..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.120, Viernes, 21 de abril del 2006

Libro de visitas

 

Libros Y Bibliotecas En La Vida Y Obra Política De Lenin: Una Bibliografía

Felipe Meneses Tello
Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social
México, D. F.

Prolegómenos a la vida y obra político-intelectual de Lenin

Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, en el universo político de los impresos y de las bibliotecas figura como un personaje que encarna la categoría teórica que podemos conceptuar como el intelectual revolucionario del proletariado, esto es, como el sujeto que se sirve de los medios intelectuales de producción (instrumental bibliográfico y sistemas bibliotecarios) para enfrentar en el plano de la disputa de las ideas a la clase dominante, pero adhiriéndose a la clase dominada. En este sentido, Lenin representa el paradigma del intelectual orgánico de la clase obrera al que hace referencia la teoría política de Antonio Gramsci. Pero no sólo se sirve de esos medios, sino que, como ha sido ampliamente demostrado por varios estudiosos, se esfuerza porque la lectura, el estudio, la consulta y el análisis de todo género de impresos también estén al alcance de la clase carente de los medios materiales de producción (materia bruta y prima, maquinaria, edificios, etc.). Desde esta perspectiva general, Lenin nos enseña el papel que desempeñaron esos medios intelectuales de producción en la transformación revolucionaria del pueblo ruso. Pero esta reflexión con la que hemos iniciado esta introducción necesita, para su cabal comprensión, ser matizada.

Para entender el plano intelectual en que Lenin se mueve, es indispensable dejar bien claro en qué se diferencian los medios intelectuales de producción respecto de los medios materiales de producción. El multifacético papel de nuestro personaje en el cosmos del libro y de la biblioteca nos facilita distinguir esta diferencia. El Lenin lector, usuario y autor de fuentes documentales, con el respaldo de todo tipo de bibliotecas, configura al Lenin consumidor y productor de bienes intelectuales, lo cual le fue posible a través de tener a su alcance esos medios intelectuales de producción. Pero para la fabricación de un impreso (libros, revista, periódico, etc.) se necesitan de los medios materiales de producción (imprenta, herramientas, papel, local, etc.), además de la fuerza de trabajo manual del obrero. Por esto, para la manufactura de un libro se hace indispensable contar con dos tipos de sujetos: el escritor-autor y el obrero u operario de imprenta, ejemplo que sintetiza en qué consiste el trabajo intelectual y el trabajo manual, división de trabajo sobre la que se basa la afirmación de que Lenin fue un intelectual; pero siendo un fiel séquito de la doctrina de Marx y Engels, se convierte en un intelectual marxista, por ende, un intelectual anticapitalista, subordinado formalmente al proletariado.

Lenin, como todo intelectual, es un desposeído de los medios materiales de producción, pero a diferencia de la mayoría de los obreros, posee en las diferentes fases de su vida los instrumentos y medios intelectuales de producción señalados, ventaja que aprovecha para cultivarse y cultivar conciencia de clase entre los compañeros de lucha y, con énfasis particular, entre las masas desposeídas doblemente, es decir, desposeídas de ambos medios de producción. Así, en virtud que al proletariado se le ha vedado el acceso a los medios intelectuales y materiales de producción, el dirigente marxista supo que la lucha por la emancipación de las masas obrero-campesinas sería larga y extenuante, por lo que el trabajo de formación e información, de agitación y propaganda entre los trabajadores, fue un aspecto decisivo a considerar. Trabajo que sería desarrollando con el apoyo sobre el enriquecimiento de nuevo instrumental bibliográfico-bibliotecario, tal como 1] la edición y publicación de una abundante bibliografía socialdemócrata, y 2] el funcionamiento de nuevos servicios bibliotecarios, esto es, primero la creación de las bibliotecas de los círculos de estudio, más tarde las bibliotecas del partido y, por último, la estructuración de un nuevo sistema bibliotecario para una nueva forma de Estado. Estos estadios culturales por los que transita, los apoya tanto de la política e ideología del partido que encabeza como, después de octubre de 1917, de la estructura estatal que dirigirá. Estas labores, de carácter tanto político-editorial como político-bibliotecaria, tuvieron en el fondo la intención de Lenin de contrarrestar y superar el rezago intelectual que presentaban los trabajadores fabriles y agrícolas. La fe del jefe bolchevique por el conocimiento impreso en todo tipo de formas bibliográficas y organizado en las bibliotecas presenta una consistencia obsesiva, antes, durante y después de la revolución que hizo virar de forma radical la vida de la sociedad rusa.

Como uno de los principales intelectuales revolucionarios del proletariado, Lenin observó con particular preocupación a la multitud de obreros ignorantes, aquellos que no han tenido la oportunidad de instruirse en virtud de estar desposeídos de los medios materiales e intelectuales de producción, por lo tanto carentes de muchos aspectos fundamentales para poder superar ese estado de privación de conocimientos. Desde este punto de vista, el gran mérito de Lenin es haber demostrado, a través de su lucha contra el modo de producción capitalista, que en medida que se produjeran impresos y las bibliotecas estuvieran al alcance de la clase rusa sojuzgada, ella tendría mayores posibilidades de percibir la explotación de la que era objeto y, por ende, de prepararse para que un día esa clase oprimida pudiese tomar las riendas del poder. Así, Lenin comprende que la clase trabajadora hay que ayudarle, por un lado, a liberarse del sojuzgamiento en el sentido de la explotación a la que es sometida por los dueños de los medios materiales de producción y, por otro, a encaminarla para abatir el sometimiento que engendra el privilegio que tiene la clase dominante en cuanto al usufructo del libro y de la biblioteca, medios, hemos dicho, intelectuales de producción. Se trata, entonces, de un doble viraje: uno de carácter material y otro de carácter intelectual. No puede haber liberación real, a juicio de Lenin, si no se logra este gran cambio material e intelectual en el seno de la sociedad.

