..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.153, Viernes, 8 de diciembre del 2006

Libro de visitas

 

Crónicas de la lucha revolucionaria preparando la guerra V a VII partes
Por William Gálvez:

PREPARANDO LA GUERRA V Parte

30 DE NOVIEMBRE (3)

A Vilma le dijo:

--“Van o venir Yeyé (Haydeé Santamaría y Armando (Hart) para acá. Quiero que te dediques a buscar dónde alojarlos; que sea un lugar lo más reservado posible, porque ellos van a tener que estar clandestinos, con nombres supuestos; no debe ser tu casa, ya que la estamos usando como punto de contacto. También debes ir buscando y preparando el personal para los botiquines y ponerte de acuerdo con Nilda Ferrer, que ya conoce de esto; buscar el médico que les dé clases, las medicinas y los puntos donde deben ubicarse”.

Sin decirle los lugares donde se realizarían las acciones, le indicó la zona para situar los botiquines. En unión de Nilda y otras compañeras, visitan los lugares escogidos y situaron medicinas. Se hizo el listado de los médicos, enfermeros y enfermeros que impartirían, clases de primeros auxilios. A Duque de Estrado le dijo que dio su dirección para que le enviaran un cablegrama desde México; que tan pronto llegara, lo localizara y si no lo encontraba, lo hiciera por medio de Pepito. "Nadie puede conocer lo que te he dicho”, puntualizó Frank. A Léster le encomienda que consiguiera un plano de la ciudad de Santiago. En Manzanillo, se reunió con Beto Pesant, Celia y demás dirigentes del Movimiento en esa zona; puntualizaba instrucciones y orientaba que esperaran el aviso.

Todos sus movimientos, eran semiclandestinos. Aunque manejaba el auto rojo, taras Domitro y Vilma Espín le sirvieron de choferes las más de las veces. Durmió en la casa de Esther María y Lala de la Torre, en Carretera de Cuabita, y en la de su sobrino en Vista Alegre. Antes del 20 de noviembre en ocasiones lo hizo en su casa.

ARMANDO HART: "El 14 de noviembre de 1956 llegamos Haydeé y yo a Santiago de Cuba. Enseguida nos dirigirnos a casa de Cayita Araújo, que desde entonces fue para nosotros una fuente inagotable de optimismo y sentimiento patriótico. Después nos mudaron a una casa de huéspedes en la calle San Agustín”.

HAYDEÉ SANTAMARÍA: “En una época dormíamos en una casa de huéspedes. ¿Increíble, no? Armando era conocido por 'Jacinto', profesor de la Universidad, y yo, por María su esposa. Solamente sabían quiénes éramos realmente Silvina, la dueño de la casa de huéspedes y el doctor Juan Martorell, vecino de esa cuadra, quien, siguió unido a Melba y a mí después que salimos de la cárcel".

Los compañeros de Guantánamo informaron que por el momento no era posible obtener más armas de la Base Naval, dado al cordón sanitario establecido por una epidemia de fiebre tifoidea que se desencadenó en esa ciudad.

Sobre la cama del último cuarto de la casa de los Tey-Saint- Blancard, en Habana 404, estaba desplegado un plano de la ciudad de Santiago. A su alrededor, Frank, Pepito y Léster.

--Quiero consultar con ustedes una idea que tengo --dijo Frank--. En México Fidel me dijo que el apoyo debe comenzar cuando se conozca el desembarco, lo cual sabremos por la gente de Manzanillo, pero yo creo que si hacemos coincidir nuestras acciones con el desembarco de Fidel, sería mucho mejor.

--¿Y cómo sabremos la fecha exacto? -preguntó Pepito.

--Tres días después que se reciba el cablegrama de México, será la llegada. Está calculado que la demora en la travesía son cinco días y ellos saldrán dos antes de ponerlo.

--Si es así, me parece correcto hacer coincidir nuestras acciones con el desembarco --intervino Léster.

