..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.136, Viernes, 11 de agosto del 2006

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Martí y Fidel toman el Cuartel Moncada: 26 de julio de 1953
Por Ana Marìa Ramb

Martí con Fidel

De estar aquí Fidel, es seguro que me invitaría a rectificar el título de esta nota: “Chica, estuvo Martí en la toma del Moncada, pero no sólo conmigo; estuvo también con Haydée y Abel Santamaría, más de un centenar de cubanos, elegidos entre los cuadros más claros, capaces y destacados de nuestra juventud. Mi hermano Raúl comandaba entonces el ala que en el mismo momento tomaba otro cuartel: el Carlos Manuel Céspedes, en Bayamo. Y faltaban aún algunos años para que se produjera nuestro encuentro con el Che Guevara”.

Eso imagino que diría Fidel. Y me invitaría a releer La Historia me absolverá, su alegato de defensa en el juicio manipulado por el aparato jurídico de Fulgencio Batista, el dictador contra el que se había alzado ese puñado de jóvenes patriotas. El 10 de marzo de 1953, Fulgencio Batista había tomado el poder en Cuba, mediante un golpe de Estado que respaldaron la oligarquía de ese país y, ¡cuándo no!, EE.UU. La cruenta dictadura batistiana, en cuyas cárceles el pueblo y los revolucionarios en especial vivieron torturas que hoy solo tienen comparación con las cárceles del imperio norteamericano en Guantánamo, porción de territorio arrancado a Cuba en 1902, y en Abú Ghraib, de Irak, lejos de cortar de cuajo la insurrección, potenció el rigor moral, la templanza y el compromiso de los jóvenes patriotas. Los que sobrevivieron al ataque sumarían nuevas incorporaciones al movimiento.

La historia me absolverá es el título del alegato que el joven abogado Fidel Castro Ruz escribió en su autodefensa. Presentado el 16 de octubre de 1953 ante el tribunal que lo juzgaba por el asalto al Moncada, este documento guarda hoy una actualidad sorprendente. Más que alegato, es todo un programa de acción, como lo había sido y es, hoy como nunca, el ensayo Nuestra América , escrito por el poeta, periodista, ensayista y siempre luchador José Martí, héroe de la Segunda Revolución Cubana, caído en combate en 1895. Cuando Martí habla de Nuestra América, pone en evidencia la existencia de otro al que la América nuestra no pertenece, ni quiere pertenecer. Y que, para enfrentarlo, es imprescindible integrar nuestros pueblos en la Gran Patria Latinoamericana. Es le proyecto todavía inconcluso de Simón Bolívar, el sueño esquivo de Francisco de Miranda, San Martín, Monteagudo y tantos nuestroamericanos que lo dieron todo por él. Dice Martí: Injértense nuestras Repúblicas en el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas.

En ocasión de la primera Conferencia de las Naciones Americanas (1889-1990), es la voz de Martí la que hace pública la primera y original denuncia que registra la Historia sobre el imperialismo yanqui: Es peligroso que el águila conviva con el cordero. Pero enseguida el poeta sale de la metáfora, y llamando a las cosas por su nombre, no duda en desenmascarar la auténtica meta de la conferencia: atar las naciones de la América toda al carro imperial de los EE.UU. y, de este modo… ensayar en los pueblos libres su sistema de colonización. En otro lugar, afirma que… el monopolio está sentado como un gigante implacable, a la puerta de todos los pobres (…) Esos inicuos consorcios de los capitales han creado la más injusta y desvergonzada de las oligarquías. Y pone en la picota la supuesta ayuda de... esos malvados que amasan su fortuna con las preocupaciones y los odios de sus pueblos.

El lenguaje del discípulo, Fidel Castro Ruz, tiene en el alegato de 1953 la impronta martiana: es épico, patriótico, claro y apasionado, todo un ejemplo de comunicación entre un líder y su pueblo. En ese texto Fidel vincula lo universal de las ideas de la Revolución, con la identidad específica de la cubanía. Y reconoce la genealogía del movimiento juvenil que, ejerciendo el legítimo derecho a la rebelión, habían iniciado la lucha clandestina, preparándose militarmente para la acción: ha sido José Martí y no otro el autor intelectual del asalto al Moncada.

