..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.153, Viernes, 8 de diciembre del 2006

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El desembarco de nuestra amada Revolución
Por Adriana Vega

Conocí a Víctor Boronat en uno de mis primeros viajes a Cuba porque su hijo Vitico me guió por toda la Habana en pleno Período Especial. Enterado de mi pasión revolucionaria, Vitico me habló del padre, quien había merecido la Medalla José Martí por actuar en la clandestinidad y acababa de participar en Oriente de la conmemoración de los treinta y ocho años del Desembarco del Granma, Don Víctor apreció conocerme y durante su visita conversamos extensamente. Al vislumbrar mis dudas con respecto a los políticos argentinos, con sabias palabras sentenció: “Nosotros, los cubanos, creemos en nuestros dirigentes”. Y por mi curiosidad sobre su actuación en los históricos hechos dijo con modestia: “Muy poca. Todo lo hicieron ellos. Eso sí, el movimiento de la lucha clandestina fue la expresión más alta de la unidad revolucionaria y el levantamiento armado de Santiago de Cuba efectuado por Frank País, máximo organizador de la insurrección, la manivela que apoyó el desembarco del Granma. Lo nuestro-continuó- se trató del asalto a un polvorín de La Cadena, al norte de Las Tunas, la noche del 29 de noviembre y ocho horas antes de que los combatientes organizados por Frank País protagonizaran el histórico hecho de la madrugada del treinta, cuando se esperaba a Fidel y sus compañeros. Pero lo mío fue poco relevante- señaló mientras mostraba con orgullo su galardón- “Esta medalla es generosidad de mi Gobierno.”

El honor de haber tenido en mis manos la condecoración José Martí y ya por cumplirse el 50 Aniversario del Heroico Desembarco, me convence de que durante esa jornada se apeó en Playa Colorada toda Latinoamérica. Escucho como entresueños la voz de Don Víctor contando con emoción que “La situación de los expedicionarios exiliados en México se había vuelto difícil por la deserción de dos hombres, y Fidel ordenó el traslado hacia Tuxpan. Había llegado el momento de iniciar la lucha independentista por nuestra patria. El 25 de noviembre de 1956, bajo una lluvia gélida, el Granma, con pesado armamento y valiosa carga, navegó calladamente el río Tuxpan burlando la vigilancia del faro. Ya en mar abierto comenzaron vientos fuertes y los vaivenes de las olas provocaron mareos y náuseas en muchos de nuestros valientes. Usted se imagina, querida amiga, a estos hombrazos con el estómago revuelto y para colmo Fidel como si nada, dedicado a encuadrar los rifles. Ya lejos de la costa, iluminaron el barquito y corearon el Himno Nacional y la Marcha del 26 de Julio gritando ¡Viva la Revolución! y ¡Abajo la Tiranía!”

“Fidel ordenó armarse por si los guardafronteras mexicanos intentaban detenerlos. Navegaron durante tres turbulentos días llegando en la madrugada del veintiocho al Mar Caribe. De los ochenta y dos exploradores, buena parte sufrió mareos y vómitos como consecuencia del mar encrespado. El veintinueve por la madrugada se ordenó zafarrancho de combate porque avistaron naves sospechosas, pero eran dos pesqueros que siguieron su ruta. El treinta, el Granma mantuvo rumbo hacia la isla Caimán Grande. Y se cruzó con un buque mercante. A fin de no despertar sospechas la mayoría
se ocultó. La radio informó del levantamiento en Santiago, y contrariado por la demora, Fidel le dijo a Faustino Pérez: “Quisiera tener la facultad de volar”. Cuando divisaban el faro de Caimán Grande cerca de Cienfuegos, un helicóptero de la isla sobrevoló el yate y continuó su correría.

El Estado Mayor había comunicado que el sondeo de un yate pequeño, pintado de blanco, sin nombre, de bandera mexicana y con cabina que cubría casi todo el barco realizado por la Patrulla, resultó infructuoso. Habían sido delatados. El desembarco peligraba. Nadie, a no ser los propios tripulantes, sabía que se encontraban cerca de las costas cubanas. La velocidad era invariable y desde la noche anterior la mar rugía muy agitada. Altas y frecuentes olas cubrían la cubierta de proa. La impaciencia devoraba a los pasajeros, quienes, después de conocer el inmediato desembarco, no podían dormir.

Alguien contó que esa mañana los despertó la algarabía armada por un cortejo de delfines nadando cerca de la nave, que con alegría de carnaval caribeño acompañaban con piruetas y sonrisas al Granma. Dicen que el argentino, entre curación y recuperaciones, manifestó que esa escolta era una señal de muy buena suerte. El CHE no se equivocó... ¿Verdad?

