..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.137, Viernes, 18 de agosto del 2006

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Ser Bibliotecario
Por Alejandro Micalucci

En una de las listas de distribución más leída de nuestra profesión, un joven –creo adivinar- colega, dejó este texto que llegó hasta el fondo de mi sensibilidad, sacando a flote todos y cada uno de los momentos tristes o alegres que esta profesión que eligiera hace la friolera de 34 años, me ha entregado… y quise compartir con Alejandro otros textos, que nos dicen qué nos trajo y qué nos retiene en esta profesión.

Porque como bien expresara Alejandro “Cuando se elige ser Bibliotecario se es Bibliotecario las veinticuatro horas del día…”:

Ser Bibliotecario

Cuando uno elige una carrera, que es su vocación, se entrega a ella con cada fibra de su ser. No se es médico las seis u ocho horas que se está en un hospital o clínica. El arquitecto lo es hasta cuando pasea. El músico no puede disfrutar ningún concierto sin observar que instrumento esta desafinado o que cual ejecutante entró tarde en determinado pasaje…

Cuando se [elige?] ser Bibliotecario se es Bibliotecario las veinticuatro horas del día… cuando se sienten mariposas en el estómago frente al pedido de un usuario y hacemos lo imposible por satisfacerlo, cuando la ropa nos queda chica al inflarnos de orgullo cuando nos agradecen la información ofrecida, cuando podemos navegar por aguas turbulentas y llegar a puertos tranquilos con nuestra nave intacta… entonces podemos afirmar que somos lo que elegimos ser: Bibliotecarios, Profesionales de la Información, Documentalistas, o como quieran llamarnos…

Alejandro Micalucci – Auxiliar Bibliotecario

Tomado de una lista de la profesión


Texto de María Moliner dirigiéndose en 1937 a los bibliotecarios rurales:

"Estas Instrucciones van especialmente dirigidas a ayudar en su tarea a los bibliotecarios provistos de poca experiencia y que tienen a su cargo bibliotecas pequeñas y recientes. Porque, si el éxito de una biblioteca depende en grandísima parte del bibliotecario, esto es tanto más verdad cuanto más corta es la historia o tradición de ese establecimiento. En una biblioteca de larga historia, el público ya experimentado, lejos de necesitar estímulos para leer, tiene sus exigencias, y el bibliotecario puede limitarse a satisfacerlas cumpliendo su obligación de una manera casi automática. Pero el encargado de una biblioteca que comienza a vivir ha de hacer una labor mucho más personal, poniendo su alma en ella. No será esto posible sin entusiasmo, y el entusiasmo no nace sino de la fe. El bibliotecario, para poner entusiasmo en su tarea, necesita creer en estas dos cosas: en la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente a quien va a servir, y en la eficacia de su propia misión para contribuir a este mejoramiento.

No será buen bibliotecario el individuo que recibe invariablemente al forastero con palabras que tenemos grabadas en el cerebro, a fuerza de oírlas, los que con una misión cultural hemos visitado pueblos españoles: «Mire usted: en este pueblo son muy cerriles: usted hábleles de ir al baile, al fútbol o al cine, pero... ¡A la biblioteca...!».

No, amigos bibliotecarios, no. En vuestro pueblo la gente no es más cerril que en otros pueblos de España ni que en otros pueblos del mundo. Probad a hablarles de cultura y veréis cómo sus ojos se abren y sus cabezas se mueven en un gesto de asentimiento, y cómo invariablemente responden: ¡Eso, eso es lo que nos hace falta: cultura!

Ellos presienten, en efecto, que es cultura lo que necesitan, que sin ella no hay posibilidad de liberación efectiva, que sólo ella ha de dotarles de impulso suficiente para incorporarse a la marcha fatal del progreso humano sin riesgo de ser revolcados: sienten también que la cultura que a ellos les está negada es un privilegio más que confiere a ciertas gentes sin ninguna superioridad intrínseca sobre ellos, a veces con un valor moral nulo, una superioridad efectiva en estimación de la sociedad, en posición económica, etcétera. Y se revuelven contra esto que vagamente comprenden pidiendo, cultura, cultura... Pero, claro, si se les pregunta qué es concretamente lo que quieren decir con eso, no saben explicarlo. Y no saben tampoco que el camino de la cultura es áspero, sobre todo cuando para emprenderlo hay que romper con una tradición de abandono conservada por generaciones y generaciones.