Son, desde la perspectiva marxista de Lenin, las relaciones de producción material e intelectual el elemento para distinguir el lugar que ocupan las bibliotecas y los impresos en una sociedad dividida en clases sociales, pues para ese estudioso, es el carácter de esas relaciones de producción las que separan a la clase opresora de la clase oprimida. Para aquel líder bolchevique, esos medios intelectuales son armas culturales para develar la imagen falseada que tiene el proletariado del sistema de explotación capitalista. De ahí que, las bibliotecas y las publicaciones fuesen para nuestro personaje sistemas e instrumentos ideológicos de utilidad para formar e informar a la clase trabajadora sobre la realidad que vive. Desde esta óptica, Lenin considerara a la cultura bibliográfico-bibliotecaria como la riqueza decisiva de una nación que debía ponerse al alcance de los obreros, campesinos y soldados, sujetos principales de la clase trabajadora, para que ellos lograran descubrir sus verdaderos intereses de clase y, así, transformar al proletariado en la clase hegemónica, teniendo como base fundamental la teoría marxista. Pero para tal efecto, era necesario que esos medios intelectuales de producción alcanzaran elevados grados de socialización y sistematización, tanto en el entramado del partido obrero como en el seno del Estado socialista, es decir, tanto en el fragor prerrevolucionario de la lucha de clases como en la dirección revolucionaria del Estado proletario. De tal manera que Lenin nos presenta un panorama en el que Gramsci se apoya para afirmar que las bibliotecas y los impresos son parte esencial de los aparatos ideológicos del Estado (religioso, escolar, familiar, jurídico, político, militar, informativo, cultural, etcétera). En otras palabras, Lenin nos enseña que las bibliotecas y las publicaciones forman parte del aparato de información del Estado en apoyo de las diversas estructuras sociales del mismo, pero también nos muestra que esos medios intelectuales pueden ser aparatos para ir preparando el terreno de una revolución socialista. Por tanto, en tiempos de Lenin esos medios favorecieron los intereses tanto de los intelectuales orgánicos de la burguesía como de los intelectuales orgánicos del proletariado. Los segundos serían los que lograrían la victoria.

Acorde con el conocimiento adquirido sobre la vida de nuestro personaje, cabe afirmar que entre libros y periódicos, entre folletos y revistas, entre lecturas y bibliotecas, Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, lograría llenar sus alforjas intelectuales para ir configurándose como el estudiante más brillante del liceo, como el discípulo más aventajado en el seno de los círculos de jóvenes contestatarios, como el miembro más sobresaliente del partido revolucionario, como el protagonista más renombrado de la revolución socialista, y como el personaje central del primer Estado proletario. Tales son las principales y decisivas etapas que conforman el molde biográfico en las esferas del libro y de la biblioteca de aquel dirigente de la clase trabajadora.

Las fuentes de formación e información que nutre el espíritu de Lenin para mantenerse de forma consistente en la vanguardia de las diferentes batallas que entabló para favorecer tanto el movimiento obrero ruso como el internacional, son el amplio abanico de impresos y recintos bibliotecarios que buscó, localizó y utilizó asiduamente. Por lo que este antecedente se reconoce como uno de sus rasgos distintivos, y en torno del cual es factible sostener las categorías de Lenin lector de impresos y Lenin usuario de bibliotecas. Categorías que retratan perfectamente la formación empírica de nuestro personaje en materia de libros y bibliotecas y que, con el paso del tiempo, le van a permitir obtener una visión de políticas culturales bibliográficas y bibliotecarias para fortalecer, primero, al partido revolucionario y, después, al Estado proletario. Esas fuentes están indisolublemente conectadas con su vida y obra de hombre revolucionario y hombre de Estado, por lo que son el eslabón entre el poder del partido político que encabezó y el poder de Estado que asumió. Desde esta perspectiva, no es ninguna ilusión afirmar que para Lenin los impresos y las bibliotecas fueron instrumentos y sistemas, respectivamente, de poder intelectual en el más amplio significado del término.

La vida y obra de Lenin en el cosmos de los libros y de las bibliotecas es acción intelectual, tanto individual como colectiva, en unidad dialéctica inseparable que percibimos a través de las diferentes etapas de su existencia como intelectual revolucionario del proletariado. La unidad de acción intelectual a la que nos referimos se basa en los quehaceres que nuestro personaje practicó con disciplina y hábito, con capacidades de decisión que penetraron hondo en sus impulsos humanos. Sin embargo, esta porción de la vida-obra de Lenin no debe sobrestimarse, aunque tampoco subvalorarse. Error funesto sería caer en cualquiera de estos extremos. Por ende, y en virtud que este vivir y hacer del jefe bolchevique no se puede determinar con la objetividad de una ciencia exacta, puesto que depende de la valoración e interpretación en función de la historia dentro de una estructura social temporal y espacial dada, debemos procurar situarnos en un punto intermedio, objetivo en todo caso.