Nada de lo humano nace de gajo; tampoco las revoluciones. Si Fidel reconoce en el pensamiento y el ejemplo de lucha de José Martí la paternidad intelectual de los hechos revolucionarios del 26 de julio, es porque se ha formado, como sus compañeros, en el ideario martiano, a partir de sus lecturas infantiles de La Edad de Oro , hasta las más maduras, las del ensayo Nuestra América. Fidel escribe su alegato en prisión, y para dar sustento a ese reconocimiento, incluye citas textuales de Martí, mientras sus carceleros impiden que lleguen a sus manos los libros del gran revolucionario. Dice Fidel:
“¡No importa! Traigo en el corazón la doctrina del Maestro, y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos”.

No es entonces arriesgado vincular La Historia me absolverá , que es un alegato pero también, como dijimos, un programa de acción, y también un valiente y esclarecido diagnóstico de la situación del país, con El presidio político en Cuba , escrito en 1871 por un muchachito de 18 años, moreno, frágil de aspecto, con la huella del grillete carcelario en la ingle, una herida que lo acompañará de por vida. Aquellas páginas memorables constituyen un testimonio sobre las alucinantes horas y meses pasados en presidio por un adolescente José Martí, ya enrolado en a resistencia contra el régimen colonial español.

Nacido en 1926, Fidel pertenece a la primera camada de niños cubanos que pudieron tener en sus manos La Edad de Oro; es la llamada Generación del Centenario, que floreció revolucionaria al cumplirse cien años del natalicio de Martí, celebrado en 1953. Al menos desde 1895, año de la muerte del Apóstol de la Independencia Cubana, hasta 1932, el volumen que reunía las ediciones de esa revista, pionera en la literatura infantil de Hispanoamérica, había quedado en algunas bibliotecas particulares, sin llegar a los escolares cubanos, que se habían perdido leer, por ejemplo, Tres héroes, donde Martí escribe las semblanzas de Simón Bolívar, José de San Martín y el cura Hidalgo. Próximos a cumplirse los ochenta años del nacimiento de Martí, surge la iniciativa: para 1933, una nueva edición que reunía las distintas emisiones de La Edad de Oro estaría al alcance de los niños de la isla. El dictador de entonces, antecesor de Batista, es el general Gerardo Machado, a quien se llama “el Mussolini tropical”. Si algo conoce Machado de Martí son los versos de Cultivo una rosa blanca, o Los Zapaticos de Rosa, o El príncipe enano ; ¿qué amenaza puede haber en esos poemas? No imagina el dictador que veinte después un joven abogado citaría en su alegato una y otra vez a Martí, y que la cita más extensa estaría tomada, precisamente, de Tres héroes, texto publicado en La Edad de Oro:

Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació, los hombres que lo maltratan, no es un hombre honrado… (…) En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la divinidad humana.

No pide Fidel clemencia, muy por el contrario, casi a continuación reclama que lo envíen a la isla de Pinos, la más terrible prisión, donde están prisioneros su hermano Raúl y otros jóvenes que sobrevivieron a la matanza, perpetrada a posteriori de la rendición de los revolucionarios derrotados en ese primer intento.

Enviadme junto a ellos para compartir su suerte; es inconcebible que los hombres honrados estén muertos o presos en una república está de presidente un criminal y un ladrón.

El intento, aunque fallido, había rozado la victoria. Durante largos meses los combatientes se habían templado en riguroso entrenamiento. Y el lugar elegido para la intentona era el mejor: una vez en poder de los revolucionarios la ciudad de Santiago de Cuba, no hubiera costado mucho poner a los orientales en pie de lucha, como estima Fidel en su alegato. La provincia de Oriente había demostrado ser la más patriótica y guerrera de Cuba, ya que durante treinta años había mantenido encendida la lucha por la segunda independencia, dando el mayor tributo de sangre, sacrificio y heroísmo. Su pueblo volverá a probarlo porque, ya tomado el Hospital Civil, las mismas enfermeras cargaban las armas de los jóvenes sublevados. No son las únicas mujeres recordadas por Fidel en su escrito: eriza la piel la descripción del heroísmo y entereza de Haydée Santamaría, de Melba Hernández, jóvenes guerrilleras. Una patrulla fuera del horario establecido entorpeció una acción planeada con el mayor cuidado. Algunos guerrilleros cayeron en ella, pero, como se dijo ya, fueron muchos más los prisioneros que, sometidos a tortura o ejecutados, engrosaron la lista de muertos. Si la toma del Moncada fracasó por un factor táctico fortuito, señaló sin embargo el verdadero camino de la revolución y trazó un programa de liberación nacional.El testimonio de Martí sobre el presidio político en Cuba había circulado de mano en mano entre los luchadores desterrados en España. El alegato de Fidel fue silenciado por la censura, pero también logró abrirse paso desde la Isla de Pinos, donde fue recluido, para convertirse en una herramienta de organización y divulgación de las ideas libertarias.

