..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.136, Viernes, 11 de agosto del 2006

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Dossier: Algunas Editoriales del diario LA ARENA

Si de algo se enorgullece este boletín, es del hecho de que, con cada nuevo número, un nuevo colaborador, un nuevo amigo de Cuba, se une a sus empeños. Esta semana queremos presentarles algunas de las editoriales de quien firma como Emilio Marín, nombre elegido como homenaje a Emilio Mariano Jáuregui, periodista revolucionario asesinado en Buenos Aires en 1969. Esperamos nuevas colaboraciones de este cordial amigo de Cuba:

 

EL PRESIDENTE CUBANO FUE OPERADO Y ESTÁ ESTABLE
Bush sabe que Cuba sigue siendo una fortaleza pero en Miami festejan a cuenta

La enfermedad de Fidel Castro envolvió a Cuba en una nube de pena. En Miami se armó la fiesta de la necrófila gusanería que sueña con retomar sus empresas en la isla. La Casa Blanca, algo más inteligente, sabe que tendrá mucho que lidiar.

En Florida vive un millón de cubanos y no todos son activistas de la Fundación Nacional Cubano-Americana (Fnca), empeñados en volver al Malecón de la mano de los marines del general Peter Pace. En ese estado conviven recalcitrantes con otros que se fueron de la isla por razones económicas, que no son lo mismo. Tampoco lo son los de una generación y los de otra. Algunos exiliados económicos ya están arrepentidos de haber recalado en la meca de la supuesta abundancia, donde son discriminados, y extrañan el terruño que les dio educación e igualitarismo.
En la Florida está “la Biblia junto al Calefón”, como canta el tango. Hasta hay cubanos tan convencidos de la revolución como los cinco jóvenes que espiaban a la Fnca y círculos terroristas para prevenir atentados en la Mayor de las Antillas. Ellos purgan hoy hasta dos cadenas perpetuas por cabeza por ese delito y el 12 de setiembre se cumplirán ocho años de sus injustas detenciones. Es evidente que la parte visible de ese exilio sintoniza la onda del Departamento de Estado. Más específicamente, la de la ultraderecha republicana que gobierna la Unión con George W y el estado por medio de su hermano Jeb, que aspira a sucederlo en la Casa Blanca.

Por eso la Fundación del extinto Mas Canosa, reemplazado por su hijo Mas Santos, ayudó a Bush a ganar con trampa las presidenciales de noviembre de 2000. Los colegios electorales de Florida fueron el escenario del fraude y el recuento fue interrumpido por decisión de la Corte Suprema de Justicia de los EE.UU.

Está bien probado el vínculo entre la Fundación y los grupos armados Coru, Alpha 66 y otros, integrados por elementos como Orlando Bosch, Luis Posada Carriles y Carlos A. Montaner, con la CIA. Esta es la gente que puso dos bombas contra el avión de Cubana sobre Barbados, en 1976, y produjo 73 muertes. Posada y tres cómplices estuvieron presos en Panamá, luego de intentar matar a Fidel Castro en la Cumbre Iberoamericana de 2000. En el paraninfo de la Universidad iban a morir el mandatario cubano y centenares de estudiantes y asistentes a su disertación.

Esa fracción hegemónica del exilio de Miami es cultora de la muerte. Sólo su amor por los dólares puede competir y superar esa adicción necrófila. Por eso el lunes festejó a rabiar en la Little Havana la supuesta muerte de Fidel Castro. Ellos vivaban a la muerte. Me hicieron recordar al general franquista Millán de Astray, que gritó “Viva la muerte” en presencia del rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, quien reflexionó: “venceréis pero no convenceréis”. También me trajeron a la memoria la ideología del genocida Emilio Massera, cuando pontificaba que combatía por la victoria, “esté más allá o más acá de la muerte”.

Hasta el enviado especial de “La Nación” dio cuenta de que “en la calle Ocho, la mayoría de los que festejaban eran jóvenes, muchos de ellos con banderas norteamericanas”. El dato no es menor: son más norteamericanos que cubanos. A varios de ellos se les escapó del fondo del alma una frase que define su nacionalidad: “como dice el presidente Bush”. Ese es su presidente.

