad de conocer, sin lo cual además no puede haber discurso filosófico, como el propio Hegel señalaba en la" Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas".

En la concepción martiana dicha identidad se revela, desde un inicio en la no-existencia de contradicciones entre el hombre y la naturaleza, por que son, como se ha visto, dos partes de un único todo, que aún no se ha reconocido como tal, entendiéndose este momento como estado de existencia en sí, donde las diferencias, están contenidas pero no se revelan-" Las contradicciones no están en la naturaleza, sino en que los hombres no saben descubrir sus analogías."(Martí,1975: 29)

En su segundo momento universal del saber, el espíritu, puede reconocer la diferencias, en la infinitud de la diversidad de las cosas. Es este el momento donde se realiza el papel de las ciencias, individualmente, a partir del estudio de los diferentes "fuerzas de la naturaleza", "de los seres vivos", "de la composición de todos los elementos del Universo",de "la diferencia cuantitativa de las cosas", como opuesto necesario de identidad. En la unidad se encuentra su opuesto, que por él nos indica, aunque de modo incompleto realidad posible de ella.

La culminación del ciclo, el tercer momento, nos revela, una regresión aparente al punto de partida, pero a un nivel cualitativamente superior, porque, al decir de Martí,- "Cuando el ciclo de las ciencias esté completo, y sepan cuanto hay que saber, no sabrán más de lo que sabe hoy el espíritu, y sabrán lo que el sabe".(Martí,1975: 25)-, es decir estamos de nuevo en el punto de la analogía, pero reconocida aquí, como fundamento de la diversidad, no solo como momento de la existencia del todo, sino como condición de la existencia de cada uno de sus accidentes, y por tanto en su manifestación concreta.

La concreción del saber no significa solo, la reconstrucción de la totalidad en todas sus determinaciones, es decir la reproducción racional de lo que realmente es, sino la exposición de aquella eticidad contenida como premisa,como " bondad que es la hermosura en los afectos", en su relación con otras formas esenciales de lo espiritual;"… la verdad que es la hermosura en el juicio ; y la mera belleza que es la hermosura en el arte".(Martí, 1975:25).

De esta relación se determina, la unidad de tres valores esenciales del espíritu, o tres modos de su manifestarse, la verdad, la belleza y la virtud. La unidad o no, de los tres en un individuo, nos indica en que medida lo humano alcanza en el la plenitud necesaria.

La vida humana es, por todo ello, la casa natural del espíritu, ella es su fin. El espíritu es el medio de aquella. Pero como en realidad no hay fines, sin medios; no hay vida humana sin espíritu, ni espíritu humano sin vida. La trascendencia es ya una cuestión divina. El saber que es condición del logro de el objeto de la vida;"…La satisfacción del anhelo de perfecta hermosura". (Martí, 1975:25), no significa la mera contemplación de la naturaleza, sino el acomodo de ella, que "cambia y pasa", a sus eternas aspiraciones de creación del hombre.

La palabra.

Los oradores y la oratoria esta ampliamente representados en las valoraciones martianas. Henry Ward Beecher, Wendell Phillips, Henry Garnet, notable orador negro, son vistos por Martí a través del prisma de la necesaria conjunción del don natural, con la integridad ética, porque la universalidad de su grandeza radica en la encarnación en ellos de su tiempo, y al respecto señala: "La tierra tiene sus cráteres ; la especie humana sus oradores.

Nacen de un gran peligro o de una gran infamia... La fuerza oratoria como la fuerza heroica esta esparcida acá y allá por los pechos de los hombres... si se desgajara de súbito un monte, y de su seno saliese a azotar, con sus alas el cielo lóbrego, colérico y alborotado, bandada incólume de águilas blancas, no sería más hermoso el espectáculo que el que encubre el pecho de un orador honrado, cuando la indignación, la indignación fecunda y pura, desata el mar dormido, lo echa en olas roncas, espumas crespas, rías anchuras, gotas duras y frías, sobre los malvados y ruines". (Martí,1975: 58). En esta fuerza de la oratoria esta magnificada la naturaleza de la palabra, como forma universal del revelarse del espíritu, síntesis del saber y estímulo de la acción.