El espíritu y la forma de la vida y obra de Lenin, en la constelación de los impresos y centros bibliotecarios, pueden ser comprendidos sistemáticamente sobre la base de la relación que existe entre su acción intelectual y su acción política, esto es, como hombre de ideas en las esferas del partido y del Estado. De esta manera, es posible descubrir que su acción partidista y su acción estatal se estrechan para configurar su acción político-intelectual, de la que es posible distinguir su acción bibliopolitológica. Acción esencial en la que ampara práctica y teoría revolucionarias para dirigir a la clase proletaria hacia la toma y defensa del poder político. Con esta reflexión queda expresada la vinculación que distinguimos en él entre las unidades bibliografía y política, por un lado, y bibliotecología y política, por el otro. Articulaciones con las que es factible justificar la formulación de la expresión bibliopolitología de Lenin o, simplemente, como la obra bibliotecológica de Lenin, la cual es indispensable construir, desde una dimensión puramente teórica, para ampliar y profundizar en torno de ella y, así, alcanzar con bases sólidas el concepto de bibliotecología leniniana.

A diferencia de la abundante literatura que sobre la vida y obra meramente políticas conocemos de Lenin, el esfuerzo de investigación referente a cubrir un conjunto de hechos e interpretaciones de aquel revolucionario ruso, como el expuesto en la tesis de grado de Felipe Meneses (citada en esta bibliografía), no existe como tal. Prueba es la literatura que sobre el tema registran hasta la fecha las bases de datos internacionales Library Information Science Abstracts y Library Literature. Esta escasez de indagación de largo aliento es una de las dificultades mayores para moldear armazones o esquemas de nuevas investigaciones en relación con el asunto aludido. Para tal efecto, es recomendable hacer todo lo posible por separar lo principal de lo secundario, lo esencial de lo accesorio. Aunque este proceso de análisis es un reto constante por las siguientes razones: 1] la cantidad y fragmentación de los escritos de Lenin sobre la temática y 2] la vinculación que hallamos entre su praxis política y su reflexión y acción en torno de su mundo documental, constituido éste por la dualidad libros/bibliotecas; dualidad que, en virtud de la naturaleza constitutiva de su quehacer conjugado en vida y obra en torno de esos instrumentos/organismos del saber, es correcto expresar como bibliografía/bibliotecología.

La doble estructura conceptual bibliografía/bibliotecología que percibimos con toda claridad en el trabajo revolucionario-intelectual de Lenin, es posible simplificarla, basándonos en la teoría general que hoy día reconoce la literatura especializada en torno del nexo impresos y bibliotecas, solo como bibliotecología. De esta idea derivamos, otra vez, con propiedad el término genérico obra bibliotecológica de Lenin. De esto que podamos afirmar que esta obra la concebimos como el conjunto de manifestaciones o aportaciones que Lenin llevó a cabo acerca de los problemas inherentes a la bibliografía y al objeto institucional de la bibliotecología, es decir, las bibliotecas de diversa categoría. El desdoblamiento que se presenta de esa dualidad disciplinal en el vivir y obrar del jefe bolchevique, obedece a poner en claro lo que corresponde de manera aislada a los impresos respecto de los recintos bibliotecarios y viceversa. Pero esta separación no es absoluta, pues a veces en el binomio de su vida-obra se bifurcan dialécticamente unos con otros.

Así, tomando en conjunto la vida y obra de Vladimir Ilich Uliánov en los planos de los impresos y las bibliotecas, es posible afirmar que Lenin une a lo largo de su praxis revolucionaria: bibliografía y bibliotecología. De tal manera que a la categoría doble de hombre de partido y Estado hay que agregar con pleno reconocimiento las de hombre de libros y bibliotecas, nociones conceptuales de las que emanan las referentes a las del hombre estudioso y culto, o bien las del hombre formado e informado, mismas que lo van configurando, tal y como lo estima la historia y la teoría marxista, como el principal intelectual revolucionario del proletariado. Categorías culturales que acorde con sus puntos de vista debía adoptar la familia socialista para consolidar el primer Estado obrero-campesino. Desde esta arista, dicha obra se asienta sobre diferentes relaciones dialécticas, entre las que cabe destacar: clase y partido, revolución e ideología y Estado y política. Obra que parte con fines de organización, educación y concientización para desencadenar profundos cambios sociales, y culmina con los mismos propósitos pero para coronar toda una serie de nuevos virajes en el seno de una sociedad diferente al espíritu burgués. En este sentido, dicha obra se encuadra en realidades prácticas, que tiende a integrarse en una ola revolucionaria que vive y se desarrolla en conexión con el trabajo de transformación de la sociedad, de mujeres y hombres.

