..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.138, Viernes, 25 de agosto del 2006

Libro de visitas

 

Los riesgos de una revolución light / Análisis de una falsa revolución
Por Jorge Peñaloza

Últimamente se ha ido poniendo de moda los productos “Light” (ligeros). Tenemos así por ejemplo refrescos, cervezas, leches, cereales, endulzantes, que se presentan con este nombre. La idea es que cuando se consuman no afecten la silueta, por aquello de no agarrar unas kilitos de más”, ni trastornen nuestra figura personal. Según quienes los promocionan, son tan “ligeros” que no saben a nada, es decir son y no son a la vez. Tenemos por ejemplo un refresco de “piña Light”, un té Light, que podemos consumir sin peligro de que nos perturbe, ni trascienda en afectar nuestro organismo. Si alguien se toma varias cervecitas de este tipo, no tiene el peligro de salir borracho de un sitio y dar la cómica, de tal forma que al consumirlas, no compromete su imagen personal.

¿Qué tienen que ver estos productos con el proceso revolucionario que estamos viviendo?

Los pasos que hemos ido dando como pueblo venezolano y latinoamericano, tienen en nuestro contexto particular unas características muy importantes, que se hace necesario analizar.

La Constitución Bolivariana nos está planteando como proyecto la direccionalidad a constituir un Estado Socialista, en el cual los hombres y mujeres que habitan en este país, son el centro del mismo, como muy bien señala ella en su artículo 3:

“El fin primordial del Estado es la defensa y desarrollo de la persona humana, el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y el bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos por esta Constitución”

El convertir los hombres y mujeres de este pueblo en el centro de este proyecto, sobre todo quienes han sido los más excluidos, implica una visión distinta a aquella donde la búsqueda del capital es el eje y fin último de las acciones que se realizan. Supone en consecuencia, salir de nuestros propios esquemas mentales individualistas y excluyentes, en medio de los cuales nacimos, hemos crecido, nos hemos alimentado y fortalecido, en nuestras relaciones humanas, sociales, culturales, económicas y políticas. Hago consciente este punto de vista, porque si no lo revisamos, puede ser que estemos repitiendo esquemas, formas y modos de vida que apuntan más bien a una visión totalmente opuesta al proyecto que queremos construir.

Nos encontramos con personas que afirman ser “simpatizantes” de la revolución, pero que ven con “preocupación” que ciertos pasos, que se van dando dentro de ella, afectan sus propios intereses, su manera de vivir, pensar y su mundo de relaciones y más bien están proponiendo una revolución Light, que cambie “ciertas cosas”, pero que siga manteniendo otras del sistema capitalista. Algunos proponen inclusive un “Chavismo sin Chávez”. Se asume en algunos casos una postura en la cual se es revolucionario sin “actuaciones” en las que después “tenga que arrepentirse” por el compromiso que ellas implican.

Con frecuencia criticamos y con toda razón a revolucionarios de izquierda de los años setenta, ochenta y hasta noventa que hoy se presentan como “escuálidos”, simpatizantes de la derecha y hasta opuestos al propio proceso revolucionario que está ocurriendo en el país. Pero, ¿Qué ocurrió en la vida de estos hombres y mujeres y que pudiese servirnos para reflexionar y no volver a repetir lo mismo y ser criticados en un futuro de la misma manera?

No queriendo entrar en particularidades, veamos algunas de las características predominantes en este tipo de “revolucionarios” y que nos pueden ayudar a entender cuando hablamos de “revolución Light”:

1. En muchos de ellos reconocemos “muy buenos teóricos”, estudiosos de su materia, con una “claridad conceptual” al máximo, grandes analistas, por su formación academicista, que conocían muchos modelos sociales, políticos y económicos. Algunos hasta fueron en una o varias oportunidades a Cuba u otros lugares donde se presentaba una experiencia socialista y se les consideraba “peritos” en la materia. Sin embargo hay que hacer notar que su mundo “revolucionario”, se restringía en muchas de las oportunidades, a un aula de clase, a un café, o a la reunión con un grupo de amigos que podían dominar y comprender su “léxico” (lenguaje especializado) que no todo el mundo podía ser capaz de entender.

Cuando se produce la crisis de la Unión Soviética y con ello el comienzo de la caída del llamado bloque socialista, muchos de estos grupos de intelectuales, comenzaron a desanimarse, a desmoronarse y como diríamos en criollo, a “rajarse”. El sistema los absorbió, su mundo de relaciones sufrió una reubicación y llegaron a considerar que si ellos, que se veían a si mismos como revolucionarios, ya no le encontraban sentido al asunto, lo mejor era desentenderse y “ver” si al menos podían humanizar el sistema capitalista, colocándole algunos remiendos.

