..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.155, Viernes, 22 de diciembre del 2006

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Hora indígena
Por Hugo Rius

La celebración de los 80 años de vida del Presidente Fidel Castro, cimera e inconmensurable figura política del siglo XX, otorgó merecida centralidad a Oswaldo Guayasamín, otro gigante de la nobleza humana, como de él dijera el homenajeado cubano y universal, durante la inauguración años atrás de la monumental Capilla del Hombre, en Quito.

El nombre de Guayasamín suscitará siempre respeto y admiración, no solo por sus singulares virtudes personales y por el portentoso y fecundo legado artístico que dejó a todos los ciudadanos del mundo, sino también porque en sus lienzos y en su denodado quehacer se sintetizan la fuerza y la dignidad de los pueblos indígenas.

Mirándolo en perspectiva histórica, la trayectoria de quien proclamó a los cuatro vientos con fervor y orgullo su raigambre de pueblo originario, pareciera haberse empeñado en cumplir sin concesión alguna los postulados enaltecedores de la cultura propia, enarbolados por José Martí en Nuestra América, para "la hora de los hornos".

La evocación al hombre y al pintor, desde este ángulo, viene a propósito del actual e impetuoso movimiento reivindicativo de derechos conculcados y silenciadas voces indígenas por parte de las centenarias oligarquías dominantes, atentas a las señales del Norte, al sur del río Bravo.

En el mismo Ecuador natal de Guayasamín, las organizaciones indígenas y campesinas, tantas veces engañadas y defraudadas por la plutocracia local y oportunistas políticos, se constituyeron en pilar de los más recientes resultados electorales y la proyección de una constituyente que refunda al país sobre nuevas bases.

En esto último está empeñado en Bolivia el Gobierno de Evo Morales, el primer Presidente surgido de lo más profundo y auténtico de esa nación andina, quien acaba de decretar la distribución de tierras ociosas, tras una tenaz marcha de pueblos originarios hacia la capital.

Como polvareda, reclamos similares se levantan por otras muchas tierras del continente.

Sin embargo, todavía al cabo de casi dos décadas, sigue pendiente de aprobación en las Naciones Unidas una proyectada Carta de Derechos Indígenas, que reconozca los de alrededor de 350 millones de seres humanos de esa condición en todo el planeta.

Ni los representantes diplomáticos de las oligarquías, ni Estados Unidos, donde tantas cuentas históricas habría que saldar, al igual que Australia, ni potencias europeas que arrasaron en África y Asia, admiten que se plasmen siquiera en un documento una elemental profesión de fe a favor de los pueblos más discriminados.

Una vez que cubría en la ONU el Foro anual de asuntos indígenas, creado más con ánimo apaciguador que resolutivo, un experto cubano señalaba con sabia agudeza, ante la combativa plenaria: "ya están cansados de que les tomen el pelo".

Ellos reivindican lo que denominan autodeterminación, y que los detractores intentan presentarlo como fragmentaciones nacionales, cuando de lo que se trata es de que sean escuchados y decidan sobre el destino de las tierras ancestrales, piedra angular de la cultura y cosmovisión indígenas.

Hace poco, durante un encuentro de diputados y senadores indígenas en Madrid, clamaron contra la privatización de sus recursos naturales porque perpetúa la miseria y la discriminación de sus pueblos.

"Queremos el desarrollo, pero desde nuestras propias culturas, recuperando la dignidad de un pueblo que ha sido atropellado", dijo la diputada peruana Hilaria Supa Huamán, una mujer de avanzada edad que no pudo ir al colegio y creció en una familia de analfabetos que no hablaba español.

Ellos anhelan poner fin al saqueo, a que se reconozcan sus lenguas y tradiciones, los aportes que han hecho a la cultura universal, el derecho al trabajo, la educación y la atención médica, a dejar de ser ciudadanos de segunda categoría.

"Dale tu mano al indio", volvió a cantar el uruguayo Daniel Viglietti, en una de las veladas populares por los 80 años de Fidel Castro. En cualquier caso, el indio tomará en sus manos su destino, en la hora indígena que se vislumbra en nuestra América.

Fuente: EXCLUSIVO, 13/12/06

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