--Bien, si estamos de acuerdo, les voy o explicar lo que propongo hacer con las armas con que contamos. Debemos distribuir la ciudad entre los diferentes grupos de acción, apoyados por las Brigadas Juveniles.,

--Acuérdate que no tenemos armas para todo el mundo --aclaró Pepito.

--Sí, ya lo sé, pero con lo que tenemos podemos darles un buen golpe y entretenerlos lo suficiente como para que el desembarco se realice sin dificultades.

--¿Y cuál es la idea? -preguntó Léster.

--Atacar el edificio de la Policía en la loma del Intendente y el de la Marítima en el puerto. Hacer un bloqueo al cuartel Moncada y tirarle con el mortero para crear el desconcierto. A la gente que podamos armar, situarla en puntos que impidan su salida. Si los auténticos y los de Acción Libertadora están dispuestos a participar o a darnos sus "hierros" podemos completar el cerco, si no, hacerlo con barricadas que deben situar los Brigadas Juveniles para imposibilitar la salida de vehículos desde el Regimiento.

--¿Con qué haremos las barricadas? -preguntó Pepito.

--Hay que capturar todas las guaguas y carros que pasen cerca del Regimiento, ponerlos de una acera a la otra en las calles y darles candela; también de los garajes que están en Martí debemos socar las máquinas, hacer lo mismo en la avenida Garzón y si pudiéramos conseguir algunas pipas de combustible, sería mejor, pues regaríamos las calles que conducen al regimiento, les prenderíamos fuego, y si es posible, hasta lanzarlas encendidas dentro del Regimiento. Eso los neutralizaría por más tiempo.

Frank daba la impresión de que todo se iba a llevar a cabo tal como lo expresaba; realmente su optimismo era desbordante.

--Hay que hacer lo mismo con el Distrito Naval o neutralizarlo, tratar de que no entre en combate; debemos verlo con el contacto que tenemos. Nos queda la toma del aeropuerto, para evitar que lleguen refuerzos por esa vía. A Abelardo Rodríguez Font, que trabaja allí, le pedí que tomara fotos aéreas del aeropuerto y de todos sus accesos.

Alipio Piñero, mecánico de Cubana de Aviación, fue quien las tomó. Salieron muy nítidas: se ven todos los caminos, los marabuzales, y donde está situado el depósito de dinamita. Tenemos que podemos hacer en ese lugar.

--Con la gente de Manzanillo coordinamos lo que deben hacer para esperar el desembarco y preparar el ataque al cuartel de Niquero.

--Bueno, Frank, ¿y qué se hará en los demás municipios orientales y en el resto del país? --volvió a preguntar Léster.

En Oriente los únicos que tienen posibilidades de hacer algo son los guantanameros, que han conseguido varias armas largas, los demás sólo cuentan con algunas cortas y uno que otro fusil; los de La Habana tienen una Thompson y algunas armas cortas, dicen que harán acciones coordinadas con el Directorio, basados en la carta de México, firmado por Fidel y José Antonio. También me dijeron lo que dudo mucho, cuentan con las organizaciones auténticos. Las demás provincias están por el estilo, aunque se han comprometido a acciones de sabotaje, principalmente en las comunicaciones, para demorar el envío de tropas a la zona donde se produzca el desembarco. Algo deben hacer. Este es la idea. Me parece que debemos estudiarla bien, recorrer estos lugares para ver que acciones puedan mantener el mayor tiempo en jaque al Ejército, y asegurar que Fidel llegue a la Sierra Maestra.

En los días subsiguientes, quienes vieron un auto rojo con tres y en ocasiones con cuatro jóvenes, quizás pensaban que eran unos afortunados en poder pasear por la ciudad, seguramente en conquista de lindas muchachas. Y el que vio un jeep de Obras Públicas con instrumentos de medición por la Avenida Garzón, entre el Regimiento Maceo y el reparto Terraza de Vista Alegre, supuso una remodelación de la céntrica vía.


