..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.138, Viernes, 25 de agosto del 2006

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Un aspecto poco conocido del Che Guevara. Su obra poética
Por Lic. Gerardo Muñoz Aguirre

Resulta incuestionable el calificativo de Guerrillero Heroico al mencionar en cualquier momento la figura de Ernesto Guevara de la Serna, pero cuando de él vamos a referirnos a otras de las facetas de su multifacético quehacer, vale entonces calificarlo como lo que fue, en interés del tema que pretendemos abordar.

Al Ché lo vemos como un hombre nacido con la confesa impaciencia de ir contra el tiempo en la vida. La rebeldía devino en el signo que le dio la conocida intensidad a sus actos y de ahí la justificada razón para una breve existencia rompedora de hábitos y costumbres.

Así la profesión de médico quedó en su acervo como humanista y el constante peregrinar por Latinoamérica, evidenció su inconformidad con las pautas trazadas por la vida. Anduvo siempre en busca de una vida nueva y más perfecta de expresión para coadyuvar a la redención de la América Latina, condicionante esta de la conformación de una fina sensibilidad y conciencia, caracterizadora de su incomparable personalidad. Precisamente a esa sensibilidad pretendemos referirnos en el presente trabajo, al verlo como el poeta que es.

De él dijo el Comandante en Jefe Fidel Castro:… escribía con la virtuosidad de un clásico de la lengua (...) La profundidad de su pensamiento es impresionante. Nunca escribió sobre nada absolutamente que no lo hiciese con la extraordinaria seriedad, con extraordinaria profundidadEste escrito de Fidel se conjuga con el de José Antonio Portuondo - profundo conocedor y crítico de las letras y el pensamiento latinoamericano-, al enfatizar que el Ché es indudablemente un clásico "... por el modo en que trabaja la lengua literaria ...".

No se trata de manera alguna, situar al Ché en la cumbre de la poesía americana o como pudiera decirse, de Hispanoamérica, pienso que en su quehacer político se ve el rigor y la talla del indiscutible poeta. Pudiéramos preguntarnos ¿ qué otros requisitos serían necesarios para llegar a la poesía? En el intento de una respuesta, es nuestro José Martí quien propiamente alza su voz: "La poesía (…) de nuestra tierra americana, es la que desentraña y ahonda en el hombre las razones de la vida, en la tierra los gérmenes del ser".

Sobran las razones. Pone el Che su lenguaje en función de la poesía y encuentra en ella el medio de comunicación necesario, que le permite romper los límites del goce estético. Así se le ve interactuando con la realidad social en su papel protagónico lo que no le impide ser un productor de valores estéticos, un creador que "… ensancha y enriquece desinteresadamente las fronteras de su existencia cotidiana".

Veamos como se expresa en "Canto a Fidel", uno de los ejemplos de su producción poética:

Vámonos,
ardiente profeta de la aurora,
por recónditos senderos inalámbricos
a liberar el verde caimán que tanto amas.

Vámonos,
derrotando afrentas con la frente
plena de martianas estrellas insurrectas,
juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.

Cuando suene el primer disparo y se despierte
en virginal asombro la manigua entera,
allí, a tu lado, serenos combatientes,
nos tendrás.

… … … …

Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el tránsito a la historia americana.
Nada más.

Se pone de manifiesto así la trascendencia de su pensamiento, tal como enjuiciaran José Antonio Portuondo y Fidel Castro y es la poesía la vía primaria que le da tal connotación.

http://www.baibrama.cult.cu/municipios/sagua/bolecult.htm


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SIN DARLE PLUMA POR PISTOLA

Los discursos, los diarios, los ensayos del Che son literatura. A leer su famosa carta El socialismo y el hombre en Cuba, comprendemos que se trata de un hombre conocedor del lenguaje, cuyas ideas fluyen en una prosa clara y elegante.
Por Magda Resik Aguirre | La Habana

Cultor de la escritura, amante de los libros, intelectual de gran solidez, Ernesto Guevara de la Serna es menos conocido por sus creaciones literarias. El humanismo universal que proyecta su real y mítica existencia, y su prolífica vida, de un accionar constante como guerrillero revolucionario - que supera con creces la más lograda fabulación -, han impuesto cierto silencio sobre su condición de poeta.
El Che es también una personalidad literaria. Sea por sus contribuciones al testimonio escrito de la épica de la Revolución cubana, por su obstinada manía de cargar siempre con un buen libro, por su costumbre de anotarlo todo y dejar constancia reflexiva de la realidad vivida o por la inspiración poética que nunca perdió.

