..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.136, Viernes, 11 de agosto del 2006

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Entrevista a Leonardo Garnier
“Tenemos que perder el miedo”
Leonardo Garnier explicó que la juventud abandona las aulas colegios por problemas económicos y por la calidad deficiente de la educación.

Por María Flórez-Estrada
Redactora del Semanario Universidad

Antiguo colaborador de este boletín, Leonardo Garnier, actual Ministro de Educación Pública de la hermana República de Costa Rica, nos hace llegar estas reflexiones sobre el Sistema Educacional en su país y los proyectos a los que se enfrenta en su gestión Ministerial:

En un país como Costa Rica, en el cual 64% de la fuerza laboral no ha concluido la educación secundaria, el Ministerio de Educación Pública enfrenta el desafío tanto de transformarse institucionalmente, cuanto de elevar la calidad del servicio que ofrece. Así lo afirmó el economista Leonardo Garnier, Ministro de Educación Pública, durante una entrevista con UNIVERSIDAD que tuvo lugar el pasado 19 de julio, en el Semanario.

¿Cuál es el principal problema que afecta al Ministerio de Educación, como institución pública?

- El MEP es la empresa más grande de Centroamérica, son casi 70 mil funcionarios, y tiene una estructura organizativa y una cultura institucional, que no funcionaría en ninguna empresa de 200 empleados. Son dos los principales problemas: una mala estructura y una cultura institucional inadecuada. El viceministro administrativo decía, ilustrativamente, que el MEP es como un dinosaurio en patines, algo enorme y un poco amorfo, al que le pusieron patines para que se moviera un poco. El proceso de contratación de personal, de pago de planillas, de flujos de información -una carta puede durar tres días en pasar de la puerta del Ministerio a mi despacho-, es engorroso. Y por el lado de la estructura institucional es muy feudal, está muy fragmentado y hay una cultura del “no se arriesgue, siga la rutina, no trate de hacer cosas distintas, porque lo más seguro es apegarse a ellas, así no pasa nada”. Y esas son las dos cosas que yo quisiera cambiar en el MEP.

¿Cómo hará los cambios en estos cuatro años?

- Cuatro años son solo 200 semanas, y se van muy rápido. En este lapso uno puede mejorar la estructura, para que haya más organización por procesos. El MEP está mal centralizado y mal descentralizado, entonces no funciona para la alta jerarquía ni para las escuelas. Podemos hacer algunos cambios que mejoren eso. Y en la cultura institucional, me gustaría que fuera un lugar donde la gente corra riesgos, que se atreva a inventar cosas y a hacerlas distintas. Eso no es fácil, porque son muchos años de no correr riesgos. Hice una primera circular para que directores y autoridades de colegios asumieran su responsabilidad y su autoridad. A manera de anécdota, cuando vino el Mundial de fútbol, un director de un centro educativo llamó al despacho para preguntar si le dábamos permiso de llevar un televisor al colegio, para que los estudiantes vieran el partido de la Sele. Respondí a mi secretaria: “Si es director, dígale que dirija”. A los diez minutos volvió a llamar, y dijo que había hablado con el director regional y este le había dicho: “Mejor no se arriesgue”. Esa es la cultura. No es que en 200 semanas le vamos a dar 180 grados de vuelta a eso, pero hay mucha gente buena en el MEP.

Que el Gobierno recurra a pagar un subsidio para que el estudiantado no abandone escuelas y colegios, demuestra que existe un vínculo directo entre la deserción y un modelo económico que profundiza la desigualdad. Abandonan aulas porque los hogares necesitan que trabajen. ¿No es paradójico continuar con la misma política económica y dar subsidios para frenar la deserción?