El espíritu no se revela al hombre directamente, sino a través de muchas mediaciones. La intuición que en lo general es una condición de su revelarse, en lo particular, es medio de enlace con el pensamiento abstracto. En su carácter de representación del objeto, sin la rigurosidad lógica aún, se funda sin embargo en imágenes que son "forma natural del pensamiento".

El problema radica en reconstruir a partir de esas imágenes la armonía del universo, es decir el equilibrio, de su infinita diversidad. El pensamiento pude hacerlo en la complejidad de sus formas lógicas, pero estas, si bien están al menos de modo genérico contenidas en cualquier espíritu individual requieren ser estimuladas, promovidas por hombres que en situaciones particularmente difíciles, se convierten en dueños de la palabra.

Esos hombres, seres exclusivos, logran en su oratoria expresar, la comprensión del significado real de cada conducta de los hombres, no solo para su agente, sino para toda la sociedad, partiendo de la realidad no revelada a los demás de la existencia, del todo que nos determina, "ya que sólo el que concibe bien el conjunto puede legislar en el accidente, que es abreviación".( Martí,1975: 59). La palabra resulta síntesis necesaria de conocimiento, pero esencialmente del saber, porque contiene en si la postura moral de quien la usa. En el pensamiento, el espíritu esta todavía en el plano de una moralidad digamos abstracta, o mejor dicho no vinculante, es decir que nos inspira, pero que aun en muy poco nos obliga.

Sin embargo la palabra expresada es ya un compromiso doble, primero con el pensamiento que la sustenta y luego, o al mismo tiempo con la conducta que exige o procura. Por ello el cuerpo de la palabra es la verdad, pero su fin es la justicia. Sin lo primero la palabra es una vana declaración sobre las cosas que no nos implica, sin lo segundo la búsqueda de la verdad, pierde la espiritualidad, que hace posible soportar cualquier sacrificio por conquistarla y por decirla.

La acción.

La civilidad y la política son dos formas esencialicimas del ser del hombre permeadas como es natural por la espiritualidad. Su diferencia objetual, presupone una unidad funcional, digamos una organicidad interna e interrelación, que le viene dada por la integridad del individuo que puede ser pleno y debe serlo, en la lucha necesaria por el triunfo de lo humano. Llama la atención en tal sentido el análisis martiano de personalidades como: Peter Cooper, los generales :Grant, Hancock, Sheridan, McClellan y Logan; y el presidente Arthur.

La vida humana que se define, por su espiritualidad, es esencialmente una experiencia moral, si se concibe como necesidad de realización del ser propio en las relaciones sociales. En la consecución de este objetivo el hombre se encuentra ante obstáculos que le impone la propia naturaleza universal de su espíritu. La primera barrera esta constituida por la búsqueda de la satisfacción de las aspiraciones individuales, sin lo cual la individualidad donde lo humano se reconoce, no puede ser, pero que suelen ser contrapuestas.

Ante esta situación hay dos opciones posibles: la primera, fundada en la primacía del yo frente los demás y la segunda, la asunción como propios los intereses y aspiraciones de los otros hombres, como componente natural y esencial de las nuestras. De la primera actitud deriva el egoísmo que para Martí, es una negación del objeto de la vida, porque, "quien se encierra en si, vive con leones, y quien se saca de sí, y se da a los otros, vive entre palomas ".(Martí, 1975:52). Por consiguiente, la actitud contraria exige, la vida en y para los otros. La dificultad radica que el común de los hombres no puede llegar por sí solo a ella, es necesario el sacrificio de hombres capaces de mostrar, en los avatares de su propia existencia, la superioridad de la bondad frente, a la maldad, no por su resistencia violenta a ella, sino por su especial estoicismo, que ilustra al malvado en la inutilidad de su violencia.

La posición ética, del espíritu individual que permite su reencuentro con el espíritu universal, no procura la realización de la caridad como modo efectivo para ello, puesto, de lo que se trata es de establecer el equilibrio la armonía de las cosas, como parte del todo, y no de uno de sus momentos. Al respecto señala: "La beneficencia es un narcótico, más no una efectiva medicina. Seca las lagrimas en el rostro; pero no seca las fuente de las lagrimas".( Martí, 1975: 52-53).

