..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.156, Viernes, 29 de diciembre del 2006

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Entrevista al Dr. Avelino Couceiro Rodríguez, Premio Anual de Investigación Cultural 2006
Por Jesús Dueñas Becerra*

"(...) Exáltese al pueblo: su exaltación
es una prueba de grandeza".

José Martí.

El doctor en Ciencias sobre Artes Avelino Couceiro Rodríguez recibió este miércoles, en acto celebrado en el capitalino Centro "Juan Marinello", el Premio Anual de Investigación Cultural 2006, que otorga esa emblemática institución, donde ciencia, arte e investigación cultural son expresión genuina de ética, humanismo y espiritualidad, fundidos en cálido abrazo.

El también Master en Antropología desarrolla una intensa actividad profesional como investigador titular del Ministerio de Cultura, profesor titular de la Universidad de La Habana y de otros centros de educación superior del país, donde imparte asignaturas incluidas en el diseño curricular de las especialidades de Comunicación Social, Estudios Culturales, Antropología, Artes y Letras e Historia, y desempeña funciones de tutor, oponente y miembro de tribunal de examen de grados científicos (doctorados y maestrías) y profesionales (diplomados y licenciaturas).

El doctor Couceiro Rodríguez es presidente de la Unión de Historiadores de Cuba en el municipio de Plaza de la Revolución, es miembro de la Sección de Crítica de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y ha representado cum dignitate a la cultura caribeña en la Península Ibérica (2003), así como en las islas francesas de Guadalupe (2005).

Al también crítico y escritor se le han conferido premios, menciones u otros reconocimientos en concursos y eventos nacionales e internacionales, así como por su fecunda obra en los campos de la docencia universitaria y la investigación científica y sociocultural.

El doctor Avelino Couceiro Rodríguez (autor de cinco libros publicados y de otros en proceso de edición) accedió con la amabilidad que lo caracteriza a conversar con los lectores de LIBRÍNSULA no sólo acerca del reciente premio que el Centro "Juan Marinello" le acaba de conceder, sino también de su infatigable labor docente-educativa e investigativa que lo hizo acreedor a tan importante reconocimiento:


Periodista (P): ¿Doctor, qué significa para usted, desde los puntos de vista profesional, humano y espiritual, haber sido galardonado con el Premio Anual de Investigación Cultural 2006, que otorga el emblemátco Centro Juan Marinello?

Avelino Couceiro Rodríguez (ACR): Es, sin lugar a dudas, un premio importante, desde todos los puntos de vista, aunque opino que todo premio, y todo reconocimiento en general, así como toda sugerencia, e incluso todo revés, supuesto o cierto, es importante en su contexto respectivo, siempre y cuando sepamos nutrirnos de su reconocimiento o incluso, no reconocimiento. A veces no te dan un Premio, merecida o inmerecidamente, y es importante, es una lección que se debe aprovechar. En todos los casos, ni este ni ningún premio es, ni debe ser, el objetivo al que se aspira, sino un estímulo por el cual determinados expertos reconocen el rigor científico, los valores y aportes de la obra premiada, pero ello no puede absolutizarse en ningún sentido ni desestimular en caso contrario, puesto que, además, el experto siempre es relativo, puedes serlo en una materia y no en otra, los jurados nunca son infalibles y eso está demostrado históricamente, y siempre hay riesgos de error por mucho que se esfuercen (nos esforcemos: no me excluyo por las veces en que me ha tocado la difícil y responsable misión de evaluar y juzgar la obra ajena) en su honestidad y profesionalidad; y cuando palpas que se hace con absoluta justicia, si no has sido premiado, puede servir de escuela para comprender (siempre digo a mis estudiantes que "comprender" es la mejor manera de "aprender") cómo hacer mejor la obra, cómo continuar desarrollándonos, y en el más difícil de los casos en que simplemente se escogió lo mejor entre obras impecables, una satisfacción puede ser retroalimentarnos y recrearnos en la valía de lo que ha sido premiado, ya por selección cada vez más compleja, porque hay que empezar por reconocer lo difícil y complejo de la labor de muchos de esos jurados.

