..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.156, Viernes, 29 de diciembre del 2006

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Los dilemas del software y de los sistemas de gestión integrada en las Bibliotecas Nacionales
Por Mg. Luis Herrera
Director de Atención al Usuario, Biblioteca Nacional Argentina

Un dilema es, por definición un “argumento formado de dos proposiciones contrarias disyuntivamente o mutuamente excluyentes, con tal artificio que, negada o concedida cualquiera de las dos, queda demostrado lo que se intenta probar”. En este caso, no se intenta probar nada que no sea el simple hecho de reconocer la existencia de herramientas conducentes a facilitar las tareas que es necesario realizar en una biblioteca, en este caso, una biblioteca nacional.

Otra forma de identificar el dilema es recordar el “proverbio” adjudicado a Lee Segall que reza: “el hombre que tiene un reloj sabe siempre qué hora es, el hombre que tiene dos relojes, nunca está seguro”. Seguramente los dos relojes dan la hora e individualmente funcionan perfectamente, pero ¿cuál da la hora correcta?

Debe quedar claro que todas las instituciones y también las bibliotecas son atravesadas por estos dilemas. Es decir, para facilitar la realización de las tareas básicas en una biblioteca se requieren herramientas y, como normalmente aparecen en escena varias herramientas más o menos aptas para realizar una idéntica tarea, y como la competencia que genera el mercado se puede calificar de salvaje, se generan dudas. A esto debemos añadir que, en general, el estado nacional carece de respuestas ágiles ante esta problemática.

Adjudicado un valor intrínseco a las herramientas, como pobres pero posiblemente útiles representaciones de las cuestiones esenciales de las bibliotecas, podemos con cierta laboriosidad, dedicarnos a considerar algunos de los elementos que creo importantes y que constituyen parte de la problemática cotidiana en las instituciones aunque con elementos de orden estratégico. Parece pertinente que este tema sea debatido aquí ya que si bien cada institución puede haber encontrado soluciones propias, al compartirlas, nos enriquecemos.

Expondré primero algunas ideas generales de contexto, luego procuraré delimitar las bases para la toma de decisiones de este tipo, a las que entiendo de naturaleza estratégicas, relataré algunas experiencias, incluso la propia de la Biblioteca Nacional Argentina, y en la conclusión, propondré lo que creo apropiado para esta biblioteca.

Luego de exponer, nuestros invitados de honor realizarán sus comentarios, propuestas y preguntas, si lo desean, en el mismo orden seguido ayer.

Tomaré prestado de la teoría general de sistemas (Bertalanffy, Ludwig von, Teoría General de Sistemas, 1969) algunas ideas. En ese marco, se identifica la existencia de ciclos de vida de los sistemas, es decir que, así como nacen, también cesan de existir. Se reconoce asimismo la existencia de sistemas cerrados y sistemas abiertos. Es decir que hay sistemas que funcionan autónomamente sin que entre o salga nada de ellos, pero funcionan, viven, y también mueren. Hay sistemas abiertos que desempeñan sus funciones y siendo abiertos, para su mejor desempeño, cosas deben entrar y salir del mismo, según corresponda. En este caso, se puede reconocer cual es el límite o rigidez o permeabilidad en relación con esos ingresos o salidas, como maneras de asegurar su desempeño satisfactorio.

Roy S. Rappaport, antropólogo, define a un sistema como a una entidad capaz de mantener una cierta organización cuando se enfrenta a cambios internos o del ambiente que lo rodea. Esta es una definición muy interesante.

Se reconoce que el denominado fenómeno de la Información es un elemento que fluye hacia dentro o fuera de un sistema y que tanto para este como para otros sistemas se necesita claridad y pertinencia en ese flujo para un funcionamiento adecuado. Otra característica general de los sistemas abiertos es que el objetivo central de un sistema puede ser identificado porque otros objetivos deberán sacrificarse para lograr ese objetivo central.

Debe entonces establecerse una diferencia entre un sistema y un software, siendo éste último, una mera codificación entendible por una computadora que busca darle vida al modelo de sistema pretendido para lograr un objetivo determinado. Entendemos entonces que es posible que debamos orientar nuestra atención no a una pieza de software en sí misma, sino al concepto de sistema o su modelo de representación.