- Obviamente, la educación es una parte de la sociedad. Lo que pase con ella depende de lo que pase con el resto, así como el resto va a depender, en parte, de lo que hagamos en educación. A mí la palabra “deserción” no me gusta. El desertor es el cobarde que se va del ejército para que no lo maten, y este no es el caso. Hay tres palabras para entender mejor por qué la gente se sale del colegio: exclusión, expulsión y repulsión. Hay un grupo de personas que se salen por pobres, como Ud. dice. Porque la familia, aunque esté hipotecando el futuro del joven, al sacarlo del colegio necesita ingresos , ya sea con la venta de chicles en la calle o el trabajo en el campo. Y, allí, lo que la experiencia internacional demuestra es que aunque sea una compensación, funciona. Porque lo que ganan los muchachos en la calle, no es mucho. Hicimos un estudio de costo de oportunidad y montamos un esquema según los distintos grados, del monto que se daría a las familias para compensar esos ingresos que obtendrían trabajando, condicionado a que se mantengan en la escuela. Eso claramente reconoce que hay una desigualdad en la sociedad y lo que pretende es romperla, aunque sea muy levemente. La ruptura no la hace el subsidio, sino mantenerse en la secundaria. Hay otros dos grupos, como las personas que salen por expulsión. Estudios recientes demuestran que se salen porque les cuesta mucho, y entonces repiten continuamente. A esos los expulsamos del sistema educativo, porque no es cierto que la secundaria sea muy difícil, cualquiera debería poder aprender eso. Si no lo hacen es porque se lo enseñamos mal. Hay problemas en la calidad del proceso educativo. Esta parte de la cobertura no se resuelve con un subsidio, sino al mejorar el proceso. Y el tercer grupo, es el más interesante: un muchacho dijo que se había salido del colegio porque era “un bostezo”. Y varios más dijeron que es aburrido, es decir, que el sistema educativo les genera repulsión, no es atractivo. Entonces, sentimos que debemos tener tres tipos de políticas para enfrentar el problema.

Está clara la política de subsidios con que atenderán al primer grupo. ¿Con cuáles atenderán a los otros dos?

- La clave, en el tema del subsidio, es que esté bien diseñado y que haya mecanismos de control. En cuanto a lo demás, es importante no separar el tema de la cobertura, de la calidad. La única forma de resolver la primera es enfocarse en la calidad. Y con la repulsión, no es solo la calidad sino la relevancia y lo atractivo de la educación. ¿Qué tan sexy es quedarse en el colegio? Los colegios se han vuelto horrorosamente aburridos.

¿Porque los profesores no se actualizan en cuanto a métodos de enseñanza e información? ¿Porque en el currículo no se incorporan materias relacionadas con las nuevas tecnologías?

- No creo que haya un único factor. Además, cuando uno habla de educación pública lo hace como si fuera una sola cosa, y hay muchas, distintas: los colegios técnicos, los laboratorios, hay 14 tipos distintos.

Pero, entonces, hay una oferta amplia. ¿Qué está fallando?

- Hay una oferta amplia y la deserción o la repulsión es distinta. Por ejemplo, es menor en los colegios técnicos que en los académicos. Es muy baja en algunas escuelas o colegios científicos. Los experimentos hechos en este campo demuestran que se puede hacer una buena educación pública. Si toda fuera mala, estaríamos en un problema mucho más serio. Y no, hay muchas partes de la educación pública que son muy buenas. Una cosa curiosa es que, a diferencia de lo que pasa en otros países, la mayoría de los que salen no están trabajando. En Costa Rica hay un porcentaje muy alto de quienes dicen: “ni estudia ni trabaja”. Viven de la familia.

¿O sea que los de este grupo no son tan pobres?

