..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.121, Viernes, 28 de abril del 2006

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Martí y la Educación para la Liberación
Por Marco Vinicio Mejía

José Martí formuló un proyecto audaz de liberación para América Latina cuyos pasos iniciales eran la independencia de Cuba y de Puerto Rico. La guerra contra la metrópoli española buscaba la independencia de ambas Antillas y la conformación de las "nuevas repúblicas insulares" para reformular un auténtico modelo republicano en Latinoamérica. Estaba previsto que el influjo diera inicio en República Dominicana para que en las islas predominara la preocupación por los "derechos del hombre natural", y no incurrir en los errores y desajustes de los otros países latinoamericanos que permitieron la expansión de los Estados Unidos.

La organización de las repúblicas latinoamericanas alrededor de las normas liberales condujo a la persistencia nociva del caudillismo y las tiranías. Según Martí, estas distorsiones se originaron porque el "hombre natural" el indio, el negro y el campesino, no fue apartado de maneras de gobernar foráneas, alejadas de la realidad de nuestros países. De esta consideración proviene su célebre sentencia: "Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador".

Martí empezó a conformar su concepción sobre la identidad americana en Guatemala, donde se propuso llevar tal fenómeno a su expresión más alta.

Además de la conciencia de los gobernantes se encuentra el rol de los maestros. La impronta de ambos la llevaría en sí mismo. En el primer libro de su extensa bibliografía, titulado "Guatemala", testimonio la oportunidad que tuvo ante si en este país:
yo llegué meses hace, a un pueblo hermoso: llegué pobre, desconocido, fiero. Sin perturbar mi decoro, sin doblegar mi fiereza el pueblo aquél, sincero y generoso, ha dado abrigo al peregrino humilde. Lo hizo maestro, que es hacerlo creador. Me ha tendido la mano y yo la estrecho.

Guatemala es una tierra hospitalaria, rica y franca: he de decirlo,
me da trabajo que es fortaleza, casa para mi esposa, cuna para mis hijos,
campo vasto a mi inmensa impaciencia americana.

Este trabajo no pretende ser una apología más del pensamiento martiano. Es una puesta en relación de su magisterio continental, cuya alborada se dio en Guatemala justo antes del inicio de la llamada "tregua fecunda", entre 1878 y 1895.

La etapa guatemalteca representa el principio de la conformación definitiva de una plataforma martiana de principios educacionales que tuvo en cuenta las características propias de "Nuestra América", con el propósito de afirmar su identidad. Este período también constituye el punto de partida de su arte poética con la publicación de la obra príncipe en prosa "Guatemala", la crónica/ensayo en que plasmó su aporte para la renovación de la literatura en lengua española, al convertirse en uno de los precursores del modernismo.

Martí puede ser considerado desde una o varias de sus múltiples facetas como pensador, poeta, escritor, orador, maestro, diplomático, periodista, agitador, conspirador, estadista y soldado pero, ante todo, fue y es un patriota. Enrique José Varona puntualiza que "para ver y abarcar desde un punto central la existencia tan accidentada de este grande hombre nada es tan adecuado como considerar su labor política. Ésta es la esencia; las demás fases de su vida pública son detalles y accidentes".

Su gran mérito fue unificar los distintos factores dispuestos para una guerra de independencia "necesaria" y que aspiraba fuera "humanitaria y breve". Organizó esos elementos para hacer viable la lucha, dándole "una política a la guerra".

En 1892 los cubanos revolucionarios iniciaron el ocaso de la expansión española en América proceso rematado en 1898 con la rápida guerra entre España y los Estados Unidos. El período de seis años principio con la fundación del partido político y la publicación del periódico con los que se organizó la lucha por la independencia de Cuba. Impulsados por Martí, ambos medios le dieron un carácter común a los anhelos independentistas de los cubanos exiliados, divididos por los personalismos, las ambiciones y la indisciplina.

Martí buscaba que en el Partido Revolucionario Cubano (PRC) se aglutinaran todas las organizaciones del exilio. Al temer ser acusado de utilizarlo en beneficio personal, declaró que éste sería disuelto una vez lograda la independencia de la isla. El periódico aparecido ese año se llamó "Patria". En sus páginas se publicaron las informaciones provenientes de los cuerpos de Consejo del PRC, conformados por células populares.

El genio político de Martí estribó en su capacidad de unir. Concibió que la esencia de lo humano estaba en la facultad de asociarse. De ahí el énfasis dado a la transformación moral de los seres humanos, la cual sería posible tanto por medio de la educación como de la asociación en el trabajo y en el estudio. Asociarse constituye la garantía de la libertad de los hombres y de los pueblos, afirmó.