2. Al no tener un contacto continuo con el pueblo, sino muchas veces más bien con lo aprendido principalmente en los libros, pensaban que la revolución, iba a construirse “primariamente” con los obreros, ya que el resto del pueblo, si no eran “lumpen” (basura social), formaban parte de los que apenas estaban preparados intelectualmente. En este sentido la visión era que, los que “sabían”, es decir, la elite intelectual, iban a ser los “profesores”, “organizadores”, “concientizadores” de ese mundo al que había “enseñar”. En ningún momento se pensó que de esa misma realidad y de quienes formaban su contexto, había que aprender. Por eso la insistencia se apoyaba en preparar a ese mundo universitario, para luego, ir al “lugar de los ignorantes y sin conciencia”.

Como el sistema capitalista, logró realizar sus reacomodos, la receta del librito se cayó y dejó a todos estos revolucionarios, como se señaló anteriormente, en el aire. Poco a poco fueron comprometiéndose y convirtiéndose, en parte del propio sistema al que habían enfrentado, al menos en teoría, y unos cuantos desde la práctica, durante tantos años. Nunca salieron de su mundo para “encontrarse” con quienes eran y son el centro de este proyecto histórico.

Mientras tanto las corrientes iban desplazándose por debajo. Ese pueblo ignorado, excluido, marginado, comenzó su propio proceso de revolución. En el caso venezolano, lo que Chávez hace es captar ese movimiento y empezar a darle cuerpo a todas estas inquietudes que estaban surgiendo en medio de la población. El mismo, como parte del proceso, ha tenido que ir aprendiendo y cambiando en su propia percepción del proyecto. Lo que ocurre es que como en el baile, a cada nueva proposición realizada por su parte, el pueblo plantea dos o tres nuevas y se va tomando en serio lo proyectado. Esto asusta a quienes han tenido hasta ahora el sartén por el mango, es decir, el poder, aún llamándose revolucionarios. Por una razón sencilla, estos grupos de poder se están viendo obligados a asumir, aún en contra de su voluntad, nuevas formas de entender las organizaciones populares y de organizar la sociedad. Para poder entender esto volvamos al análisis que venimos realizando.

3. Como señalamos en el punto anterior, otro elemento a tomar en cuenta en esa visión revolucionaria de tipo Light es que funciona bajo un esquema piramidal y verticalista de organización social y política, donde quienes tienen el poder, como “elite formada” o parte del “cogollo” de un partido, dirigen según “sus criterios” lo que se va hacer, disponiendo y decidiendo en nombre de los demás, sin muchas veces consultar, ni hacerlo por consenso. Esto es debido a que en ningún momento se considera al resto como iguales, ni se plantean otro esquema de relación posible. Más bien nos encontramos en determinados casos, como algunos, de muy buena fe, se presentaron como “la voz de los sin voz”, o sea como los interlocutores de los que no se pueden defender.

Con el proceso revolucionario en marcha, por medio de la aplicación de la democracia participativa y protagónica, aquellos que eran considerados como los “sin voz”, los minusválidos, que no se podían defender por si mismos social y políticamente, comenzaron a redescubrirse y a tener una voz propia, sin necesidad de intermediarios y a expresarse con nuevas formas que se escapan de los viejos esquemas de relación, dejando de lado, a los que se consideraban como los únicos intérpretes que podían hacerlo y que habían secuestrado el proceso revolucionario.

HACIA UNA VERDADERA REVOLUCIÓN

El momento actual que vivimos nos está obligando a definir nuestras propias relaciones sociales, políticas, económicas, culturales. Nos jugamos nuestro futuro como pueblo y no podemos estar con medias tintas. O somos o no somos. No se si de esto somos concientes, hasta en las propias organizaciones en las cuales participamos. Si queremos romper con ese esquema de la revolución Light, tenemos que volver a nuestra fuentes, antes que nada a nuestro pueblo, que con gran sabiduría nos enseña día a día por donde ir caminando. Tenemos que volver a nuestros puntos de inspiración, Cristo, Bolívar, el Che y tantos hombres y mujeres que entendieron que su vida no tenía sentido si no era dada por y junto a los(as) demás.

Un amigo nos comentaba no hace poco, que los mejores revolucionarios, según él, tenían que ser los más arrechos, para eso él colocaba cuatro condiciones:

1. Debían ser los(as) mejores vecinos(as), los(as) mejores estudiantes, los(as) mejores compañeros(as)
2. Debían ser los(as) más honestos(as).
3. Debían ser los(as) más solidarios(as).
4. Deberían ser los(as) más audaces y creativos(as).

Es decir deberían tener tal calidad humana que provocase imitarlos(as).

No podemos estar queriéndole poner parches a la revolución, porque terminaremos reventándola o ella nos terminará expulsando a nosotros, por no haber sido capaces de entenderla. Escuchemos, escuchemos a nuestro pueblo. Es la voz de Dios que nos está hablando.




© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938