..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.137, Viernes, 18 de agosto del 2006

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¡Fidel, Hugo, Raúl!
Por Winston Orrillo, (Perú)

"Sólo la muerte morirá"
César Vallejo

Todo fue verlos, juntos, por las imágenes irrefutables de las pantallas.

Y las bestias empezaron a corcovear. Y los infundios, las arterías y todas las toneladas de basura que habían sido derramadas en estos trémulos días, por los medios de prostitución informativa, empezaron a deshacerse.

"Que Fidel había fallecido". "Que lo estaban embalsamando". "Que Raúl era solo un nombre, sin capacidad de aparecer en público". "Que la Revolución hacía agua". "Que el comunicado del Comandante era apócrifo"...

En fin, la gusanera de Miami, y sus cajas de resonancia S.A. (en todos los paisillos) hacían hasta blogs para continuar, ad infinitum, la difamación.

Pero todo se fue, como se dice -muy cubanamente- p´al carajo.

No solo apareció nuestro Comandante, muy jovial, sino que, a su lado, uno de sus primogénitos, el querido Comandante Hugo Chávez, otra bête noir para el imperialismo y sus cognados; un bolivariano y revolucionario que quiere, para su país, lo que soñó el Libertador Bolívar, y el Libertador Fidel, entre otros (Túpac Amaru, Martí, Mariátegui, El Che...).

Solo faltaba Evo, pero, cuando nadie lo esperaba: emergió otro de los grandes comandantes de América: Raúl Castro Ruz, hermano menor de Fidel, y encargado del Gobierno de la Patria de Martí.

Y para no hablar del currículum de Raúl, y de sus méritos para ocupar la dirección del Gobierno, bastaría saber que él es el responsable directo de haber aniquilado los más de quinientos atentados contra la vida de Fidel, organizados, financiados y preparados por los terroristas de Miami, bajo la progenitura del Gobierno de los Estados Unidos de América, y su brazo negro, conocido más popularmente como CIA.

Fue un encuentro en la sala del hospital habanero donde Fidel se restablecía. Fue un encuentro cordial entre compañeros que hacían bromas, como la de Hugo con la "operación" de la nariz del Comandante en Jefe, a lo que retrucó Raúl que no podían desarreglarle su "perfecto perfil griego".

Y el intercambio de presentes, como los históricos traídos por Hugo, y el obsequio de Fidel a éste, que consistió en un retrato que le hiciera el inmortal David Alfaro Siqueiros.

En todos los rostros se veía la sonrisa, esa aurora que alumbra los rostros de los hombres buenos, de los que saben que están en el camino correcto, en la senda que, desde hace mucho, nuestra gran humanidad, ha venido buscando.

Frente a ello, ¿qué significado pueden tener las deletéreas y cotidianas excrecencias que nos endilgan radios, televisoras y periódicos de alcantarilla, propiedad de mafiosos y prontuariados, con especulaciones y tergiversaciones que conocemos de memoria?

Este trío de héroes -Fidel, Raúl, Hugo- fueron el mejor regalo de un comienzo de semana diáfano que solo puede indicar la continuidad irreversible, impertérrita, incoercible, de la bienamada Revolución Cubana, y el surgimiento del alba para nuestras naciones hermanas de la América tantas veces esquilmada, y ahora en pie de lucha.

Frente a esta verdad, tan sólida como un puño, qué importan las marionetas que creen que tienen carta de ciudadanía para seguir utilizando una democracia que ellos han prostituido, y usan a su regalado y dolarizado gusto?

¿Qué importan las tristes polichinelas que en la ópera bufa de sus gobiernos pretenden hacer uso de un poder apócrifo y que el pueblo sabrá, a su debido tiempo, reclamarles?

Gracias a los tres Comandantes por habernos reafirmado en nuestro fe absoluta en la vida, en su condición integérrima de revolucionarios, en su ejemplo ya tachonado en lo mejor de la historia de nuestras repúblicas dolorosas. (Martí dixit)

Enviado por su autor

 




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