También, debe quedar muy claro que, al menos en esta presentación, me refiero al Software como una herramienta, para lo cual es oportuno definirla como “instrumento con que trabajan los artesanos”, según la RAE (Real Academia Española). Ciertamente es una herramienta de estos tiempos. También es una herramienta que trae consigo un determinado lenguaje el cual, como nuevo y dinámico lenguaje, como todo lenguaje de artesano, rápidamente se transforma antes de que cualquiera pueda tener una cabal comprensión de sus significados y alcances. Ya se ha declarado formalmente “muerto” al formato VHS de video, como también a los disquettes de 5 ¼ pulgadas. Pocos recuerdan la programación en lenguajes COBOL o FORTRAN. Las herramientas entonces son pasibles de ser mejoradas, nacen, evolucionan y mueren, los lenguajes son dinámicos, todo fluye.

Como en otras instituciones, el lenguaje y las herramientas de la informática se adoptaron tardíamente en las bibliotecas, particularmente en nuestra región. Todos conocemos a BIREME y su rol activo para impulsar la creación y adopción de herramientas de la familia Isis, patrocinadas por UNESCO.

UNESCO se puso en estos temas como una forma de paliar la incipiente aunque expansiva brecha tecnológica de los años 60. La acción directa de UNESCO puede calificarse de exitosa, ya que probablemente por nuestros hábitos culturales hacia el aprendizaje y la demora en las políticas públicas de modernización e incorporación de nuevas tecnologías sean factores que han incidido en la lentitud para comprender lo nuevo, que además de ser nuevo cambia rápidamente.

Desde UNESCO, BIREME mediante, la acción de CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) en la Argentina, junto al CAICYT (Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica), y de otros centros de Argentina y la región latinoamericana dedicados al fomento de la adopción de aplicaciones informáticas para bibliotecas, se llega a los años 90 con la introducción de las librerías dinámicas para la consulta de bases de datos Isis mediante la tecnología de web.

La realidad es que salvo en algún caso muy particular, en la región no existe biblioteca (de cualquier tipo) que no haya utilizado o se encuentre ahora utilizando a CDS/Isis como aplicación para el registro bibliográfico. Más recientemente, se han creado en la región aplicaciones específicas para ciertos procesos de interés bibliotecario, para el diseño, implantación y publicación de bibliotecas digitales, sus respectivas colecciones y los así llamados repositorios documentarles institucionales.

Hay en Argentina y en la región, numerosas aplicaciones (software) para bibliotecas: Open MARCOPOLO (integrado: catalogación, y OPAC, de Universidad Nacional de Entre Rios, Argentina), OpenOPAC (Interfaz de consulta, FCEN, UBA, Buenos Aires), SIABUC (Integrado, Universidad de Colima, México), etc. Es interesante que todas estas aplicaciones responden a diversos estándares y a necesidades particulares, en algunos casos. No se destacan tanto en la literatura como en las aplicaciones desarrolladas, un énfasis en la estandarización, ya sea de formatos de registro y transferencia de registros bibliográficos como de otras herramientas. Como resultado, en cada reunión profesional no nos sorprende que hablemos mucho de constituir catálogos colectivos pero en la práctica no se ven los frutos de esas lecciones aprendidas. Nuevamente, cada uno tiene su propio Babel.

Casi 30 años transcurrieron desde aquellos primeros años de MicroIsis hasta que comenzaron a proliferar pequeños esfuerzos individuales o de grupos igualmente pequeños y que produjeron algunas de las piezas de software que cité arriba. Todos estos esfuerzos, por su dimensión, no aspiraron a ser mucho más que un módulo apto para desempeñarse en algunas de las funciones de una biblioteca. Como en los años 70 se discutía (al menos en Argentina) toda la cuestión de formatos, nos consta a los más canosos o pelados que corrían los 80 y aún los tempranos noventa cuando esas discusiones no habían concluido. ¿No hubiera sido más sencillo adoptar un formato único para todos? Uno cualquiera, si vamos al caso. Pero uno.

Hoy se discute aún si conviene adoptar MARC21. Y este tipo de discusiones sólo nos lleva a postergar lo que no se debe postergar, y espero poder fundamentar esto en breve.

Ya los sistemas comerciales integrados para bibliotecas han dejado de concentrarse en “cuestiones del pasado”, como la catalogación. Hoy se enciende una gran pasión por los metadatos, el Dublin Core, el harvesting y el datawarehousing.