De sus poemas inéditos y de las características más sobresalientes de la narrativa guevariana, posee vasto conocimiento la ensayista y profesora universitaria Denia García Ronda. "Sin darle pluma por pistola", uno de los argumentos que defiende desde la Revista de la Universidad de La Habana al abordar la obra literaria del Che, ella nos desvela la intimidad de quien siempre andaba "con la adarga al brazo" y "la pluma en ristre", porque nunca desestimó el poder de la palabra escrita.

-¿Había un escritor en el Che?

-No creo que el Che tuviera una conciencia explícita de su condición de escritor, ni tampoco quería que lo consideraran como tal. Su voluntad de acción, su preocupación por la teorización, el análisis económico, político, sociológico... en definitiva lo delinean fundamentalmente como un intelectual.
No siempre el intelectual resulta ser un buen escritor. Pero en el Che las dos cualidades se juntan. Él dirigió su vida por otros senderos relacionados con su accionar de revolucionario y guerrillero. Pero esos mismos caminos lo llevaron a desarrollar el gusto por la escritura, no solamente como receptor de la literatura sino también como creador.

-¿Cuál era su literatura preferida?

-Se sabe que era un lector impenitente, no sólo de textos históricos o políticos, sino también de poesía y narrativa. En sus escritos sobre la guerra por la independencia de Cuba, en la Sierra Maestra, lo primero que salta a la vista es su devoción por la lectura. Cuando describe la batalla de Alegría de Pío, por ejemplo, lo primero que le viene a la mente al creer que ya le correspondía morir, es un texto de Jack London. Ese artículo, que publicó en la revista Verde Olivo y después recogió en su libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria, refleja su gusto por la buena literatura.
Otro texto que me encanta, "Una actitud nueva ante el trabajo", discurso que pronunciara durante una reunión con los obreros en el Ministerio de Industrias donde les transmite sus ideas sobre lo que debe ser verdaderamente el trabajo como elemento no alienador, prueba su gusto por la literatura. En un tono coloquial, teniendo conciencia del receptor - ese es un elemento literario - les dice: "Si ustedes me permiten, les voy a empujar un pequeño versito..." y continúa pidiéndoles que no se preocupen, pues no es de su propia inspiración. Una especie de chiste con los obreros, quizás para aflojar un poco la tensión del momento. Y acto seguido, les cita de memoria un fragmento de una obra de León Felipe. A partir de ahí, idea su propia metáfora sobre el valor del trabajo. Esa, evidentemente es la actuación de un escritor.

-El de ese día no era un poema suyo, pero conocemos a través de sus propias investigaciones, que el Che escribía versos. ¿Cómo podríamos caracterizar su poesía?

-La espontaneidad es su mayor virtud. El Che no tenía intención de ser un poeta editado. No era de esas personas que aunque tienen toda la inspiración y voluntad, se sientan a escribir un libro de poemas. Cuando necesitaba expresar determinados estados de ánimo escribía un poema y quizás por eso conocimos de su poesía tras su muerte.

Ya fue publicado un libro que recoge muchos de sus poemas. Y si vamos a evaluarlos desde el punto de vista estrictamente literario, debemos reconocer la influencia de la vanguardia latinoamericana, sobre todo del poeta chileno Pablo Neruda. Tuve la oportunidad de visitar la biblioteca personal del Che. Allí estaban varios libros de Neruda señalados por él, con sus acotaciones y apuntes. Y, por supuesto, textos de León Felipe, César Vallejo... Pero la poesía en el Che, te reitero, nacía de una necesidad de expresión, no pública, para comunicarse...