- No. Algunos salieron después de perder el año tres veces, y están allí viendo tele. Esto tiene que ver con calidad, con atractivo, relevancia. Llegamos a la conclusión de que lo más importante en la educación, es la calidad de los docentes. Y allí nos preguntamos qué es lo que las universidades están entregando al Ministerio. El MEP no ha sido un buen ‘contador’, para decirlo en términos económicos. No le ha dicho a las universidades qué es lo que necesita. Ha estado ‘comprando’ títulos sin preguntar qué son, cuando tenemos más de 300 carreras de educación. Por eso planteamos tres cosas: uno, que el MEP empiece a completar su trabajo de hacer los perfiles de las necesidades; dos, que el MEP desarrolle mecanismos que vayan más allá de pedir un título; o sea, además del título, los profesores de inglés o matemáticas, pasen un examen. Y el MEP tiene derecho de hacer ese tipo de pruebas de idoneidad a la hora de contratar. Y tres, creo que el país debe avanzar hacia la acreditación obligatoria en áreas como salud y educación. Así le pondríamos un piso a la calidad de los programas de educación y salud. Esto resuelve el caso de los docentes futuros. El otro problema es qué hacer con los más de 55.000 que ya están aquí. Para ellos montaríamos un programa de desarrollo profesional permanente, de capacitación y actualización de docentes. El MEP debe ser la única corporación de 70 mil funcionarios que no tiene un programa de estos, lo cual es absurdo. Le pondremos un gran énfasis a esto, no solo para el cuerpo docente, sino para los directores. Porque hay una relación enorme entre la calidad de un centro educativo y la calidad del director.

El mercado de trabajo sigue reproduciendo la segmentación de ocupaciones según el género de las personas. Hay muy pocas mujeres ingenieras o programadoras de computación. ¿Cómo se abordará este problema desde la educación pública?

- Para mí este es un tema muy cercano, porque soy padre de dos hijas. Es el tema en el que más ha cambiado el mundo en los últimos 50 años. Si uno ve la proporción de mujeres que estudian y trabajan hoy, en relación con hace 40 años, nada que ver. Hay una tendencia positiva pero por supuesto que dentro de eso están los hechos que menciona. Todavía hay carreras que son típicamente masculinas. En ingeniería mecánica, por ejemplo, hay pocas mujeres. En otras, ha cambiado mucho, como en medicina También pasa que cuando una carrera se convierte en una de mujeres, los sueldos ya no aumentan tan rápido como antes. (Se ríe). Pero hay tradiciones duras de romper y creo que parte de lo que uno tiene que hacer desde el sistema educativo y en general, desde la política, es impulsar cambios que quiebren esos roles. En el MEP ha habido un esfuerzo interno en la división curricular, desde los 80, por eliminar los textos con sesgos de género, étnicos, religiosos. La idea es incorporar un enfoque de derechos al proceso educativo y entender un poco el sentido de la ciudadanía, que todos somos iguales, sin el “más o menos”. Básicamente reforzaríamos la visión de derechos dentro del proceso educativo y dentro del funcionamiento del MEP, porque uno no puede pretender que la educación sea de una forma y que la administración sea de otra. En particular, el papel de Alejandrina Mata como viceministra, es muy importante, no solo por su capacidad académica, sino porque fue Vicerrectora de Vida Estudiantil en la UCR.

Los nuevos puestos de trabajo que se crean con inversión externa requieren del dominio del inglés y de la computación básica. ¿Es ese el nuevo perfil de persona trabajadora ideal que el MEP tratará de producir?

- La informática y el inglés es cierto que hacen falta en China, Europa o Costa Rica. El inglés se ha convertido en el segundo idioma del mundo. Y el manejo de las computadoras es como el equivalente a saber leer. Pero, me parece que eso es obviamente, insuficiente. Trataremos de desarrollar un área en el sistema educativo llamada “de estética y ciudadanía”. Me parece fundamental, no solo en sí misma, sino también para la competitividad. Si uno está diciendo que quiere generar mejores empleos, más sofisticados, mejor pagados, los productos que pueden pagar eso, son también los mejor pagados, con más valor agregado. Esos mayores precios se asocian tanto al producto en sí como al diseño, al mercadeo. No es lo mismo hablar -para ponerlo en términos caricaturescos- de Óscar de la Renta, que de la maquila de República Dominicana. Y ambos son textiles de ese país. En un caso, se está vendiendo diseño, y en el otro, mano de obra barata. Una educación que no desarrolle el sentido ético, el estético, la apreciación por la belleza, el arte, la educación física, y que no estimule en la juventud un sentido de convivencia, de cómo compartir y de cómo manejar los conflictos, no merece el nombre de educación, y no prepara para funcionar bien en la vida social, ni en la política, ni en la empresa. Me parece que los jóvenes deben empoderarse y sentir que pueden cambiar cosas. Y allí el juego, el deporte, el teatro, son claves para lograr esto. Sin esto no vamos a tener la persona trabajadora que Costa Rica necesita.

