..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.137, Viernes, 18 de agosto del 2006

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La historia lo absolverá y lo sanará
Por Marcelo J. Levy

En medio de la recuperación del Comandante Fidel Castro, su vuelta de la Argentina y las opiniones cruzadas, levantar la bandera del 26 de julio, es un acto de justicia. La historia de esa noche que cambió el curso de la historia de Cuba y de Latinoamérica.

Cuando me disponía a terminar con el recordatorio de la gloriosa gesta del Asalto al Cuartel Moncada aparece, en boca de todos, el estado de salud de Fidel Castro, algo ineludible a la hora de hablar de la patria de Martí. Dichos y contradichos en torno a la Figura de Comandante, festejos en la gusanera de Miami, preocupación en la Cuba revolucionaria.

Veamos un poco de historia, lo mejor que se puede hacer en momentos como este de tanta incertidumbre. Veamos quién es el verdadero Fidel Castro y por qué cosas daba la vida junto con todos aquellos revolucionarios que confeccionaron ese camino.

El 26 de julio de 1953, Año del Centenario de José Martí, la ciudad de Santiago se despertó con el tableteo de las ametralladoras y un intenso tiroteo de armas de distintos calibres que obligó a salir de sus casas a gran parte de sus habitantes a excepción de los que a esa hora -cinco y quince de la mañana, aproximadamente- se encontraban en la calle camino de sus casas después de una noche de carnaval.

Fue domingo de Santa Ana, la víspera se había celebrado la fiesta por el santo patrón de la ciudad, Santiago Apóstol. Con ese motivo, desde días anteriores, como es tradicional, habían estado arribando a la ciudad cientos o quizás miles de personas procedentes de otras provincias, entre ellas un contingente de 165 jóvenes que venían del occidente de la Isla, quienes tenían propósitos bien distintos de los de participar en los carnavales santiagueros; estos jóvenes revolucionarios cuyo heroísmo trascendería a la historia, asaltaron el cuartel Moncada, la segunda fortaleza militar en importancia del país.

Los atacantes del Moncada habían decidido reivindicar la memoria del Apóstol José Martí en el año de su centenario. Al frente de aquella vanguardia iban Fidel Castro y, como segundo jefe, Abel Santamaría.

Al día siguiente del asalto al Moncada, el primer periódico que apareció fue Prensa Universal, de Santiago de Cuba, cuyos ejemplares el pueblo prácticamente arrancaba de las manos de sus vendedores. Algunos ejemplares, que tenían valor de tres centavos, se vendieron a un peso y más. El principal cintillo del periódico en primera plana decía: ASALTADO MONCADA, 48 MUERTOS Y 29 HERIDOS. Transcurridas varias horas más, esas cifras ya no correspondían a la realidad.

¿Qué es lo que pasa? Esa fue la pregunta que se hacía todo el mundo al amanecer. Cuando la población comenzó a darse cuenta de que los tiros provenían del cuartel Moncada, la alarma creció y fue agravándose por la falta de noticias. El silencio o la negativa descarnada a dar noticias que mantuvieron los jefes militares y civiles del régimen se prolongó hasta la entrada la tarde del 26. Ni las estaciones de policía, ni el cuartel, ni el distrito naval daban una versión exacta de lo que estaba sucediendo. Esto provocó infinidad de rumores acentuándose el de que se trataba de una lucha entre soldados, ya que algunos vecinos del cuartel vieron que todos los contendientes estaban vestidos de caqui amarillo.

Las primeras referencias de una acción revolucionaria protagonizada por jóvenes de La Habana alertaron al pueblo, que de inmediato comenzó a organizarse de forma embrionaria para prestar cualquier ayuda posible a esos jóvenes, aún sin conocerlos.

El tiroteo, que al principio se sentía intenso e ininterrumpido, se mantuvo luego en forma esporádica hasta pasadas las diez de la mañana, aproximadamente, en que cesó. A partir de ese momento comenzaron a escucharse descargas aisladas. A esa hora la población comenzó a invadir los lugares públicos, dirigiéndose al centro de la ciudad en busca de información. Empezaron a salir algunas patrullas y se efectuaron numerosas detenciones entre los dirigentes de los partidos políticos de oposición.