-Eran poemas de la intimidad...

-De la intimidad... Se imponían en un momento determinado y seguramente muchos de ellos fueron escritos antes de venir a Cuba y en los más inusitados escenarios.

-También es apasionante el estudio de su relación con la escritura. El Che tomaba nota constantemente y ahí están sus diarios de campaña, además de esa otra zona testimonial de su literatura. ¿Cuáles serían las constantes?

-Ahí está la demostración más palpable del Che escritor-literario. Los discursos, los diarios, los ensayos... son considerados literatura. A leer su famosa carta El socialismo y el hombre en Cuba, comprendemos que se trata de un hombre conocedor del lenguaje, cuyas ideas fluyen en una prosa clara y elegante.

Y creo que donde se acerca más a lo que tradicionalmente se conoce como literatura, es en el testimonio, apuntes que va haciendo y que luego, en el caso de Pasajes de la guerra revolucionaria, se convierten en un libro testimonial excelente, donde la descripción de los combates no excluye elementos del humor, como cuando trata el caso de El Vaquerito.

En "El cachorro asesinado", un análisis riguroso desde el punto de vista de la configuración literaria, arroja que efectivamente, se trata de un cuento en toda su maestría técnica, con los necesarios elementos de tensión, distensión, trabajo de la estructura y el lenguaje.

Esos textos testimoniales de gran valía, son el resultado de sus constantes apuntes. Junto a sus medicinas para el asma, las armas y municiones, el Che siempre cargaba con un libro y un block de notas, lo cual da una idea clara de su vocación de hombre de letras, no en el sentido tradicional del término; era más bien una urgencia espiritual.

-¿Qué podría decirnos de cuanto ha inspirado el Che a los escritores?

-Antes de su muerte, ya había inspirado algunas obras y expresiones acerca de su personalidad. Pensemos en el poema de Miguel Barnet: "no es que yo quiera darte pluma por pistola, pero el poeta eres tú". En ese momento no se conocía la poesía del Che, salvo la que le dedicó a Fidel: "Vámonos ardiente profeta de la aurora...", y algún que otro verso. Sin embargo, Barnet le confiesa: el poeta eres tú. Porque la influencia del Che en los escritores y en los intelectuales de todo el mundo, no proviene de si escribía mejor o peor. Nace de su extraordinaria personalidad, de su ética, su humanismo, su sentido revolucionario, sus ideas políticas.

A mi modo de ver, su trayectoria revolucionaria es la que más influye en los escritores y la que ha dado lugar a esa vasta producción de obras que tienen al Che y su pensamiento como eje. Su extraordinaria personalidad ha influido decisivamente en quienes lo conocieron y lo han leído, e incluso, en quienes no han podido leerlo, pero lo sienten vivo, como los indios de La Higuera, el pueblito boliviano donde fue asesinado.

http://www.lajiribilla.cu/2001/n22_octubre/680_22.html

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La revolución del poema en Che Guevara
Por Xosé Lois García

Ernesto Guevara, el Che, desde su niñez en Rosario (Argentina), estuvo familiarizado con la buena poesía, dado que su madre era una asidua lectora de Baudelaire, Rimbaud y de otros poetas de lengua francesa que los leía en su original. El amor a la lectura poética le viene al Che de esta herencia familiar que ya de adulto tiene sus gustos especiales y particulares por la poesía hispanoamericana. A pesar de él comentar en muchas ocasiones que era un poeta frustrado ha demostrado que los nueve poemas que ha escrito son de permanente impacto.