Ocurre que esta nueva era trae consigo el concepto de biblioteca digital. Ya desde el año 1965 Joseph C. R. Licklider, en su libro Libraries of the Future (MIT Press) expuso con claridad lo que luego transformarían en las bases teóricas de la biblioteca digital Edward Fox (Virginia Tech University) y otros, incluso un colega de Brasil, Marcos André Gonçalvez, creando el Modelo de las 5S (Streams, Structures, Spaces, Scenarios, Societies). No es el objeto de esta presentación detallar los aspectos de esta teoría, pero ya existe demasiado escrito sobre estas cuestiones como para ignorarlo y atacar los problemas en función de un software o de una aplicación específica.

Una biblioteca digital es, por definición una organización compleja. No consiste en la mera digitalización de objetos, sino que la información que fluye se asocia a objetos, todos los objetos se relacionan y esas relaciones expresan nuevos espacios, estos crean escenarios para el usuario y la comprensión de sus necesidades, estos conjuntos de usuarios, con sus requerimientos nos plantean nuevos desafíos, y constituyen una sociedad o comunidad. Nuestras miradas a la biblioteca digital desde donde estamos, al menos en esta biblioteca, debe ser una mirada muy estudiosa.

Más recientemente, UNESCO ha apoyado con firmeza la adopción de software de Código Abierto, Open Source. La idea de Open Source Software (OSS) es propuesta por Linus Thorvalds (creador de LINUX), se basa en que existe una comunidad de desarrolladores con experiencia suficiente para crear una aplicación de gran demanda por parte de los usuarios principales. Mientras este grupo de “artesanos” aprende, avanza sobre las “reglas del mercado del software” dictadas por algún formador de precios y genera una nueva forma de disminuir costos de desarrollo, un campo en el que los formadores de precios no tienen cabida. Esa forma de disminuir costos es compartir lo que se sabe.

Esta revolución del Open Source nos plantea nuevos desafíos. Ya vivimos con Google. Es nuestro compañero de cada navegación, nos lleva a playas olvidadas, nos marea con cantidades de información, nos "sopla en las orejas” cuando nos equivocamos, dándonos pistas, se atreve a sugerirnos otras opciones de búsqueda, se ufana de darnos los resultados ordenados por un indicador de “pertinencia” o “relevancia”. Qué más se puede pedir? Se mantiene actualizado. ¿Cómo lo hace? Utiliza las estructuras e índice que aprendió de MicroIsis, los famosos índices invertidos. ¿Qué hace además?, utiliza servidores LINUX.

En el artículo “Open Source as a Signaling Device – An economic analysis”, de Samuel Lee, Nina Moisa y Marco Weiss, se cita a Bill Gates y/o Microsoft diciendo estas frases:

“Quién puede realizar un trabajo profesional sin recibir nada a cambio? Qué aficionado puede invertir tres hombres año en programar, encontrar todos los errores y documentar su producto y luego distribuirlo gratuitamente?” (Carta abierta a aficionados, por Bill Gates, 3 de Febrero de 1976)

“OSS (Open Source Software) plantea una amenaza directa, a los ingresos de corto plazo y a la plataforma de Microsoft, particularmente en espacio de los servidores. Además, el paralelismo intrínseco y el libre intercambio de ideas en OSS tienen beneficios que no son replicables en nuestro actual sistema de licencias y por lo tanto presentan una amenaza en el largo plazo para el espacio del mercado de desarrolladores” (Halloween Memorandum I, por Microsoft, Agosto 11, 1998)

http://opensource.mit.edu/papers/leemoisaweiss.pdf . Consultado el 27 de Agosto de 2006.

En un reciente seminario de modernización del estado, promovido por la Subsecretaría de la Gestión Pública, varios expositores nacionales y extranjeros han presentado su caso muy firmemente respecto al uso de software Open Source. La mayoría de las aplicaciones utilizadas en la AFIP (organismo que recauda impuestos) se han preparado en el marco del paradigma Open Source. Es posible que el éxito de la gestión de la AFIP haya trascendido nuestras fronteras.

Por nuestra naturaleza de humanos, y nuestra devoción por dudar, tenemos productos de software comerciales (muchos, pero cada vez menos).

Veamos el mercado de los sistemas integrados:

En el estudio realizado por Marshall Breeding, para Library Journal, en la columna Automated System Market place, para 2005, Breeding indica que es conveniente observar cuál ha sido el comportamiento del mercado en lo relativo a las migraciones, señalando que las empresas tienen que atraer nuevos clientes y simultáneamente retener a los que ya lo son. Para 2004, algunos clientes, no renovaron licencias (el 2%) y en general hubo una baja en nuevos contratos del 12% respecto al 2003.