PREPARANDO LA GUERRA VI Parte

30 DE NOVIEMBRE (4)

Sobre las nueve de la mañana Frank salía de la casa de su sobrino, en el carro rojo recogiendo a Taras Domitro frente a la rotonda de la entrado a Vista Alegre; a partir de ahí, Taras se hacía cargo del timón. Buscarían a Pepito por la placita de Santo Tomás. Recorrieron varias veces las calles alrededor del Regimiento para escoger los lugares donde situar los grupos de acción; lo mismo hicieron en la zona de las unidades de la Policía, en la Lomo del Intendente y en la de la Marítimo en la Alameda del Puerto. En, una de las tardes en que estaba Léster buscando el lugar para emplazar el mortero que debía disparar contra la fortaleza militar.

LÉSTER RODRIGUEZ: "Cuando Frank regresó de su segundo viaje a México, nos puso al corriente de todo; de buena gana aceptamos su nombramiento como 'jefe nacional de Acción del Movimiento. Después de las reuniones de la dirección provincia y los jefes de grupos, en la casa de Pepito, a él y a mí nos expuso su idea de qué hacer; yo pude conseguir un plano de la ciudad con Pepín Alvarado, quien trabajaba en Obras Públicas. El ingeniero Rafael Oliver, con una comisión de estudio, midió la distancia existente en todas las direcciones desde el punto en que nosotros íbamos a tirar al Regimiento, hasta el mismo medio de la fortaleza."

Luego de aquellos recorridos, Frank citó por separado a los jefes de grupos a la casa de Arturo Duque de Estrado, en San Fermín 358, e impartió a cada uno su misión específica. Debían informar una vez que terminaran el reconocimiento del objetivo asignado.

Además de Frank, el plan en todos sus detalles era conocido por Pepito y Léster, aunque ambos tenían misiones a cumplir personalmente y fueron los primeros en informarle al jefe superior. A Léster, que era estudiante dé ingeniería, se le responsabilizó con la manipulación del mortero de 8l mm. Él informó dónde se emplazaría, protegido por una ametralladora trípode, calibre 30.06. El lugar escogido fue un solar al lado de una casa, en construcción, en calle L Nº 351, Ampliación de Terraza. La 30 ubicada en la azotea de la casa, como defensa de la pieza de artillería. Las explosiones de las granadas del mortero sobre el Regimiento sería la señal de inicio de los ataques.

--¿Está bien estudiado la distancia hasta el Regimiento? --preguntó Frank.

Siguió a la pregunta una larga explicación del trabajo hecho por el ingeniero Rafael Olíver.

--La responsabilidad nuestra es tomar la Estación de la Policía Nacional en la Loma del Intendente --hablaba ahora Pepito-- apoyado por las células de Otto.

--¿Para cuántos hombres alcanzan tus armas?

--Veinticinco, entre largas y cortas.

--¿Estudiaste bien cómo vas a realizar el ataque?

--Sí, Frank.

Por la escalera de madera fueron subiendo uno a uno los demás jefes de grupos. El plan de ataque a la Policía Marítima lo explicó Jorge Sotú (traidor, fallecido). Le siguieron en orden los jefes de los comandos encargados del bloqueo al Regimiento: desde Carretera Central y Avenida de Garzón hasta la calle 2ª del reparto Sueño, José Cala; desde ese punto siguiendo por calle 2ª hasta la de E, Nano Díaz, quien debe situar una ametralladora calibre 30 frente al cine Capitolio; de calle F a la Carretera Central, por la Avenida de Céspedes, Enrique Hermus; de ese punto a la calle Nueva y Avenida Martí, por el reparto Sorribe, Ignacio Alomá; o partir de esa intersección hasta la Plazo Marte, Nene Álvarez, que contaría también con una 30 y la misión de emplazarla en Martí para evitar la salida de las tropas enemigas. Tin Navarrete debía esperar en un punto de la carretera de Boniato a los que se evadieran, de la prisión, asegurarles su entrada a Santiago y unirse al bloqueo junto a Hermus. Como jefe de las Brigadas Juveniles, Félix Pena, designaría a los distintos responsables de grupo, a que comando debían apoyar, la cantidad de brigadistas que irán con él, lugar y hora de encuentro.

