..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.154, Viernes, 15 de diciembre del 2006

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Dossier_El general asesino y traidor falleció en el Día Internacional de los Derechos Humanos

No, no hay alegría alguna en los revolucionarios al oír esta noticia. Ya lo dijo Fidel al conocer el magnicidio de Kennedy:

“[…] Y es que los cubanos, en primer lugar, debemos reaccionar como revolucionarios. En segundo lugar, los cubanos, como revolucionarios conscientes, no debemos confundir los sistemas con los hombres. Y tenemos que empezar por considerar que nosotros no odiamos a los hombres, odiamos los sistemas. […] Nos alegraríamos de la muerte de un sistema: la desaparición de ese sistema nos causaría júbilo. El triunfo de una revolución siempre nos causa júbilo. La muerte de un hombre, aunque este hombre sea nuestro enemigo, no tiene por qué causarnos júbilo”

En este momento, sólo pensamos en todos los muertos que este hombre provocó: pensamos en Salvador Allende, pensamos en Víctor Jara, pensamos, incluso, en Pablo Neruda. Y si fuéramos religiosos, no podríamos siquiera decir “que Dios lo perdone”…

Por que ni Dios podría perdonarlo:

Augusto Pinochet: epitafio para un tirano
Por Mario Amorós

Rebelión

En enero de 1978 un tribunal italiano condenó a un policía llamado Eugenio D’Alberto por proferir una “ofensa imperdonable” a sus superiores: les había llamado “Pinochet”. El juez dictaminó que este término era una “calificación injuriosa”, ya que les acusaba de ejercer el mando con “métodos de naturaleza autoritaria y represiva” (Azócar, Pablo: Pinochet, epitafio para un tirano. Cuarto Propio, Santiago de Chile, 1998). A su muerte, 33 años después del golpe de estado que le instaló de manera ilegítima y brutal en el poder, Pinochet es repudiado como uno de los símbolos universales de la cobardía y la traición e incluso en Chile ha perdido numerosos apoyos desde que se descubrió que, además de ser el máximo responsable de crueles y masivas violaciones de los derechos humanos, saqueó los fondos públicos en proporciones multimillonarias.

Sin embargo, en su “legado” hallamos las claves que nos explican la situación actual de Chile. Al adelantarse en más de un lustro a Margaret Thatcher y Ronald Reagan en la aplicación del proyecto neoliberal, la dictadura de Pinochet condenó a la miseria a amplias capas de la población: en 1990, al ceder el poder al presidente Patricio Aylwin tras perder el plebiscito de 1988, el 45% de la población vivía en condiciones miserables. Aún hoy, a pesar de la reducción de la extrema pobreza, Chile es uno de los países donde la brecha social es más acentuada y donde la indefensión de los trabajadores frente al poder económico es mayor, puesto que está vigente el Código del Trabajo de 1980. Asimismo, las transnacionales del cobre, la pesca y la madera depredan los principales recursos naturales del país en virtud de su alabada “apertura” económica y la educación y la sanidad públicas han sufrido las consecuencias del “tsunami” neoliberal.

Por otra parte, y a pesar de los notables avances derivados de su histórica detención en Londres el 16 de octubre de 1998, la impunidad continúa vigente, gracias esencialmente al decreto-ley de amnistía de 1978, y la inmensa mayoría de los asesinos y torturadores goza de plena libertad. Durante los tres lustros de la interminable transición chilena sólo 46 personas han sido juzgadas y condenadas en firme por las violaciones de los derechos humanos y de ellas 24 ya han recobrado la libertad porque recibieron penas muy livianas. Los tres gobiernos anteriores al actual de Michelle Bachelet promovieron la elaboración de tres informes sobre los crímenes de la dictadura, pero no procuraron que sus responsables fueran juzgados, al contrario se empeñaron y se empeñan en garantizar su impunidad, desde las exitosas gestiones para lograr el retorno del tirano de Londres a, por ejemplo, el indulto en 2005 de Manuel Contreras Donaire, uno de los asesinos del sindicalista Tucapel Jiménez en 1981, por el presidente Ricardo Lagos.