Digo de impacto porque yo, particularmente, he tenido esa sensación cuando leí por primera vez los poemas del Che, publicados en 1979 en la Colección Visor de Poesía (Madrid), edición del poeta y escritor uruguayo, Mario Benedetti, titulada: “Poesía trunca. Poesía latinoamericana revolucionaria”. En sus páginas preliminares nos advierte Benedetti: “Esta es una antología muy particular, que incluye a veintiocho poetas latinoamericanos que dieron sus vidas por la causa revolucionaria, y en la que la mayoría de ellos murieron en plena juventud”. Exactamente, todos ellos fueron asesinados por estar vinculados a una causa noble como es la lucha contra el colonialismo en Latinoamérica y que sus acciones fueron truncadas. El título de trunca, viene precisamente de un verso del Che, que dice: “Te comprendo, golondrina truncada”, del poema, “Despedida a Tomás”.

Con anterioridad a esta antología de Benedetti, yo había leído a Javier Heraud, a Otto René Castillo, a Roque Dalton, a Francisco Urondo y a muy pocos más de los que figuran aquí. Y me impacto, en esta antología, ver los poemas del Che que yo desconocía y muy pronto me familiaricé con ellos desde diversas perspectivas y perfiles. Y fui abriendo en mi esquema mental un lugar para aquel mosaico en que figuraba el Che insurreccional, teórico marxista e intérprete de la lucha de clases y de tantas otras materias sociales y existenciales.

Antes de entrar en materia e intentar descarnar los poemas del Che, quisiera entrar en los gustos poéticos que él tenía y su admiración por ciertos poetas de su entorno y de su simpatía ideológica. Pablo Neruda, por su “Canto General”, fue el poeta que el Che tuvo el lujo de escribir una de las mejores páginas que la crítica le ha hecho a este libro. Para el Che era un libro de cabecera o de mochila dado que cuando fue asesinado en Bolivia llevaba “Canto General” de Neruda. Otro de los poetas que estaba dentro del habito de la lectura poética del Che era el peruano Cesar Vallejo y los españoles Federico García Lorca y León Felipe, a este último conoció en el exilio y tuvo relaciones epistolares con él. Dada esta premisa sobre los gustos y preferencias de la lectura poética del Che, digamos que ese vínculo que él ha tenido con la poesía no ha sido el más divulgado. Estamos hablando de un enorme y sensible poeta humanista, metafísico y existencial, su proyección poética nos es de gran valía para conocer los sentimientos del intelectual, del marxista, del revolucionario, del guerrillero, del economista, del hombre de Estado y del internacionalista, llamado el Che.

He aquí el poeta de las grandes dimensiones intelectuales y perceptor de que el poema es el arma eficaz para consolidar y luchar por las grandes causas y en favor de los desposeídos del mundo. El Che, recluido en la poesía y a pesar de decirnos que era un poeta frustrado, la escribió en México entre 1954 y 1956, los nueve poemas que de inmediato vamos a comentar. Son poemas escritos en el periodo muy próximo de irse a Sierra Maestra. Por tanto, estamos ante un poeta que es un ideólogo convicto y que conoce muy bien cada uno de los espacios políticos de Latinoamérica. Conoce in situ sus débiles infraestructuras, a sus gentes sumidas en la pobreza y, también, a las clases dominantes y opresoras. Porque aquellos viajes en bicicleta y en moto le sirvieron para conocer y censurar las “Venas abiertas de América latina”, como nos manifiesta Eduardo Galeano.

Aquí, pues, es en donde encontramos al poeta errante con su poesía a cuestas, con el recuerdo y el tempero en la mente y con todas esas gentes humildes en el corazón. En el poema titulado: “De pie el recuerdo caído en el camino”, leemos la siguiente estrofa:

“Esa mirada circular y fuerte
en un mágico pase de muleta
esquivó en mi ansia toda meta
convirtiéndome en vector de la tangente”.

Estamos ante un poeta profundo, que sabe economizar la metáfora y en ella esconder las aguas transparentes para saciar la sed de los que carecen de justicia social. Sabe de los dones y de las dádivas de la metáfora y por eso la emplea en momentos claves en que la memoria es el mejor testigo de recuerdos y penurias.

