..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.152, Viernes, 1 de diciembre del 2006

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Abuelos

De las arcas del recuerdo más querido, vino a mi mente este texto que alguna vez recibiera de una querida amiga ya fallecida, nuestra colaboradora argentina Graciela de Filippis… Habla de esos locos bajitos, nuestros hijos, y de los otros que ellos nos regalan, tan bajitos, que nos llenan la vida de alegría y ganas de –aún- hacer y reír…
Sin embargo, hay lugares donde esto no puede ser… lugares donde simplemente vivir es un milagro… Por esos abuelos, lectores amigos, hoy les traigo el mensaje de Graciela y su reflexión y, también, una noticia que acabo de leer en la prensa digital de hoy y que me ha llevado a compartir ambos temas con ustedes…

 

ANTES QUE ELLOS CREZCAN...

Hay un período cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos. Es que los niños crecen independientes de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes.
Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos los días, de igual manera, crecen de repente. Un día se sientan cerca tuyo en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad que sientes que no puedes más ponerle pañales a aquella "criatura".
¿Dónde fue que anduvo creciendo aquella insignificancia que no lo percibiste?
¿Dónde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestecitas de cumpleaños con payasos, los juguetes preferidos?...

El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.

Ahora estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él/ella no sólo crezca, sino aparezca. Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos. Allá están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas, con el uniforme de su generación, e incómodas mochilas de moda en los hombros.

Allí estamos, con los cabellos casi blanquecinos.

Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes de los vientos, de las cosechas, de las noticias y de la dictadura de las horas. Ellos crecieron medio amaestrados, observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos. Principalmente con los errores que esperamos que no repitan. Hay un período en que los padres van quedando un poco huérfanos de los propios hijos... ya no los buscaremos más en las puertas de las discotecas y en las fiestas.

Pasó el tiempo del piano, el ballet, el inglés, la natación y el kárate... Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más junto a su cama al anochecer, para oír su alma respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia, y a los adolescentes cubrecamas de aquellas piezas llenas de calcomanías, posters, agendas coloridas y discos ensordecedores. No los llevamos suficientemente al cine, a los juegos, no les dimos suficientes hamburguesas y bebidas, no les compramos todos los helados y ropas que nos hubiera gustado comprarles.

Ellos crecieron, sin que agotásemos con ellos todo nuestro afecto. Al principio fueron al campo o fueron a la playa entre discusiones, galletitas, congestionamiento, navidades, pascuas, piscinas y amigos.

Sí, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana, los pedidos de chicles y reclamos sin fin.

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, pues era imposible dejar el grupo de amigos y primeros enamorados. Los padres quedaban exiliados de los hijos.

"Tenían la soledad que siempre desearon", pero de repente, morían de nostalgia de aquellas "pestes".

Llega el momento en que sólo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y rezando mucho (en ese tiempo, si nos habíamos olvidado, recordamos cómo rezar) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la conquisten del modo más completo posible. El secreto es esperar...

En cualquier momento nos pueden dar nietos. El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los propios hijos, y que no puede morir con nosotros. Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño. Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.

Por eso es necesario hacer algunas cosas adicionales... ANTES QUE ELLOS CREZCAN!!!...

...Así es. Aprendemos a ser hijos después que somos padres, sólo aprendemos a ser padres después que somos abuelos... en fin...sólo aprendemos a vivir después que ya no tenemos más vida.

Enviado por Jorge Luis Rascon Mesta

Los hijos crecen demasiado rápido o nosotros vamos demasiado rápido por la vida?... Nos pasa que un día los contemplamos y nos asombramos de la estatura de nuestros hijos… o los escuchamos hablar sin parar... y allí el recuerdo nos emociona...
Recordamos el primer día que los cobijamos en nuestros brazos, los primeros pasos, la primera palabra que dijeron así de improviso, la carita de sorpresa cuando se abrió la puerta del colegio el primer día de clase... Tratamos de darles lo mejor, pero tal vez no nos dimos cuenta que ellos necesitaban algo más...Entonces nos damos cuenta que lo que dimos no fue suficiente y los vemos partir llenos de emoción...
No esperemos ese momento, el momento es ahora... el mimo, la caricia, el abrazo, el beso, el dialogo...nos necesitan, a pesar de que en algunos momentos creemos que no porque hay una etapa en que nos ven como seres anticuados o desactualizados: Somos importantes para ellos, la calidad de lo que les damos es lo importante... nuestro tiempo, nuestra protección, nuestra compañía, nuestro consejo... Nuestro amor.
Reflexión: Graciela de Filippis


Abuela realiza ataque suicida contra Israel tras perder a nieto
Por Sarah El Deeb

Franja de Gaza | AP

La atacante suicida palestina de mayor edad, una viuda de 64 años, vivía en una choza y tenía tantos nietos que la familia había perdido la cuenta, pero su hija dijo que Fatma Omar An-Najar se vio impulsada a perder la vida en un ataque a los israelíes el jueves porque un nieto murió y otro quedó discapacitado de por vida a raíz del conflicto.

Fatma presidía un pequeño ejército, la mayoría de cuyos combatientes militaban en Hamas, pero algunos también en Fatá. Su esposo, muerto hace cinco años, cumplió sentencias en cárceles israelíes, lo mismo que cinco de sus siete hijos. Uno de sus nietos murió hace cuatro años en un enfrentamiento con soldados israelíes en la vecina Beit Lahiya; tenía 17 años. Otro nieto adolescente perdió una pierna cuando intentó apuñalar a un soldado.

Uno de sus hijos, Samir, calculó que entre él y sus hermanos le habían dado entre 35 y 38 nietos.

"Tenía un ejército de nietos", dijo.

Su hija mayor, Fatheya, dijo que había participado con su madre en un acto en Gaza hace tres semanas, donde las mujeres desafiaron a un pelotón de soldados israelíes fuertemente armados para atraer su atención mientras varios combatientes de Hamas lograban escapar.

"Ella y yo fuimos a la mezquita. Queríamos el martirio", dijo.

Veterana partidaria de Hamas, dio refugio a milicianos prófugos durante la insurgencia palestina de 1987-1993, dijeron sus hijos.

La casa del matrimonio fue demolida por el ejército israelí por dar refugio a un dirigente de Hamas. Fatma y su esposo pasaron a vivir en una choza junto a un complejo de edificios donde vive la enorme familia An-Najar. Tenían un colchón en el piso y poca cosa más.

Viuda, sola, con hijos ya adultos, la matriarca amargada dio rienda suelta a sus frustraciones el jueves sujetando una carga explosiva a su cuerpo para cumplir una misión para Hamas: hacerse volar en medio de un grupo de soldados israelíes que operaban en un campo de refugiados vecino. El ejército israel dijo que estaban advertidos de un ataque inminente, y los soldados arrojaron una granada de estruendo a la mujer cuando se acercaba.

Sorprendida, detonó la carga cuando aún se encontraba lejos de los soldados y murió instantáneamente, pero solo logró causar heridas leves a sus pretendidas víctimas.

Antes de iniciar su misión suicida, filmó en video su declaración testamentaria, como es costumbre entre esos milicianos.

Una copia obtenida por The Associated Press muestra a una mujer menuda de pañuelo blanco y vestido negro, con un fusil al hombro y de pie frente a una pintura mural de Hamas.

http://www.azcentral.com/lavoz/spanish/global/articles/global_121091.html





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