Además del modelo neoliberal y de la ominosa herencia de la impunidad, Pinochet lega unas Fuerzas Armadas con privilegios inadmisibles en un régimen democrático y, aunque algunos de ellos han sido anulados por reformas constitucionales, todavía se apropian del 10% de los beneficios de la venta del cobre (la gran riqueza del país) y conservan una capacidad de intervención en la escena política considerable. Tampoco hasta el momento los militares han admitido su grave responsabilidad en la destrucción de la democracia el 11 de septiembre de 1973 y en la masacre del movimiento popular que sostuvo al Gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende. Porque, como sostiene el sociólogo Tomás Moulian, “no tienen conciencia del daño que causaron, creen que esos asesinatos fueron necesarios, creen que formaron parte de la guerra por la civilización, contra el marxismo, que era el mal”.

No obstante, Pinochet ha fallecido a los 91 años de manera muy diferente a la que soñó: salvado de sentarse en los tribunales por demente, abandonado por la mayor parte de sus fieles (desprovistos también del argumento de la supuesta “austeridad prusiana” del general), repudiado por la conciencia democrática de la humanidad y procesado en distintas causas judiciales por violaciones de los derechos humanos.
La dictadura que encabezó fue uno de los capítulos más oscuros y tenebrosos de la historia americana del siglo XX. Porque destruyó un esperanzador proceso de cambio social en democracia, porque refundó el país a partir de los dogmas neoliberales y porque de manera cruel masacró a miles de personas e institucionalizó la tortura, hasta el punto de que el 13 de noviembre de 1974 el tirano aseguró a los obispos Fernando Ariztía y Helmut Frenz en referencia al cura español Antonio Llidó, secuestrado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) el 1 de octubre y desaparecido tres semanas después: “Ése no es un sacerdote, es un marxista y a los marxistas hay que torturarles para que hablen. La tortura es necesaria para acabar con el comunismo”.

La geografía de la memoria histórica en Chile tiene al menos dos visitas inexcusables. Por una parte, el impresionante Memorial levantado en el Cementerio General de Santiago en recuerdo de las 3.197 personas oficialmente asesinadas o hechas desaparecer por la dictadura, con el nombre de Salvador Allende en el centro. Y por otra, Villa Grimaldi, un nombre que por sí solo condensa todo el indescriptible horror de la dictadura de Pinochet, un lugar donde cinco mil “prisioneros de guerra”, de la guerra que el tirano se inventó, fueron torturados de manera atroz y de donde al menos 226 personas fueron hechas desaparecer, probablemente al ser lanzados sus cuerpos al océano en helicópteros militares por agentes de la DINA.

Alejandra Holzapfel, una militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que fue torturada y violada en Villa Grimaldi cuando tenía 19 años, que incluso fue ultrajada después con perros en otro centro de detención de la DINA, asegura, en una metáfora de la suerte del pueblo chileno, que ha podido reconstruir su vida: “Ahora los que fuimos vejados y maltratados estamos sanos, tenemos vidas y familias normales, tenemos hijos y nietos, trabajamos. Yo todavía no pierdo las esperanzas, creo que va a llegar un momento en que vamos a construir una sociedad más justa, más solidaria, llena de amor”.

Testimonios como éste y la lucha de la izquierda chilena por la construcción de una alternativa socialista al modelo neoliberal (impuesto por la dictadura y mantenido de manera acrítica por la Concertación) constituyen la auténtica derrota histórica de Pinochet y su legado.


La muerte de la bestia

Resumen Latinoamericano

No importa que nos digan que nos regodeamos en la muerte, la bestia se lo merece.

Nos alegra infinitamente que este asesino se haya ido por fin. No nos alegra en cambio que se muera sin pagar por sus crímenes de lesa humanidad. Por todos nuestros compañeros y compañeras de Chile y Latinoamérica que fueron asesinados por Pinochet y sus esbirros, hoy decimos bien alto que lo menos que se merecía era la muerte.