A sueldo: El fondo de las desenfrenadas pasiones que laten en Miami es económico. Los dirigentes políticos y paramilitares, entrenados por la CIA como los arriba nombrados, aspiran a ser procónsules en La Habana en caso de restauración capitalista. Como los tiburones olfatean la sangre, éstos siguen el olor del dinero. Confían en estar en el momento justo cuando la administración Bush entregue tanto dinero como prometió a una “Cuba Libre”. El copresidente de la Comisión formada a tal efecto, Carlos Gutiérrez, secretario de Comercio de EE. UU., que su país sacará a Cuba del supuesto pozo donde está en sólo 18 meses.

La mafia de Miami estima que eso significará muchísimo más de los 80 millones de dólares que Condoleezza Rice, la otra titular de la comisión, anunció como presupuesto para los próximos dos años.

Además de mercenarios, Bosch y Posada Carriles son bastante tontos. Deberían saber que en los casos de Kosovo, Irak, Haití, etc, la mentada montaña de dólares de “ayuda” no fue tal. Uno de los más entusiasmados con la posibilidad de que el gobierno de Castro se venga abajo es Otto Reich, ex secretario de Estado adjunto para Asuntos Hemisféricos y lobbista de la licorera Bacardí. Estos son los promotores del bloqueo estadounidense contra la isla, establecido en forma total desde febrero de 1962 y agudizado por la ley Helms-Burton de 1996 y ulteriores disposiciones de Bush. Sus intereses empresarios han estado detrás de todas las instigaciones a cometer agresiones contra Cuba.

A modo de ilustración, ayer estaba previsto presentar un libro en la Universidad de Miami: “El clandestinaje y la lucha armada contra Castro”, de Enrique Ros. Su presentación dice que el volumen es “el onceno del autor, cubre la lucha de los cubanos por su libertad y contra el régimen totalitario de Castro. Incluye la historia de los distintos movimientos clandestinos y las acciones realizadas por ellos, con el
testimonio de cerca de un centenar de participantes en aquella lucha”. La presentación tenía lugar en Casa Bacardí, en la mencionada universidad, y la recepción a los asistentes sería “cortesía de Bacardí”. En una de esas dejaron el libro para otra ocasión y se fueron de copas a Little Havana, a agitar banderas con barras y estrellas, y brindar por la muerte. Entre los aportes de esa firma y los fondos de la administración Bush, hay mucha plata para pagar campañas de prensa. Uno de los artículos más rastreros lo escribió Alvaro Vargas Llosa en “La Nación” pues, no conforme con descalificar a Cuba, aseguró que Raúl Castro “a sus 75 años se encuentra débil y padece de cirrosis debido al alcoholismo”. La acusación de “borracho” es muy inexacta y menta la soga en casa del ahorcado: está demostrada la cultura alcohólica y de otras yerbas que adquirió Bush antes de que Dios hablara con él y le ordenara declarar guerras preventivas.

Todo en orden: Los que festejaban en Miami han debido reabsorber el hecho de que el muerto no estaba en el cajón ni en el cementerio sino en una clínica y desde allí dirigió dos mensajes a la población. En ellos explicó el problema de salud que lo obligó a una complicada operación, les aseguró estar estable y de buen ánimo aunque aclaró que deben pasar varios días antes de que el postoperatorio tenga “un veredicto”.

En la primera de esas comunicaciones, firmada de puño y letra, Fidel delegó sus funciones, en forma provisional, en siete dirigentes, y Cuba siguió andando, todo en orden. Esa no era la idea que tenían en Washington sobre la “transición” hacia un gobierno “democrático”. Por eso, sin dejarse ganar por la euforia miamense, la Casa Blanca ha reiterado que continúa el bloqueo mientras dure “el comunismo”. Bush es un poco más perspicaz que la gusanera y sabe que el socialismo a 90 millas no está derrotado. Teme que la revolución cubana resulte en definitiva fortalecida por un plus de lucha y trabajo, pedido por Fidel Castro en el segundo parte.

Decepcionado porque el Palacio de la Revolución no se desploma como el Muro de Berlín y la perestroika de Mijail Gorbachov, Jorge Elías –del lobby anticubano en Buenos Aires- inventó que aquel traspaso de tareas implicaba una monarquía. “En esa sucesión no tallaron elecciones ni consultas populares. Un hombre, Fidel Castro, decidió confiar su capital político en otro hombre, Raúl Castro. Es decir, en su hermano”, sostuvo en su columna de “La Nación”.