Para Martí, en Las Antillas se desarrollaría la identidad latinoamericana y La guía de las nacientes repúblicas era la fórmula "a conflictos propios, soluciones propias", planteamiento que también expresó con las variantes "A propia historia, soluciones propias. A vida nuestra, leyes nuestras".

La "autoctonía continental" la vislumbró en un texto fundacional publicado en Guatemala en 1877 con el título "Los códigos nuevos", en el cual plasmó una noción de identidad todavía impensada en esa época: "interrumpida por la conquista la obra natural y majestuosa de la civilización americana, se creó con el advenimiento de los europeos un pueblo extraño, no español, porque la savia nueva rechaza el cuerpo viejo, no indígena, porque se ha sufrido la injerencia de una civilización devastadora, dos palabras que, siendo un antagonismo, constituyen un proceso; se creó un pueblo mestizo en la forma, que con la reconquista de su libertad, desenvuelve y restaura su alma propia".

A partir de su estadía guatemalteca principió a acuñar la expresión "Nuestra América", que se refiere a una cultura nueva constituida por elementos culturales e históricos antagónicos cuya "autoctonía" la daba una civilización diferente, original, con "alma propia", que era indispensable desarrollar y recuperar por medio de la reconquista de su libertad.

Durante su estadía en Guatemala experimentó lo que Roberto Fernández Retamar llamó "revelación de Nuestra América". Su pensamiento adquirió dimensión continental y durante esa etapa empezó a utilizar con frecuencia la expresión "Nuestra América en sus textos, la síntesis entre independencia, identidad y unidad latinoamericanas.
Al regirse por "soluciones propias" las repúblicas caribeñas serían un ejemplo de "heroísmo juicioso" para el resto de países latinoamericanos. El resultado previsto era el fomento del trato justo de los pueblos y las naciones para lograr el "equilibrio del mundo".

La educación a lo propio implicaría enfrentar los "libros importados", los "letrados artificiales" y a los "criollos exóticos" para superar los resabios coloniales todavía presentes después de la independencia política de España.

Además, garantizaba formas propias de expresión que evitaran la creciente dominación de los Estados Unidos. La identidad de "Nuestra América" es un proceso de cohesión y defensa ante el "norte revuelto y brutal".

El propósito principal de las ideas y acciones de Martí era la unidad continental por medio del reconocimiento de la identidad latinoamericana. No se trataba de crear un Estado unificado sino llegar a una unidad en campos como la economía, política, concertación social y vocación espiritual. La unión sería más eficaz, sólida y segura al fundamentarse en las estructuras propias. El frente común despegaría históricamente en y desde las Antillas, como lo revela esta afirmación: "No parece que la seguridad de Las Antillas, ojeadas de cerca por la codicia pujante, dependa tanto de la alianza ostentosa y, en lo material, insuficiente, que provocase reparos y justificase la agresión, como de la unión sutil, y manifiesta en todo, sin el asidero de la provocación confesa, de las islas que han de sostenerse juntas, o juntas han de desaparecer, en el recuento de los pueblos libres.

Para Martí, "en el fiel de América están las Antillas", con pueblos capaces de cumplir su misión histórica de encabezar la unidad latinoamericana. Se podía cumplir ese cometido pues las naciones antillanas no estaban tan polarizadas como las del resto de Latinoamérica o las europeas de ese tiempo. La nueva república en Las Antillas buscaba el equilibrio interno pues éste era "con todos y para el bien de todos". El propósito de su trabajo político mereció dudas: "Es un mundo lo que estamos equilibrando: no sólo dos islas las que vamos a libertar".

El propósito de alcanzar el equilibrio en el mundo tuvo su correlato en la escala más profunda de la individualidad humana pues cada ser humano debe proponerse la armonía entre sus propias facultades emotivas y las intelectuales. Este es el punto de partida de una creatividad al servicio de la pedagogía y el quehacer político.

Desde ese punto de vista, la educación es un proceso eminentemente político. Así, el logro de sus fines y objetivos, es decir, las políticas y estrategias educativas tienen su génesis en una Filosofía de la Educación con la cual se establezca de dónde vienen y hacia dónde se dirigen loso pueblos y las individuos.

Para Martí ser libres es ser cultos. Para lograrlo en forma radical en sus raíces se requiere librarse de "La fiera que todos llevamos dentro". Esto se puede alcanzar a partir de la capacidad humana de asociarse. "Cuando el hombre se siente asociado a los demás y trabaja por el bien común, se hace más feliz".