Lenin se esfuerza como usuario pero también como organizador de sistemas de servicios bibliotecarios. Esfuerzo en el que conjuga teoría, ideología, propaganda, agitación y lucha; aspectos ya estratégicos, ya tácticos para encauzar al proletariado a la toma del poder y afianzarlo a toda costa. El jefe bolchevique, como es posible reconocer, apreciaría de tal modo las fuentes bibliográficas y las unidades bibliotecarias en el ámbito del movimiento revolucionario, que lograron constituir en él importantes cuerpos para llevar a cabo las acciones revolucionarias de masas. No obstante, el obrar bibliotecológico de Lenin no está libre de imperfecciones y contradicciones, pero pese a esto su obra en el marco que nos interesa, ejerció una influencia decisiva a lo largo de varias generaciones de bibliotecarios soviéticos y de otras latitudes, particularmente los de la Europa del Este. Tanto que permitiría abrir dos corrientes nuevas , tanto teorías como prácticas, referentes a las categorías que concatenan su obrar: bibliografía y bibliotecología socialistas. Lo que más tarde comenzaría a proporcionar material cognitivo para escribir nuevos pasajes en cuanto a la historia del libro y de las bibliotecas en esa parte del mundo. De tal suerte que las vetustas prácticas bibliográficas y bibliotecarias, esto es, las manifestaciones anteriores a la Revolución de Octubre de 1917, serían abandonadas paulatinamente en la Rusia ex zarista. Convirtiéndose ese país en uno de los focos bibliográficos y bibliotecarios más importantes del planeta, cuya sede sería la ciudad capital de Moscú; desbancando, con el trabajo presidencial de Lenin, el antiguo bastión documental de Petrogrado que había sido conformado con cierto énfasis en el antiguo gobierno, particularmente en materia de bibliografía.

Pero el obrar de Lenin en el plano de la bibliografía se desborda más allá del significado que entendemos como técnica y método de compilación y descripción para conformar repertorios bibliográficos, pues nuestro personaje impulsa también la producción de impresos, destacándose como miembro de consejos editoriales para publicar octavillas, folletos, periódicos, revistas y libros. Masa de impresos que hasta antes de octubre de 1917 había logrado contribuir en la generación de lo que denominamos como bibliografía socialdemócrata, cuyos principales receptores de ese tipo de información, según la visión del jefe revolucionario, serían los obreros, campesinos y soldados. El cuidado sobre el nivel de las formas y los contenidos de esa gama de publicaciones, queda expresado acorde con los grupos de lectores proletarios que distinguió: rezagados, medios y avanzados. Y en la asequia político-ideológica del partido revolucionario que encabezó, se percibe en concreto la bibliografía bolchevique, constituida por todo impreso que salía de la imprenta del partido o de otras prensas que seguían la línea partidista de Lenin. En este sentido, aquel dirigente contribuyó de manera importante en la generación de materia prima para: 1] lectores y usuarios y 2] bibliógrafos y bibliotecarios. Es decir, para formar e informar a ciudadanos en torno de la ideología socialdemócrata bolchevique, y para hacer posible la elaboración de bibliografías propiamente dichas y enriquecer una gran variedad de catálogos y, en consecuencia, diversas colecciones de bibliotecas. Pero su contribución desde esta perspectiva no se limita al impulso que realiza como editor, sino también como autor que destaca de manera particular; así como crítico acerbo de cuanto impreso llegaba a sus manos. Crítica que nos puede permitir tejer diversas valoraciones de Lenin en relación con tópicos propios para el historiador de la bibliografía ruso-soviética o el bibliógrafo teórico.

En el significado multidimensional del obrar de Lenin, la bibliografía es el motor intelectual por excelencia que le apoya, primero, en el proceso para el derrocamiento del régimen zarista y, segundo, en la creación, la defensa y el desarrollo del Estado socialista; es la piedra angular cognitiva de la estrategia y táctica revolucionarias; es el apoyo teórico del partido y de la ideología que abanderaría ese instituto político, antes, durante y después de la Revolución de Octubre. Desde este punto de vista, el espectro de la bibliografía en el universo político de Lenin es parte esencial de su lógica en la organización revolucionaria para formar, según palabras de él, “revolucionarios profesionales”. Pero, pese a su amplio papel reconocido en el plano de esta disciplina, a Lenin paradójicamente no se le puede reconocer la categoría de bibliógrafo, mucho menos la de bibliófilo. Aunque sí, como refleja su vida y obra en los cuadrantes intelectuales que nos ocupan, es posible distinguirlo como usuario, productor, propulsor y pensador consistente de la bibliografía, con y sin adjetivos. Así que la bibliografía, como la memoria intelectual de la humanidad, y las bibliotecas, como centros sistémicos de información al servicio de la sociedad, no serían para Lenin simples piezas que ocupan un casillero vacío en el ajedrez político, sino como órganos ideológicos constituidos, coherentes y con plena capacidad y suficiente densidad para derrotar en la disputa de las ideas a la clase dominante, a la burguesía. Para Lenin, las colecciones bibliográficas y los recintos organizadores de éstas se convierten en importantes medios intelectuales y motores de la lucha de clases, fenómeno del que siempre se mantuvo atento.

Las fuentes bibliográficas y las unidades bibliotecarias en el pensamiento y en la acción de Lenin tienden a ser, antes y después de la toma del poder, un frente ideológico organizado que sirve tanto a las masas como a los dirigentes. Forma de organización que debía coadyuvar a la movilización y a la unidad cada vez mayores de fuerzas. Desde este punto de vista, los instrumentos y sistemas documentales serían órganos específicos para garantizar condiciones de formación e información, de disputa y dirección, de reivindicación y conquista, de defensa y ofensiva. De tal manera que el líder bolchevique los pondrá en la primera fila del movimiento revolucionario para fortalecer sustancialmente la vanguardia del proletariado y dirigir con efectividad a la masa de trabajadores. Por esto, su obrar bibliotecológico no es un acto arbitrario de un fenómeno que se dice revolucionario, sino que es un largo proceso histórico que podemos verificar en el surgimiento y desarrollo de determinadas fuerzas (proletariado versus burguesía) que hasta hoy en día representan, aunque con otros matices, la división de la sociedad en clases.