Elías tendría que aprender del especialista anticubano del “Nuevo Herald”, Pablo Alfonso, que reconoció ayer: “no hay ningún imprevisto en la sucesión de mando. Todo lo contrario. Eso es lo que establece la Constitución de 1992, en su artículo artículo 94: ´En caso de ausencia, enfermedad o muerte del Presidente del Consejo de Estado lo sustituye en sus funciones el primer vicepresidente´”.


PLAN DE GEORGE BUSH PARA AGREDIR A CUBA Y VENEZUELA
La Casa Blanca no se fija en millones cuando se trata de derrocar a Fidel Castro

Ochenta millones de dólares por aquí, otros 20 millones por allá, más 35 millones "corrientes" y otros 8 millones. Con esa plata, la administración Bush quiere derribar al gobierno de Cuba. Son imbéciles y creen que el dinero lo puede todo.

Destruir la revolución cubana y asesinar a Fidel Castro ha sido el sueño de diez presidentes estadounidenses. El primero de la lista, el general Dwight Eisenhower, creyó que lo lograría fácilmente pero debió pasarle la posta a John Kennedy, quien avaló la derrotada invasión de Bahía Cochinos. Lo intentaron los siguientes ocupantes de la Casa Blanca: Lyndon Johnson, Richard Nixon, James Carter, Ronald Reagan, George H. Bush, William Clinton y George W. Bush. Ninguno de ellos pudo. El último de la serie está empeñado en lograr ese objetivo contrarrevolucionario antes de concluir su segundo mandato, un plus que tuvieron varios de sus antecesores y se quedaron con las manos vacías.

Fidel los sobrevivió a todos ellos. También a un escritor y periodista contemporáneo, Andrés Oppenheimer, del Nuevo Herald de Miami y "La Nación", quien en 1993 publicó su best-seller "La hora final de Castro" pronosticando su inmediata caída. Le pifió no por horas sino por trece años y todavía no hizo autocrítica.

En mayo de 2004 el texano formó una "Comisión de Asistencia a una Cuba Libre" encabezada por el secretario de Estado Colin Powell y el secretario de vivienda, el cubano-americano Mel Martínez. El organismo fue dotado de un presupuesto de 27 millones de dólares anuales que el año pasado fue incrementado en varios millones más. Tanto dinero sirve para financiar la obsesión de tirar abajo el gobierno legítimo de la mayor de las Antillas. De esas partidas cobran los mal llamados disidentes que, a cambio de una paga de la Sección de Intereses de Norteamérica en La Habana (Sina) a cargo de Michael Parmly, actúan como agentes del imperio en una guerra contra su propio país.

En cualquier diccionario se denomina "mercenarios" a quienes desempeñan esa función remunerada antipatriótica. El Departamento de Estado y su colateral Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en cambio, hablan de "disidentes".
Dos años después del debut, el 10 de julio último, Condoleezza Rice y el secretario de Comercio, el cubano-americano Carlos Gutiérrez, presentaron la segunda edición del informe. La primera novedad fue el mayor monto afectado a anexionar Cuba: 80 millones de dólares para los años fiscales 2007 y 2008 (el primero comienza el 1 de octubre próximo). Habrá 20 millones extras a partir de 2009 y hasta que caiga el gobierno socialista. Independientemente de esos fondos frescos, se mantienen los 35 millones destinados a las anticubanas radio y televisión "José Martí", y otros 8 millones en programas de la Agencia norteamericana para el Desarrollo (USAID).

¿Qué financiarán con tan abultados presupuestos? La respuesta se puede deducir del otro cambio respecto a la versión original: ahora hay un capítulo secreto por razones de "seguridad nacional".

Disparen contra Fidel: La "Comisión de Ayuda a una Cuba Libre" tiene como coordinador a Caleb McCarry, el hombre del Departamento de Estado que en febrero de 2004 estuvo a cargo del golpe de Estado en Haití contra el presidente Jean-Bertrand Aristide. El 12 de julio el funcionario dijo a los periodistas en un hotel de Miami que "por cuestiones de seguridad nacional no me puedo referir a esta parte (secreta) del informe, espero que lo entiendan".