Tú, bibliotecario, sí debes saberlo, y debes comprenderles y disculparles y ayudarles. No es extraño que una biblioteca recibida con gran entusiasmo quede al poco tiempo abandonada si se la confía a su propia suerte: no es extraño que el libro cogido con propósito de leerlo se caiga al poco rato de las manos y el lector lo abandone para ir a distraerse con la película a cuya trama su inteligencia se abandona sin esfuerzo. Todo esto ocurre; pero no ocurre sólo en tu pueblo, ni lo hacen sólo tus convecinos; ocurre en todas partes, y ahí radica precisamente tu misión: en conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a otra distracción.

La segunda cosa que necesita creer el bibliotecario es en la eficacia de su propia misión. Para valorarla, pensad tan sólo en lo que sería nuestra España si en todas las ciudades, en todos los pueblos, en las aldeas más humildes, hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros. ¡Tantas son las consecuencias que se adivinan si una tal situación llegase a ser realidad, que no es posible ni empezar a enunciarlas...!

[…]


(*) Prólogo de Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas. Valencia (España), 1937. [Ver imagen 2]

http://bretemas.blogspot.com/2006/07/mara-moliner-aos-bibliotecarios-rurais.html


Los bibliotecarios… ¿leen? (I)

“El maestro enseña la lectura desde su clase desde el punto de vista curricular, pero desde el punto de vista extracurricular, el bibliotecario tiene que motivar la lectura”

Dominica: juegos para leer o la lectura como juego
Por María Antonia Borroto

Dominica Legañoa Ferrá, con cerca de treinta años de experiencia como bibliotecaria, sorprende por su dinamismo y alegría. Recuerdo que fue escuchada en vilo por los participantes en un evento organizado por la Biblioteca Provincial, pues sus palabras tenían tal fuerza y sabiduría que no escucharla hubiese sido casi un pecado.

Ese día sentí que una entrevista con ella, amén de entretenida, debía ser muy útil. Un tiempo después, el sello Bachiller y Morales, reconocimiento de la Asociación Cubana de Bibliotecarios, me dio la excusa necesaria, máxime al saber que es la primera representante del sistema de bibliotecas escolares de Camagüey que recibe la importante distinción.

A grandes rasgos, puedo decirles que si bien llegó a la Bibliotecología "como llega mucha gente a cualquier trabajo, por hacer algo", rápidamente se enamoró de la profesión recomendada por una amiga de su mamá. Ya era bachiller, sin embargo, una prohibición paterna le impidió estudiar Bioquímica Farmacéutica en La Habana, carrera en la que hoy es imposible concebirla. Su primer centro de trabajo, como auxiliar de biblioteca, fue el Centro de Documentación Pedagógica Provincial, "en esos momentos, año 72, con gran cantidad de recursos para el aprendizaje. Recuerdo que me pusieron a hacer un inventario de la colección, con alrededor de treinta mil ejemplares. Fue un trabajo arduo gracias al que pude ser una referencista muy sagaz: sabía buscar lo que la gente necesitaba porque conocía toda la información. Al concluir el técnico medio fui profesora de todos los cursos subsiguientes, y después, en el 76, comencé a estudiar la Licenciatura en Español y Literatura en el Pedagógico, carrera que nunca ejercí, pero que me ha servido de mucho." Entonces pasó a ser especialista del sistema de información educacional y ya después, metodóloga provincial. Desde hace seis años trabaja en el Instituto Superior Pedagógico, como metodóloga de información, y es además profesora adjunta de la Universidad de Camagüey.

¿Qué características debe tener un bibliotecario?

En primer lugar, ética; una ética que le permita brindar un servicio personalizado y guardar, si el caso lo merece, la debida discreción. La ética también tiene que ver con el uso del presupuesto destinado a la adquisición de libros, pues tiene que disponer de éste en interés de los usuarios potenciales de la institución.
El trabajador de la información tiene que ser una persona instruida que logre empatía con los usuarios, con muy buen carácter y hasta con sentido del humor. Un factor primordial es la entrevista con el usuario, pues debe saber qué preguntarle, única forma de complacerlo. Debe estar orientado hacia el usuario y ser de pensamiento muy rápido. Hay un acróstico al respecto hecho con las letras de la palabra profesional: profundo, rápido, orientado hacia el usuario, flexible, ético, sencillo, instruido, organizado, novedoso, actualizado y líder. Importante esto último, el liderazgo. Situándonos ya en el sector educacional, debe promocionar lo nuevo que llega. Debe ser admirado por los demás, para así ganarse su confianza y que acudan a él en busca de información. La falta de información crea incertidumbre; pero el exceso, la saturación, también crea incertidumbre. Debe, por tanto, ser capaz de buscar en cada caso lo pertinente y lo relevante. En resumen, una persona capacitada, instruida y con buenas relaciones humanas.