Es por ello la solidaridad, un elemento natural al hombre que se ve entorpecido, por relaciones materiales desencadenantes, de actitudes egoístas, lo que hace necesario siempre recurrir a la inteligencia humana cultivada, "a la que no hay pujanza que resista". La ira, su eficacia, el aborrecimiento de la justicia, son consecuencias de que el hombre no entiende todavía la armonía de las leyes, de lo que se deriva que: "Estudiar las fuerzas de la naturaleza, y aprender a manejarlas, es la manera más derecha de resolver los problemas sociales. El comercio intelectual ennoblece. El hombre ignorante no ha empezado a ser hombre"(Martí,1975: 52).

La acción humana, tal y como se ha visto hasta ahora transcurre en los marcos de la civilidad, pero esto es solo una parte, la otra lleva implícita el sello de las luchas históricas y de la política. La primer distinción que salta a la vista es la presencia de la violencia, por la diferencia de las concepciones de los hombres sobre la justicia. Esta no puede ser superada, sino mediante la lucha, y debe ser así, ya que la necesidad de justicia es consustancial a la naturaleza humana, porque no podemos ser lo que debemos sino recibimos y aportamos lo que nos corresponde.

Esta particular situación histórica determina la existencia, en las personalidades de diferentes caracteres: desinteresados, de fuerza mera, y primarios.

La Poesía.

La personalidad de Walt Withman, resulta significativa, no solo por la dimensión innovadora de su creación literaria, sino por la singularidad de su personalidad, que más allá de la ruptura con los convencionalismos sociales, que constituyó su conducta moral, anunciaba la apertura hacia visión más humana, natural del mundo y de las relaciones entre los hombres. De las valoraciones martianas emana, no solo la defensa y el rescate de aquella figura, sino también la exposición de la particular significación de la poesía en la conformación de los caracteres primarios, a partir de la compresión de su naturaleza como manifestación de espíritu universal.

La relación del espíritu con sus determinaciones, el saber, la palabra y la acción, se realiza en u modo universal, que tiene en sí sintetizado cada una de ellas, la poesía.

Para entender esta relación es necesario revelar la naturaleza de la poesía, no ya como un arte en el sentido estricto, sino como sustancia misma de las cosas. Como expresión esencia de la vida.

"La vida-dice Martí –es un himno, la muerte es una forma oculta de la vida".(Martí, 1975:134), revelando así, la vía para comprender ese aspecto esencial de la poesía, que radica en su especial capacidad par a comprender la singular resonancia que tiene para la sensibilidad humana, el ritmo que contiene la interacción de todas las cosas, en su sucesión y diferenciación, conducente al surgimiento o desaparición de aquellas, como parte del devenir que es la eternidad.

En lo que existe por tanto de algún modo está contenido el futuro, por lo que el presente está ya expuesto como pasado. Esta compleja dialéctica atormenta al ser humano, que sufre su transitoriedad real o aparente, frente a la desconcertante infinitud del universo. La poesía mitiga estos humanos dolores, porque ayuda a entender a tiempo el sentido de la existencia como posibilidad de ser.

Esa realización existencial del hombre es histórica y tiene su expresión en la literatura en general y en la poesía en particular, que pueden, por su forma de entender las analogías de la naturaleza, revelar desde siempre, la misma aspiración humana de hallar el amor.(Martí,1975:134), lo que implica un contribución esencial a:

Cambiar los estados de ánimo del hombre, es decir fortificar o apuntalar las almas.
Estimular la búsqueda del saber, para restablecer la armonía contenida en lo uno.
Despertar la esperanza del logro de la justicia y la belleza, que permitan superar la fealdad y las injusticias que amargan la vida.

La funcionalidad de la poesía así descrita parece justificar su presencia o dimensión más allá de la subjetividad humana, como atributo de la realidad, como una premisa de su existencia que tiende necesariamente a la búsqueda de su ser otro, en formas cada ves más complejas atadas al fundamento originario, pero al mismo tiempo más libres de él.

Ese ser último de las cosas está realizado en la forma idealizada de unidad de pensamiento y emotividad que es la poesía. Aquí el ser encuentra su exposición plena, la libertad, que como intuición se basta a sí misma. Es en este sentido que, "la libertad es la religión definitiva, y la poesía la libertad del culto nuevo".(Martí, 1975: 135).