Sí. Se entiende. En ese tramo invisible se hablará seguramente del incremento del pago a sus espías dentro y fuera de la isla, la financiación de actividades terroristas contra el turismo en La Habana y Varadero, el diseño de una posible invasión de marines y la política de asesinar a los dirigentes de la revolución cubana.

La CIA elaboró más de 600 planes para matar a Fidel Castro, que fracasaron. Ahora habrán pasado los deberes en limpio para lograr ese objetivo criminal con muchos responsables del partido y gobierno cubanos. Si los presos islámicos terminaron desaparecidos en Guantánamo, cabe deducir que el Pentágono -en sus elucubraciones de una victoria que no tendrá- llevará a los revolucionarios cubanos a prisiones ilegales en Alaska. Eso a quienes se salven de la muerte pues la mayoría será asesinada. Silvio Rodríguez, en "El necio", ya cantó que a él los invasores le cortarán el badajo.

Pese a tener un segmento sumergido, el plan Bush no oculta para nada que su objetivo político es acabar con el gobierno de Cuba y, se puede deducir, idéntico destino aguarda a Hugo Chávez en Venezuela. La secretaria Rice y el procónsul McCarry afirmaron que los cubanos pueden contar "con nuestra ayuda concreta para un gobierno de transición en la isla". El mismo Bush, confirmando el sentido intervencionista de su programa, puntualizó en un comunicado oficial que lo planteado por la Comisión "demuestra que estamos trabajando activamente para un cambio en Cuba, no simplemente esperando el cambio". La acusación falaz de la Casa Blanca es que Castro tiene una agenda desestabilizadora de la región latinoamericana, implementada con el acuerdo y dinero de Chávez. La conclusión es obvia: Washington debe desembarazarse de ambos en nombre de la democracia y la convivencia.

Esa política no es nueva. Ya mencioné los intentos de matar al barbado comandante en jefe por parte del espionaje con sede en Langley, Virginia. Chávez se salvó raspando en abril de 2002, cuando un golpe proyanqui lo había sacado del Palacio de Miraflores.

Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, alertando contra el documento del imperio, lo comparó con el Mein Kampf de Adolf Hitler: "son los únicos ejemplos disponibles de planes para subyugar una nación anunciados públicamente".

No subirán el Turquino: Alarcón puso énfasis en denunciar el flanco más vulnerable del programa estadounidense como es la intención de reforzar el bloqueo contra Cuba y afectar los programas de asistencia a la salud de ciudadanos latinoamericanos. Bush quiere interrumpir la "Misión Milagros" donde Cuba y Venezuela se unen para operar de la vista a centenares de miles de personas de menores recursos. También se pretende interrumpir la fecunda labor de la Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam) y otros emprendimientos solidarios por el estilo.

Todos los países que comercien con La Habana o intercambien medicinas, equipos o servicios médicos, serán punibles a las represalias estadounidenses. Venezuela, a la que se hacen nueve menciones expresas, podría sufrir el extremo de que la mafia cubano-americana de Miami la demande en virtud del Capítulo III de la Ley Helms-Burton de 1996. Esta sección permite accionar ante tribunales estadounidenses contra compañías de terceros países que comercien con instituciones isleñas afincadas en las ex empresas nacionalizadas luego de 1959.

Estas aberraciones del bloqueo norteamericano ya fueron condenadas catorce veces consecutivas en la Asamblea General de la ONU. La última vez en noviembre de 2005 por una mayoría de 182 votos contra 4 y una abstención. Pero lo más importante es que las nuevas brutalidades enunciadas por la administración Bush van a despertar una mayor solidaridad con la pequeña nación afectada. Y no será -en la mayoría de las personas- una cuestión de afinidad ideológica con la revolución cubana, que también cuenta con el apoyo de sus amigos de siempre. En proporción serán más las adhesiones generadas por los sentimientos de la gente común, poco politizada. ¿De qué lado estarán los haitianos, bolivianos, guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses, etc? ¿Querrán que siga la Elam con más de 12.000 alumnos de medicina de condición humilde y las misiones de médicos cubanos en recónditos lugares de sus respectivos países? ¿O se inclinarán por el corte de esos servicios como quiere la "Comisión de Ayuda a Cuba Libre"? ¿Acaso los centenares de miles que recuperaron la visión tras ser operados de cataratas y otras limitaciones visuales, querrán volver a las tinieblas? George Grayson, un catedrático sensato de Virginia, objetó el bloqueo: "es como escalar el Everest con patines de ruedas, es una política tonta". Yo diría tonta y criminal.