Con la gran intervención que todavía tiene la religión católica, en la política pública educativa, el Estado no juega su papel rector en cuanto a informar adecuadamente a la niñez y a la juventud en materia de sexo, de modo que se incrementan los embarazos en niñas y adolescentes, y esto otra vez, se atiende con subsidios especiales.

- Este tema siempre ha sido delicado, y no siempre se maneja bien. Hay muchos miedos alrededor de él, que yo nunca los he entendido. A mí me da más miedo el número de adolescentes embarazadas, que la educación sexual. Cualquier sociedad debe tener una política de educación sexual. Deberíamos encontrar un terreno común, porque hay partes más liberales de la sociedad, y otras más conservadoras, y uno no puede desconocer esto. Y como la educación es pública, no puede responder solo a la posición de algunos grupos. ¿Cómo juntar la necesidad de que haya información con la de que haya formación? Una cosa clave, en esto, es que el tema de la educación sexual tiene que partir de un respeto por los muchachos y las muchachas. No son tontos ni ignorantes, y no es que salen de la casa donde están encerrados sin ver el mundo y van a las otras cuatro paredes de la escuela. En la casa tienen acceso a Internet, periódicos, revistas; tienen amigos, el tema de la vida sexual está muy presente en sus vidas desde muy pequeños, y en la escuela y el colegio también. No ver eso y pensar que uno podría no dar información, pensando que así evita relaciones sexuales, es el peor error. Tiene que haber acceso a la información, pero eso tiene que darse en un contexto de autoestima. Los muchachos y las muchachas tienen que respetarse ellos mismos para exigir que los demás los respeten.

Pero entonces, ¿el MEP lo abordará de alguna manera concreta? Se habló de unas guías que fueron bloqueadas por la jerarquía católica.

- Tiene que haber educación sexual en las escuelas y los colegios. Yo uso una frase que ha sido mal interpretada: “Nadie aprende sobre sexo en guías sexuales”. A mí me parece que eso es cierto. Todos pasamos por la adolescencia, y sobre sexo se aprende de muchas formas. Con eso no quise decir que no deberían haber guías sexuales. Simplemente no apostaría a que por tener unas buenas guías, hay buena educación sexual en los colegios. Y lo otro es que no pretendería que solo lo que se haga en las escuelas y colegios va a ser educación sexual. Hay una parte de ella que va a ocurrir en los hogares; a veces para bien y a veces para mal. En parte, las políticas públicas, pero también las acciones de los distintos grupos de la sociedad deberían apuntarle a cómo es que se aprende sexualidad. Por ejemplo, el respeto a las personas homosexuales. Me parece que, en Costa Rica, eso ha avanzado más gracias a los programas de la televisión estadounidense, que a alguna política pública. Porque, en Estados Unidos, ese tema ha avanzado más rápido que en Costa Rica, se han acostumbrado a que hay distintas preferencias sexuales, y que eso no hace que una persona sea menos respetable, o menos persona. Y nuestros muchachos ven esos mismos programas en televisión. Y como ese, hay muchos temas a los que la gente tiene acceso en los medios. La pregunta es cómo hacemos para que haya un tratamiento responsable de estos temas en los medios, porque no todo lo que se pasa en televisión es responsable.
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Gracias, y saludos

Cordialmente,

Leonardo Garnier




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