Patriotas nuestroamericanos

Tres años después del intento de toma del Moncada (2 de diciembre de 1956), cumplido un período de exilio en México, una tripulación de jóvenes revolucionarios ancla el yate Granma en las costas de Oriente. Entre los que desembarcan están Camilo Cienfuegos y el médico argentino Ernesto Guevara. No faltan mujeres en la partida: Celia Sánchez, Vilma Espín, la misma Haydée Santamaría. Pronto se les unen otros patriotas, entre ellos Frank País García, de veintitrés años, quien junto con Raúl Pujol, pequeño comerciante de treinta y cinco años, es asesinado el 30 de julio de 1957 por sicarios de Fulgencio Batista. El mismo día del mismo mes, cada año se honra en Cuba la memoria de los Mártires de la Revolución.

La estrecha vinculación con el pueblo y la decisión de lucha manifestada en un constante espíritu de ofensiva, hizo posible organizar nuevos frentes y extender la guerra a otros territorios. A los cinco años, cinco meses y cinco días del asalto al Cuartel Moncada, el primero de enero de 1959 triunfa la Revolución.

Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, derrotado el nazifascismo por el heroico comportamiento de la URSS (heroísmo reeditado en Asia por el pueblo de Viet Nam en lucha contra el imperialismo norteamericano), Cuba emergió en nuestra región como un punto luminoso, a pesar del bloqueo al que el Imperio sometió al país, no bien definió públicamente su destino socialista.

A partir de su triunfo, la Revolución Cubana se ha desarrollado bajo un contexto histórico muy diferente al actual. Eran los tiempos de la bipolaridad (Occidente vs. Oriente) y de la variante Unión de Naciones “No-Alineados”. Con la toma del poder en el año 59 por aquellos jóvenes quijotes, comienza una nueva etapa decisiva. La creación de una dirección central representó el primer logro que garantizaría la futura estabilidad y control del Estado por la Revolución. El llamado a la unidad de todos los partidos sobre la base de la necesidad histórica, para forjar un frente común a los acontecimientos internos y a las descaradas pretensiones del imperio norteamericano, se cumplió a carta cabal. Toda organización sectaria, anárquica y oportunista quedaba por su característica descartada del proceso. Años más tarde, el bloque de la URSS, minado por sus errores, infiltrado por la CIA, e incapaz de defender sus conquistas, se desploma, dejando al mundo sin dique de contención ante la voracidad del capitalismo. Es en este tiempo cuando maduran hasta un nivel inimaginable las condiciones de líder revolucionario de Fidel, las que habían despuntado en la década de los años 50, cuando consiguió vertebrar un movimiento de admirable coherencia, entre las filas más audaces de la juventud, los veteranos sin edad, y al fin todo el pueblo, tanto tiempo explotado y humillado por los gobiernos cómplices del imperialismo.

Cuatro décadas más tarde, mantener la Revolución dentro de la Revolución, cuando el Socialismo parece fracasado irremediablemente, es una tarea titánica. Empresa que Fidel emprende con los mejores cuadros y con el inestimable e imprescindible apoyo del pueblo. No son pocos los que, desde afuera, esperan que Cuba, que ha sido invadida, hostigada y bloqueada a lo largo de varias décadas, en los nacientes años 90 y ya sin el respaldo de la URSS, se rinda ante la adversidad. Es la inesperada oportunidad para demostrar que Cuba no es una isla en lo político. Como las luces de un faro, con sus sacrificios en períodos especiales, donde escasea de todo, pero lo que hay se reparte en forma igualitaria, sin privilegios, es una prueba. En su discurso de enero de 1989, a treinta años de la gesta revolucionaria, Fidel se pronuncia una vez más sobre el sueño de la Patria Grande, y sobre la probada vocación internacionalista del pueblo cubano:
Nuestro pueblo tiene la misión histórica de enorme importancia, y es la de luchar unidos a los pueblos latinoamericanos.