En conclusión, el premio es una gran satisfacción, por supuesto, pero nunca un objetivo, sino que es parte necesaria del proceso de desarrollo y promoción de las obras presentadas. Una parte importante, eso sí, al premiarse, por lo que significa en cuanto a promoción, sobre todo cuando la obra se publica, y ello potencia al infinito los horizontes de la trascendencia, pues permite llegar a muchas más personas y es una propuesta al "gran jurado" de la historia, e incluso retroalimentarme más como autor y como investigador, por lo que puede impactarme para rectificar o profundizar tiempo después, incluida una selección crítica de las opiniones y sugerencias del público en toda su diversidad; es un premio significativo, sobre todo el que otorga el Centro "Juan Marinello", la institución rectora de las investigaciones científicas a propósito de la cultura en Cuba, y la imagen consecuente prestigia, sin la menor duda, y potencia aun más los resultados de la obra para la percepción de los lectores, ya previamente condicionados. Ya había obtenido dos Menciones anteriormente en esa misma categoría y en ese mismo concurso: una por mi Tesis Doctoral "La Cultura Ecológica en la Identidad Cubana" (2001), y otro por la serie de seis volúmenes "Historia e Identidad comparadas en las diversas barriadas del actual municipio Plaza de la Revolución" (2002 (...).

Finalmente en el aspecto profesional, pienso que es menester significar muy especialmente a los auténticos promotores, aquellos que ya desde antes habían reconocido los valores de esa obra sin necesidad de que jurado alguno la premiara; así por ejemplo, desde el 2002 la han tenido en cuenta para preparar e impartir los cursos de Antropología Urbana tanto la Maestría en Antropología de la Universidad de La Habana, como los Diplomados del Centro Nacional de Superación del Ministerio de Cultura como del Provincial de la Ciudad de La Habana, fue propuesta como Premio CITMA por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad Agraria de La Habana y he sido llamado para tutorar tesis de grado, diplomados, maestrías y doctorados en varias universidades cubanas y algunas extranjeras. La Dirección de Cultura de la Ciudad de La Habana ya me habían otorgado la Gitana Tropical y el Premio Provincial de Cultura Comunitaria, propuesto al Premio Nacional por aportes a partir de esa y otras obras y sus múltiples resultados aplicados en función de mejorar el trabajo comunitario, y así otros reconocimientos con especial valor, por haber sido visionarios antecedentes de este premio; son los mejores promotores, y como promotor hago igual: es un placentero deber reconocer a los consagrados, porque los admiramos y nos siguen enseñando y satisfaciendo (honrar honra, es cierto) pero no menos placentero y requiere especial visión, talento y valentía, reconocer a los "pinos nuevos" de quienes también me enorgullezco por mi vasta obra.

En cuanto a los aspectos humano y espiritual, permítame unirlos al contestar (...), porque para mí (al menos) son inseparables, lo espiritual define mi humanidad, que estimo el principal talento que no debiera faltarle a nadie; lo "no espiritual" (sin caer ahora en la polemizable diatriba entre cultura material y espiritual, material e inmaterial, etc.) está excluido de mis preocupaciones personales y de mis ambiciones, para bien y para mal, lo reconozco, aunque lo respeto y hasta valoro en los otros, siempre que no afecten los valores humanos. Estudié, entre otras materias, comercio, negociación, marketing, porque sé lo necesarias que son y los respeto como cultura, pero no es lo que me incentiva, incluso fui profesor de Mercadotecnia y lo que me incitaba era que a mis alumnos les agradaban mis clases, puesto que yo las impartía para salvar una necesidad, pero no me motivaba, cosa que no recomiendo a nadie, y menos, a un profesor. Y este Premio es también un reconocimiento a esa espiritualidad que identifica mi humanidad, a todos los sacrificios y esfuerzos que he tenido que hacer, las dificultades de todo tipo que he tenido que salvar (...), porque, como sentenciara el Apóstol, si "(...) la dificultad es grande (...) los que han de vencerlas, también".
Finalmente soy muy apasionado, como esta entrevista seguramente deja ver (...) en el caso de las ciencias, aun pervive en el neopositivismo que a mi juicio lastra incluso una buena parte de nuestras academias (separan por ejemplo "lo cuantitativo" de "lo cualitativo") la falsa idea de que la pasión es antagónica con la visión científica. Facilismo fatal (...) puede haber miopías, es cierto, pero por falta de talento, de oficio tal vez, por errores metodológicos, incluso para la exposición de los resultados (...), pero nunca por la pasión en sí. Simplemente, no concibo a Einstein "desapasionado" de la relatividad, ni a ningún científico "frío" ni "divorciado" de su obra; nunca la hubieran logrado, porque la pasión es el espíritu de lucha, que nunca debe faltar a ningún investigador. Premiar esta obra apasionada, es otro logro y un viraje para los dogmas, porque, al igual que el Maestro, amo apasionadamente lo que creo justo.