Ciertamente, la vida-obra de Lenin en las coordenadas de los libros y las bibliotecas está ajustada a esa división, y en la que la estructura bibliográfico-bibliotecaria la convierte en un potencial revolucionario inmenso. La posibilidad de la victoria de la clase obrera depende para él de la calidad de la formación e información tanto de la dirección como de las masas, por tanto no es accidental la importancia que concede a imprentas y bibliotecas, a impresos y bibliografías. En efecto, el dirigente bolchevique muestra que los impresos y las bibliotecas son los medios intelectuales esenciales en la historia de la emancipación; medios que apoyarían al lector y usuario militante tanto en tiempos de acción como en tiempos de reflexión. Es decir, le apoyarían en cuatro fases concatenadas de su praxis revolucionaria: 1] la organización del partido obrero, 2] la formación y conciencia de clase del proletariado, 3] la conquista del poder político y 4] la utilización de ese poder para transformar el orden social de Rusia.

La vida y obra de Lenin en el universo de los libros y de las bibliotecas están estrechamente relacionadas con el cambio de función que le plantea el trabajar entre los esquemas de la ilegalidad durante el periodo anterior a la Revolución de Octubre y la legalidad después de aquella gesta. Ambos esquemas se condicionan recíprocamente. Las bibliotecas y la bibliografía en la ilegalidad para nuestro personaje resultan ser una condición de eficacia y organización del movimiento obrero, por lo que esto sería la condición para dar paso a las bibliotecas y a los materiales bibliográficos en la legalidad.

Desde el ángulo bibliotecológico, Lenin desarrolla una obra sin precedentes bajo el amparo de la socialdemocracia rusa, del aparato de Estado (conjunto de instituciones que desarrollan las diversas funciones represivas, técnico-administrativas, ideológicas), del poder de Estado (capacidad que tuvo para hacer funcionar el aparato estatal) y de la cúpula del partido (Comité Central). Su labor sería la organización y la puesta en marcha de tácticas y estrategias bibliotecarias y bibliográficas decisivas y amoldadas a la lucha de clases emprendida por el proletariado, en un país donde todavía dominaban, después de 1917, las fuerzas culturales adheridas al antiguo régimen. Por tanto, la dificultad principal que se encuentra durante su empeño por llevar a cabo una revolución cultural amplia y profunda en el campo que nos atañe es, en efecto, el dominio de la burguesía que le obstaculiza el camino. No obstante, el dirigente bolchevique se esfuerza una y otra vez por organizar los complejos bibliotecarios y bibliográficos de la recién instaurada República Soviética. Así, define puntos de unión inherentes al quehacer de los responsables del trabajo de bibliotecas y de edición, publicación y compilación de impresos.

Lenin estuvo consciente que ese modo dominante de la formación social rusa chocaría ineluctablemente y con mayor fuerza después de la toma del poder. De tal manera que ante la crisis revolucionaria comparece la crisis contrarrevolucionaria que se extiende hasta alcanzar los diversos medios de producción y los canales de difusión de fuentes documentales. A ese choque interpone la organización revolucionaria de la dictadura del proletariado, con el fin inmediato de defender el poder conquistado por los trabajadores y la dirigencia bolchevique y, así, superar paulatinamente la resistencia del adversario de clase. Este tipo de dictadura, como forma de gobierno popular, también influiría en todo el esquema bibliográfico, esto es, desde las imprentas hasta las bibliotecas. En este sentido, la crisis revolución/contrarrevolución no afectaría sólo a los sistemas político y económico sino también, desde perspectivas, social, políticas, ideológicas, económicas y culturales, al bibliográfico en general y al bibliotecario en particular. Por esto, esa crisis actúa en la obra bibliotecológica de Lenin como un revelador para comprender el impacto que ese sistema documental representó en aquel periodo de difíciles pruebas. Sirve de patrón sobre el cual la gestión ejecutiva de nuestro personaje, en el marco que nos incumbe, se ajusta a la medida de su tarea histórica: abrir las puertas de las bibliotecas y las cubiertas del conocimiento impreso de par en par para el pueblo en general y para el proletariado en particular. Este idea leniniana es un imperativo de su voluntad como intelectual de la clase trabajadora.

La vida y obra de Lenin en la constelación de la bibliotecología se ciñe, entonces, a los diferentes problemas revolucionarios de la acción cotidiana. Esta es la razón por la que su posición intelectual se presta a la polémica, a la divergencia de juicios y opiniones. Pero no hay que perder de vista que su existencia y obrar, por ejemplo, en el campo de las bibliotecas se constituye en los frentes muy cambiantes y a veces hasta de manera extremadamente caótica. Por tanto, el líder bolchevique piensa y actúa acorde con el reagrupamiento de las fuerzas sociales. En este sentido, no debe ser juzgado según normas mecanicistas sino dialécticas, sólo así podremos entender las direcciones opuestas que sigue en un contexto de relaciones y situaciones históricas concretas. Por esto, la dialéctica como método de conocimiento no puede dejar de ser útil para comprender con mayor objetividad el trabajo de Lenin en el campo de los libros y las bibliotecas, ora para rechazar, ora para aceptar otras interpretaciones en estos planos ideológico-culturales.