La libertad que como actitud humana es manifestación de la superior conciencia del lugar nuestro en el mundo y su realización en la conducta, es al mismo tiempo una condición del devenir del espíritu universal.

A modo de conclusiones:

o El espiritualismo filosófico en José Martí significa el reconocimiento de que:
o Existe un espíritu universal que se revela en su ser otro. El universo como naturaleza, que incluye al hombre es parte de ese ser otro del espíritu.
o El saber es el modo más general de descubrir la analogía espíritu universo. La palabra es la revelación del saber como analogía y como responsabilidad ética.
o La acción histórica de los hombres en sus versiones de política y civilidad es la síntesis concreta del fundamento moral y emocional del espíritu, su definitivo reencuentro, en el goce del sacrificio de la existencia comprometida con la humanidad.
o La posición filosófica de José Martí, en cuanto el eterno debate del partidismo filosófico puede enfocarse desde el prisma de monismo espiritualista antes esbozado, que tiene como fundamento el principio de la plenitud.

En valoraciones estudiadas está, de algún modo contenida la revelación del ser de un hombre, que como todo aquel que se sabe fundador, se busca a si mismo, y encuentra sus determinaciones esenciales en los que son o debieron ser otros hombres, que como él han tenido la necesidad, la voluntad,la conciencia y la responsabilidad de conducir pueblos.

La búsqueda en los antecedentes.

Buruch Spinoza y J.G.F Hegel, y la plenitud como necesidad del ser.

La posición filosófica antes esbozada, tiene antecedentes el pensamiento filosófico occidental, y forma parte de los intentos por entender la relación de la naturaleza y el espíritu a partir de su unidad, en un todo diferenciado. Esta tendencia es sobre todo notoria en el la Filosofía Moderna, debido al progreso del conocimiento científico, que codujo cada ves más al descubrimiento y explicación de las relaciones, por una parte y por otra a la síntesis del pensamiento anterior, y a la necesidad de su superación para la conformación del proyecto social de la burguesía. Dentro de los filósofos que aceptan el reto planteado por Descartes, de construir una nueva racionalidad, desatacan Spinoza y Hegel.

Los dos partían de la idea de la sobredeterminación de la necesidad, ya fuera lógica o sustancial o física. En una unidad diferenciada, cuyos componentes opuestos, de algún modo se presuponen, y mutuamente se determinan. En el caso del holandés: " el orden y conexión de las ideas el mismo es, que el orden y conexión de las cosas"(Moya, 1999.).

Su idea de la unidad del pensamiento y la extensión como atributos de la sustancia única que es la naturaleza, creadora y creada, no solo se opone al dualismo cartesiano, sino que abre el camino para comprensión materialista dialéctica de la unidad de lo material y lo espiritual.

La posición de Spinoza caracterizada históricamente como panteísmo o isomorfismo o isologismo, no conduce necesariamente, a una comprensión diferente de la divinidad, por que la identidad que propone resulta diferenciada, es decir que los atributos aunque concomitantes, son además irreductibles el uno al otro, inconmensurables. En la filosofía de Spinoza el lugar de la naturaleza, está determinado por interrelación sustancial del pensamiento y la extensión en un todo, que se crea, constantemente y de un modo universal, eterno e infinito, aunque los resultados sean siempre finitos.

Esta finitud es negación parcial del atributo de la sustancia extensa, por cuanto expresa la realización de la posibilidad, mientras que la infinitud es la absoluta afirmación de la existencia de una cosa (Ver Moya, 1999)., por cuanto expresa no solo la realización concreta de una posibilidad, sino la posibilidad de múltiples realizaciones futuras.

Este es el principio de la comprensión de la infinitud de la sustancia, a partir de un proceso de negación, que es en sí la verdad. Toda negación es una afirmación. La verdad es entendida por Spinoza, como era común en el pensamiento clásico como correspondencia, pero no en un sentido óntico, sino lógico, es decir como coherencia interproposicional, dentro del sistema total del conocimiento.