P: ¿Qué línea fundamental de investigación desarrollada por usted lo hizo acreedor a tan importante lauro en la esfera de la cultura caribeña?

ACR: El trabajo premiado ahora se titula "Hacia una Antropología Urbana cubana", y como su nombre indica, es fundacional para el área antropológica en nuestro país, pues la enfoca como "antropología de ciudad" y no meramente, "antropología en la ciudad", que eran las experiencias previas en Cuba. Por supuesto, parte del devenir epistemológico universal de la antropología, y en particular de la antropología urbana, pero se devuelve al mismo con nuevas propuestas y experiencias validadas en las comunidades "más urbanas" (por lo metropolitano y cosmopolita) de nuestra ínsula caribeña, y contenidas en el hoy municipio Plaza de la Revolución. Esas nuevas propuestas estriban básicamente en la integralidad del análisis en las culturas urbanas por espacios concretos (espacios no sólo físicos, sino culturales), puesto que las experiencias en otros países no se han identificado por esa integralidad, sino por aspectos muy puntuales de tales culturas; integralidad que ya en ese trabajo integra cada vez más la mismidad y desdibuja los esquemas heredados de una antropología dirigida siempre a un "otro" lo más distante posible, y que históricamente ha obviado que "yo" mismo (en este caso, mi comunidad misma, los investigadores, los artistas, los intelectuales, los profesionales) pueda ser objeto de investigación antropológica en estrecha concatenación con todos los demás "otros", pues también para ellos somos "otros". Aclaro que esa integralidad la cultivo desde hace más de 20 años, cuando de la mano de José Baltar y Juan Mesa en la Dirección Provincial de Cultura de Ciudad de La Habana, en el mismo municipio Plaza de la Revolución fundaba los Estudios Culturales en Cuba, esfera en la que realmente me he especializado y por la que he llegado a la Antropología Urbana y a mis restantes estudios; integralidad que entonces fue bastante cuestionada y tuve que vencer (...), mientras que hoy se ha generalizado, y a mi juicio abusado peligrosamente, pues la integralidad en lo absoluto puede oponerse a las especialidades (con las que se retroalimenta) ni a los talentos y vocaciones, ni con las personalidades.

Esa integralidad de la cultura es básica para entender, incluso, cualquier "antropología en la ciudad" que se acometa en una comunidad concreta, y por ende, para todas las restantes áreas antropológicas al diagnosticar el contexto, incluso para otras disciplinas, además de la Antropología, y para todo trabajo comunitario, e implica un valor metodológico esencial y universal que debe aplicarse siempre casuísticamente, por cuanto mi enfoque de la antropología urbana explicita la necesidad de asumir también como objeto de estudio la retroalimentación diacrónica y sincrónica entre comunidades (entendidas estas no sólo como residenciales, sino también las comunidades por otras afinidades, e incluso las comunidades por marginación, etc.) no sólo dentro de un mismo municipio, sino incluso con comunidades bien distintas y distantes, de otras provincias del país y de otras naciones (...) es, por lo tanto, una Antropología Urbana que no es exclusivamente "urbana", pues es indispensable de, con y para una Antropología llamada Rural y otras, y cuyo impacto e interés trasciende en mucho al caso cubano e incluso, al caso latinoamericano.

P:¿Qué es para usted la investigación sociocultural y de qué forma la integra a su labor docente-educativa como profesor titular de la Universidad de La Habana?

ACR: De entrada, prefiero hablar de "investigación cultural" y si no fuera por lo extenso, mejor aun, de "investigación sobre problemáticas culturales"... en fin, lo que desde Birmingham en Inglaterra y desde los años 50 y 60 del siglo XX, ha surgido a la palestra pública internacional como "Estudios Culturales". Concretamente en el "sociocultural" me pronuncio contra las aberraciones conceptuales que incuba. No me convencen las explicaciones de que "lo cultural sólo no da para estudiar", cuando todo lo contrario, la cultura es tan compleja que a veces, eso sí, requiere ramas especializadas que deben retroalimentarse; ni que "los demás lo entiendan", concesión imperdonable. Si entendiéramos la "cultura animal" (que yo sí acepto como identifidad de cada especie desde sus instintos, también persistentes en la especie humana) sería más asimilable "sociocultural", aunque también los animales tienen sus sociedades establecidas, incluso con poderes legitimados internamente. Pero no es el caso; mientras entendamos la cultura como exclusivamente humana, qué es lo cultural que no es social? ¿Y qué lo social sin impacto cultural? Es más aberrante aun, si con ello pretendemos diferenciarnos de los angloparlantes, que ha sido otro supuesto argumento.