Un punto fundamental en el obrar bibliotecológico de Lenin es la normatividad del trabajo bibliotecario y bibliográfico que desarrolla e impulsa en el seno del Estado socialista que funda. El ordenamiento jurídico que Lenin dirige en este ámbito a través de los diversos órganos del Estado de la nueva estructura social, correspondientes a hacer realidad el acceso a los instrumentos y sistemas de información documental entre las clases subalternas, se configura como una parte del Estado de derecho tendente a organizar la anatomía institucional de una verdadera red nacional de bibliotecas al servicio del pueblo soviético; así como cambiar significativamente las formas de producción de un amplio espectro bibliográfico, que cubriría desde la labor editorial hasta el trabajo propiamente dicho de compilación y registro de fuentes bibliográficas. Por esto, a Lenin se le reconoce como el personaje que construyó los cimientos de lo que más tarde sería uno de los principales focos productores, organizadores y difusores de libros en el mundo. De tal suerte que las raíces de la supremacía cultural en las esferas editorial, bibliotecaria y bibliográfica que alcanzaría el pueblo soviético después de la muerte de Lenin, se deben a la función social del poder del Estado que nació a partir de la Revolución Rusa de 1917. Por lo que puede decirse que la obra de Lenin ejerció un influjo creciente en las funciones de cambiar cualitativamente los diferentes esquemas inherentes a la cultura bibliográfico-bibliotecaria heredada del régimen ex zarista. Cambio que debía responder para defender y consolidar una sociedad socialista sobre políticas marxistas, aunque sin omitir el progreso bibliotecario que había vivido y analizado de algunos países occidentales. En este orden de ideas, Lenin fue adversario del modo de producción material capitalista occidental, pero no del modo de organización profesional de los sistemas bibliotecarios de algunos países capitalistas de occidente (Inglaterra, Suiza, y Estados Unidos de Norteamérica), aunque no olvidaría cuestionar acerbamente a qué grupos sociales están destinadas principalmente a servir las bibliotecas en ese tipo de naciones.

Los preceptos jurídicos que Lenin impulsa en materia bibliotecaria y en desarrollo de la bibliografía, no aparecen plenamente elaborados o claramente determinados, pero no hay que perder de vista: 1] las condiciones revolucionarias en que promulgó esas normas y 2] los insuficientes recursos humanos profesionales con que contó en un evidente contexto contrarrevolucionario. No obstante él se empeñó por llevar a cabo la tarea de establecer una serie de disposiciones jurídicas positivas que desembocaran en beneficio de las bibliotecas y de sus usuarios. Y en estrecha conexión normativa, las leyes que apoyó en torno del quehacer de los bibliógrafos, también lo sitúan como un hombre con particular interés por la bibliografía. Pero como toda suma de normas jurídicas son resultado de una obra humana, las de Lenin en el campo que nos compete no constituyen un sistema cerrado y unitario, por lo que esta parte de su obra presenta lagunas e imperfecciones.

La ordenación jurídica de Lenin para transformar radicalmente la práctica bibliotecaria y el desarrollo de la bibliografía es, sin embargo, un acto revolucionario con la clara conciencia de que ese nuevo régimen social requería de un nuevo diafragma cultural, entre cuyas características figurara una adecuada sincronización de tareas por parte de los editores, bibliotecarios y bibliógrafos, para así avanzar visiblemente en beneficio de los autores, lectores y usuarios. Desde esta arista, el conjunto de decretos que promulgó Lenin en torno del funcionamiento de las bibliotecas y del quehacer bibliográfico (aquí incluyo desde la labor de edición y publicación hasta la compilación y registro de obras, es decir, desde la bibliografía material hasta la bibliografía descriptiva) revela su voluntad de lograr la victoria en esos rubros sobre el sabotaje, el desorden, la ruina y el descuido que le reportaban sus diversos colaboradores. Decretos que obedecen a medidas estratégicas para impedir ciertos colapsos que hubiera, incluso, influido en la caída del poder soviético, tal como las normas legislativas que dirigió para favorecer la distribución de recursos documentales en los diferentes tipos de bibliotecas con el fin de solucionar múltiples problemas de carácter político, ideológico, económico, científico y cultural.

La regulación jurídica inherente a las actividades bibliográficas y bibliotecarias dentro de la organización del Estado que nacería tras la victoria de la Revolución de Octubre, respondió a la constitución de una porción del Estado de derecho, es decir, del derecho básico referente al acceso a la información por parte del pueblo en general, y del proletariado en particular. Pero se trata de una regulación bibliográfico-bibliotecaria que debía encajar en un Estado social de derecho, esto es, que se sometiera a una organización basada en la igualdad material, económica y social. En este sentido, Lenin rechaza las políticas del Estado de derecho liberal en cuanto a servicios bibliotecarios, pues a su juicio este orden social engendra una mayor desigualdad en relación con el uso de los libros y el acceso a las bibliotecas, fenómeno que de una u otra forma nos señala de cómo se agudiza aun más el antagonismo de las clases sociales, por ende, dificulta más suprimir en el Estado capitalista la desigualdad social. Pero como hemos dicho, Lenin estuvo en contra de la ordenación política del Estado burgués que obstaculiza, como podemos observar hoy en día, a la clase trabajadora el acceso pleno a los recintos bibliotecarios e imposibilita el derecho a la lectura, pero estuvo claramente a favor del funcionamiento técnico-administrativo de las bibliotecas del Estado burgués occidental, en particular de aquellas naciones que le habían asombrado en cuestión de formación de redes bibliotecarias.