Breeding prepara perfiles de cada empresa, en los cuales condensa informes de la situación financiera, tecnológica y de recursos humanos detallando indicadores como el índice de soporte, que se obtiene dividiendo la cantidad de sitios instalados por la cantidad de empleados dedicados al soporte técnico. Este indicador da una idea del tipo de respuestas esperadas a un problema específico de parte de los responsables técnicos, cuando surge un inconveniente.

En el caso de las dos empresas líderes del mercado mundial en función de su porción del mercado, Breeding analiza de esta manera a cada una:

Endeavor Information Systems
“Fue fundada en 1994 y comprada en el 2000 por Elsevier, una prestigiosa editorial, ahora dedicada a la edición en papel y electrónica de revistas científicas de excelente nivel. Tiene 156 empleados y una base de clientes de 1325, especializándose en bibliotecas académicas. En los últimos 5 años, ha estado decayendo en las ventas de su sistema Voyager, concentrándose en productos orientados al manejo y oferta de productos de contenido electrónico.”

Exlibris
“Fundada en 1981 y especializada en bibliotecas académicas. Tiene 261 empleados y luego de una re-estructuración, disolvieron el área de Servicios de Información. En los últimos años han vendido mejor sus productos orientados a los contenidos electrónicos aunque no han crecido mucho dentro de EEUU. Sin mencionarlo, el Aleph500 no ha cambiado, sino que se le acoplan los productos para la gestión de colecciones digitales”.

Acaba de anunciarse en varios medios (incluso la sección del Library Journal) la adquisición de Exlibris por parte de un grupo inversor que hace poco tiempo había adquirido a la empresa Endeavor Information Systems. Ambas empresas se fusionarán bajo del nombre de ExLibris.

Recordemos también que en el informe 2005 de Breeding, se anunció la fusión de Dynix, con Sirsi, que ocupaban el 3er. y 4to. puesto dentro de todas estas empresas. Las cuatro empresas mencionadas en este informe, que en 2004 estaban separadas e identificadas como las cuatro mayores competidoras del mercado, hoy están convertidas en 2 mega-empresas dedicadas a estos menesteres.

Estos movimientos de empresas, acompañado por los veloces cambios de las tecnologías presentan un panorama al menos confuso para cualquiera que no conoce quien será su interlocutor en breve tiempo (¿en las fusiones de empresas, atenderán agentes de soporte técnico de Aleph o de Voyager?) ¿Cómo se tratan administrativamente las soluciones propuestas por las áreas técnicas cuando existen cambios tan vertiginosos? Cómo se compra desde el Estado un software cuyo soporte técnico (por el que se paga) está fuera del país? ¿Porqué se llevan adelante tantas fusiones de empresas en plazos cada vez más cortos? ¿Se está reduciendo el mercado de los SIGB?

Retomando el asuntos de los formatos, desde otro ángulo. Toda pieza de software requerirá reglas para el registro de la información. ¿Cómo reaccionamos al desafío de representar adecuadamente los contenidos de formatos o soportes tan variados, estableciendo conexiones entre los registros pertinentes? Dicho de otra manera, vemos hacia el futuro no muy lejano, la posibilidad de embarcarnos temprano en el tren de los FRBR (Requerimientos Funcionales para el Registro Bibliográfico)?

Asociado a esta cuestión del formato de registro, quiero mencionar que la velocidad con que se generan cambios y avances en la tecnología informática se manifiesta más abiertamente en los distintos soportes en que se entrega la información. Si bien algunos soportes pasarán a ser piezas de museo, el registro bibliográfico que dará como testimonio de su existencia, transformándose en un elemento vivo de la biblioteca.

Entonces, hasta aquí hemos paseado por los verdes prados de la tecnología, con los sobresaltos del paisaje que en los últimos años es tan cambiante como el de América Latina. Los artesanos de nuestras regiones han puesto sus mejores esfuerzos por aprender, comprender y transmitir lo que hoy se maneja relativo al hardware y al software. Si bien hay aspectos de los desarrollos informáticos en las áreas del comercio y otras áreas que tienen el incentivo económico justo, se observa que esta situación no ha sido acompañada por lo que se refiere a las bibliotecas. En este aspecto, salvo por los casos exitosos antes mencionados, y algunas modestas iniciativas, parece que en la región no existe lo que se llamaría una actividad intensa en el desarrollo de software y aplicaciones para bibliotecas.

A pesar de esto, deseo describir brevemente una experiencia pertinente, que se aloja en una biblioteca hermana de ésta, que es la Biblioteca Nacional de Maestros.

