..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.120, Viernes, 21 de abril del 2006

 

Ni morir en paz
Por Marcel Blanco

Para Progreso Semanal.

Bajo los auspicios de la extrema derecha cubano-americana, Miami mueve cada vez más a trocar risa por mueca y demuestra una excepcional capacidad para hacer un ridículo tras otro. Tal parece que llevan decenas de años intentando filmar una película seria y no llegan a las hilarantes comedias de los años 30 del pasado siglo, llenas de gags que se encadenaban unos a otros causando risa en los espectadores.

La extrema derecha, incapaz de hacer filmes inteligentes, de fuerte contenido racional que lleven a la reflexión, se muestra manca de gags, quedándose en la pura bufonada propia de cómicos de ferias pueblerinas de tercera categoría; carecen de un guión medianamente decente y de un Chaplin o de unos hermanos Marx o del Gordo y el Flaco. Ahora planean administrar el destino de los muertos, entre otros motivos porque éstos han sido una no despreciable cantera de votos. ¿Cuántos muertos de filiación demócrata habrán votado por Bush en 2004? Supongo que varios, desde el polvo de su cansada osamenta, habrán dichos palabras impublicables. Quizás el presidente Bush, que dispone de privilegiadas conexiones celestiales, pueda preguntarle a Dios por algunas.

Recientemente los extremistas miamenses dieron inicio a una campaña que pretende atar a su política a los que mueren en el exilio/emigración, pero desean ser enterrados en Cuba. A la extrema derecha no le basta supeditarse a la estrategia imperial de Washington hacia su patria; o de promover y apoyar el recorte a las visitas de los emigrados a sus familiares en la isla –familiares según el concepto restringido de Bush--, y de limitarles el envío de remesas. Ya no se trata de elementales derechos de la vida sino que, oficiando como los ancianos brujos de ciertas tribus sobrepasadas por el desarrollo, dictan el último lugar del reposo eterno.

Ahora asistimos a una campaña fúnebre y cuentan, como siempre, con los medios de comunicación local para tan luctuoso y patriótico empeño. Nada, que del control social de los compatriotas vivos en Miami, pasan al control de la última voluntad de quienes antes de fallecer expresaron su determinación de ser enterrados en Cuba.

“Algunas figuras prominentes del exilio y cubanos que tienen funerarias se oponen a esa práctica, sosteniendo que ayuda al gobierno de Castro, que cobra dinero por los envíos”. (“Muchos Exilados Cubanos se Hacen Enterrar en Cuba”, por Yudy Piñeiro, El Nuevo Herald, 25 de marzo de 2006.)

Así opinan los componentes de la combinación perfecta: “prominentes” exiliados cubanos y propietarios de funerarias. Negocio (capital) y política argumentan que los costos por enviar un cadáver debidamente preparado a Cuba son elevados. ¿Lo serán?

El mismo artículo revela contradicciones, pues dice que en cualquier parte de EE.UU., los funerales, el entierro y un espacio en el cementerio cuestan “más de $6 000 dólares”. ¿Miami no es parte de EE.UU.? ¿O allí son las Hermanas de la Caridad las que regentean las funerarias y disponen de los espacios para los enterramientos? ¿Cuánto cuesta un ataúd? Los lectores de Miami saben el precio.

El artículo también presenta varios casos de emigrados fallecidos cuyos cadáveres fueron enviados a sus familiares en Cuba y en dos de los citados dice que el costo total fue, en uno de ellos, de $6 500, y, en otro, el costo ascendió a $6 000. Pero solo en uno de los casos mencionados los costos están por encima del promedio que nacionalmente cobran los empresarios de pompas fúnebres y los dueños de las parcelas en los cementerios de la Unión.

También informa de otra manera de regreso post-mortem al decir que el costo del envío de cenizas a los familiares es de 2 000 dólares. A propósito de esta variante, conozco de un caso de alguien cuya última voluntad fue que sus familiares abordaran un yate y lanzaran sus cenizas al mar lo más cerca que pudieran de Cuba. Los allegados así lo hicieron. Otro caso es una muy persistente leyenda urbana –no confirmada– y que fue incluida por el genial Tomás Gutiérrez Alea en su filme Los sobrevivientes. La película cuenta que los familiares del muerto en Miami hicieron llegar a unos parientes en La Habana las cenizas del fallecido, que fueran cuidadosamente preservadas en un paquete de sopa deshidratada. Pero como el anuncio de tan imaginativo recurso venía por carta y ésta, para llegar a la isla, debía dar un recorrido que demoraba semanas, el aviso no llegó a tiempo. El paquete sí. Los parientes durante una cena familiar, se comieron al occiso. Imagino que de haber sido cierta esta leyenda filmada, los prohombres de Miami habrían acusado a los cubanos de la Isla de antropofagia.

El envío de los restos cremados parece no ser muy popular, por lo que los dolientes siguen usando el más convencional. Según el artículo, “los directores de funerarias dicen que el número de envíos a Cuba se ha duplicado en el año reciente más o menos, ahora que los costos de los entierros aquí suben cada vez y la gente se entera de que las restricciones de envíos de dinero a Cuba no se aplican en esto”.

Entiendo que al aumentar la tendencia de los que optan porque los envíen a su país natal, también aumenta la preocupación de los dueños de funerarias, porque el segmento cubano de este mercado se les está cayendo dado que tienen otras posibilidades más gratificantes, familiar y emocionalmente. Y al parecer más económicas, pues ellos mismos declaran que “el costo de los entierros aquí sube cada vez…”

Pero las cosas se imbrican y la economía y el comercio revelan otra lección más de su maridaje con la política.

Según José Basulto, líder de Hermanos al Rescate, el envío de los cadáveres de emigrados a Cuba podría calificar dentro del conjunto de restricciones impuestas a los cubanos, porque “Eso sólo sirve para darle dinero a Castro”.

Para Basulto – quien semanas atrás se ufanó en la TV de Miami de haber tiroteado objetivos civiles cubanos cuando a bordo de una lancha pirata incursionó en el litoral habanero en la década de los 60 del pasado siglo--, el envío de un fallecido a sus padres, hijos, viuda o hermanos, vale como los 300 dólares que al trimestre los cubanos pueden enviar. Maravillosa la sensibilidad humana de este insigne patriota. Pero no debe sorprendernos, antes bien sirve para confirmar el compromiso entre dinero-política-medios de comunicación a partir de una situación trágica (la muerte de un ser humano) y su exaltada manipulación anticastrista.

Los cubanos que viven en Miami deben mirarse en el espejo de esta, al parecer, nueva campaña, y analizar y pensar que dinero y poder político se reciclan unos a otros haciendo de la democracia pluralista y de la independencia de los medios la única tragicomedia que han logrado facturar.

En definitiva esta “batalla”, propia de necrófilos, es la mejor metáfora de una política ya muerta.

http://www.progresosemanal.com/index.php?progreso=Marcel_Blanco_
ant&otherweek=1144904400




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