¿Hasta qué punto los bibliotecarios actuales son así?

Si bien tenemos un ideal, debemos contar con la persona que quiere ser bibliotecario a priori, y después, sobre la marcha, ir modelando todas estas cosas. Desgraciadamente no todos los bibliotecarios leen. Muchas revistas dicen que la primera prueba que debe hacérsele a una persona que quiera ser bibliotecario es para comprobar si es un buen lector, y después, sólo después, medirle la parte técnica. Un buen lector llega donde él quiera llegar, sabe todo cuanto quiera saber y se agencia toda la información que necesita.

El maestro enseña la lectura desde su clase desde el punto de vista curricular, pero desde el punto de vista extracurricular, el bibliotecario tiene que motivar la lectura. El bichito de la lectura debe ponerlo el bibliotecario, y no todas las personas están preparadas para hacerlo. El bibliotecario debe crear acciones para acercarse al estudiante. Debe trabajar muy cerca del maestro y saber qué debe leer un alumno de secundaria, qué uno de primaria, lo que, por demás, solo podrá saber si es un buen lector. Ese es el problema de la enseñanza: hay maestros que no motivan la lectura porque no se salen de su clase y desconocen cuántas obras literarias guardan relación con las temáticas tratadas en el aula.

Una de las cosas que yo he hecho es un programa de animación de la lectura. Trato de vincular las obras del Programa Editorial Libertad, obras de referencia que no son concebidas para ser leídas totalmente, a una actividad novedosa. Nadie se va a leer un diccionario, pero sí puede ser que un diccionario traiga en un anexo las voces latinas que uno utiliza normalmente, voces que no se dan en ningún plan de estudios. Funciona como un juego, pues lo lúdico es muy importante. Y quien dice las voces latinas, dice otros muchos aspectos que pueden ser tratados en juegos muy divertidos e instructivos.

Creo que el bibliotecario escolar no tiene el mismo reconocimiento que los restantes, y que incluso está en un escaño inferior al maestro.

Es así, es un mal general, y no solo del sistema de información escolar.

Recientemente yo estuve en el Segundo Congreso de la Asociación Cubana de Bibliotecarios, en la Biblioteca Nacional, y el lema fue precisamente "Reconocimiento versus conocimiento". O sea, que nacionalmente, y pienso que en otros países también, al bibliotecario no se le reconoce todo lo que realmente merece. Tiene que ver con factores subjetivos, pero tiene que ver también con políticas de información y con políticas institucionales. Cuando realmente haya una política que sitúe a la información en el nivel de prioridad que merece, aumentarán las exigencias a los bibliotecarios y estos, o mueren como lo hicieron los dinosaurios, o se preparan para asumir el liderazgo que merecen, ser instruidos y cultos. Alguna gente se acomoda porque cree que no la tienen en cuenta. Hay bibliotecarios que son líderes en las escuelas, pues hay que contar con ellos para todo; pero hay otros que no, que se acomodan. Pero, te repito, hay que darle más valor a la información para que todo se encadene y el bibliotecario se sienta más reconocido y más responsable.

http://labatichica.blogspot.com/


El bibliotecario es...

...un ser humano,

Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado.
La mente es todo. Lo que pensamos seremos.
Buda

con cualidades y defectos, con limitaciones y problemas, susceptible al error.

Es deber del bibliotecario estar alerta y analizarse siempre: vivir su vocación y disfrutar de ella.

Un bibliotecario nunca deja de serlo. Sus mejores momentos deben ser aquellos que pasa compartiendo lo que él sabe con los usuarios.

Tener iniciativa es característico del bibliotecario. El bibliotecario sabe que es necesario moverse, empezar algo nuevo cada día. Inicia una relación bibliotecario-usuario que es siempre una relación franca, abierta y respetuosa por ambas partes.

Inicia proyectos interesantes y está pendiente de que se lleven a cabo. Inicia concursos para estimular la superación personal, motiva, entusiasma y sugiere, para que todos participen en el proyecto del cual es un colaborador más.