A través de su proyecto “Desarrollo y optimización de las unidades de información del sistema educativo”, se creó el programa BERA (Bibliotecas Escolares y Especializadas de la República Argentina). Mediante este programa, se capacitó a un total de 3796 bibliotecarios escolares y se benefició a 4128 instituciones educativas en cuatro años.

Este programa BERA tiene los objetivos de promover el trabajo cooperativo en redes para avanzar en el aprovechamiento de los recursos existentes, generar instancias de normalización en el procesamiento de la información mediante el uso del software Aguapey, desarrollado según normas internacionales como MARC21 y las reglas Angloamericanas e ISBD. Hoy existe una estrecha relación del Ministerio con las Bibliotecas Escolares a través de esta pieza de software desarrollado en 2000-2001 en la BNM. El programa tiene financiamiento propio en el Ministerio de Educación y se han establecido así políticas públicas de mejora de uso de los recursos que tiene un alto impacto en el ataque de uno de los problemas básicos de nuestra educación: la lectura o la falta de ella, más bien. No tengo datos más precisos, pero entiendo que este software se ha promocionado más allá de las fronteras de Argentina.

Qué se extrae de estas acciones impulsadas en la BNM? Sería posible imaginar los logros en normalización y formación de bibliotecarios escolares sin este software? Los sistemas informáticos para bibliotecas que no han contemplado en sus formatos los estándares internacionales, tarde o temprano encontrarán el techo para sus necesidades de información. Y entonces, perderán la capacidad de ser verdaderos dueños de sus propios datos.

Preguntaremos con voces asombradas y a coro: ¿un software genera políticas públicas?

Si bien la historia no es todo color de rosas, es una historia exitosa sobre un software para bibliotecas. Más allá de que sus componentes son cerrados (Visual Basic, etc.), con piezas de MicroIsis, etc. El tema subyacente es el mantenimiento y evolución de ese software, es decir, la capacidad institucional propia de realizar la promesa de ser verdadera dueña de lo que tiene y sobre el cual se ha montado un aparato de gestión del cambio verdaderamente ejemplar.

El caso es que, como a veces ocurre, los Recursos Humanos que desarrollaron ese software detectaron que, del otro lado de la cerca, el césped siempre es más verde, de un tono verde petróleo claro del billete. El software quedó sin posibilidades de desarrollo, actualización, migración a una plataforma actualizada.

La realidad tan cambiante indicó en su momento que ahora se hace necesario un cambio, que tendrá sus costos de instrumentación. La opción de no innovar siempre está presente, con sus riesgos.

Otra anécdota de mi participación en la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, me permite relatarles que en una visita de la comisión de pares evaluadores a una institución cuya importante biblioteca había adquirido y está utilizando un software de reconocida trayectoria internacional, con importantes capacidades para la gestión integral de la biblioteca. Como era necesario además de evaluar el funcionamiento de las operaciones de la biblioteca en sí, era pertinente valorar las capacidades de gestionar las colecciones de manera adecuada con una herramienta tan poderosa como la que se posee. Presenté el siguiente problema: “se desea saber que perfil de edades tiene la colección de libros de ingeniería”. Dicho de otra manera: “¿está actualizada la colección de libros de ingeniería?”, o “¿cuántos libros tenemos de ingeniería editados en los años 70, 80, 90, 2000?”. ¡Pregunta fácil de responder!. Fue necesario realizar llamadas al exterior. Y aún así, no hubo respuesta. ¿Cuánto se pagó para no tener respuesta a una consulta elemental, relacionada con importantes tomas de decisión en una biblioteca, planteada a un poderoso sistema informático, de gran trayectoria internacional?. Para responder esta pregunta, era necesario tener TODA la información bibliográfica pertinente: aislar los registros de la colección pertenecientes a Ingeniería y conocer el año de edición de cada pieza bibliográfica de ese conjunto. Ahora, la gran pregunta: ¿el problema era del sistema caro? ¿O era de los datos?.

La anécdota sirve para ilustrar un segundo punto al que adjudico la mayor relevancia de la discusión de hoy. En qué punto se pasa de ser dueño de los datos de la propia institución a ser dependiente de una herramienta o de quien tiene manejo y control total de la herramienta? Cómo evolucionan las instituciones, de preguntarse cuestiones elementales hacia más complejas como, para seguir usando el mismo ejemplo anecdótico, “comparemos lo que cuesta tener en el estante, en la biblioteca de ingeniería los libros “antiguos” que no se prestan tanto, en relación con los más nuevos que siempre son demandados?”. Ya en este caso, habría que tener una herramienta que permita explorar la circulación de los materiales.

