..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.135, Viernes, 4 de agosto del 2006

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Suite para Maruja

Ha muerto la musa del Poeta… María Julia González Santos, Maruja, la gentil y siempre amorosa compañera del Poeta Pablo Armando Fernández ha muerto en esta Capital.

Ya no estará en aquella casa que era su reino, entre sus helechos y los gatos a los que regañaba, pero quieras que no, amaba. Ha muerto Maruja, que lo acompañaba desde abril de 1956, siempre fiel, adarga de este Quijote soñador de ojos azules; Maruja, sin la que no imaginamos los pasillos, las habitaciones de aquella casa. Maruja, que fue empresaria, trabajadora de Casa de las Américas… pero a quien no podemos imaginar si no es como anfitriona insustituible, madre ejemplar, esposa… musa que inspirara este, uno de los más hermosos ejemplos de poesía amorosa escritos en esta isla insurrecta:
LIBRÍNSULA acompaña al Poeta y a sus hijos en este triste momento, recordando las palabras de San Agustín:

“No nos entristezcamos por haberla perdido, si no agradezcamos por haberla tenido:

Suite para Maruja
(Pablo Armando Fernández)

(fragmentos)

I

La primavera, dices, y escojo madreselvas,
geranios y begonias.
A casa vuelves con los pies mojados,
la falda llena de guisazos ásperos.
Begonias sin olor en los cabellos
y entre las manos, romerillo y malvas.

Dices, el aire, y cierro las ventanas,
busco el sillón más próximo a la esquina
donde libros y lámpara me esperan.
Y el aire es la mañana del sol, blanca,
la loca expedición de las hormigas,
pájaros y caguayos de astuta, fina lengua.
Tu canto por el patio saliendo del brocal,
los baldes y las piedras.

El sol, dices tranquila, y presuroso escalo
los templos más antiguos. Arenales recorro.
Duermo a la sombra ámbar de un dátil.
Y el sol es la ventana limpia donde te acodas,
sueltos, la blusa y el cabello,
y es el camino al mar los viernes de la Pascua;
recoger gajos santos que ahuyentan los ciclones;
café que huele a cuaba ardiendo y sabe a madrugar
de plátanos, anones y ciruelas.
Son mis brazos, ciñendo tu cintura
sin que lo sepa yo.
Y cuando dices, es la noche, sueño
con países que anduve,
a los que vuelven mis pisadas
lentas y oscuras, para recobrarte.
Pero la noche no es lo que me pone
el corazón a repartirse en tiempos
que fueron míos. Pues la noche es tu voz
conversadora, tu voz que quiere ser
una palabra sola.

II

Cuando anochece, espero
confiarte de una vez todo el espanto
que hay de día en mi pecho.
No es obsesivo gusto por la vida
plena del dios sin tiempo;
ni es el miedo a perder
el poder y la magia del poeta:
miedo a la muerte y al olvido.
Lo que me pone el corazón pequeño
cuando anochece y estoy contigo o a solas,
es oírme las dóciles palabras
que te ocultan que miento
cuando te digo: aún no tengo miedo.

Suite para Maruja
(continuación)

VII

En voz baja decir, amor, tu nombre,
junto a ti, a tus oídos, a tu boca.
Y ser ese animal
feliz que junta sus mitades.
En voz baja o sin ella, muda
la boca revertida a su unidad:
silencio inaugural que a verbo y carne
otorga nueva vida.
Los ojos ciegos, de regreso al todo:
luz revelando mundos
como fueron o son, como serán.
vueltos a ser alegría del otro,
uno consigo mismo en compañía.
Una vida otra: la tuya; tan amada.
Volver a ser origen sin tristeza
o, dolor, sin miedo sin nostalgia o con ellos:
tú y yo, nuestros recuerdos y cenizas.

* Maruja nació el 3 de noviembre de 1930 Gibara, provincia de Holguín

 




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