..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.135, Viernes, 4 de agosto del 2006

 

El Gordo y Lo Flaco

Recorro las calles de La Habana, apenas una hora después de que Carlos Valenciaga leyese por la televisión la “Proclama del Comandante en Jefe al Pueblo de Cuba”. Un impresionante silencio ha ahogado el habitual bullicio del verano. Salvo eso, la normalidad es absoluta. La gente que deambula a estas horas anda en lo suyo. Ni un policía de más en las esquinas, ni demasiado tráfico, ni una sola señal de nerviosismo o temor. No han sido meros ornamentos la cultura y la conciencia política alcanzadas por el pueblo en estos años de lucha. Ahora se les necesita: aquí se despliegan.

Atravieso la Plaza de la Revolución, que al igual que el Capitolio y las principales avenidas muestran una iluminación renovada. La Habana es asombrosamente bella en verano, cerca de la medianoche, especialmente para quienes no acostumbramos a trasnochar.

Llego a la Biblioteca Nacional “José Martí”, subo a mi despacho, conecto la computadora a Internet, en medio de una densa quietud. Busco la repercusión internacional de la repentina enfermedad de Fidel. Como norma, los medios informan con sobriedad, sin comentarios añadidos, como cogidos por sorpresa. Mal que le pese a algunos, se nota en los despachos respeto y hasta una mal disimulada simpatía subterránea. “El País”, de España, se nos muestra con una objetividad y circunspección desconocidas hasta hoy al hablar de Fidel y la Revolución. Pero no nos engañemos: agazapada en un rincón, como una hiena cobarde y sanguinaria, estalla la parte peor de Miami, el sector minoritario y revanchista que sueña con volver con los marines por delante a pasar cuentas, a recuperar el derecho a explotar a sus compatriotas, a negociar, al mejor precio posible, la anexión de Cuba a los Estados Unidos.

En verdad, no son muchos. Suenan cacerolas, agitan banderas de las que en el fondo se avergüenzan, y vociferan, como si les hubiese llegado la hora del botín fácil. Se frotan las manos calculando los por cientos de ganancias que obtendrán vendiendo la Patria por cuadrículas. Es la estampa de una contrarrevolución históricamente derrotada, que cree, en alarde de ignorancia y miopía política, que ha eliminado el obstáculo mayor para su regreso triunfante, para la restauración capitalista en la isla. Sigue soñando, por eso vocifera: necesita infundirse un valor que nunca tuvo o que perdió en la fuga. Recuerda al quejumbroso rey Boabdil, de Granada, llorando, siempre llorando en la distancia.

Apenas ayer, en España, el magazine de “El Mundo” publicó un artículo de Raúl Rivero titulado “El viejo y el mal”, rencorosa venganza del “mejor poeta del Siglo XX cubano”, como le llamó en metáfora deliciosa la prensa occidental, cuando fue condenado a prisión en el 2003 por sus actividades contrarrevolucionarias. Toda la amargura y la impotencia de la derrota se condensaban en aquellas líneas de una maledicencia elegante, escritas por quien intentaba escamotear a Fidel la celebración de su cumpleaños 80, pronosticándole la muerte.

Este Raúl Rivero de “El Mundo” me llevó al reencuentro con otro Raúl Rivero que ha dejado de existir, pero que, sin dudas, existió. No he hallado mejor regalo para Fidel en su próximo aniversario, ni más ferviente deseo de una pronta recuperación que lo escrito en marzo de 1980 por el Rivero difunto titulado “Poema para una consigna”:

Celebraremos con Fidel el próximo 2 de diciembre, junto al pueblo cubano y millones de amigos del mundo, todo lo que se esfuerza por desfigurar la sombra febril de Raúl Rivero. No importa que aúllen las hienas. Aquél Raúl Rivero, también estará con nosotros:

Eliades Acosta Matos




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