Por Salvador Allende, por Pablo Neruda, por Víctor Jara, por Miguel Enriquez; por los obreros y obreras asesinados en las calles o en el estadio, por los comunistas, miristas, socialistas, rodriguistas y demás militantes torturados y martirizados; por el coraje de aquellos que intentaron lo humanamente posible para sacar al chacal del medio y no lo lograron; por la sangre derramada y el compromiso de seguir luchando por el socialismo, hoy gritamos:

Bien muerto estás, maldito asesino. ¡Los pueblos del mundo festejarán bulliciosamente tu viaje al infierno!


MURIO PINOCHET

“y evocare en un cerro de Santiago, a mis hermanos que murieron antes…”

Partió para siempre uno de los mayores genocidas de la historia contemporánea.

El que anegó en sangre las calles del Chile heroico que resistía sus embates organizados y dirigidos por la CIA.

Murió gozando de la impunidad que solo las bestias pueden alcanzar cuando cumplen a rajatabla los dictámenes del amo.

No murió en la cárcel, pero sobre su cadáver pesan los miles de cuerpos de los compañeros que soñaban un Chile libre, los miles de niños que crecieron sin sus padres, los miles de padres que lloraron a sus hijos. Los hermanos y compañeros que lloraron cada día la muerte y la tortura.

Hubiéramos querido, por supuesto, que el peso de la justicia cayera sobre ese criminal despiadado, aberrante, cínico.

Hubiéramos querido que muriera sí, la ideología perversa que lo instaló en el poder y que sigue causando estragos en nuestros pueblos y en el mundo entero.

Nosotros NO CELEBRAMOS esa muerte, porque es nuestra tarea cotidiana apostar a la vida y la muerte al fin no es sino el capítulo final de esa vida. Simplemente decimos que hay hombres que cuando mueren pasan a la inmortalidad por sus grandes obras, otros como PINOCHET, pasan a las páginas más sórdidas de la historia de los pueblos y se llevan consigo todo nuestro desprecio y asco.

Hoy debemos recordar mas que nunca las calles de Santiago y detenernos a llorar por los ausentes………

Por eso simplemente decimos: HA MUERTO UN GENOCIDA.

Vivan los compañeros torturados, masacrados, asesinados, encarcelados, desterrados, marcados a fuego en nuestros corazones.
VIVA CHILE HERMANO, libre ya de una bestia que esperamos nunca vuelva a reproducirse.

Amigos de la PAZ en COLOMBIA y en el MUNDO

Diciembre 10 de 2006


En olor de impunidad

Más le habría valido que lo mataran hace 20 años, el 7 de septiembre de 1986, en el intento de tiranicidio cometido por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, en la cuesta de las Achupallas. Habría pasado a la historia como un asesino sangriento, despiadado e íntegro en su maldad, como Hitler y Mussolini. Pero los atacantes se equivocaron en la selección y el uso del armamento, el Mercedes Benz blindado hizo su tarea y el chofer presidencial mostró un temple admirable, y Augusto Pinochet salió casi indemne del episodio y sobrevivió dos décadas más, perdió el poder absoluto, perdió su cargo de comandante en jefe del Ejército, perdió su inmunidad como senador vitalicio, perdió la libertad en una ocasión, perdió a la gran mayoría de sus incondicionales y perdió el decoro.

Vivió sus últimos años en una degradación extrema, acosado por acusaciones relacionadas con sus viejas atrocidades, por enfermedades degenerativas y por su propia impericia como ladrón de fondos públicos. La humanidad ya tenía demasiado con los esqueletos de los opositores torturados y asesinados, dispersos por todo el territorio chileno, con el recuerdo vivo de las torturas en el alma de miles de víctimas, con la rabia por la democracia traicionada, con el dolor del exilio, con el inmenso retroceso civilizatorio de la opresión, la falta de libertades y la censura.