Se hablaría con los de la Triple A, a ver si se comprometen a la tomo del aeropuerto. Además, emplazar una ametralladora para neutralizar el Distrito Naval, y con los de Acción Libertadora, si estaban dispuestos a participar o darnos las armas.

En las casas de Nayibe e Ibis Atala, en Santa Rito 205 entre Santo Tomás y Corona, y en la de Silvia Sánchez, hermana de Celia, en la calle 8 Nº 110, Vista Alegre, se iniciaron los cursos de primeros auxilios. A las compañeras, se les enseñaba a inyectar utilizando naranjas, a poner sueros, vendar, entablillar, y, la medicina que se aplicaría de acuerdo a cada lesión. Así, con mucha seriedad pero también entre bromas, bajo la dirección de los, médicos Carlos Mirabal, Quinidio Armaigñac, Alfonso Araújo, Juan Martorell, Francisco Duran y el enfermero Antonio! López Pego, las mujeres revolucionarias se preparaban para el combate. "Nos divertíamos muchísimo vendando una cabeza, un brazo, una pierna" nos dijo Vilma Espín.

Las alumnas eran Ásela de los Santos, Electra Fernández, Nayibe Ibis Atala, Fé Carbonell, Aminda Castellanos, Nilda y Cira Ferrer, Tina Esteva, Teresa y Violeta Valentino, Nidia Leyva, Silvia Sánchez, Gisela Rodríguez, Aurelia Medina, Esther María de la Torre, Alba Griñán y otras.

Al militante Miguel Yero, por su condición de trabajador del comercio de confecciones y por sus relaciones con distintos comerciantes de ese giro, se le encomendó que consiguiera muestras de tela kaki verde olivo. De acuerdo a los recursos, se compró tela para unos doscientos uniformes. Una buena parte se adquirió en la tienda la Francia, donde trabajaba Salvador Pascual. Yero habló con un compañero para que buscara un sastre de confianza. Cuando encontró a uno y le dijo el asunto, "se le tiró en el suelo, tenía miedo, pues no se podía comprometer en eso", pero logró que le hiciera, los moldes de uniformes para distintos tallas. Quedaba buscar quienes los confeccionaran. Los del grupo de Pepito se hicieron en casa de César Perdomo.

Para el mensajero del telégrafo de la ciudad de Santiago era una rutina repartir los telegramas desde que comenzaba a cubrir su turno. Al entregarle los sobres comenzó a leer las direcciones, los situó en el orden en que iría dejándolos. Era la mañana del martes 27 de noviembre. Montó en su bicicleta y con sumo cuidado se deslizó por la empinada calle Enramada, en busca de sus destinatarios por los alrededores de la Placita de Santo Tomás. Luego de tocar varias puertas con mensajes de alegría o de tristeza, se dirigió a San Fermín 358. Se llevó el pito a la boca y agarró el aldabón, una mano de bronce dorada, que sostenía una bola de igual metal y color.

Aunque el destinatario conocía que a partir del 27 recibiría el telegrama, cuando escuchó el clásico pito del cartero y su nombre, se sobrecogió:

--¡Arturo Duque de Estrada! ¡Telegrama!

Un mulato de más de treinta años, de regular estatura, delgado y un poco sudoroso, le enseñó un sobre e indicándole en una estrujada y sucia libreta dónde debía firmar. Una vez que lo hizo, le entregó el mensaje, quizás pensando que la noticia no era buena por la palidez de quien la recibía. ¡Qué lejos estaba de imaginarse que había sido mensajero del reinicio de la guerra necesaria!