Para Hegel ya que "todo lo efectivamente existente es racional"(Moya, 1999), la unidad del pensamiento y el ser es una posibilidad que se realiza constantemente en el devenir, y es el espíritu en la búsqueda de su libertad quien eleva la racionalidad en sí de la naturaleza al ser para sí. Esta es la posición clásica del panlogismo, ya que como se explica en Fenomenológica del Espíritu, el espíritu se mueve de la cosa misma al concepto y este movimiento es la exposición de las diversas ciencia, que encuentran así las diversas manifestaciones del ser en las formas lógicas especificas. Por consiguiente tanto el devenir como el fin, tienen una conformación lógica, "las realidades son subsumidas en una realidad única: la realidad espiritual, principio de individuación, de diferenciación y de unificación.

El espíritu es, de acuerdo con esto, radicalidad e intimidad absolutas"( Moya,1999.La posición de Hegel respecto a la naturaleza pudiera calificarse, como de una indiferencia radical ontológica, puesto que su orden y esencia e interrelaciones existen antes de su creación, en el espíritu infinito, que es el reino del pensamiento puro, el sistema de la razón pura, que por contener en si la posibilidad de su ser otro, es la verdad misma, en toda la extensión de su reino.

Sería por esta razón, que a Ludwing Feuerbach, le pareció descubrir en le contenido de esta verdad, la representación lógica,abstracta de Dios, tal y como el es en si mismo antes de cualquier creación, como eterna esencia autosuficiente.

En la filosofía hegeliana encontramos, la comprensión de la infinitud como el superarse, de lo existente por la contradicción. Lo infinito es y es verdadero porque se niega a si mismo en la existencia finita de las cosas. Dos son las especies de la infinitud: la buena y la mala infinitud; la infinitud afirmativa y la negativa. Infinitud negativa es la que importa contraposición con la finitud.

La infinitud intelectiva es exigencia de superación de la finitud (La infinitud positiva involucra a lo finito como momento. Con arreglo a esto Hegel reconoció el mérito de Spinoza que es el haber discernido nítidamente ambas especies de infinitud (Ver Moya,1999). Según la lectura operada por Hegel, la spinoziana infinitud afirmativa es intelectual; la negativa es infinitud sensoria o indefinición ( Ver Moya, 1999).

Para Hegel como las determinaciones de ser son las determinaciones del pensar, existe una identidad entre el concepto y la cosa, pero su doctrina de la verdad es holistica. Ella es la totalidad orgánica del saber.

El reconocimiento de los elementos abordados anteriormente nos conduce a la idea de que Hegel y Spinoza sustentaron el principio de plenitud. La posibilidad de la existencia, es un momento de la realidad, es correlativa de la actualidad.

En la filosofía hegeliana, la adopción del principio es una exigencia impuesta por su peculiar concepto de tiempo, en su exposición lógica, a saber: el concepto en el devenir de su existencia, como unidad de sus manifestaciones con el ser. Es una consecuencia de su realismo universal y desmedido en el tratamiento de la naturaleza del concepto.

En la filosofía de Spinoza, la plenitud se adopta por una razón diferente,. la existencia de la potencia divina, que esta diluida en la naturaleza, hace imposible la existencia de posibilidades no realizadas, porque además él no hace distinción entre la potencia divina absoluta y la potencia divina ordinaria.

En esta plenitud de la existencia tiene un lugar esencialicimo lo moral. En Spinoza esto se expresa, en la primacía de lo moral sobre el conocimiento, como finalidad.

El filosofo en la ética pretende fundamentar a la moral y la única manera para hacerlo es conociendo la naturaleza humana. "Nada puede concordar mejor con la naturaleza de una cosa que los demás individuos de su especie; por tanto, nada hay que sea más útil al hombre, en orden de la conservación de su ser y el disfrute de una vida racional, que un hombre que se guíe por la razón.

Además, dado que entre las cosas singulares no conocemos más excelente que un hombre guiado por la razón, nadie bajo el imperio de la razón puede probar cuanto vale su habilidad y talento mejor educando a los hombres de tal modo que acaben por vivir bajo el imperio de la razón." ( Ver Textos laicos) Esto es lo que lo obliga a hacer un tratado de medicina en donde conoce la anatomía humano basado en el principio de que la moral persigue la felicidad, lo que hace de él eudemonista. Entonces el estudia que le acomete a la ética acerca de la moral y el método para conseguir la felicidad a través de esta. Entonces debemos conocer la naturaleza.