Y al exponer las ventajas que para varios países del mundo significaba el establecimiento de comunidades económicas, afirmó: No tienen porvenir nuestros pueblos sin la unidad, sin la integración.

Un fantasma recorre el mundo y atemoriza al imperio

Cien mil voluntarios, entre los que había argentinos (José Murillo, Coca Iglesias y Tatiana Viola), derrotaron el analfabetismo en 1961, enfrentando todavía bandas asesinas agazapadas en la isla. Veinte años después, con el relevo de otra generación, dos mil voluntarios cubanos alfabetizaron Nicaragua; se habían presentado treinta mil candidatos.

La misma respuesta popular tuvieron los pedidos de donantes de sangre para las víctimas de un terremoto en Perú, y otro gran sismo en Armenia. 300 mil combatientes cruzaron el mar para acudir el llamado de Angola y librar allí batallas por su liberación. En los últimos tiempos, Venezuela ha recibido colaboración cubana en solidarias campañas alfabetizadotas, y en misiones sanitarias a lo largo de todo su territorio, en lugares donde jamás habían visto a un médico. Las generosas propuestas se extienden hoy a Bolivia, y a todo lugar del mundo donde sean necesarias (se ofreció ayuda a las víctimas norteamericanas del huracán Katrina, pero el presidente Bush ni siquiera contestó); incluso hay regiones en la Argentina donde se ponen en práctica métodos cubanos de alfabetización. Es fabuloso trabajo de los médicos y cooperantes cubanos, quienes en las zonas de Haití donde prestan servicio, lograron reducir la mortalidad infantil entre los niños menores de un año, de 80 a 28 muertes por mil nacidos vivos; y entre los menores de cinco años, de 159 a 39, y han disminuido en la mitad la mortalidad materna, de 523 a 259 muertes por un millón de partos. Esto es apenas una muestra de lo que hace Cuba más allá de sus fronteras, y que tanto molesta al Imperio.

Todo ello, mientras se trabaja en la isla por la perfección de la democracia, sobre la base de una activa participación. Los que descreen de esto, desconocen el rigor y la amplitud en los debates, en las reuniones de cualquiera de los sindicatos, asociaciones o empresas. Lo que diferencia estos debates a los acostumbrados (cuando los hay) en los espacios capitalistas, es que tienen como objetivo la búsqueda del beneficio común, y no el lucro personal al estilo de los “demócratas” del capitalismo.

Cada tanto, algún gurú del sistema lanza a la arena mediática sus predicciones. Los cavernícolas que odian a Fidel confunden sus deseos con la realidad. Uno de los intelectuales orgánicos del sistema hegemónico, Andrés Oppenheimer, ya sufrió flor de desengaño: publicó "La hora final de Castro" en 1993. El caso es que, desde entonces hasta hoy, esa "hora" se viene estirando ya trece años. Y va por más.

En la Cuba de hoy, destacados representantes de las nuevas promociones ocupan puestos relevantes en el Estado y en el Partido, en los organismos y organizaciones de técnicos y profesionales. En cada sector, en la capital y en el resto de las provincias, en las juntas de vecinos, en todo el tejido social, se tiene en cuenta la opinión de unos y otros, con sus peculiaridades y especificidades, y no se ignoran las discrepancias y las contradicciones, sino que se discute. En suma: la democracia en Cuba goza de buena salud. Y el Comandante, también.

