..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.154, Viernes, 15 de diciembre del 2006

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Barbarie y Civilización
Por Jorge Gómez Barata

El progreso humano está ligado a los contactos entre los pueblos que permiten trasvasar de unos a otros adelantos tecnológicos y culturales, prácticas, funciones y costumbres. Las migraciones e intercambios a lo largo de siglos, contribuyeron al desarrollo de modo más eficaz e indoloro que las guerras y las conquistas.

Sin disparar un tiro ni ofender a nadie, Marco Polo formó parte de la diplomacia imperial de China y Mongolia, gobernó ciudades y actuó como consejero militar de emperadores asiáticos, escoltó a altos dignatarios y sirvió como embajador de unos pueblos ante otros. Desestimando aquel legado, 140 años después del talentoso veneciano, España asumió el descubrimiento de América con inusitada violencia y definido carácter imperial.

Es científicamente insostenible la pretensión de que la invasión de países económica y tecnológicamente desarrollados a otros más atrasados e incluso primitivos y la imposición por la fuerza de relaciones de producción y estilos de vida más avanzados, trasplanta el progreso y absurdo utilizar ese argumento para justificar las conquistas imperiales.

El desarrollo social es un proceso endógeno que funciona como un sistema y requiere de un mínimo de armonía y de proporcionalidad. Un país puede imponer a otros gobiernos y autoridades, destruir sus estructuras y prohibir sus costumbres, impedir sus cultos y cerrar sus templos; puede hacerlo retroceder a cañonazos, lo que no puede es hacerlo avanzar por la fuerza.

Nadie puede imponer la cultura y el talento, dictar decretos para que el saber se profundice, florezca la conciencia social, la moral y la justicia se impongan por derecho y el pensamiento político se enriquezca con el humanismo que hace prevalecer la libertad. Un decreto puede convertir a un idiota en general, en marqués o presidente, lo que no puede es hacerlo medico o cura.

El criterio de que mediante acciones militares como las de Afganistán e Irak, Estados Unidos o cualquier otro imperio puede convertirse en vector del progreso y en agente de cambios positivos en la cultura y los sistemas políticos es erróneo.

Ante el fracaso de la farisaica afirmación de que mediante la invasión y la ocupación, al derribar la dictadura de Hussein se daba al pueblo iraquí una oportunidad para edificar una genuina democracia, se acude ahora a una refinada justificación sociológica, al argumentar que el error norteamericano fue no comprender que aquel país no estaba preparado para semejante cambio.

Si hubiera en sus políticos suficiente lucidez y Estados Unidos realmente quisiera contribuir al desarrollo de los pueblos atrasados y facilitar el avance hacía sistemas y comportamientos políticos más modernos y eficaces y que mediante el ejercicio de la democracia y las libertades, el mundo fuera más seguro, sano y feliz, no es con la violencia como pudiera conseguirlo.

Es obvio que el despotismo y el autoritarismo, el oscurantismo y la intolerancia, vigentes no sólo en pueblos del Oriente, sino también de otros parajes del Tercer Mundo, están ligados a las rémoras del colonialismo, al atraso, la pobreza y la incultura, carencias que únicamente pueden ser resueltas con acciones positivas, entre ellas la cooperación y la ayuda al desarrollo.

Hace casi cincuenta años el presidente Kennedy asumió que sin promoción del desarrollo era imposible establecer la justicia social y disfrutar de la democracia, sólo que en lugar de movilizar las flotas y los ejércitos, creó los Cuerpos de Paz y concibió la Alianza para el Progreso.

La moraleja está a la vista. Allí donde el hambre y la pobreza ceden, la cultura avanza, la justicia social florece y la participación se convierte en un estado natural, los conflictos disminuyen y la paz social se convierte en un hecho.

La paz le daría a Estados Unidos en el Medio Oriente y en todas partes lo que jamás podrá alcanzar con la violencia. No hay guerras buenas y ninguna dictadura es peor que la de una tropa extranjera.

Enviado por su autor




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