De esta manera, Lenin contribuyó a la comprensión de la naturaleza y dinámica de un sistema bibliotecario estructurado en forma de red, piedra angular para la puesta en práctica de un número indeterminado de bibliotecas destinadas a servir a las masas. Indeterminado porque que él y sus colaboradores más cercanos heredaron del antiguo régimen, en materia de centros bibliotecarios, datos estadísticos poco confiables, lo que le dificultaría tener un panorama cuantitativo real del número total de bibliotecas que había que reconvertir en un conjunto armónico y moderno de cooperación bibliotecaria, tal y como funcionaban entonces los servicios de biblioteca suizos y norteamericanos. Sin duda que uno de los aspectos centrales de Lenin gobernante en el marco de este tipo de servicios, fue su voluntad y visión políticas para modernizar el funcionamiento de trabajo de la comunidad bibliotecaria de la reciente instituida República Soviética.

No hay que olvidar, por otro lado, que Lenin llega al poder sin ninguna experiencia de funcionario gubernamental, pero llega en cambio con un gran capital práctico en cuanto a libros y bibliotecas se refiere, aspecto que le va ayudar para echar los cimientos de un nuevo sistema bibliotecario y de una nuevo proyecto bibliográfico. Sin embargo, también hay que tener presente que su función como administrador de un Estado socialista, motivo por el que debía crearlo todo, dura apenas poco más de cuatro años. Pero ese lapso sería suficiente para 1] delinear las políticas esenciales que permitieran erigir una red nacional de bibliotecas y 2] comenzar con el entramado institucional que produjera la edición, publicación y compilación de lo que se llegaría a llamar como bibliografía soviética, y así avanzar sobre nuevas sendas de política cultural, pero retomando el trabajo elaborado tanto por los bibliotecarios como por los bibliógrafos, entre otros protagonistas de los impresos que provenían del antiguo régimen. Es decir, la edificación de todo un sistema de información que sobreviviera cerca de 70 años a su fundador, que si bien él ya no presenciaría los avances de sus desvelos, mucho menos los frutos que derivarían de ese sistema, se reconoce que las directrices fundamentales de aquel sistema son obra suya.

Entonces, la cultura bibliográfico-bibliotecaria que Lenin comienza a forjar no surge de fuentes desconocidas. Ese patrimonio cultural nace con la base material de las imprentas, librerías, bibliotecas y bibliografías desarrolladas en y bajo el yugo de la sociedad capitalista. Ese legado documental, el cual podemos denominar genéricamente como los medios materiales e intelectuales de producción ideológica, es lo que permitiría a nuestro personaje pugnar por el acceso del pueblo al conjunto de impresos de toda forma, aunque en relación con el contenido de ellos había que velar por la seguridad del Estado proletario. En este sentido, en cuanto a la supresión de ciertos títulos de periódicos, Lenin se vio precisado a decretar la desaparición de algunos de ellos por serios motivos de extrema convulsión interna y de solidaridad imperialista contra el poder de la República Soviética. Este hecho, calificado por sus adversarios como un atentado a las libertades de prensa y de expresión, entraría en conflicto con su voluntad de incrementar la producción editorial y, consecuentemente, de enriquecer las colecciones de rotativos en las bibliotecas. Pero para Lenin la Libertad política de imprenta que practicó estuvo en el marco de una censura revolucionario-defensiva, aunque esta categoría dialéctica no lo libra del juicio de la historia por haber ejercido una censura represiva contra los medios materiales de producción ideológica que aún estaban en manos de algunos individuos de la clase social que había perdido sus privilegios y que, consecuentemente, habían sido trastocados sus intereses de capital privado y poder político. De tal suerte que ese acontecimiento está estrechamente relacionado con el fenómeno de la lucha de clases, es decir, lucha vertida en el dominio ideológico de la información hemerográfica.

La política editorial de masificación de libros y la política bibliotecaria de pleno acceso del proletariado a los acervos documentales organizados en la visión de Lenin, son el contrario de la limitación de esas libertades, son decisiones elevadas a políticas de Estado en torno de las que Lenin no se contenta con que se produzca mayor cantidad de títulos y se asegure el reparto puntual de los mismos entre las bibliotecas, sino que aboga por preparar con particular empeño el terreno de la producción editorial y de la recepción bibliotecaria de es producción. La organización institucional y la articulación de ambos sectores debían superar los procesos anárquicos originados por el choque entre la continuidad y la ruptura, el sabotaje y la espontaneidad, la desorganización y el descuido de los diferentes sujetos protagonistas responsables de hacer efectivas esas políticas durante la transición al socialismo. Asimismo, esas políticas debían apoyar todos los esquemas ideológicos que servían de fuerzas motrices tanto para la acción como para la reflexión de la revolución cultural, soporte fundamental de la revolución social que se estaba gestando. Así, las políticas de Lenin sobre la producción en masa de los instrumentos bibliográficos y de la organización y uso de los sistemas que los conservan, registran y difunden, iban dirigidas hacia la movilización, participación y conformación de conciencia de clase del proletariado.

