..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.152, Viernes, 1 de diciembre del 2006

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En los umbrales de una vida luminosa
Por la Dra. María Caridad Pacheco González,
Centro de Estudios Martianos

La perenne vigilancia ante el peligro que entrañaba el naciente imperialismo norteamericano, presente en el ensayo Nuestra América, aparecido por primera vez en la Revista Ilustrada de Nueva York el 1ero de enero de 1891(se cumplió este año el 115 aniversario) y el 30 de enero del mismo año en El Partido Liberal, de México, es una de las preocupaciones vitales de José Martí a partir de aquel invierno de angustias cuando, según dijera en el prólogo a los Versos Sencillos, “se reunieron en Washington, bajo el águila temible, los pueblos hispanoamericanos”.

Como se sabe, uno de los aportes capitales de José Martí al pensamiento revolucionario en América Latina fue su oportuna y precisa advertencia del peligro que para la independencia y libre desarrollo de Nuestra América, significaba el entonces naciente imperialismo de los Estados Unidos, porque fue un aporte que no quedó en un simple enunciado teórico, sino que también se concretó en la práctica revolucionaria.

Uno de los factores fundamentales que originan su genial aportación, radica en la vasta experiencia latinoamericana y caribeña de quien no solo residió en cuatro países latinoamericanos(Cuba, México, Guatemala y Venezuela) y visitó por razones políticas otros, sino que además fue colaborador de importantes periódicos de la región, socio correspondiente en Nueva York de la Academia de Ciencias y Bellas Artes de San Salvador, representante de la Asociación de Prensa de Buenos Aires en los Estados Unidos y Canadá, cónsul en Nueva York de la Argentina, el Uruguay y Paraguay, Presidente de la Sociedad Literaria Hispanoamericana de Nueva York y representante del Uruguay en la Conferencia Monetaria Internacional de Washington en 1891. Por ello no resulta insólito que en el pensamiento de Martí se hiciera evidente un patriotismo antillano y latinoamericano, abierto además al resto del mundo, en particular a los países tradicionalmente explotados y humillados.

Estas circunstancias lo llevaron a vislumbrar el deber de Cuba en América desde la celebración en Washington, entre 1889 y 1890, de la Conferencia Internacional Americana. Como cronista del diario La Nación de Buenos Aires, desentrañó los verdaderos propósitos de este acontecimiento al analizar “su historia, sus elementos y sus tendencias”, y denunció las intenciones ocultas del naciente imperialismo yanqui que pretendía, como lo demostró el devenir histórico, subordinar financiera y económicamente al continente latinoamericano y establecer una alianza entre las incipientes oligarquías nativas de las repúblicas latinoamericanas y los monopolios norteamericanos, contra todo proyecto económico-social y cultural autóctono en Nuestra América.

En estas circunstancias, la unidad e integración de los países de América Latina, resultaba en la estrategia martiana el fundamento del equilibrio continental y universal que serviría “para detener, con la fuerza del espíritu unificado, al adversario común”. Pero, hay que decirlo, Martí no predica una unidad intangible, sino aquella que se precisa para lograr la segunda independencia y cuya finalidad no estriba únicamente en el combate contra el imperialismo, sino también contra el orden social vigente en América Latina.

De este modo el significado de la guerra que se libraría en Cuba no se limitaría a la simple obtención de una independencia que, de hecho, podría nacer amenazada, sino a la construcción de una república basada en ideales democráticos y antiimperialistas. Martí comprendió tempranamente los grandes obstáculos que se levantarían, tanto dentro como fuera de Cuba, para llevar adelante tan magna obra y por ello prevé la implementación de dos condiciones fundamentales: la toma de conciencia de los pueblos de Cuba y demás países de Nuestra América, y la unión de dichos pueblos en un frente común antimperialista. La primera de estas condiciones suponía una gigantesca labor ideológica que él ya había comenzado y que nos dejó en sus artículos y discursos revolucionarios; la segunda, debía ser el resultado del desarrollo de la conciencia nacional y continental, cuya primera etapa radicaría en la lucha armada contra el dominio colonial español.

Ambas condiciones continúan teniendo absoluta vigencia en nuestros días. En tiempos en que para él ya comenzaba a ser evidente que un nuevo conquistador se aprestaba a posesionarse de nuestras tierras de América, y era menester tomar conciencia de que la unidad era como una coraza protectora contra la nueva conquista que se gestaba, Martí anticipaba:

“Lo que acontece en la América española no puede verse como un hecho aislado, sino como una enérgica, madura y casi simultánea decisión de entrar de una vez con brío en este magnífico concierto de pueblos triunfantes y trabajadores, en que empieza a parecer menos velado el Cielo y viles los ociosos. Se está en un alba, y como en los umbrales de una vida luminosa. Se esparce tal claridad por sobre la Tierra, que parece que van todos los hombres coronados de astros”.

Enviado por su autora


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