Pero el Che es el poeta que más allá de la metáfora sabe que la poesía, en sus artilugios y osadías, es un arma a emplear verbalmente en denuncias e incitaciones. Él sabía, puntualmente, que la poesía es el gran milagro de la humanidad, con la que se crean mundos y se estimulan conciencias. Y ya en los primeros poemas del Che, observamos esa arma que usa el poeta para denunciar al imperialismo yanqui, al decir:

“De una joven nación de raíces de hierba
(raíces que niegan la rabia de América)
vengo a ustedes, hermanos norteños.

Cargado de gritos de desaliento y de fe,
vengo a ustedes, hermanos norteños,
vengo de donde venimos los “homo sapiens”,
devoré kilómetros en ritos trashumantes;
con mi materia asmática que cargo como una cruz
y en la entraña extraña de metáfora inconexa”.

He aquí el hombre revelado en poeta para denunciar, en clave épica, las estructuras de la deshumanización, de la crueldad y de la rapiña imperialista. Por esto es que la poesía del Che no forma parte de ninguna escolástica de silencios. Es en ella, donde lo empírico del verso restituye del silencio el no callarse y el no rendirse. Es así como podemos ver en estos versos como un sureño desafía con la palabra en ristre el poder del norteño. En este poema hay versos premonitorios que señala que “La ruta fue larga y muy grande la carga”. Y en otro verso: “Estoy solo frente a la noche inexorable”. Todo este tejido de versos esclarece la ruta y la carga que hay que andar y descargar. En esta llamada de atención y de restitución emerge el filo de la ideología de la liberación humana. Surge aquí la poética del hombre nuevo que el Che esclarece y fornece aquella emanación de la utilidad poética al servicio de los oprimidos. El Che tenía muy claro el desfase de la poesía de salones y de los poetas que cantaban a lo lúdico en juegos florales frente a una poesía de contundencias y de emancipaciones. Rescatar la memoria del oprimido para poder ilustrar la esperanza y la libertad será siempre un acto revolucionario y la poesía su arma fiel. Cuando nuestro poeta contempla las injusticias a lo largo del continente, dice:

“Me vuelvo en el límite de la América hispana
a saborear un pasado que engloba el continente.

El recuerdo se desliza con suavidad indeleble
como el lejano tañir de una campana”.

En el poema titulado: “Despedida a Tomás”, el Che prima una serie de conceptos básicos y doctrinariamente marxistas. Nos ubica plenamente en el contexto de la lucha de clases y es aquí donde su empirismo poético esclarece muchos caminos desandados que así lo explicita:

“Tengo no obstante una fórmula mágica
-creo que la aprendí en una mina de Bolivia,
o tal vez chilena, peruana o mexicana,
o en el destroncado imperio del Sonora,
o en un puerto negro del Brasil africano,
o tal vez en cada punto una palabra-“.

Con todo este aprendizaje de una mina cualquiera o de un puerto cualquiera de Hispanoamérica, el Che se transforma en explotado proletario o campesino del pueblo. Pero también en el poeta del pueblo. Ser poeta del pueblo y para el pueblo, el Che tuvo que renunciar a muchas cosas, poner al pueblo por encima de su asma o de su estatus de médico. Pero el poeta del pueblo es aquel que no sólo canta al pueblo si no que aporta con la dialéctica del verso y del fusil la liberación de los trabajadores oprimidos. Y este término nos lo revela Ernesto Che Guevara, en estos términos:

“Y entonces, poeta blancuzco de cuatro paredes,
será el cantor del universo;
entonces, poeta trágico, delicado, enfermo,
serás un robusto poeta del pueblo”.

Pero el Che no sólo es el poeta que incide en las desventuras de los pueblos humillados. Los recursos de su poesía emanan de muchas otras dialécticas. Su discurso poético no se cierne a una obsesión o a una eventualidad, sino que su creación poética es fruto de su pragmatismo, de la observación y de la praxis. Como buen marxista que era, el tema contestatario, social, de subversión y de crítica existencialista los tenía supeditados a la idea del conflicto de la lucha de clases. La ideología del Che no era estática en ningún momento, porque la dinámica de su dialéctica le llevaba a comprender la evolución de la humanidad y del pensamiento social que cada sociedad tuvo en el contexto de tiempo y espacio. Por eso es que no nos resulta extraño pero certero su poema dedicado al río Nilo, en el cual expresa:

“Si hoy le canto al ayer de muerta piedra
y convoco los recuerdos de Tebas,
es que el presente aflora en tu pasado”.