Para capear posibles tormentas, los cubanos toman sus previsiones. Están saneando política e ideológicamente el Partido Comunista desde noviembre pasado, han hecho ejercicios militares de autodefensa en Pinar del Río y Guantánamo, y tres millones de estudiantes universitarios han pedido formación militar. El texano y sus marines no podrán escalar el Turquino, módica montaña en cotejo con el Himalaya, ni aunque vayan con todos los equipos en vez de patines de ruedas.


LA ADMINISTRACIÓN BUSH MÁS AGRESIVA CON CUBA
Los cubanos llenaron el Malecón y repudiaron a Bush

Desde que George W Bush llegó a la Casa Blanca en enero de 2001, las relaciones de EE.UU. con Cuba no cesaron de empeorar. Además del bloqueo hubo nuevas medidas de agresión. Los cubanos rechazaron al mal vecino con una marcha multitudinaria.

El gobierno cubano se quejó de maniobras de la administración Bush para restringir la venta de alimentos a la isla, que ésta venía pagando de contado a empresas estadounidenses durante los últimos cinco años. Esa forma de reforzar el bloqueo es una medida inhumana con un costado irracional ya que perjudica intereses de compañías y productores de estados de la Unión con poder electoral y de lobby en Washington. Quizás otro hubiera sido el cantar si las ventas en cuestión hubieran sido de la petrolera Halliburton, presidida hasta 2000 por Richard Cheney, o de algún socio del cartel petrolero de Texas cercano al clan Bush, o de una firma del complejo contratista del Pentágono. Pero los cubanos simplemente comercian, cuando los dejan, con las cerealeras de Illinois, y ahora ni siquiera los quieren tener como clientes. Dentro de lo criminal que es el gesto de la superpotencia, lo único que tiene de bueno es que grafica perfectamente que su objetivo es matar de hambre a once millones de cubanos. Si eso es defender los derechos humanos…

Y también retrata, para que nadie se haga el distraído, que la Casa Blanca no tiene la menor consideración por la Asamblea General de las Naciones Unidas que ininterrumpidamente desde 1992 viene reclamándole el cese de su bloqueo contra la mayor de las Antillas. El año pasado, esa resolución se aprobó por 182 votos a favor y sólo cuatro en contra, pero para Bush está escrita en papel mojado. Y en vez de levantar o al menor morigerar las sanciones contra su vecino, está incrementándolas. Eso sí, el mayor violador de las leyes internacionales amenaza hacer a Irán lo mismo que hizo a Irak con el argumento de que desacata los procedimientos de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Si uno se atiene a la letra de los discursos del presidente norteamericano, parecería que es el mayor cazaterroristas del planeta. Pero en relación a Cuba su oficio parece ser exactamente lo contrario. Es que en mayo del año pasado fue detenido por la policía estadounidense el terrorista y ex agente de la CIA de origen cubano-venezolano Luis Posada Carriles, quien además de otros delitos inflingió las leyes migratorias del país del norte. Se trata de quien organizó en 1976 el atentado contra el avión de Cubana de Aviación abatido con dos bombas cuando volaba sobre Barbados, lo que provocó la muerte de 73 personas. En la década del ´90 este personaje ideó, con apoyo financiero de la mafia del exilio cubano de Miami, los atentados contra hoteles de La Habana para perjudicar los imprescindibles ingresos provenientes del turismo. Una de las explosiones, en 1997, mató al turista italiano Fabio Di Celmo.

Posada Carriles fue liberado por agentes de la CIA de su prisión venezolana en 1985 y es un emblema de la contrarrevolución que durante 47 años quiso volver atrás la rueda de la historia en la patria de José Martí. El, Orlando Bosch, Santiago Alvarez y otros renegados de esa nacionalidad fueron captados como “operativos” por la CIA luego de la fracasada invasión de Playa Girón en 1961.