La mayoría de los detenidos en las primeras horas y los días sucesivos en Santiago, e incluso en La Habana, eran dirigentes de los partidos Auténtico y Ortodoxo, así como del Socialista Popular (Comunista) y líderes estudiantiles conocidos.

Cerca del mediodía, fueron llevados al cuartel Moncada para someterlos a interrogatorios, entre otros, los profesores Raúl Gutiérrez Serrano, Felipe Martínez Arango, la señora Alicia Jiménez y el señor Eduardo Cañas Abril. Luego se dispuso su libertad; algunos de ellos se encontraban de tránsito en Santiago de Cuba y ninguno tenía vinculación con los hechos.

Se informó que el centro de mando de los revolucionarios se encontraba en la granjita Siboney, propiedad del comerciante José Vázquez, quien la alquiló a unos jóvenes procedentes de La Habana para la instalación de un negocio de pollos.

En horas de la tarde del día 26 el comandante Andrés Pérez Chaumont, que llegó al cuartel después del combate, vestido de civil para que no lo reconocieran, encabezó las "operaciones de limpieza" en las afueras de la ciudad.

Por versiones de vecinos y de algunos empleados del Hospital Civil, se supo que los militares habían detenido a un grupo de combatientes que ocuparon el Saturnino Lora, entre ellos dos mujeres y a un médico. Sin embargo, este punto no fue confirmado por las "autoridades", que dijeron a los periodistas que en el Moncada "no había prisioneros". Los primeros combatientes asesinados, sin duda, fueron los del Hospital Civil, detenidos con Abel Santamaría.

El Saturnino Lora había sido ocupado en acción sincronizada con la toma de la posta tres, e igualmente de la Audiencia. Mientras el propio jefe de la acción, Fidel Castro, tomaba la posta con un contingente de sus compañeros, Abel Santamaría, segundo jefe, ocupaba el Hospital Civil -frente al Moncada- que constituía la retaguardia. La toma del hospital evitaba que esa posición estratégica la ocuparan elementos del regimiento y desde allí atacaran a los combatientes que asaltaron la fortaleza. Un tercer grupo, dirigido por Raúl, tomó el Palacio de Justicia, flanco izquierdo del Moncada.

Los vecinos del hospital Saturnino Lora vieron cuando a media mañana la soldadesca inició la "operación limpieza" en las zonas colindantes del Moncada y sacaron del Hospital Civil al masivo grupo de prisioneros. Eran veintiún combatientes, incluyendo al médico, doctor Mario Muñoz Monroy, y las dos mujeres, Melba Hernández y Haydée Santamaría. De ese grupo de detenidos sólo salvaron la vida las dos mujeres.

Las fuerzas del ejército, la marina y la policía, que mientras se desarrollaba el combate permanecieron en sus respectivas guarniciones, salieron después de las once de la mañana y se originaron algunos incidentes y tiroteos en la ciudad. Todos los establecimientos comerciales que acostumbraban a abrir los domingos cerraron sus puertas el 26 de julio.

Los ómnibus de servicio urbano que comenzaron a circular en forma regular suspendieron sus actividades al mediodía, y todos los vehículos que entraban o salían de la ciudad eran minuciosamente registrados en la carretera por miembros del Servicio de Inteligencia Militar y fuerzas de la Guardia Rural.

Las mismas fuentes oficiales y personas que llegaban de Bayamo dieron a conocer que simultáneamente con la acción del Moncada, se había producido el asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de aquella ciudad, por un grupo de idéntica procedencia al que actuó en Santiago. El primer parte oficial daba dos bajas por muerte en el grupo de los asaltantes, más un policía muerto y varios militares heridos. Según los informes de los corresponsales de Bayamo, los combatientes se habían hospedado en el hotel Gran Casino, situado cerca de la Carretera Central y del cuartel. También se informó sobre el inicio de "la búsqueda de fugitivos" en el monte.