“TELÉGRAFO DEL ESTADO,
República de Cuba
Ministerio de Comunicaciones

TELEGRAMA
9838
12 7 RU 3 ORDY
MÉXICO DF NV-27 9A

SR ARTURO DUQUE DE ESTRADA
SAN FERMIN 358 (358) SCUBA,

OBRA PEDIDA AGOTADA

EDITORIAL DIVULGACION”


PREPARANDO LA GUERRA VII Parte

30 DE NOVIEMBRE (5)

Cuando Duque leyó el contenido del texto, su emoción fue mayor. De inmediato se dio a la tarea de localizar a Frank. Como no pudo, llamó a, Pepito por teléfono. Arturo recuerda: "Al poco rato llegó a la casa que no cabía de contento. Subimos al alto. Me pidió los planos y otra serie de documentos, direcciones, teléfonos, en fin, todo lo necesario, para ultimar los preparativos."

En los días siguientes llegaban cuatro telegramas más desde México. Dos para la Habana, uno con destino a Aldo Santamaría, en el hotel Royal Palm. Él debía alertar a los dirigentes de las provincias de Matanzas y Pinar del Río. Otro para el Directorio Revolucionario en la calle Ayestarán, residencia de un tío de José Antonio Echeverría, según lo acordado en México. Un tercero: dirigido a la calle Nazareno 9, Oeste, entre Cuba y Villanuevas, Santa Clara apartamento de Haydée Leal (China), quien no lo pudo entregar de inmediato a Santiago Riera, pues viajaba a Santiago de Cuba a entrevistarse con Frank. El cuarto para Camagüey, a la farmacia situada en Independencia y Martí, para entregar a Raúl García Peláez.

A pesar de conocer de las otras comunicaciones, Frank ordenó a Arturo que enviara telegramas a las demás provincias, redactándole sus textos. También le indicó llamara por teléfono a los dirigentes municipales de la provincia oriental para citarlos. Primeramente a Beto Pezán en Manzanillo. Preguntó a María Antonia si había conseguido la casa que le solicitó y la respuesta fue afirmativa. A Josué lo envía a Guantánamo para que mandaran las granadas; a Enzo Infante que viajara a Las Tunas e informara lo que debían de hacer. Muy contento iría a comunicarles la buena nueva a 'Jacinto' y 'María' en la casa de huéspedes.

ARMANDO HART: "Fue un mediodía cuando recibimos Haydeé y yo, por boca de Frank, la noticia del -telegrama con el anuncio del desembarco: daba saltos dé alegría, con esa jovialidad, dinamismo y espíritu juvenil que poseía. Era martes 27 de noviembre de 1956. Había que acelerar el trabajo y preparar las casas que se utilizarían el viernes 30, fecha en que calculamos llegaría a nuestras costas la expedición comandada por Fidel. Nos dijo que Vilma debía localizar a los encargados de pasar la alocución grabada por radio a la hora en que comenzaran las acciones."

HAYDEÉ SANTAMARA: "Frank no era un muchacho muy alto, era más bajo y delgado que Armando. Lo digo porque entra precipitadamente y agarra a Armando, lo carga y lo levanta, no sé cómo, Y exclamaba: '¡Jacinto, Jacinto, ya, Jacinto, ya!' 'Pero ¿qué pasa, Frank?', le pregunto. Y me agarra a mí: '¡María, María, ya, María, yo, ya!' 'Pero Frank, que están oyendo', y no sabíamos qué le pasaba. Agitaba un papel y decía: '¡Ya podemos!' Y yo cojo el papel y leo el telegrama con la contraseña. El 'Granma' había partido. Jamás olvidaré la cara de Frank; era una de las caras más llenas de felicidad que he visto nunca..."

Un poco más tarde, Carlos Amat, de la Cuban Telephone Company, hablaba con Hart, Haydeé y Vilma. Trabajaba en el departamento encargado de las líneas de radio que desde la Habana entraban en Oriente y viceversa. Como miembro del MR.26.7 su misión era estar a partir del otro día 28, a las cinco de la mañana, en su trabajo y esperar que le avisaran para poner en cadena con los estaciones nacionales una alocución grabada que, se pasaría por una emisora local. Hart, en un papel escribió una frase, lo partió en dos, le dio una mitad y le dijo:

--Yo me quedo con la otra mitad. Si la persona que te va a ver no lleva esta otra mitad, no hagas nada, aunque te lo diga quien te lo diga. Tiene que ir con este papel. Cuando lo recibas debes esperar los primeros disparos, y dirigirte a tu trabajo y llamar por teléfono a donde te indiquemos, para que pongan la grabación y tú la retransmites.

