..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.152, Viernes, 1 de diciembre del 2006

 

Opositor bolivariano gana premio literario
Por Ernesto Pérez Castillo

La Jiribilla

No ha sucedido. Aún no es el día, pero ya se ve venir. Pronto ese titular ocupará las primeras planas de los periódicos del mundo. O por lo menos de El Mundo y El País.

Larga es la relación de quienes, en pago a sus servicios extra-literarios, reciben a cambio el bombo y los platillos de la bendición de las grandes editoriales y los premios bien dotados. Es el acostumbrado modus operandi con que los grupos de poder, tras bambalinas, lavan el dinero con que financian a sus caballitos de batalla.

Aún está fresca la tinta que anunció la entrega del premio de ensayo de Anagrama a Rafael Rojas, por un libro sobre el que el propio Vicente Verdú, miembro del jurado, afirmó públicamente: “Yo no voté ese libro (...) porque me parece una guía telefónica mala".

Antes le había tocado el turno de recibir su billetico a la Zoe Valdés. En su caso le fue servido en bandeja de plata el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja por La eternidad del instante. Sobre esta "novela", Cristóbal Díaz —un cubano que hace más de seis años abandonó la Isla— ha declarado: “cometería un crimen si defendiera, como literatura digna de mi país, la obra de un autor que resulta un bochorno para la cultura de una tierra que ha dado plumas como José Martí, Alejo Carpentier, Eliseo Diego o Reinaldo Arenas”, todo ello en un extenso artículo que tituló: La eternidad del instante: un engendro de la subcultura.

Más, al parecer, ahora el frente se ha ensanchado y la línea de fuego va llegando ya a Caracas. Pues sí, eso parece indicar la reciente adjudicación del Premio Herralde de Novela al venezolano Alberto Barrera Tyszka, por La enfermedad.

Y es que hasta la fecha, solo un compatriota suyo había sido galardonado por una editorial española, y fue Adriano González León, en 1968, que obtuvo el Premio Biblioteca Breve por País portátil.

El caso es que Alberto Barrera —perteneciente al staff del diario El Nacional, abiertamente antichavista, donde mantiene una columna dominical que le ha valido elogios periodísticos tales como "poco confiable" o "poco serio"—, es hoy el nuevo y flamante Premio Herralde, apellido del dueño de Anagrama, y las credenciales literarias de su creación deberán ser los culebrones que ha escrito para televisoras mexicanas y venezolanas, y sobre los cuales él mismo ha confesado: “no veo lo que sale al aire, no estoy cerca de los productores, ni de los actores y no me creo nada”. Tal vez será una actitud derivada de una conciencia profunda sobre su obra, declarada en una entrevista reciente: “Insistes todos los días en ser Borges pero nunca llegarás a ser Borges (...) No todos nacimos para ser García Márquez”.

Así que ya está dicho. A afilarse los colmillos, “opositores” bolivarianos, que su turno ya viene llegando.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=41559

El Premio Herralde de Novela es para Alberto Barrera Tyszka
Por María Gabriela Méndez

El Universal

<< El autor de "La enfermedad", la novela escogida entre 172 manuscritos Foto Gustavo Bandres)

La sensación de no creer que es el ganador del Premio Herralde de Novela durará unos días. Mientras eso ocurre, Alberto Barrera Tyszka alberga el temor de que el teléfono repique y la voz del otro lado le diga que fue un error, que los resultados se traspapelaron y que en realidad hubo una confusión.

Sin embargo, eso no ocurrirá. Su novela La enfermedad, lo convirtió ayer en el primer escritor venezolano y el séptimo latinoamericano en recibir este prestigioso galardón.

Cuando envió el manuscrito estaba convencido de que se enfrentaba a un "fracaso merecido": "Anagrama es el mejor catálogo del idioma. Hay tanta gente que publica ahí que son una referencia, escritores que son unos monstruos. Por eso tiene ese trozo de increíble. Me siento honrado".

El libro cuenta la historia de Ernesto Durán, quien cree estar enfermo aunque los resultados clínicos digan lo contrario. Este personaje vive con la necesidad de hablar y comunicar su enfermedad que, sospecha, puede ser mortal. Y tiene la certeza de que sólo hay un médico que puede salvarlo. Pero el doctor se enfrenta a una tragedia personal: una enfermedad clínica que padece su padre y su incapacidad para comunicárselo.

Literatura y enfermedad parecen dos temas abordados desde un ángulo personal: "Detrás del libro flota un poco la idea donde se relaciona la enfermedad y la palabra. Gilles Deleuze decía que dentro del mundo, donde todo parece ser síntoma de una enfermedad, la experiencia de la escritura puede ser una experiencia de salud".

Barrera Tyszka trabaja sobre la idea de que en Occidente se le ha dado la espalda a la enfermedad y a la muerte: "Se está construyendo una nueva utopía donde todos tenemos que ser siempre saludables. O peor, eternamente saludables. Parece que la enfermedad es una experiencia vergonzosa cuando en realidad es parte de la vida".

La inseguridad, ha dicho, es su método de trabajo: creer que lo que escribe puede ser mejor lo hace revisar una y mil veces: "Uno no es escritor sino reescritor, porque se la pasa reescribiendo". Por eso cree que el temor a la página en blanco no existe: "En realidad el temor es a la pagina publicada".

Cuando quiso enviar la novela pensó que se había cumplido el plazo pero su amigo Oscar Marcano le hizo ver que aún faltaban 15 días: "Creo que la casualidad es fundamental en la vida. La casualidad es tan poderosa como el destino. Ese día descubrí que no sólo tenía un libro sino que tenía tiempo".

http://www.eluniversal.com/2006/11/07/til_art_60592.shtml





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