Pero el General se superó a sí mismo y a ese saldo de violencia y muerte le agregó la pestilencia de la corrupción: pinocheques, saldos inexplicables en el banco Riggs, depósitos de oro en Hong Kong, hijos y el escándalo de hijos y nietos insolentes, vándalos y criminales. Con esa trayectoria, son ya muy pocos aquellos a quienes les queda margen para expresar dolor ante la muerte del tirano: los familiares beneficiarios del hurto, algún despojo humano, como Margaret Thatcher, y jóvenes acaudalados que fueron a la Academia Militar de Santiago a hacer el saludo nazi sobre un féretro que recibió las bendiciones de Francisco Javier Errázuriz, cardenal arzobispo de Santiago. Si se ve en retrospectiva, el atentado del 7 de septiembre de 1986 en Cajón del Maipo tenía como propósito liberar a Chile y a la humanidad de un dictador vesánico pero, de no haberse malogrado, habría conseguido también liberar a Augusto Pinochet de sí mismo y de un destino humillante y vergonzoso.

Ahora ese cadáver cachetón y sobremaquillado, expuesto ­más al morbo que a la piedad­ en una sede militar de la capital chilena, ha perdido importancia. Hay que mirar hacia adelante.

La muerte natural de un carnicero ­de lo que quedaba de él­ genera serenidad y alivio. Pero Pinochet deja tras de sí algo más que recuerdos de la pesadilla y fortunas mal habidas. No estaría de más recordar que en el Chile posterior al 11 de septiembre se aplicó por primera vez un modelo económico que fue luego catapultado como receta mundial por la Revolución Conservadora de Thatcher y Reagan y que permanece vigente en varios países de América Latina ­Chile y México, entre ellos­ y que viene siendo algo así como la continuación de la tortura por otros medios. Cada vez que se practica una "desincorporación" al Estado, cada vez que se desampara a los productores locales en aras de impulsar el libre mercado, cada vez que se practica la contención salarial con el pretexto de la lucha contra la inflación, cada vez que se ofrece una patria de regalo al capital financiero, cada vez que se sacrifica el presupuesto educativo para fortalecer el que se destina a los uniformados, se brinda un homenaje ­sería bueno pensar que involuntario­ a la memoria del gran genocida.

Además, algunos de los métodos de gobierno del General han sido legitimados a últimas fechas en varios lugares, en especial en Washington, donde George W. Bush decidió que estaba bien torturar, secuestrar y desaparecer a sospechosos de terrorismo. Los vuelos secretos de la CIA convirtieron los cielos de Europa y Medio Oriente en una proyección contemporánea del Estadio de Santiago, emblema de la barbarie. Los pasajeros de primera clase han estado compartiendo altitud, desde entonces, con infelices a los que se les quiere sacar la sopa mediante coerciones físicas. Y algunos gobiernos "democráticos" recurren a las golpizas, los abusos sexuales de las detenidas y las capturas sin orden de aprehensión de opositores pacíficos.

El carnicero ha conseguido ­por fin­ morirse sin ayuda de terceros y en olor de impunidad. Pero algo de él, algo hediondo y repugnante, se quedó impregnado en este mundo.

navegaciones@yahoo.com
http://navegaciones.blogspot.com


Yo pisaré las calles nuevamente
Pablo Milanés

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.

Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé las primeras balas
más temprano que tarde, sin reposo.

Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos,
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

(1974)


Obituario con Hurras
Mario Benedetti

Vamos a festejarlo
vengan todos

los inocentes
los damnificados
los que gritan de noche
los que sufren de día
los que sufren el cuerpo
los que alojan fantasmas
los que pisan descalzos
los que blasfeman y arden
los pobres congelados
los que quieren a alguien
los que nunca se olvidan

vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ladrón
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica cualquier día

la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices

hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas

se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponernos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera

vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto cualquiera

vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda.





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