A estos sujetos les tocó el rol de poner bombas, colaborar con el “plan Cóndor” de las dictaduras latinoamericanas e intervenir en la guerra sucia en Centroamérica. En otros recayó la parte “intelectual”, como Otto Reich y Jorge Más Canosa, ex subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos en 2002-2003, y titular vitalicio, hasta su fallecimiento, de la Fundación Nacional Cubano-Americana, respectivamente.

Los familiares de los muertos en el avión de Barbados aún lloran a sus seres queridos. Esta causa es de tipo nacional- revolucionaria para ellos, el gobierno y la abrumadora mayoría de la población cubana. Algo similar sucedió en 1999 y 2000 con el niño Elián González que estaba virtualmente secuestrado por la gusanería de Miami: motivó una gran campaña política y diplomática, con millones de personas en marchas y actos clamando por su regreso. La historia de Elián tuvo un final feliz, de película.

Este martes hubo una demostración similar a esas en el Malecón, paseo habanero que da al mar, para reclamar a la administración Bush por el caso Posada Carriles.
Aunque el reo sigue detenido amablemente en El Paso, Texas, la intención oficial hecha pública es deportarlo a un tercer país que no sea Cuba ni Venezuela. El gobierno de Hugo Chávez ha exigido su extradición para juzgarlo por los crímenes del avión, pero el texano se aseguró que los estrados judiciales no lo fleten en esa dirección con la falacia de que allí pueden torturarlo. Si no fuera trágico, sería para reír. El que dice eso es el mismo que ordenó las torturas a los presos en Abu Ghraib, Guantánamo y una veintena de cárceles secretas en Europa oriental operadas por la CIA.

PROVOCACIONES DE LA SINA: Sólo un lector desprevenido pasaría por alto las razones por las que El Nuevo Herald de Miami llama a Posada Carriles “activista anticastrista” (ver edición del 24/1). Es obvio que al ponebombas lo maquillan como si fuera un mero opositor, porque ese medio organiza todos los años la “Conferencia de las Américas” y tiene una fina sintonía con la Fundación que José Más Santos heredó de su padre. Tan benigna calificación del terrorista tiene el mismo origen que la forma de calcular hacia abajo el número de manifestantes de la marcha cubana del martes. El diario de Miami y Associated Press lo estimaron en “cientos de miles de cubanos” mientras que el gobierno de Cuba y otras fuentes periodísticas lo calcularon en 1,4 millón de personas.

Como sea, la multitud caminó desde las 8 de la mañana hasta las 15 horas ante la Sección de Intereses de Norteamérica (Sina) en la isla, clamando porque Bush extradite a Posada Carriles hacia Venezuela para ser juzgado. El presidente Castro encabezó el acto y tuvo expresiones críticas contra el recrudecimiento del bloqueo decidido por Bush y la provocación urdida desde la Oficina de Intereses (un cartel electrónico ubicado en el quinto piso del edificio pasaba pasajes de la declaración de los derechos humanos y citas de Martin Luther King, con la intención de alentar a los disidentes contra “la dictadura”).

La Sina se ha convertido en el principal instrumento de provocación contra Cuba ya desde que su titular era James Cason, quien permaneció en ese puesto hasta el año pasado. Desde entonces está Michael Parmly, quien el sábado pasado organizó en su residencia una conferencia por internet donde el ex presidente polaco Lech Walesa dialogó con los “disidentes”. El polaco aconsejó a sus amigos, muchos de ellos pagos por la Sina, a “que se preparen para una inevitable transición democrática”. Así quiso insuflar aire a la decadente “Comisión para la transición a una Cuba Libre”, creada por Bush en 2004.

Parmly está ocupado en aglutinar a los contrarrevolucionarios que operan como la “quintacolumna” interna. En cambio no atiende, o lo hace en cuentagotas, a los cubanos que simplemente quieren viajar e incluso emigrar a EE.UU. Los acuerdos migratorios prevén el otorgamiento de hasta 20.000 visas anuales pero la Sina ha vulnerado ese compromiso. Parmly quiere que la negativa y la desesperación nutran la emigración ilegal, que haya historias de dolor y muerte y éstas sirvan de material para la propaganda anticubana.

