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Opositor
bolivariano gana premio literario
Por Ernesto Pérez Castillo
La Jiribilla
No ha sucedido. Aún no es el día, pero ya se ve venir.
Pronto ese titular ocupará las primeras planas de los periódicos
del mundo. O por lo menos de El Mundo y El País.
Larga es la relación de quienes, en pago a sus servicios
extra-literarios, reciben a cambio el bombo y los platillos de la
bendición de las grandes editoriales y los premios bien dotados.
Es el acostumbrado modus operandi con que los grupos de poder, tras
bambalinas, lavan el dinero con que financian a sus caballitos de
batalla.
Aún está fresca la tinta que anunció la entrega
del premio de ensayo de Anagrama a Rafael Rojas, por un libro sobre
el que el propio Vicente Verdú, miembro del jurado, afirmó
públicamente: “Yo no voté ese libro (...) porque
me parece una guía telefónica mala".
Antes le había tocado el turno de recibir su billetico a
la Zoe Valdés. En su caso le fue servido en bandeja de plata
el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja por La eternidad del instante.
Sobre esta "novela", Cristóbal Díaz —un
cubano que hace más de seis años abandonó la
Isla— ha declarado: “cometería un crimen si defendiera,
como literatura digna de mi país, la obra de un autor que
resulta un bochorno para la cultura de una tierra que ha dado plumas
como José Martí, Alejo Carpentier, Eliseo Diego o
Reinaldo Arenas”, todo ello en un extenso artículo
que tituló: La eternidad del instante: un engendro de la
subcultura.
Más, al parecer, ahora el frente se ha ensanchado y la línea
de fuego va llegando ya a Caracas. Pues sí, eso parece indicar
la reciente adjudicación del Premio Herralde de Novela al
venezolano Alberto Barrera Tyszka, por La enfermedad.
Y es que hasta la fecha, solo un compatriota suyo había
sido galardonado por una editorial española, y fue Adriano
González León, en 1968, que obtuvo el Premio Biblioteca
Breve por País portátil.
El caso es que Alberto Barrera —perteneciente al staff del
diario El Nacional, abiertamente antichavista, donde mantiene una
columna dominical que le ha valido elogios periodísticos
tales como "poco confiable" o "poco serio"—,
es hoy el nuevo y flamante Premio Herralde, apellido del dueño
de Anagrama, y las credenciales literarias de su creación
deberán ser los culebrones que ha escrito para televisoras
mexicanas y venezolanas, y sobre los cuales él mismo ha confesado:
“no veo lo que sale al aire, no estoy cerca de los productores,
ni de los actores y no me creo nada”. Tal vez será
una actitud derivada de una conciencia profunda sobre su obra, declarada
en una entrevista reciente: “Insistes todos los días
en ser Borges pero nunca llegarás a ser Borges (...) No todos
nacimos para ser García Márquez”.
Así que ya está dicho. A afilarse los colmillos,
“opositores” bolivarianos, que su turno ya viene llegando.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=41559
El Premio Herralde de Novela es para Alberto Barrera
Tyszka
Por María Gabriela Méndez
El
Universal
<< El autor de "La enfermedad", la novela
escogida entre 172 manuscritos Foto Gustavo Bandres)
La sensación de no creer que es el ganador del Premio
Herralde de Novela durará unos días. Mientras
eso ocurre, Alberto Barrera Tyszka alberga el temor de que
el teléfono repique y la voz del otro lado le diga
que fue un error, que los resultados se traspapelaron y que
en realidad hubo una confusión.
Sin embargo, eso no ocurrirá. Su novela La enfermedad,
lo convirtió ayer en el primer escritor venezolano
y el séptimo latinoamericano en recibir este prestigioso
galardón.
Cuando envió el manuscrito estaba convencido de que
se enfrentaba a un "fracaso merecido": "Anagrama
es el mejor catálogo del idioma. Hay tanta gente que
publica ahí que son una referencia, escritores que
son unos monstruos. Por eso tiene ese trozo de increíble.
Me siento honrado".
El libro cuenta la historia de Ernesto Durán, quien
cree estar enfermo aunque los resultados clínicos digan
lo contrario. Este personaje vive con la necesidad de hablar
y comunicar su enfermedad que, sospecha, puede ser mortal.
Y tiene la certeza de que sólo hay un médico
que puede salvarlo. Pero el doctor se enfrenta a una tragedia
personal: una enfermedad clínica que padece su padre
y su incapacidad para comunicárselo.
Literatura y enfermedad parecen dos temas abordados desde
un ángulo personal: "Detrás del libro flota
un poco la idea donde se relaciona la enfermedad y la palabra.
Gilles Deleuze decía que dentro del mundo, donde todo
parece ser síntoma de una enfermedad, la experiencia
de la escritura puede ser una experiencia de salud".
Barrera Tyszka trabaja sobre la idea de que en Occidente
se le ha dado la espalda a la enfermedad y a la muerte: "Se
está construyendo una nueva utopía donde todos
tenemos que ser siempre saludables. O peor, eternamente saludables.
Parece que la enfermedad es una experiencia vergonzosa cuando
en realidad es parte de la vida".
La inseguridad, ha dicho, es su método de trabajo:
creer que lo que escribe puede ser mejor lo hace revisar una
y mil veces: "Uno no es escritor sino reescritor, porque
se la pasa reescribiendo". Por eso cree que el temor
a la página en blanco no existe: "En realidad
el temor es a la pagina publicada".
Cuando quiso enviar la novela pensó que se había
cumplido el plazo pero su amigo Oscar Marcano le hizo ver
que aún faltaban 15 días: "Creo que la
casualidad es fundamental en la vida. La casualidad es tan
poderosa como el destino. Ese día descubrí que
no sólo tenía un libro sino que tenía
tiempo".
http://www.eluniversal.com/2006/11/07/til_art_60592.shtml
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