Esta concepción racionalista de la ética y al moral en Spinoza se fundamenta en un tratamiento de la razón, en ocasiones criticado por ambiguo, pero en el que se pueden señalar tres determinaciones fundamentales: La razón explicativa – discursiva, que significa el conocimiento de cualquier objeto,más allá de las contingencias espaciales y temporales, que busca establecer sus condicionamientoaos causales, apartir de procedimientos lógicios deductivos; La Razón práctica – política, es entendida como la uidad de la utilidad individual, la comunidad política y el bien común, en el alma común de todos los hombres( Ver El significado de la razón ética). La posibilidad de dicha unión radica en la asimilación entre la virtud de naturalesza eminentemente racional y la utilidad esencialmente pasional. "La virtúd del alma lleva a la mayor utilidad por medio del conocimiento divino, pudiendo llamar a esa unión entre los hombres como "amistad".(Ver:El significado dela razón ética).

Hegel por su parte, criticó las concepciones ética de Kant, aún cuando las consideraba el logro más alto en las teorías anteriores sobre la moral, señalando como aspectos fundamentales: la necesidad de la unidad del cumplimiento del deber con la felicidad; que la conciencia moral no es voluntad pura, por cuanto ella necesita la determinación de sus móviles concreto y esto es posible a partir de la existencia de la sensibilidad; la unidad de razón y sensibilidad debe producir una armonía cada ves más completa y esto es la esencia misma de la conciencia moral; el logro de la perfección moral no puede ser entendida solo como una tarea infinita, lo que lea llevaría a una determinación formal, ella se realiza de modo particular en las acciones concretas de los hombre. Hegel trata de dotar de un contenido cierto esta determinación formal de la moral, pero no supera este formalismo al considerar, que la intersubjetividad es la posibilidad de superación de la limitación de subjetividad como individualidad que niega el ser infinito. "Esta negación no puede tener lugar suprimiendo la individualidad, sino suponiendo el contenido de la individualidad como propio también de otras individualidades; con ello supone Hegel la posibilidad de hablar, en concreto y no sólo formalmente, de una subjetividad universal, pues la moral se realiza intersubjetivamente"( Ver Lafuentes, Maria Isabel).

El carácter formal de esta concepción radica en la consideración hegeliana, en el fundamento intelectivo de la conducta es decir en el saber de la norma que el sujeto asume, y que determina su constitución como sujeto moral y de aquí se deriva sorprendentemente la conclusión, de que el fin de la acción esta en el reconocimiento por los demás de que existe un fundamento ideal normativo, que conduce la acción del individuo. Pero, Hegel supone que la posibilidad de la intersubjetividad descansa, no tanto en la posibilidad de una concordancia a priori en la norma, que es el deber de cada cual, de forma que se produciría una armonía preestablecida entre ellos, sino sobre todo en que haya un saber sobre la norma que se sigue, que es lo que exige el reconocimiento de cada cual por cada cual como sujeto moral. La acción moral tiene, por tanto, un fin: el reconocimiento de los demás de que el individuo es consciente del principio que conforma la realidad de su acción.

Esta concepción presupone el tratamiento del tema de la acción moral como responsabilidad o imitación. En este sentido habría que entender que para la concepción hegeliana la sociedad funciona como el espíritu objetivo ante el cual el espíritu individual, se subordina, como ante un imperativo, por tanto más que de responsabilidad, aquí es necesario habar de obligación. "Las normas morales (los imperativos sociales) se constituyen en principios de autoridad cuya función es determinar la obligación de cada cual, las costumbres se institucionalizan" (Ver Lafuentes, María Isabel).

Si esto es así aparece un contradicción importante, porque si la acción moral debe conducir como decía Hegel a la felicidad, esta debe estar movida por la idea de libertad, y entonces será resultado de la responsabilidad y no de la obligación, que se fundamenta en una rígida cadena universal de nexos causales de la que la acción moral también forma parte. No significa esto que la libertad se opuesta a la socialidad por el contrario, esta es su fundamento y le da sentido, pero la libertad a partir de la concepción de Hegel debe suponer la coincidencia de las conciencias, en su universalidad, lo que implica el logro de la armonía entre los espíritus individuales.