Pero la noche anterior cuando Roque y Mejía, piloto y timonel respectivamente, se turnaban en la cabina por ver el faro de Cabo Cruz, una fuerte ola sacudió la embarcación y Roque fue lanzado al mar. “!Hombre al agua!”, gritaron varios. Fidel ordenó parar máquinas para su rescate. El mal tiempo y la noche cerrada impedían encontrarlo. Cerca de una hora escudriñando el mar con linternas, ya lo creían ahogado pero el Comandante eligió continuar [buscándolo]. Una vuelta más permitió distinguir la vocecita apagada, suficiente para orientar la nave hacia el extenuado náufrago. Con sogas y bastante esfuerzo lograron salvarlo. Fue tanta la emoción que todos exclamaron: “!Viva Cuba Libre! Y comenzaron las bromas de que lo había cautivado el canto de las Sirenas, porque por ahí andan delfines y manatíes”

Los médicos Ernesto Guevara y Faustino Pérez brindaron su milagrosa asistencia. Más tarde avistaron las luces del faro. Navegaban por el canal del Niquero y las boyas no coincidían con la carta náutica. Dudando, cambiaron el rumbo. El Comandante en Jefe decidió ir a la costa y desembarcar. El primero de diciembre informó a la tripulación el sitio y dio a conocer la estructura militar. En la punta Los Cayuelos, cerca de Las Coloradas, el Granma no quiso saber nada más y encalló, se clavó en el lugar, no permitió seguir. Eran las 06:50 del 2 de diciembre de 1956. Con premura utilizamos el bote auxiliar para los materiales de guerra, pero el peso hundió la pequeña embarcación y cada uno cargó lo suyo.

Mientras desembarcaba la retaguardia, pasaron cerca una lancha y un barco arenero lo que hizo urgente el abandono de la embarcación. La alegría de llegar a la patria sin ser devorados por el mar o detenidos antes de pisar tierra, se tornó alarmante para el Jefe Revolucionario que temía haber varado en un cayo de costa fangosa. Con el agua al pecho anduvimos un rato, metidos en el centro de un enmarañado manglar de ramas espinosas y hojas de filo que cortaban manos y rostros, acosados también por un hervidero de mosquitos. Durante esa marcha difícil, varios se lesionaron, además perdíamos el calzado, la ropa y valioso material bélico. Angustiaba no saber si estábamos en tierra firme o no. En varias ocasiones Fidel indicó subir a los mangles altos en busca de indicios. Mientras seguíamos un Rabijuco sobrevoló nuestro espacio. Es un ave marina muy rara que sólo nidifica en esa zona. Luego de dos horas de endemoniado trayecto, Crespo distinguió los contornos de un bohío. La vanguardia fue en esa dirección todavía sin saber si era la isla grande. En un breve descanso debajo de un aguacate cimarrón que por el porte tenía más de quinientos años y mientras se incorporaban, Fidel solicitó explorar una casa que decían haber visto. Allí encontramos al campesino Ángel Pérez Rosabal, quien confirmó que estábamos en tierra firme”.

En este punto del relato y viendo que Don Víctor se había introducido en él, sorprendida pregunté:

¿Quiere decirme que era uno de ellos, que estaba allí?

Se dio un respiro para contestar y luego con sonrisa muy suelta respondió: Y claro que sí. ¡Allí estaba todo el Pueblo Cubano! Pero le sigo contando.

“Este desembarco del Granma sería el paso inicial para la formación del destacamento Guerrillero, luego el Ejército Rebelde y finalmente las gloriosas Fuerzas Armadas Revolucionarias. Muchas y duras batallas se libraron en las montañas y ciudades para llegar al triunfo definitivo de lo que es hoy Nuestra Cuba Socialista.

Estos hechos fueron como los he narrado. Tal vez falten datos precisos y mejores anécdotas pero tenga por seguro compañera mía que nos les falta corazón, porque cuando perdimos al CHE cada uno le despegó el suyo y se lo colocó como propio. Además por favores de la vida tenemos un Comandante que defiende esta Independencia desde que nació y ya ve usted, se cumplen muchos años del Desembarco y todavía no ha podido ni podrá con nosotros el infame Imperio”.

En oración patriótica, Don Víctor me había relatado esa epopeya realizada en los preludios de la Revolución Cubana y su voz de combatiente rememoró una hazaña homérica que hoy florece – diría él- como Batalla de Ideas y arranque de la Verdadera Independencia de Nuestra América porque ,”Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo”.*

*Expresión de Fidel Castro antes de partir.




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