La educación es un ascenso moral que permite la victoria plena de la justicia. Para el prócer cubano, el carácter "es el denuedo de obras conforme a la virtud". Desde una perspectiva filosófica aplicada tanto a la educación como a la política, Martí no divorció este anhelo de la naturaleza sino lo vinculó a ella en una inagotable perfectibilidad pues "cuando falla, de nuevo empieza".

Es muy importante resaltar la condición fundante de la plataforma martiana, como proyecto de libración antes que América Latina aportara al mundo las corrientes de liberación en los campos de la Teología, la Filosofía y la Pedagogía. Para Martí, la educación ha de encaminarse a la liberación fundamentada en el conocimiento y la revalorización de la cultura y los valores latinoamericanos. De ninguna manera la educación será privilegio de una clase. También se manifestó contrario a la imitación servil sin rechazar lo que se positivo viniera de las sociedades más desarrolladas: "injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas".

Los revolucionarios cubanos minaron de manera progresiva los restos del imperio español hasta su total extinción en 1898 pero la acción de los Estados Unidos dio el tiro de gracia al expansionismo íbero. Al ser derrotada y expulsada España de las Antillas y del Pacífico para imponer otra ocupación, la norteamericana, se llenaron los vacíos dejados por un poder colonial decadente.

Contrariamente a lo que pueda pensarse, Martí no sentía odio por los Estados Unidos pues tenía la esperanza de su redención: "La independencia de Cuba y Puerto Rico no es sólo el medio único de asegurar el bienestar decoroso del hombre libre, en el trabajo justo, a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia amenazada de las Antillas libres, y la dignidad de la república norteamericana.

El principio del final de la dominación hispana representó una serie de profundas transformaciones políticas y culturales. Los intentos por arrancarse la identidad impuesta por el coloniaje íbero, en muchos casos sólo ocultaba del deseo de tomar parte de otra cultura, otro mundo, de un extraordinario avance material. Después de la independencia política, se buscó que los países latinoamericanos siguieran la senda de la grandeza abierta por los Estados Unidos y la Europa occidental. "Seamos los yanquis del sur", dijeron Justo Sierra en México y Juan Bautista Alberdi en Argentina.

Esto sólo podía lograrse mediante el lavado de cerebro ofrecido por la educación positivista y con un no menos fuerte lavado de sangre en forma de inmigración masiva en los países de débil presencia indígena y con la asimilación cultural en los países donde prevalecían los nativos. Para transformar la identidad impuesta por los españoles debía aceptarse otro tipo de dependencia, justificada por los Estados Unidos al ampararse en su presunto destino providencial para imponer su organización política, sus modos de vida, sus patrones culturales y económicos y su visión del mundo, como si se tratara de arquetipos universales.

Ese "norte revuelto y brutal" ha despreciado nuestra cultura, nuestro modo de ser y nuestras aspiraciones, inundándose con los prototipos y falsas escalas de valores desde sus centros ideológicos y de comunicación. Martí distinguió la "América Sajona" de lo que llamó "Nuestra América". Por muy pujante que resultara aquélla, la ajena, la propia aparecía con mayor grandeza pues "para nosotros, en el secreto de nuestro pecho, sin que nadie tachárnoslo ni nos lo pueda tener a mal, es más grande, porque es la nuestra y porque ha sido más infeliz".

Los procesos independentistas en Latinoamérica de principios del siglo XIX y las luchas cubanas por la emancipación a partir de 1868 se dirigieron contra dos Españas distintas. La España del Antiguo Régimen enfrentó a los revolucionarios sudamericanos y mexicanos. La de orientación liberal y republicana debía resolver los reclamos separatistas de Cuba y Puerto Rico.

Martí percibió las contradicciones de la España progresista de entonces, que pretendía reformas profundas en la península pero porfiaba en mantener la estructura colonial metropolitana en las islas caribeñas. Las ideas y obras de José Martí se fusionaron en una política ética a fin de construir una "República moral" en América.
Su exaltación de Cuba y de "Nuestra América" no estuvo exenta de ataques a España, aunque era una enemistad singular: "No mero al mismo español, de quien la sangre heredé", en alusión a que era hijo de padre valenciano y madre canaria.

En un artículo en el periódico "Patria" afirmaba: "El trabajo no está en sacar a España de Cuna sino en sacárnosla de nuestras costumbres. No podemos esperar que al día siguiente de la expulsión del gobierno español de la isla, quede Cuba purgada de los defectos de carácter, que pus a pus, fue ingiriendo... ni hemos de resolver de un golpe los problemas acumulados secularmente".