...un amigo

Un amigo fiel es una fuerte defensa
y el que lo encuentra tiene un tesoro.
Eclesiastés, 6:14

Es el amigo que nos alienta cuando nos sentimos titubeantes o fatigados, es el que nos estimula con su alabanza parca, es el que nos marca el error sin intención de ofender o de humillar. El bibliotecario amigo nos consuela en las tristezas y comparte nuestros triunfos, grandes o pequeños. El bibliotecario es el amigo que desvanece dudas, el que está en su lugar, donde a ciencia cierta sabemos que lo podremos encontrar.

...un guía

Tu arte, mi maestro y mi guía, tu solo arte es aquello de lo
que yo aprendí el buen estilo que me ha proporcionado honor.
Dante a Virgilio

El bibliotecario es un guía en la jornada de la enseñanza y por tanto acepta los privilegios y responsabilidades que le corresponden como tal.

El bibliotecario experimentado está consciente de las dificultades que implica el ser guía para los que aprenden, cuando los usuarios son de diferente nivel de conocimientos y experiencias educativas. El bibliotecario planea los objetivos del esfuerzo educativo, es decir, decide cuál es la información que necesita consultar a la vista de los objetivos que persigue, el bibliotecario-guía está comprometido debido a que sabe cómo la jornada de consulta puede resultar mejor.

El objetivo de cada día es una máxima experiencia educativa; el guía debería estar adiestrado para planear con tal fin.

Lo que el bibliotecario hace es importante, incluso decisivo en cierto sentido, pero sólo como un medio, y su importancia es ser juzgado principalmente por el efecto que produzca sobre el usuario. Tal vez lo más difícil e importante del bibliotecario como guía es el de dar vida y significado a la jornada educativa, proporcionar la experiencia directa necesaria que le da significado.

...un comunicador

Debemos conquistar dudas y temores,
Debemos cultivar la ciencia y las relaciones humanas...

La habilidad de comunicar, es la clave del éxito, no sólo para el bibliotecario sino también para cualquiera que desee triunfar en la vida. El bibliotecario necesita por fuerza ser un buen comunicador. Para que la comunicación sea eficaz, es necesario que el que la origina lo haga de una manera clara, objetiva y real. Al orientar cualquier tema o idea, el bibliotecario debe comunicar con atención, es decir, debe tener el propósito firme de que sus palabras lleguen a su interlocutor; sin tratar de impresionar con su erudición usando palabras complicadas, el bibliotecario trata de ser comprendido, no se limita a hablar, sabe escuchar con atención. Crea una comunicación de dos vías.

Al comunicar, toma en cuenta varios factores, tales como edad, intereses, educación, etc., así podrá hablar con un sentido de realidad, es decir, entiende que es necesario estar de acuerdo en lo que se expresa.

Acepta de buen grado compartir su tiempo con personas diferentes a él, pero por las cuales manifiesta un gran interés.

...un maestro

Porque es bueno para encontrar un camino
donde no existe ninguno.
Esquilo

Estimula al usuario a que aprenda cosas que no conoce, a que aprenda lo que aprende.

He aquí algunas de las actividades que el bibliotecario realiza cuando enseña:

Ilustra: relaciona lo que ha de aprenderse con algo que ya se conoce.
Define: pone en términos claros lo que se ha de aprender.
Analiza: desarticula el problema.
Pregunta: plantea interrogantes significativas y penetrantes.
Responde: reacciona ante las preguntas planteadas por el usuario.
Escucha: clarifica las dificultades de los usuarios.
Proporciona diferentes puntos de vista: examina desde distintos ángulos, desde múltiples aspectos.

...un disciplinador

La vida no es un día de fiesta, ni un día
de luto; es un día de trabajo.
Vinet

Disciplina es la actitud mental y física de alguien que quiere aprender algo y que por tanto tiene una conducta adecuada para lograr lo que se ha propuesto aprender. Disciplina es sólo una actitud adecuada que nos ayudará a lograr la meta que nos hayamos propuesto para conseguir la superación, ya sea de un individuo o de un grupo. (Hernández, 1985, p.81)

Muchos bibliotecarios confunden la firmeza con el enojo: son enojones, malhumorados, groseros. El bibliotecario debe pedir lo que es lógico esperar.

Implica decirle al usuario claramente que ese no es ni el lugar ni el tiempo adecuado para lo que está haciendo. Si prosigue, lo detenemos y hablamos calmada, pero firmemente, sobre los derechos y responsabilidades de ambos.