Bajo el título de "Los insurrectos heridos", el periódico Prensa Universal insertó la siguiente nota: "Entre los heridos de bala que recibieron asistencia en la Casa de Socorro de Trocha, se encontraban Ismael Ricondo Fernández, de 23 años, que dijo ser vecino de la calle República 79, Artemisa, provincia de Pinar del Río, quien presentaba heridas de bala en la mano derecha de pronóstico grave, y Guillermo Elizarde Sotolongo, también de 23 años, que dijo ser residente de Santa Clara (provincia de Las Villas), pudiendo conocerse que ambos fueron remitidos al cuartel Moncada, donde quedaron internados por suponérseles participantes del grupo de presuntos asaltantes a esa guarnición".

En su histórico alegato "La historia me Absolverá", dijo Fidel refiriéndose a estos crímenes:

"Terminado el combate se lanzaron como fieras enfurecidas sobre la ciudad de Santiago de Cuba y contra la población indefensa saciaron las primeras iras. En plena calle y muy lejos del lugar donde fue la lucha le atravesaron el pecho de un balazo a un niño inocente que jugaba frente a la puerta de su casa, y cuando el padre se acercó a recogerlo le atravesaron la frente con otro balazo.
"Al ‘Niño Cala’ que iba para su casa con un cartucho de pan en las manos, lo balacearon sin mediar palabra. Sería interminable referir los crímenes y atropellos que se cometieron contra la población civil. Y si de esta forma actuaron con los que no habían participado en la acción, ya puede suponerse la horrible suerte que corrieron los prisioneros participantes o que ellos creían que habían participado; porque así como en esta causa involucraron a muchas personas ajenas por completo a los hechos, así también mataron a muchos de los prisioneros detenidos que no tenían nada que ver con el ataque; éstos no están incluidos en las cifras de víctimas que han dado, las cuales se refieren exclusivamente a los hombres nuestros. Algún día se sabrá el número total de inmolados".-

53 años después la historia los volvió a llevar allí. Y como entonces, el mismo jefe los guió en nuevo asalto, pero esta vez con armas más poderosas que las de fuego. La indestructible fuerza de la verdad y la moral detonó medio siglo después.
26 de julio. No sólo se conmemoran años de la gesta que parió la más profunda y verdadera revolución que conoce la humanidad.

Se conmemora la fidelidad a las mismas ideas, que en el centenario del fundador del Partido Revolucionario Cubano, inspiraron la rebelión en la mañana de la Santa Ana de aquel Julio de 1953.

Celebramos el cumplimiento del Programa del Moncada, que como dijera el más martiano de los cubanos, "se sobrecumplió"; se honra la dignidad y valentía multiplicada de un pueblo que ha sabido defender su obra, porque ha sabido beber de su historia y no traicionarla nunca; se conmemora el haber convertido los sueños en realidades; se recuerda a quienes no pudieron ver la victoria, aunque la escribieron y hoy están en cada nuevo triunfo de la Revolución.

La Cuba del Moncada, con su pesadilla social de analfabetismo, enfermedades, desamparo social, desempleo, desalojo, familias campesinas sin tierras y muerte, desapareció porque se levantó la Cuba de la Ciudad Escolar 26 de Julio con su potencial educacional, de salud —con niveles superiores a las grandes potencias—; con su ejército de científicos, de deportistas; con su magisterio de solidaridad con los más pobres; de niños y jóvenes con conocimientos tres, cuatro veces superior a muchos de sus compañeritos y compañeritas de otras latitudes.

Ante tan colosal obra hay mucho derecho a exigir respeto por nuestra soberanía, a responder frente a las calumnias de una Comunidad que intenta, por reconciliarse con los amos del mundo, flagelarnos suspendiendo créditos y ayuda humanitaria, convertidas en migajas que jamás un pueblo digno pudiera aceptar.

La Revolución Cubana continúa llevando adelante aquellos ideales que hace 53 años presentaban los héroes de Moncada. No hay fuerza sobre la tierra como dice Fidel que venza a todo un pueblo unido y luchando en defensa de aquello por lo que lo hizo grande.
Fidel Castro continúa recuperándose para alegría de muchos y desgracia de otros, lo que debe saberse es que la revolución existirá con o sin Fidel, en cada cubano, en cada circulo infantil, en cada Comité de Defensa de la Revolución, por mal que les pese a algunos.

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