El Krausismo y la divinización de la plenitud.

Otro antecedente fundamental de la concepción plenitud como estado total del espíritu, lo encontramos en el krausismo, que se desarrolla en España en el momento de destierro de José Martí luego de la prisión, cuando se introduce en los estudios de la filosofía.

El filosofo español Julián Sanz del Río(1814-1869), introdujo en aquel país, las filosofía de Krause (1781-1832), filosofo alemán, que sostenía la idea de Dios como fundamento personal del mundo, que siendo naturaleza y espíritu, deviene en humanidad, la que tiende al logro de la armonía cada ves más perfecta en Dios, a partir de un proceso de perfeccionamiento de las instituciones humanas, que constantemente se racionalizan.

Este sistema ha sido calificado como "panenteísmo o racionalismo armónico"( Ver De la Cruz Miguel), y en España produjo un movimiento que no solo abarcó la filosofía, sino que tubo una resonancia intelectual mucho más amplia, ya que abarco cuestiones religiosas y políticas, constituyendo un elemento ideológico en la integración de la izquierda burguesa liberal.

La ética, el derecho, la sociología y la pedagogía, promovidos por los krausistas, condujeron a un vasto movimiento de educación popular que cuajó en la Institución Libre de Enseñanza. Una moral austera, en armonía con el cultivo de la ciencia y la promoción de una religión semisecularizada, hicieron que la propuesta krausista se convirtiera en un estilo de vida, que en un ambiente social caracterizado por la ascendencia del capitalismo, sustituía los supuestos tradicionales de la religiosidad española. Este movimiento se desarrolla de 1850-1800, teniendo su mayor esplendor en la década de 1860-1870. El desarrollo del positivismo en toda Europa le restó evidentemente espacio e influencias( Ver De la Cruz Miguel).

En la filosofía de Krause hay varios conceptos fundamentales : Razón, Naturaleza, Espíritu y Dios y Humanidad. La reflexión sobre Dios nos permite elaborar una ciencia sintética fundamental a partir de la cual podemos construir, las demás. La historia del mundo es la historia de las ideas como exposición de la divinidad misma, que tiene su máxima expresión en la plenitud intelectual y moral del hombre. Alcanzar esta plenitud significa entonces la unidad esencial y definitiva con Dios.

La historia de la humanidad, se constituye en un devenir, marcado por la necesidad de la revelación de la naturaleza de lo divino, a partir de sus diferentes estadios : el de la inconciencia; de la conciencia y adoración de los poderes de la naturaleza y en ellos a los poderes de la divinidad por la religión; y por último el de la conciencia superior, única, y fundamental en el descubrimiento de Dios. La perfección humana es posible entonces, en la medida que se conozca y realice el bien en Dios, que conduce a la unidad de todos los hombres por amor, pero esto es una obra de la conjunción de la razón y la sensibilidad, porque el hombre es en si la unidad de naturaleza y espíritu.

A modo de otras conclusiones.

La plenitud es un concepto que deviene en Spinoza y en Hegel del reconocimiento del carácter necesario de la realidad. El espíritu que es atributo sustancia o deviene en su ser otro en la naturaleza y la sociedad, es potencia y a la misma ves acto.

La libertad es el móvil, cuerpo y fin del espíritu, pero su carácter necesario, disminuye o reduce la individualidad a simple manifestación, o encarnación de lo universal. La socialidad libertaria a la que se aspira, esta presupuesta por la razón es además el resultado de su reino.

El carácter marcadamente religioso del krausismo a pesar de su intento, de una propuesta ética de libertad universal del individuo no puede constituirse en fundamento de una visión revolucionaria, por el desconocimiento de las fuerzas reales de la historia, y de las determinaciones sociales del amor entre los hombres.

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*Juan Alberto Blanco Rivera
Licenciado en Filosofía; Licenciado en Derecho: Profesor auxiliar de la universidad del Pinar del Río Cuba.

*Liván Pita Ramos
Licenciado en sociología: Profesor Instructor de la universidad del Pinar del Río Cuba.

Universidad de Pinar del Río

http://www.monografias.com/trabajos28/espiritualismo-marti/
espiritualismo-marti.shtml


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