A continuación se enlistan las formas más prácticas y positivas para lograr orden y respeto mutuo:

• Mantener una actitud serena, amable, cortés y firme.
• Tener un código o reglamento interno elaborado y aceptado por todos los usuarios.
• Cumplir con lo prometido, ya sea recompensa o castigo.
• Dialogar frecuentemente con los usuarios a fin de lograr acuerdos.

...un estudiante

...y en el cambio vi tan claramente las olvidadas mañana de un niño,
cuando se paseaba con su madre, a través de las parábolas de los rayos
del sol... sus lágrimas quemaron mis mejillas y su corazón conmovió el mío.
Dylan Thomas

Se vuelve más agudamente consciente de la necesidad de encontrar caminos a través de los cuales pueda comunicarse con los demás, y aprende que los caminos son distintos para cada individuo.

El bibliotecario aprende mucho a medida que los usuarios le plantean preguntas y explorando lo que él ha aprendido. Cuando observa el entusiasmo y el placer de sus usuarios por aprender, se ve estimulado a avanzar con mayor fuerza y cuidado por las áreas del conocimiento en busca de información, verdad y belleza.

Nunca está seguro de lo que realmente sabe hasta que no comprueba ese conocimiento y examina las partes del mismo a la luz de otras respuestas. El efecto que un bibliotecario ejerce sobre un usuario puede también estar en peligro cuando hay alejamiento debido a la imagen que el usuario tiene de lo que un bibliotecario debería ser. El bibliotecario es un estudiante con otros estudiantes. Se da cuenta de que lo que sabemos toma diferentes dimensiones en relación con otras partes del conocimiento. Si deja de desarrollarse como bibliotecario está en peligro de convertirse en un bibliotecario obsoleto, detenido en su propio desarrollo.

El bibliotecario aprende sobre él mismo y sus propias insuficiencias y desarrolla humildad ante una mayor conciencia de los lejanos alcances del conocimiento.

Reflexiona sobre el significado del conocimiento y aprende a aprender con un propósito.

...un investigador

La curiosidad es una de las permanentes y manifiestas características
de un intelecto vigoroso. Cada avance en el conocimiento ofrece nuevas
perspectivas y provoca nuevos estímulos para un progreso mayor.
Samuel Johnson

El bibliotecario es un investigador, un buscador; el papel que desarrolla es el de ser un individuo que está buscando siempre la verdad y la comprensión. La necesidad de saber parece ser universal en el hombre, afortunadamente, el campo del conocimiento es tan grande que no existe posibilidad real de que las fronteras sean alcanzadas, ni por un maestro, un bibliotecario, ni por nadie.

El bibliotecario como investigador proporciona el espíritu de investigación a todos los aspectos del esfuerzo educativo. Bajo este tutelaje el usuario llega a encarnar el enfoque investigador y lo aplica a todos sus problemas.

...un usuario

Lo que no es útil para lo colmena no es útil para la abeja.
Marco Aurelio

Con el fin de cumplir con su papel de investigador, de buscador de la verdad, el bibliotecario depende de información que, desde luego, no necesariamente se halla en su propia biblioteca; por lo tanto requiere conocer el potencial de otros centros de información y adecuarse a los requerimientos que de él se esperan como usuario, para ver satisfechas sus necesidades de conocimientos prácticos, profesionales o intelectuales.

...un bibliotecario

Los conocimientos son un ornamento en la prosperidad,
un refugio en la adversidad y una provisión en la vejez.
Aristóteles

Además de ser considerado el organizador del saber clásico, el conservador y estudioso de la riqueza cultural que atesora, es el facilitador del aprendizaje de los usuarios. Será un bibliotecario en tanto sea más universalmente hombre y esté dispuesto a otorgar un servicio cada vez profesional, más humano. Un bibliotecario es un servidor, servus servorum scientae, el servidor de los servidores de la ciencia. Es, en esencia, un terapeuta de los espíritus y un cura de las almas abatidas por la desinformación.

El bibliotecario no es...

...un adivino

Nuestro imperfecto dominio de lo que sucedió nos priva de los
elementos necesarios para deducir con exactitud lo que debe suceder.
Anatole France

Como simple mortal, el bibliotecario no puede, por la simple descripción física de una obra, por el rostro del usuario o por la explicación de las circunstancias ambientales en que se proporcionó un servicio, subsanar deficiencias de los procedimientos de búsquedas de información de un usuario.