Desde otra arista, la obra de Lenin en el campo de la bibliotecología se incrusta, según la categorización temporal planteada, en la historia y en la teoría a través de las formas del hombre revolucionario y del hombre de Estado. Y como hemos discutido, en ambas manifestaciones descansa su unidad de decisión y acción político-bibliográfica y político-bibliotecaria. Fronteras de trabajo intelectual que, no obstante por momentos pudieran parecer borrosas, principalmente durante el periodo de su cargo como presidente de la República de los soviets, nos puede ayudar a transitar para ir al encuentro de sus pensamientos y actos inmersos en las efervescencias del movimiento obrero ruso. Por esto, dicha obra se fundamenta en concepciones orgánicas de la sociedad y del Estado, es decir, en hechos revolucionarios y estatales. De este modo, el obrar bibliotecológico del dirigente bolchevique es, en prácticamente todos sus aspectos, un legado histórico-social e histórico-político. Este corte no nos revela separación absoluta, pues existe una conexión de aportaciones particulares que se condicionan recíprocamente en la dimensión del conocimiento y del procedimiento de Lenin que se expresa a lo largo de su vida y obra en materia de libros y bibliotecas.

En otros términos, la obra de Lenin en materia de libros y bibliotecas no vaga en el espacio vacío, sino que es el producto de circunstancias reales que reflejan la vasta cultura que poseyó desde joven, tal y como puede apreciarse en las diferentes fases históricas tempranas que vivió en el marco de un mundo caracterizado por largas jornadas de lectura y escritura. Así, a pesar de sus numerosos compromisos y continuos desplazamientos, tuvo la entereza de pensar y actuar en torno a fenómenos y objetos concernientes a nuestra disciplina y profesión: la bibliotecología. Evidentemente, dicha obra no está exenta de incertidumbres y lagunas, pero no hay que perder el horizonte que su quehacer en el plano de esta disciplina está, insistamos, trazada en el fragor de una revolución, por lo que sus pensamientos y procedimientos los tuvo a veces que modificar para adaptarlos a las condiciones objetivas en medio de las que se desenvolvía entonces la lucha del movimiento proletario. No obstante, esto no lo exime de los errores y excesos cometidos durante, por ejemplo, la práctica de la dictadura del proletariado en las esferas culturales aludidas.

El quehacer (vida y obra) bibliotecológico (impresos y bibliotecas) de Lenin se centra en el convencimiento de que las armas más fuertes del proletariado y su vanguardia obrera son: conciencia de clase y maduración política, las cuales debían fincarse en la práctica de una sólida unidad y en el desarrollo de una sistemática elaboración teórica, elementos fundamentales que consideró indispensables para efectuar una lucha seria y un trabajo prolongado a través de las contradicciones de la sociedad que se encuentran en todos los nudos del Estado. En este sentido, él nos advierte sobre la influencia y la importancia que tienen las bibliotecas y todo tipo de objetos bibliográficos en la parte viva de las estrategias y tácticas de una revolución socialista. Sistemas e instrumentos en los que siempre confió para alcanzar el éxito en el marco de los enfrentamientos teóricos y prácticos del movimiento obrero nacional e internacional. Empero, el jefe bolchevique no pretendió a este respecto dar una respuesta a todos los problemas u ofrecer fórmulas acabadas.

Pero pese a los defectos prácticos y teóricos de esa obra específica de Lenin, los bibliotecólogos de hoy y mañana podremos encontrar en ella una alternativa visible y audible, por mucho que quizás a algunos de nuestros colegas pueda no gustarles en virtud del radicalismo histórico-social que la caracteriza. Por lo que de la bibliotecología diferente a los cánones liberales depende que a esa obra no se le condene al olvido, a la marginalidad absoluta, a la indiferencia o a la simple ignorancia. En un orden social profundamente dividido por las desigualdades de poder y privilegio sobre el acceso y uso de los instrumentos y sistemas de información documental, es válido y necesario recurrir a alternativas de praxis bibliotecológica social, entendiéndose a ésta como el conjunto de actividades materiales y reflexiones transformadoras y adecuadas al desarrollo de los medios intelectuales bibliográfico-bibliotecarios para atenuar en lo posible esa desigualdad en el seno de la sociedad capitalista. Así, en virtud que la práctica de la bibliotecología en este tipo de sociedad para cumplir con funciones de equidad, de servicios gratuitos, refleja cada vez más incapacidad ante las arrolladoras políticas e ideologías neoliberales, la búsqueda de praxis más democrática, de igualitarismo y de solidaridad en el marco de nuestra disciplina, es indispensable y decisiva para detener la tendencia regresiva del nivel de los servicios bibliotecarios como bien común público. En todo caso, de lo que se trata es de avanzar hacia un ascenso que reduzca drásticamente la brecha de desigualdades y divisiones que ahogan a la mayoría en un contexto paradójicamente de desinformación en tiempos de la llamada sociedad de la información.

continúa >>


© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Tel*fonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938