El Che nos señala que para conocer el presente tenemos que rescatar y bucear en el pasado. Las lecciones del pasado esclaren bastante ese camino tenebroso del presente y del futuro. Aquí expone la dialéctica del proceso evolutivo y de las conquistas originarias de ese animal social, llamado hombre. El Che, en su poesía, expone una serie de referencias históricas que ilustran los diversos parámetros por los que la humanidad ha evolucionado gracias a sus luchas. Desde aquella lejana cultura de Egipto, forjada con sus mitos y sus realidades al lado del caudaloso Nilo, hasta llegar a las últimas tecnologías del mundo actual, el Che rescata todos sus iconos recomponiéndolos como un puzzle, hasta llegar a esa lucha de clases o de naciones que se manifiesta en la guerra entre egipcios e israelíes.

En varios poemas del Che está la presencia de lo telúrico, como no podía ser de otra manera. El hombre no es un objeto aislado del factor medio y del factor tiempo. Las fuerzas telúricas nos imponen sus límites y también sus sabias respuestas por las cuales podemos superar contradicciones. Esto no es nuevo en varios compendios de análisis económicos que nos ha dejado el Che, pero si que en su poesía el concepto histórico-crítico no deja de ser novedad.

En el poema, “Palenque”, el Che vuelve a recomponer ese puzzle con la piedra de las pirámides cultuales de los mayas, destruidas por el invasor español en Palenque y tergiversadas por el arqueólogo y antropólogo de turno. Ese gringo que domina todo pero al mismo tiempo desconecta de todas las realidades del antaño y del presente. El Che estuvo en Palenque, Tikal y Chichén-Itzá, y supo que el arqueólogo norteamericano Morley había clasificado a estos yacimientos arqueológicos como de segunda categoría. Y el poema del Che es así de explícito:

“Algo queda vivo en tu piedra
hermana de las verdes alboradas,
tu silencio de manes
escandaliza las tumbas reales.

Te hiere el corazón la piqueta indiferente
de un sabio de gafas aburridas
y te golpea el rostro la procaz ofensa
del estúpido “¡oh!” de un gringo turista.

Pero tienes algo vivo.
Yo no sé qué es,
la selva te ofrenda un abrazo de troncos
y aún la misericordia araña de tus raíces”.

Este es un poema de crítica real que solo lo logra un poeta de una inmensa dosis de sensibilidad como demostró tener el Che. Si deshilvanamos todo el poema y lo jerarquizamos veremos en una sola unidad varios componentes de crítica a realidades muy distintas y muy distantes. La fecunda y poderosa arquitectura hecha a la medida de las necesidades del pensamiento y de la cultura maya, depredada por los españoles, sirve de distracción al ocio de los gringos. Pero toda esa dispersión de piedras son oráculos vivos de una cultura despreciada y de una gente explotada.

El poeta Che Guevara nos ofrece en su entrega poética varios registros temáticos y en todos ellos queda expresado su talento y su talante en el dominio del verso. Pero en uno de ellos, titulado: “Vieja María, vas a morir” nos retrata la triste experiencia de una vieja lavandera, María, que el Che la convierte en el prototipo de todas las mujeres latinoamericanas que están sometidas a una doble explotación, la de la pobreza y la de ser mujer. Este lamento emocionado que el Che construye lo podíamos catalogar como uno de los grandes poemas contemporáneos del realismo trágico. Es en este poema, con toda su carga existencial, donde el poeta ha llegado a su cenit. Es un poema, sin duda, antológico que transciende y trasvasa lo social hacia lo trágico. El discurso poético que empieza por un lamento gradualmente en ascenso y que el poeta le introduce sentencias de esperanza para la prole de María que le rodea en su lecho de muerte.