Por la tarde fueron llegando los jefes de grupos a la casa del propio Duque. Frank revisó con cada uno por separado, su misión para cuando llegara el momento. Aunque no se les dijo la fecha, les indicó que debían conseguir casas cerca de los lugares señalados y estar localizados para cualquier asunto o variante en los planes. Por la noche, acompañado de Pepito y Léster se entrevistó con los dirigentes de la Triple A y de Acción Libertadora. Por medio del "Cojo" Parladé (traidor) los primeros se comprometieron a que cuando les dijesen el día y la hora, tomarían el aeropuerto y emplazarían una ametralladora calibre 50 en un lugar elevado, desde donde dominaban el Distrito Naval, pero que no contaban con más armas para prestarlas al Movimiento. Tanto Frank como sus compañeros saben que mentían, y dudaron de que cumplieran lo prometido, los segundos respondieron que la orden de La Habana era no meterse en nada sin su autorización.

Esa misma noche, en la casa de Ramón Álvarez se reunirían Frank y Léster con Francisco Rosales (Paquito) asesinado por la tiranía posteriormente y Luis Mariano Avalo, dirigentes del Partido Socialista Popular (Comunista). Les plantearon lo que esperaban en los próximos días, pero en aquel momento la línea del PSP no era la lucha armado.

Erróneamente abogaban por crear Condiciones para una huelga general que derrocara a la tiranía. Por tales motivos no hubo acuerdo. Hasta bien avanzada la madrugada deambularon de un lugar a otro, precisando los detalles.

El 27 de noviembre los estudiantes santiagueros organizaron una manifestación que salió del Instituto de Segunda Enseñanza y fue reprimida violentamente por los agentes represivos en las cercanías de la Plaza de Marte, con gran cantidad de golpeados y detenidos. Los evadidos improvisaron mítines relámpagos en las céntricas calles de Enramada y Aguilera, entre Santo Tomás, San Félix y San Pedro. En los alrededores de la Universidad un tiroteo obligó a los estudiantes a replegarse; entre ellos se encontraba Pepito, quien, consciente de su responsabilidad, pronto salió del escenario de los hechos. En La Habana, la manifestación arrojaba un superior saldo de heridos y detenidos, pero también los esbirros tenían sus bajas. Sería la última protesta pública de los universitarios habaneros, pues el más alto centro de estudios cerró sus puertas hasta la derrota de la dictadura. En las demás provincias se efectuaron actos semejantes. La Dirección del Movimiento velaba por que sus miembros no participaran en los disturbios, pues los necesitaban para algo más importante.

Catorce horas después de llegar el telegrama desde México, el general Martín Díaz Tamayo recibió este mensaje:


“CONFIDENCIAL
AG. EME,'Cdad Mtar, 272350 Nov956

Al JRgto 1 GR, CdeH.
Santiago de Cuba

DESTINATARIO

TEXTO: Como ampliación despacho cifrado SOpns No. 667-956 fecha 231525 ACTUAL ESTE CENTRO, informo a Ud lo siguiente

(DOS PUNTOS) WRFGI TLTFM VKIXP HTMZF ZESYG YZIUP SUBZ8 IXTUH UAGQU THMFJ PWWYZ HPLHLH MHSUP IGUAK (Punto), (35), (15) SOpns No 667-956

DESCIFRADO:
CASO SER ARRESTADO FRANK PAIS GÁRCIA INFORMARLO ESTE CENTRO PARA RECIBIIR INSTRUCCIONES". (Fondo Zona Opns. Exp 6651956)

CONTINUARÁ


© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Tel*fonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938