Hecha esa aclaración, y para responder: la investigación es esencial a todo profesional, en buena medida es lo que lo conforma profesionalmente. Es muy difícil valorar el desarrollo óptimo de ningún profesional, si este no investiga, puesto que investigar es lo que lo hace aportar con aciertos comprobados a su rama concreta. El caso de los profesionales de la Cultura (con mayúscula, y me refiero concretamente al sector desde el punto de vista institucional, administrativo, y no a la cultura que incluye todos los sectores y personas) es emblemático de lo que significa investigar para todo profesional. De alguna manera, todo artista tiene que investigar para contextualizar bien su obra. Claro, dentro de las investigaciones, aquellas que son científicas trascienden por su mayor valor y alcance, pues las ciencias son las que nos aproximan a la verdad, y la investigación es la única forma de descubrir el mundo que, en una u otra medida siempre reflejará la obra de arte.

He sido profesor por casi 25 años (apenas me gradué, antes de trabajar en mi Servicio Social en Cultura en el municipio habanero de Melena del Sur, ya estaba contratado como maestro, y desde mis estudios primarios fui monitor en todos los niveles de enseñanza constantemente y en las más diversas asignaturas impartía clases), y cada vez con mayor carga de trabajo, sobre todo, desde que la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana me categorizó como Titular (2002), con los que me he mantenido sistemáticamente hasta la actualidad, sobre todo en la municipalización de la enseñanza superior en Centro Habana (también en Plaza de la Revolución y Playa), así como (casi de inmediato) la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad Agraria de La Habana para la Licenciatura en Estudios Socioculturales y la Maestría en Antropología de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. Son los centros docentes que más me convocan semestre tras semestre, pero también he impartido cursos, conferencias, he sido miembro y presidente de tribunal, tutor y oponente de grados, diplomados, maestrías y doctorados de diversas universidades cubanas y otros centros de educación superior y especializados del país, y ocasionalmente, de algunos extranjeros. En todos ellos, la investigación ha sido la base esencial, la experiencia propia como investigador ha sido protagonista no sólo al impartir Metodología de la Investigación (para formar investigadores, a mi modo de ver es imperioso ser investigador de hecho) sino también Estudios de Comunidades I y II y Comunicación Comunitaria, donde los resultados de mis investigaciones sobre comunidades han desempeñado una función "clave" en la comprensión de los métodos y las técnicas de investigación cultural año (...).

He impartido otras asignaturas, por ejemplo Literatura Universal y Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, también Historia Universal y otras; todas ellas exigen grados de investigación como parte indisoluble de la preparación profesional, incluso investigaciones de carácter pedagógico para optimizar la labor docente-educativa en el aula. Más que ser profesores pretendemos ser maestros para acercarnos a ese "evangelio vivo" y poder educar de verdad. Para educar, tenemos que estar educados nosotros mismos (...), comprender y amar cada vez más al ser humano, en particular al claustro de profesores del que conformamos un sistema, y a los estudiantes, saberlos valorar y comprender; sin estudiantes, no hay profesor, y a mis estudiantes (que por supuesto, no constituyen una masa homogenea ni mucho menos, su propia diversidad es otra enseñanza que me enriquece) agradezco mucho lo que me han aportado con sus trabajos, con sus inquietudes, con su visión del mundo, que tanto me retroalimenta y me educa a mí mismo, con sus lecciones de afecto y respeto genuinos, demostrados cotidianamente. Como profesor, voy al aula a enseñar todo lo que sé, pero enseñar no es imponer ideas, sino incentivar el análisis, la polémica, incluso generar y debatir nuevas ideas y propuestas, crear a partir de la información con que contamos... (como decía el padre Félix Varela, "aprender en pensar"), y sobre todo, soy el eterno estudiante que, aun como profesor, voy al aula a aprender todo lo que pueda de mis estudiantes para potenciarme aun más, del resto de los profesores, y también (¿por qué no?), de los trabajadores no docentes. Pienso que de todo en la vida (y la muerte) de cada ser vivo, constantemente podemos estar aprendiendo; cuando no aprendemos (...), tenemos alguna limitación que no nos autoriza como susceptibles al aprendizaje.

P:¿Qué relación percibe usted entre docencia artística, investigación sociocultural y crítica de arte?