Era una actitud ambigua expresamente admitida: "No hemos de olvidar que si españoles fueron los que nos sentenciaron a muerte, españoles son los que nos han dado la vida". La ambivalencia provenía de la contemplación singular de las "dos Españas". Contra una de ellas combatió y por causa muy justificada. No podía hacerse la Guerra de Independencia con elogios a la metrópoli. En la localidad de Montecristi, República Dominicana dijo en el Manifiesto del 25 de marzo de 1895: "La guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganen, podrá gozar respetado, y aun amado de la libertad que sólo arrollará a los que le salgan, impresores, al camino.

La guerra principió el 24 de febrero de 1895, pese a la incautación de las expediciones por parte del gobierno de los Estados Unidos vista a la distancia, fue una empresa admirable. Los patriotas cubanos invadieron la isla convertida en un poderoso parapeto de los ejércitos españoles, provistos del más moderno armamento. La metrópoli había acumulado toda la potencia militar y el hondo resentimiento político después de perder las guerras americanas de independencia del siglo XIX.

Si la vida toda de Martí fue una enseñanza, su muerte constituye el magisterio supremo. El 18 de mayo de 1895 cayó en su primer combate en la localidad de Dos Ríos. Quiso enseñar con el ejemplo al ponerse al frente de los combatientes. Para Armando Hart Dávalos, "su virtud educativa consistía en que no siendo militar, creyó necesario ejemplificar con su conducta".

Había dicho: "Hacer es la mejor forma de decir", por lo que la lección más fecunda es "La correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace; entre lo que se piensa y se lleva a vías de hecho".

El proceso iniciado en 1892 y en el que dominó la figura de Martí como "apóstol a fuego y forja", culminó en 1898 con la sustitución de enclaves coloniales. A partir de la última guerra imperialista del siglo XIX, Estados Unidos demostró que en la política exterior niegan los principios justos y republicanos de sus Padres Fundadores, los cuales reservan para regir su democrática fachada interna. Sobran los comentarios o las apreciaciones al repasar el testimonio del general Máximo Gómez:
Tristes se han ido ellos y tristes hemos quedado nosotros; porque un poder extranjero los ha sustituido. Yo soñaba con la paz con España, yo esperaba despedir con respeto a los valientes soldados españoles, con los cuales nos encontramos siempre frente a frente en los campos de batalla; pero las palabras paz y libertad no deben inspirar más que amor y fraternidad, en la mañana de la concordia entre los encarnizados combatientes de la víspera.

Pero los americanos han amargado con su tutela impuesta por la a fuerza la alegría de los cubanos vencedores y no supieron endulzar la pena de los vencidos.
La situación, pues, que se le ha creado a este pueblo, de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva y el día que termine tan extraña situación es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía".

La guerra final en América condujo, paradójicamente, a que los españoles se preocuparan por redescubrir su propia identidad, después de sentirse abandonados en una especie de vacío. El trauma provocó el surgimiento de la promoción de la derrota, llamada a sí misma "Generación de 1898". Esta consideró que fue "tiempo perdido" la relación de España con América Latina durante tres siglos y que, en lugar de desperdiciar la energía de su sangre y su cultura, la metrópoli bien pudo esforzarse por ser una nación plenamente europea.

España parecía expulsada de la historia moderna al quedar al margen de la historia europea. Pío Baroja se lamentaba así: "Hemos purgado el error de haber descubierto a América (...) España ha sido durante siglos un árbol frondoso, de ramas tan fuertes, tan lozanas, que quitaban toda la savia del tronco. Se han perdido las colonias; se han podado las últimas ramas y España queda como un tronco negruzco de un árbol desmochado". Según Ortega y Gasset, los españoles tenían que recuperar su pasado germánico y esto implicaba un retorno a Europa. O sea, a España tenían que europeizarla.

La meta del redescubrimiento de España fue abierta en 1898. Aún hoy apunta como un fin que sólo podrán alcanzar los españoles europeizados. Han transcurrido cinco siglos para que los españoles comprendan que su destino está en reconciliarse con Europa. Para los estadounidenses lo que aguarda es la reconciliación consigo mismo, pues, la brecha sigue abierta.

*Marco Vinicio Mejía es escritor y académico guatemalteco.

http://www.lahora.com.gt/03/03/21/paginas/cult_1.htm


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