Consultada recientemente una empresa dedicada a la venta de una de las piezas de software más sofisticadas del mercado sobre el rol que tenían los informáticos de la institución en el proceso de migración de los datos y futuro mantenimiento del sistema, se recibió la siguiente respuesta:

[Respuesta] El personal de sistemas solamente debe entregar los datos exportados y la documentación de la información entregada.

[Respuesta] El personal de sistemas es responsable de hacer los respaldos, resolver las dudas del personal bibliotecario, hacer las consultas al proveedor, mantener lo relacionado con el hardware y sistema operativo del servidor, realizar los cambios de personalización a las hojas Web. Todas las actividades son asesoradas por el personal de la empresa proveedora.

Entonces, resumiendo:

Los estándares para el registro bibliográfico se constituyen en una decisión de orden estratégico. Lo que se decida hoy, determinará la complejidad de las decisiones futuras.

En mi opinión, las instituciones deben sacrificar todo lo necesario para ser verdaderas dueñas de sus propios datos. Se puede afirmar que las representaciones bibliográficas que nuestras bibliotecas producen constituyen junto a los materiales que representan un elemento vivo del patrimonio cultural. Se erigen en el elemento, o elementos del “catálogo” que facilita que en nuestras vastas colecciones sea posible encontrar lo que se busca.

Charles Cutter, allá por 1904, definió al catálogo como la herramienta que

1. Permite que una persona encuentre un libro del cual se conoce
a) el autor,
b) el título,
c) su tema.

2. Permite mostrar todo lo que la biblioteca tiene
a) de un determinado autor,
b) de un determinado tema,
c) de un determinado tipo de literatura

3. Ayuda a seleccionar un libro en base a
a) su edición (bibliográficamente hablando)
b) en cuanto a su alcance (literario o temático)

En este momento, la Biblioteca Nacional tiene a su disposición una base de datos de inventario, concluido en Agosto de 2006. Es decir: la BN tiene un registro por cada pieza bibliográfica. Para cumplir con los postulados de Cutter para un catálogo, se hace necesario que sus datos sean migrados a una base bibliográfica, es decir: un registro madre, con todos los ejemplares disponibles. Así la base de datos podrá aprovechar las capacidades de cualquier sistema ofrecido en el mercado actualmente.

Para poder enfrentar este desafío y el de los posibles desarrollos, será importante contar con los recursos humanos.

Vimos antes que el modelo de código abierto (Open Source) [http://www.dwheeler.com/oss_fs_why.html consultado el 28 de Agosto de 2006] requiere de una formación “artesanal”, teoría básica y sobre todo, muchísima práctica. La formación de una comunidad de desarrolladores es fundamental y se vuelve sustentable cuando la comunidad tiene raíces inter-institucionales, mediante convenios y acuerdos viables. Se deberá llegar a concretar una comunidad similar a la de LINUX, salvando las distancias, que responda a requerimientos comunes y parametrizables.

Muchas voces de la profesión han reclamado que la Biblioteca Nacional se constituya en la Agencia Bibliográfica Nacional, es decir, la proveedora del registro bibliográfico nacional estándar. ¿Será posible responder a ese desafío?

¿Podemos imaginar catálogos colectivos, o búsquedas federadas, o intercambio y cosecha de metadatos entre las bibliotecas nacionales que estamos aquí reunidas? ¿Cuáles son los estándares mínimos que facilitan esas posibilidades? Notamos que en el silencio de nuestra comunidad latinoamericana, la SALALM (Seminar on Acquisitions of Latin American Materials) posee más y mejores datos que (al menos) esta Biblioteca Nacional? Podemos desafiarnos a participar de los distintos programas PCC o Programas de Catalogación Cooperativa. Nos damos cuenta de la importancia estratégica de contar con nuestra propia información y ser verdaderos dueños de nuestros datos y la relevancia que tienen los RRHH bien formados en informática para sostener y hacer evolucionar nuestros requerimientos?

Aspiremos a que año 2010 nos encuentre con acuerdos sobre estándares, siendo dueños de nuestros datos, y con recursos humanos informáticos con capacidad de desarrollo.

Dado en II Encuentro de Bibliotecas Nacionales del Mercosur y Asociados
ABINIA, 5, 6 y 7 de Diciembre de 2006

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