ACR: La relación entre todas ellas es capital. Ya en la respuesta anterior está contenida la relación que percibo entre docencia artística e investigación cultural, puesto que esta última no se trasmite a nuevos profesionales si no es por la docencia, y entendamos docencia más allá de un aula y de un registro de asistencia; si nos referimos a la investigación cultural más allá de la artística, todo artista requiere de una formación cultural general (al menos elemental), para que no descubra de pronto "el agua tibia", para estimular su propia imaginación, para comprender mejor el mundo que refleja y poder potenciar su obra mucho más allá de sus instintos y de su empiria siempre limitada; la enseñanza que no sea científica (con toda la flexibilidad con que se potencian las ciencias a la luz de la postmodernidad) limita sus horizontes, y si no se sustenta sobre la experiencia investigativa, no es científica.

En el caso de la crítica de arte, a mi juicio se potencia mucho más cuando es, en sí misma, arte, de forma tal que la crítica no demerite a la obra misma que analiza; de hecho, hay obras que han pasado a la historia por las críticas memorables y artísticas de que han sido objeto. Recientemente, una asociación se interesaba por mis trabajos como crítico, "pero no investigaciones, sino como crítica pura". ¿Cómo es posible? La crítica profesional debe ser el "ejercicio del criterio" (Martí) ese "látigo con cascabeles" pero científicamente fundamentado, y sólo la investigación le solidifica esas bases; la investigación (mientras más científica, mejor) es la diferencia entre la crítica profesional, y la crítica improvisada, "de calle", orientada por el simple gusto y hasta por los prejuicios de todo tipo. Por otra parte, todo investigador tiene que ser crítico, someterlo todo constantemente a la crítica, al cuestionamiento que no es enfermizo ni obsesivo, sino natural, para acercarnos a la verdad, ser crítico con sus fuentes, con su objeto de estudio, con el contexto que analiza, consigo mismo; por supuesto, constructivamente crítico, en busca de soluciones. Es la única forma a través de la cual la investigación detecta los problemas que afectan a la sociedad y puede aportar algo a su desarrollo

P: ¿Algún consejo o recomendación a los jóvenes que comienzan a incursilonar en esas disciplinas socio-humanísticas a las que usted ha dedicado una buena parte de su fructífera vida profesional?

Les recomiendo que no hagan un trabajo sin amor, y claro que el amor no se orienta, sino que nace del alma; suele suceder que el trabajo en un principio, no lo conocemos, y por ello no podemos amarlo; pero al menos, mientras nos estamos aproximando a la labor en cuestión, no dejar morir nunca ese niño que llevamos dentro y es el "pequeño loco" que nos hace innovar y entregarnos con amor, luchar por lo que creemos, y mantener esa capacidad de amor constante, que es la única que engrandece y potencia toda obra, para que puedan descubrir en ese trabajo qué es lo que pueden amar del trabajo en sí, no del entorno que, a menudo, no tiene nada que ver con el trabajo y le hacemos rechazo por el entorno; asi que les sugiero que luchen contra la mediocridad y el conformismo, luchen contra los dogmas y por trabajar en lo que aman, lo que les gusta, aquello en lo que creen, para que sean creativos y buenos de verdad en su trabajo, y para que el trabajo sea un placer y los ayude en su realización no sólo profesional, sino también personal, indispensable una de la otra, con lo que investigarán (y bien) y se superarán constantemente sin necesidad de que nadie los supervise ni los oriente para ello, porque les gusta; para que no tengan la triste vida laboral de levantarse a duras penas cada día exclusivamente para cobrar un sueldo (...) en espera de la jubilación, sino para satisfacer algo que les nace de muy adentro, y con lo que saben que, además, están haciendo algo bueno para todos, aunque las otras personas no los conozcan; aun cuando ellos no sepan que fuiste tú el (la) del legado positivo, te cabrá esa satisfacción que nadie podrá quitarte; no acepten nada de lo que no estén convencidos. Les sugiero que luchen por lo que creen y que aporta al bienestar de todo ser vivo, a mejorar la vida de todos, nunca cerrados, sino abiertos siempre a enriquecer y desarrollar constantemente su credo, y sepan muy bien qué concesiones pueden hacer y cuáles no (...), sin lacerar sus valores fundamentales, sin tener que avergonzarse de ustedes mismos el día de mañana. Les pido que vivan y sean felices sin reservas, sin frustraciones, que la vida es una (...), y según Ernest Hemingway, "nunca preguntes por quién doblan las campanas: porque las campanas están doblando por ti".

*Crítico y periodista.
Enviado por su autor




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