Las cosas no andan bien para la Sina. Su cartel electrónico pasó mensajes a 1,4 millón de cubanos pero no reportó ninguna ganancia para el plan de “transición” hacia el capitalismo neocolonial. Es que la multitud fue al lugar convocada por Fidel Castro y a reiterar su repudio al imperio.


LA REVISTA FORBES LO CALUMNIÓ COMO MULTIMILLONARIO
Fidel Castro dejó mudo al imperio: renuncia si le prueban que tiene un dólar

El presidente cubano cumplirá ochenta años el 13 de agosto. Se nota que está más viejo pero no más rico como lo calumnió Forbes. Por la respuesta antológica que dio a la provocación, se nota que no tiene dólares y tampoco un pelo de tonto.

En EE.UU. pululan las publicaciones especializadas en justipreciar las fortunas y sus subi-bajas. Una cultura que pone al Dios Dinero en el centro de la ideología, necesita esa prensa que da detalles de los personajes del ranking pero nunca denuncian cómo hicieron para juntar dólares pisando cabezas de otros seres humanos.

Las primicias de Forbes y su competidora Fortune tienen muy pocos efectos positivos en la humanidad. Quizás el único, según mi opinión, es que dan cierto material que permite a la ONU ilustrar sus informes sobre la situación mundial y afirmar, por ejemplo, que cuatro multimillonarios tienen tanta riqueza como los 600 millones de habitantes de los países más pobres del planeta.

Hasta ahora tampoco provocaban mayor polémica. A lo sumo, el ricachón número cinco decía que estaba mal clasificado porque su patrimonio superaba al del ubicado en el escalón superior. Pero si el casillero top es de Bill Gates, de Warren Buffett o de uno de los hermanos Walton, de Wal Mart, no le cambiará la vida a nadie.

Pero hete aquí que la revista Forbes empezó a confeccionar un listado sobre los gobernantes más ricos, no ya sobre empresarios o banqueros. Y allí la traicionó su ideología ultraderechista y anticomunista, pues sin pruebas metió en ese podio al presidente cubano Fidel Castro. Ya lo había hecho antes, adjudicándole 110 millones de dólares de riqueza personal en 2003 y 550 millones en la actualización de 2005. El 4 de mayo último, Forbes llevó la apuesta a las nubes: Castro tenía supuestamente 900 millones y se ubicaba en el séptimo lugar del ranking, superando al presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang (600 millones), y a las reinas Victoria II de Inglaterra (500) y Beatriz de Holanda (270).

Es posible que -menos la inverosímil de Castro- las demás fortunas sean copiosas, como las de esas monarcas europeas y de quienes encabezan el listado, como el rey de Arabia Saudita, Abadlá Bin Abdulaziz (21.000 millones); el sultán de Brunei, Hassanal Bolkiah (20.000); el jeque de los Emiratos Arabes, Jalifa bin Zayed al Nahyan (19.000) y el emir de Dubai, Mohammad bin Rachid al Maktum (14.000).

Miente, miente…: Se atribuye al jefe de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, haber convertido en axioma el “miente, miente, que algo queda”. Imitándolo, Steve Forbes, el millonario dueño de la revista y de una cuenta personal de 1.839 millones de dólares, difundió su listado de superricos en la primera semana de mayo. La noticia fue devorada y defecada por la maquinaria mundial adicta a los imperios regidos por el dólar, el euro, el yen y la libra esterlina, con todos los medios gráficos, radiales, televisivos y electrónicos a disposición. El foco fue la supuesta billetera del líder cubano. La amarillista revista dijo haber calculado como ingresos de aquél un porcentaje de las ganancias del Palacio de las Convenciones, el conglomerado de negocios al por menor llamado Cimex y las ventas de vacunas y productos farmacéuticos de Medicuba.

Esas empresas y tantas otras existentes en Cuba, afortunadamente tienen ingresos con los que el país puede pagar sus importaciones de insumos, equipos, petróleo y maquinaria. Así se financian sus programas sociales y hacen sus ahorros e inversiones. Estas últimas son cuantiosas en la industria de medicamentos y la biotecnología: aproximadamente mil millones de dólares en los últimos años.
Pero que de allí vaya un billete al bolsillo de Castro, ese fue un invento urdido por el Departamento de Estado y la CIA, obsesionados por denigrar a quien mora en el Palacio de la Revolución, en La Habana.