...un sabelotodo que resuelve tareas

Por exceso de sabiduría el sabio se vuelve tonto.
Ralph W. Emerson

Aún cuando uno de sus papeles es el de ser maestro, la educación moderna exige que el alumno-usuario sea el responsable de ejecutar sus funciones de aprendizaje, el bibliotecario sencillamente es un facilitador más en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

...un esclavo

Nadie debe ser reducido a esclavitud, ni aún por guerra,
rebelión u otra razón, ni debe ser obligado a trabajar como
sirviente o cualquier otra capacidad contra su voluntad.
Carlos V

Debido al uso frecuente de cada vez más usuarios, a la escasez de personal cualificado y a sus múltiples y variadas actividades, el bibliotecario es un servidor que se esfuerza continuamente por complacer los requerimientos razonables de los usuarios, según sus propias limitaciones o las circunstancias le permitan.

...un cargador de libros

Los mayores males vienen muchas veces de los mayores bienes.
Thomas Fuller

El bibliotecario se esfuerza por organizar y mantener el acervo que resguarda, es por ello que se necesita que el usuario haga uso racional de las obras que la componen.

[Fragmentos]

http://www.dgbiblio.unam.mx/servicios/dgb/publicdgb/bole/fulltext/volI1/sos.html


El bibliotecario de la biblioteca popular: La misma misión y nuevos retos
Por Ana Dobra (Fragm.)

[…] Le cabe, entonces, al bibliotecario ser el portador de las condiciones profesionales y de la sensibilidad necesaria para lograr de la biblioteca popular ese ámbito estimulante para el descubrimiento, la respuesta, la recreación, el placer. Según el pensamiento filosófico de Epicuro (hace más de 2.300 años) el fin supremo del hombre era la suma del placer, no como simple satisfacción de los sentidos, sino como goces espirituales -más moderados y duraderos- y como sinónimo de felicidad. Proyectar esto, y hacerlo trascender en una biblioteca popular a través de la multiplicidad de medios, de gestos de relación pluralistas y de una estética personalizante, edificada en torno de la cotidianeidad de la gente, de su diversidad de necesidades e intereses y de los principios de utilidad o eficiencia, es una misión que le da el verdadero sentido a la profesión.

Detrás de tal fin o utopía, la responsabilidad del bibliotecario está en contribuir a que la biblioteca popular se transforme en un verdadero espacio múltiple -y público- de ocupación del tiempo libre o de ocio, de contención para las personas desocupadas, "sin techo", solas... y de convivencia y asiduidad familiar, vecinal, barrial, social, sustentado a su vez en un ambiente atractivo y gratificante para la consulta, la investigación, el estudio, las expresiones culturales, el esparcimiento y la lectura placentera.

Por otra parte, para lograr un buen enlace entre el niño y el libro, no basta con reunir libros y ponerlos al alcance de los niños, hay que conocer muy bien las obras, los materiales, la literatura general e infanto-juvenil, las facetas evolutivas de la niñez y de la juventud. Hay que estar predispuesto a estimular o compartir su lectura, a escucharlos y ayudarlos a que obtengan de los libros lo más rico de ellos, de modo que ese encuentro se transforme en algo posible, deseable, repetible.

Para eso, no existe una fórmula, un método o un soporte técnico, ideal o único. Es una cuestión de convicción, conocimiento, sensibilidad, creatividad y preocupación para que no fallen los ingredientes de ese cóctel especial, capaz de recrear la mágica cita entre el lector y el autor; entre las ganas de leer y el gusto de hacerlo, individual o colectivamente. Puede ser mediante un cuento, un afiche, un poema, un comics, una idea, un juego, una imagen, un tema musical, una historia, una expresión simpática y cordial, una respuesta oportuna, una información adelantada o personalizada, un gesto solidario o una actitud atenta en busca de un buen libro, de una solución o de un dato preciso.

Pero, ese ambiente propicio para la lectura, demanda además que el bibliotecario vele por óptimas condiciones internas y externas de las instalaciones de la biblioteca, -por más pequeña y modesta que la misma sea- cuidando la atención del local, su aspecto e integridad física, la seguridad, su funcionalidad espacial y mobiliaria, su estética, comodidad y mantenimiento. El objetivo será garantizar una imagen y una ambientación adecuadas, prolijas y agradables, de fácil circulación e interacción entre los sectores, acceso libre y directo a los estantes o a la mayoría de los medios o soportes, y la renovación y atracción permanentes que inviten a entrar, mirar, consultar, leer, estar... y quedarse.

[…]

http://www.bibnal.edu.ar/paginas/recursosbiblio/bibliotecario.htm

 




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