Después de filmar un largo reportaje a Fidel, dijo Oliver Stone:
Me encontré en Cuba con una situación de apertura y libertad que no he encontrado en ningún otro país de la zona, ni en el Caribe ni en Centroamérica. He estado con muchos líderes mundiales en Panamá, El Salvador, Nicaragua y nunca he visto el cariño espontáneo en la calle que he visto en Cuba hacia Fidel. (…)

Y, hablando del contacto de Fidel con su pueblo, los cubanos, dice Stone:
Eran totalmente espontáneos. Hubo visitas a hospitales y quizás ahí sí que podían haber sabido que íbamos a ir, pero mirando las caras de la gente sé que nada de eso era fingido. Soy director de actores y sé cuándo la gente finge o cuándo no. Castro me preguntaba por dónde quería que fuéramos, y la gente de forma natural se acercaba a él. ¿En qué país del mundo pasaría esto? (…) Admiro a Fidel porque es un superviviente. Ha sobrevivido a seis presidentes norteamericanos.

Pablo González Casanovas, prestigioso revolucionario e intelectual mexicano, quien ostenta la Orden José Martí, la más alta condecoración que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba a personalidades extranjeras, calificó como algo muy nuevo lo que ocurre en la isla caribeña y aseguró que…

… Representa una alternativa frente a la crisis actual de la civilización. Cuba es un país empeñado en que todos sus ciudadanos sean héroes, precisamente para que no sean mártires. (…) El Socialismo en Cuba está redimiendo profundamente el proyecto humano y constituye una avanzada notable de lo que se hace en el mundo actual (…) Tiene el mérito de plantearse cosas tan "raras" como que todas las personas alcancen la educación superior, algo casi escandaloso para muchos; y de explicarle a la población cómo se toman las decisiones políticas, lo cual sin duda constituye una definición práctica del socialismo. (…) Se trata de una Revolución que no cae en nacionalismos estrechos, que funde al cubano con el ser humano. Eso expresó al sopesar los vínculos entre dos frases que marcan hitos ayer y hoy: Patria o Muerte y Patria es Humanidad.

A esta nación no se la va a tragar nadie, ni las mentiras, ni todas las amenazas canallescas.

Fidel en Córdoba

Una ovación fue lo que recibió Fidel cuando bajó del avión en el aeropuerto internacional de esa provincia argentina. Incluso periodistas empleados por la prensa del sistema y bajo la égida de la línea editorial empresaria, no pudieron acallar el grito: “¡Bravo, Fidel! ¡Fi-del, Fi-del!” Más allá, un nutrido grupo de cordobeses aguardaban con banderas cubanas y carteles de bienvenida. Era la cuarta visita del comandante a la Argentina, patria natal del Che Guevara. La primera, en 1959; la segunda, cuando la Cumbre Iberoamericana en Bariloche, 1995; la tercera, cuando la toma del mandato presidencial por Néstor Kirchner.

El Mercosur, gracias al protagonismo de Fidel Castro por Cuba, y de Hugo Chávez por Venezuela, más la firme y significativa presencia de Evo Morales por Bolivia, consiguió cambiar el espíritu netamente economicista del Mercosur fundacional, para impregnarlo de sentido político, con miras a acercarlo al concepto martiano de Patria Grande Latinoamericana, tan en consuno con el proyecto emancipador bolivariano (y también sanmartiniano). Se habló de salud, de erradicar la mortalidad infantil; se habló de estrechar lazos solidarios entre nuestros pueblos. Se habló en concreto cómo integrar los países de América Latina, donde no debe quedar excluido el Caribe. Se habló de vida, se habló de humanidad, antes que de lucro. Se habló, sí, de cómo y con qué planes compartidos deshacernos de la tutela y explotación de un orden mundial insostenible. Y de muchas cosas más que al Tío Sam y sus esbirros le habrán caído muy, pero muy mal.