La publicación fue aún más venenosa pues aludió a “rumores” sobre la existencia de cuentas bancarias en Suiza a nombre del mandatario y/o testaferros.

En años anteriores el acusado no contestó pero esta vez su paciencia se colmó o bien consideró políticamente que lo mejor era replicar. Y lo hizo a lo grande, el lunes 15 de mayo, en una comparecencia en la televisión y radio que duró cuatro horas y contó con el testimonio de cinco personalidades que dieron fe de su honestidad.

Luego de desmontar una por una las falacias, el comandante en jefe desafió a George Bush, la CIA y la revista a que demostraran que él tuviera una sola cuenta corriente en el extranjero y en tal caso renunciaría a la presidencia. Textualmente afirmó: “búsquenme una cuenta, un dólar; si prueban que tengo un solo dólar renuncio a mi cargo y a las funciones que estoy desempeñando, ya no le harían falta ni planes, ni transiciones”.

Ahora la pelota quedó picando en Wall Street y el Salón Oval. Algunos de los invitados del programa televisivo, como Francisco Soberón, titular del Banco Central de Cuba, se burlaron de la poca profesionalidad y el sesgo oficialista de la revista. Dijo: “Forbes podía atribuir a Bush el 10 por ciento de los 500.000 millones de dólares que anualmente y de manera impune se lavan en bancos norteamericanos procedentes del narcotráfico y el crimen organizado, o idéntico porcentaje de coimas y sobornos de los 280.456 millones de dólares que ha costado al contribuyente estadounidense la agresión contra Irak”. Con esos ingresos, el texano estaría cómodo al tope de los presidentes millonarios sin contar lo que ahorró durante sus dos mandatos en Washington, la venta de sus acciones en Harkem Energy y los vueltos de sus amigos de la energética Enron, autores del mayor fraude financiero en la superpotencia.

¿Por qué lo atacan?: A Fidel Castro no hace falta defenderlo porque en la vida le ha ido bastante bien defendiéndose personalmente, desde su alegato “La historia me absolverá” en el juicio durante la dictadura de Fulgencio Batista por la toma del Cuartel Moncada, en adelante. El hombre está saliendo indemne de este último ataque que quiso presentarlo como un “ladrón” y sobre todo como un “traidor” a los miles de cubanos que dieron sus vidas en la revolución cubana. Entre éstos, los que murieron en el intento de toma de la unidad en el oriente de la isla en 1953 y la represión posterior, los de Playa Girón de 1961, los del avión de “Cubana” que volaba sobre Barbados en 1976, los caídos en Angola y otras misiones internacionalistas, etc.

Si las autoridades estadounidenses han caído en maniobras tan burdas como las de Forbes, es porque se están quedando sin cartas, perdiendo la partida.

No pudieron matar al personaje pese a los 637 intentos de asesinatos pergeñados por la CIA y desbaratados por la seguridad cubana y del mismo blanco elegido.
Y peor aún para los capos de imperio, la revolución cubana sigue gozando de buena salud, como su casi octogenario jefe al que en 2005 lo dieron por fulminado por la demencia senil de Alzheimer y contestó con un magistral discurso, de memoria y de pie a lo largo de cuatro horas.

¿Por qué la administración Bush se “zarpó” en sus acusaciones? La clave hay que buscarla en las victorias de la isla, entre las que hay que mencionar, sólo en 2006: crecimiento económico del primer trimestre del 11,8 por ciento en cotejo con igual período del año anterior, firma del Tratado de Comercio de los Pueblos y ALBA con Bolivia (ya estaba conformado con Venezuela), confirmación de que la denuncia de Castro era correcta respecto a que el terrorista Luis Posada Carriles había ingresado en marzo de 2005 a EE.UU. con conocimiento del gobierno, votación de 135 países en la ONU para que Cuba integre el Consejo de Derechos Humanos e informe de cinco relatores de la ONU auspiciando el cierre de la prisión de Guantánamo donde 600 prisioneros fueron legalizados después de cuatro años.


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