..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.153, Viernes, 8 de diciembre del 2006
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Día de la Medicina Latinoamericana

Mucho hemos hablado en este boletín sobre los logros de nuestra Revolución Socialista en el terreno de la medicina; mucho, sobre las condiciones de nuestro pueblo antes de 1959… Hoy, en saludo al Día de la Medicina Latinoamericana, les traemos, como botón de muestra o punto de comparación, este artículo que encontramos revisando viejas Bohemias de la década del 50, en el que se narra la situación que atravesaba un Hospital antituberculoso en Pinar del Río, a decir del redactor, “construido con más sentido de censura política que de servicio público”. En él podemos ver la poca atención oficial al tema de la salud, la corrupción imperante en el Gobierno, las pugnas entre los diferentes gobiernos –lastrados todos por el mismo desinterés, por la misma desidia- y las protestas de un pueblo que ya estaba aprendiendo a defender sus derechos:

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Orígenes de la conmemoración del “Día de la Medicina Latinoamericana y del Trabajador de la Salud”
Por José Antonio López Espinosa
Universidad Virtual de Salud de Cuba

El martes 3 de diciembre de 1833 fue para los entonces habitantes de la isla de Cuba y de todo el mundo un día como otro cualquiera, pues nada presagiaba que el nacimiento de un niño, como otros tantos que vieron la luz por primera vez la misma fecha, convertiría con el tiempo a ese día en una efemérides gloriosa en los anales de la medicina. Así fue porque el matrimonio residente en la villa de Puerto Príncipe, integrado por el escocés Edward Finlay Wilson y la francesa Marie Elizabeth de Barres de Molard trajo al mundo ese martes a un pequeño que, 47 años después, proclamaría su teoría de la transmisión de enfermedades de un sujeto enfermo a otro sano por vectores biológicos chupadores de sangre.

Ese niño, devenido en científico, aplicó dicha teoría a la solución del misterio acerca de la propagación de la fiebre amarilla, enfermedad que desde 1762 era endémica en Cuba donde había producido considerable número de víctimas, y descubrió al mosquito Aedes aegypti como el único agente capaz de transmitirla. Por si eso hubiera sido poco, creó el método experimental de producir formas atenuadas del mal en los seres humanos, lo que además de posibilitarle comprobar la veracidad de sus concepciones y descubrimientos, le permitió el estudio de los mecanismos inmunológicos de las enfermedades infectocontagiosas. Por otra parte, formuló las reglas básicas para la erradicación del mosquito, que aún se aplican como medida preventiva, con lo que dio inicio al procedimiento sanitario social conocido como lucha antivectorial.

Por sus grandes contribuciones para librar al hombre de los terribles estragos de la fiebre amarilla y erradicar otras enfermedades, se le considera al doctor Carlos J. Finlay Barrés un benefactor de la humanidad y el más grande científico cubano de todos los tiempos.

En el acta de la sesión de la Junta de Gobierno de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana del 12 de diciembre de 1932, consta la proposición de nombrar una comisión que se encargara de los preparativos para conmemorar al siguiente año el centenario del natalicio de Finlay.

Esta iniciativa de celebrar con solemnidad los 100 años del nacimiento del sabio cubano, había sido lanzada mucho tiempo antes por el doctor Jorge Le Roy Cassá y fue el día de esa reunión que adquirió carácter oficial. Más aún, en el acta de la referencia se hizo también constar que el entonces joven médico Horacio Abascal Vera, preocupado porque una vez que transcurriera la fecha del 3 de diciembre de 1933 desaparecería de la escena una efemérides tan gloriosa, sugirió como forma de perpetuarla la realización de las gestiones pertinentes para constituirla como “Día de la Medicina Americana”, de manera que todos los países dieran cuenta esa fecha de sus progresos, tanto en el área médica en particular, como en los aspectos económicos y culturales en general en los cuales la obra de Finlay había ejercido una influencia favorable.

Tras las deliberaciones de rigor, se nombró la comisión, cuya denominación respondió a las propuestas de los mencionados doctores Le Roy y Abascal. En virtud de ello se bautizó con el nombre oficial de Comisión del Centenario del Nacimiento de Finlay y del Día de la Medicina Americana. Este colectivo funcionó bajo la presidencia del entonces Presidente de la Academia, doctor Francisco M. Fernández, auxiliado por cuatro Vicepresidentes, a saber, los doctores José A. Presno Bastioni, Presidente saliente de la Academia; Manuel Martínez Cañas, Presidente de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, en la que Finlay dio a conocer gran parte de sus trabajos fundamentales; José A. López del Valle, colaborador de Finlay en su obra de erradicación de la fiebre amarilla y Antonio Díaz Albertini, también colaborador además de médico personal del sabio y miembro de la Junta Nacional de Sanidad y Beneficencia. La comisión fue integrada además por los doctores Le Roy y Abascal como Secretario y Secretario Adjunto, respectivamente, quienes tuvieron la responsabilidad de llevar adelante el trabajo práctico con vistas al logro de sus iniciativas, así como por los también doctores Julio Ortiz Cano como Tesorero y Enrique J. Montoulieu como Vicetesorero.

La sugerencia del doctor Abascal prosperó meses después, en ocasión de la celebración en Dallas, Texas, Estados Unidos de América, del IV Congreso de la Asociación Médica Panamericana, entre el 21 y el 25 de marzo de 1933. La conclusión del trabajo que presentó como ponencia a ese evento bajo el título de “Finlay, panamericanismo y día de la medicina americana”, proponía justamente la conmemoración solemne, el 3 de diciembre de ese año, del centenario del natalicio del científico cubano y la instauración de la fecha como el “Día de la Medicina Americana” con carácter permanente. La proposición tuvo una acogida muy favorable de parte de los representantes de los países allí reunidos, quienes la aprobaron por unanimidad.

Así, a partir del 3 de diciembre de 1933 y gracias a la iniciativa del doctor Abascal, se ha venido celebrando anualmente cada nuevo aniversario del nacimiento de Carlos J. Finlay.

Durante cerca de 30 años, la trascendental efeméride se conmemoró como el “Día de la Medicina Americana”, según se había acordado en el referido Congreso de la Asociación Médica Panamericana. Sin embargo, tras el triunfo de la Revolución cubana, se consideró que el 3 de diciembre de cada año debía homenajearse a todos los trabajadores que de una u otra forma consagran su esfuerzo a las disímiles labores que tienen que ver con el fomento, la preservación y el restablecimiento de la salud dentro o fuera del país.

Esta es la razón por la que se celebra [EN Cuba] desde entonces en esa fecha el “Día de la Medicina Latinoamericana y del Trabajador de la Salud”.

http://saludparalavida.sld.cu/modules.php?name=Sections&sop=viewarticle&artid=86





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