Al presidente Kirchner le habrá parecido demasiado. Había que tener un gesto de ofensa al pueblo cubano y su Revolución, en su figura más querida, Fidel. Es así cómo el presidente de Argentina, de acuerdo a sus característicos movimientos pendulares, entorpeció un encuentro de gran perspectiva y saldo positivo como fue la XXX Cumbre del Mercosur, al ceder a las presiones del establishment , y quizá también en prenda de armonía matrimonial. En inaceptable injerencia en los asuntos internos del país hermano, entregó al presidente de Cuba una carta. En ella se reclama que la doctora Hilda Molina viaje de Cuba a la Argentina. ¿Es que no sabe la administración Kirchner que Molina tiene que responder por la poca transparencia que marcó su gestión en el manejo de fondos y donaciones de la unidad sanitaria que ella dirigía? El Estado cubano ha garantizado la visita de su hijo, el cubano Quiñones, su mujer e hijos argentinos, a Cuba, libre de todo gasto, para visitar a Hilda Molina. Y eso que también Quiñones todavía tiene que rendir lo suyo: viajó a Japón para adquirir insumos médicos para su país, y aún queda por rendir dónde fueron a parar tales insumos, si es que llegaron a ser adquiridos, o dónde está el dinero que recibió para la compra. De Tokio, en lugar de volver a La Habana con lo encomendado, vino a instalarse en Buenos Aires, donde goza de una posición que muchos argentinos envidiarían.

Claro, estamos, acostumbrados que aquí, en la Argentina, los responsables de similares procedimientos queden libres. O, al menos, que se haga la vista gorda ante quienes están bajo sospecha, o con juicio en trámite, e incluso con sentencia firme, los que entran y salen del país como se les canta en ganas. Eso sí, no pretenda un modesto ladrón de gallinas o de un trozo de carne en supermercado traspasar algún punto de nuestras fronteras, porque será detenido. Sería deseable que el presidente Kirchner manifestara su sensibilidad al dejar libres a los miles de presos sociales (que son, en verdad, presos políticos) que están recluidos en las mazmorras argentinas, porque de otra manera no se puede nombrar nuestras cárceles.

La carta presentada por nuestro presidente dio motivo suficiente para que la prensa del establishment se regodeara con titulares que nada tenían ni tienen que ver con la verdadera dimensión del reciente encuentro del Mercosur, ignorando sus valiosos logros. Porque, de no ser traicionados sus acuerdos y principios establecidos en Córdoba, significan un importantísimo avance a favor de la integración de nuestros países, a través de ambiciosos proyectos conjuntos que tiendan a independizarnos de las descaradas tutelas imperialistas, más un paso adelante para aliviar a Cuba de un bloqueo genocida, y poner el bien de los pueblos por encima de las leyes de la mayor ganancia que sustentan todavía este decrépito e insensato capitalismo.

Una duda razonable

Así tituló la escritora Adriana Vega la carta abierta que envió a distintos medios alternativos. Allí cuenta Adriana que tiene dos yernos cubanos. Uno vive en la Argentina, sin problemas de idas o venidas; el otro vive en Cuba. Ambos son revolucionarios. La hija menor de Adriana eligió la Argentina para ejercer su profesión, y la otra, viuda de un desaparecido, vive en Cuba.

Mis dos yernos van y vienen siempre que el bolsillo se lo permita. Mis cuatro consuegros nos visitan cuando obtienen el mismo resultado de los propios.
Sigue contando Adriana con letras mayúsculas que...

Ninguno de mis yernos está prontuariado, ni robó secretos médicos, ni cobró a los pacientes doble cantidad de dólares sobre la que facturaba el Estado por aliviar a extranjeros que confiaban en Cuba.

Estima Adriana que el empecinamiento de Hilda Molina en cuanto a ser ella quien viaje no es humanitario, sino político:

Si se le sugiere (a Hilda Molina) que sean los nietos quienes viajen para verla en su domicilio, fundamenta que habita en un sitio tan modesto que afectaría a los niños.
Señal Adriana que Molina coloca las cosas materiales por encima de los sentimientos. Y se pregunta más adelante cómo el hijo de una mujer tan pobre como la doctora pudo poner en la Argentina una clínica a todo color. Y agrega más adelante: El gobierno cubano tiene demasiada ética para responder con la verdad a ciertas misivas, por más enojadas que parezcan. Los medios, enamorados de los Quiñones imaginamos por qué, utilizan como siempre la desinformación. Se pregunta indignada Adriana Vega cómo fue que se llegó, a través de esa carta, a perturbar las relaciones entre dos Estados soberanos, y cómo los medios pusieron en primera plana la maniobra como acto destacable, mientras...

...los “demócratas” admirados por la prensa van por el mundo arrasando como Atila poblaciones civiles para obtener como propias las riquezas ajenas.

Enviado por su autora




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