El Che, ejerciendo de médico y de poeta, frente a la agonía de la vieja María, proclama la poesía como el medicamento moral y del espirito de quien espira y le recuerda en estos fértiles versos:

“Tu vida fue un rosario completo de agonías,
no hubo hombre amado, ni salud, ni dinero,
apenas el hambre para ser compartida;
quiero hablar de tu esperanza,
de las tres distintas esperanzas
que tu hija fabricó sin saber cómo.

Toma esta mano de hombre que parece de niño
en las tuyas pulidas por el jabón amarillo.

Restriega tus callos duros y los nudillos puros
en la suave vergüenza de mis manos de médico.
Escucha, abuela proletaria:
cree en el hombre que llega,
cree en el futuro que nunca verás”.

Ni reces al dios inclemente
que toda una vida mintió tu esperanza;
ni pidas clemencia a la muerte
para ver crecer a tus caricias pardas;
los cielos son sordos y en ti manda el oscuro;
sobre todo tendrás una roja venganza,
lo juro por la exacta dimensión de mis ideales
tus nietos todos vivirán la aurora,
muere en paz, vieja luchadora”.

El poema tiene dos tiempos reiterados, para seducirnos en el énfasis que hace de la vida de la moribunda María. El poema, además de ilustrarnos de las carencias de la clase trabajadora, nos lleva a esa plasticidad realista de vejaciones que ella tuvo que soportar y que le atribuye el médico-poeta, desde su concepción del materialismo histórico. El Che le recomienda a no rezar y a morir íntegramente con la esperanza de que sus nietos caminarán por tierra liberada.

Si las crónicas, las historias, los audiovisuales no existieran para informarnos de los que sobreviven y mueren en un universo explotado, bastaría este poema para tener información de la penuria y del dolor que asiste a millones de desheredados como María. Este pensamiento fúnebre nos hace reflexionar sobre el talento poético del Che. Por esto, el también poeta, Miguel Barnet escribió este poema conmemorando al heroico guerrillero:

“Che, tú lo sabes todo,
los recovecos de la Sierra,
el asma sobre la hierba fría
la tribuna
el oleaje de la noche
y hasta de que se hacen
los frutos y las yuntas.
No es que yo quiera darte
pluma por pistola
pero el poeta eres tú”.

Barnet no puede ser más explícito y fiel a la verdad creativa al introducirnos en la dimensión del poeta Ernesto Guevara, el Che.

El último poema de este repertorio, titulado: “Canto a Fidel”, esclarece muchas cosas: lealtad al líder de la Revolución cubana, predisposición de cambiar el mundo y luchar por el hombre nuevo. La integración del Che en la expedición del Granma, la lucha guerrillera en Sierra Maestra y el triunfo de la Revolución, de la que él fue protagonista. Ahí, con toda su integridad, estaba el poeta. “No es que yo quiera darte/ pluma por pistola”.

“Canto a Fidel” es una armonía épica de gran valor ético y de convencimiento a favor de una causa noble, sincera, rotunda y el de estar organizado para triunfar. Creer y apostar por la razón del líder es como el Che abre el poema:

“Vámonos,
ardiente profeta de la aurora,
por recónditos senderos inalámbricos
a liderar el verde caimán que tanto amas.

Vámonos,
derrotando afrentas con la frente
plena de martianas estrellas insurrectas,
juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte”.

Fiel compromiso con la lucha para restaurar el ideal de Martí, como base de repeler toda afrenta. El Che, el de la metralleta y el verso, continúa alzando las dos armas sin simulacros para defender la verdad del mundo oprimido. He aquí el hombre, poeta y guerrillero, capaz de erigir en la poesía su gran ideal. El poema a Fidel termina así:

“Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el tránsito de la historia americana.
Nada más”.

Quedemos pues con tu pensamiento final, estimado poeta de pluma en ristre, por recordarnos: ¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

http://home.planet.nl/~pearaya/poeta.htm




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