..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.156, Viernes, 29 de diciembre del 2006

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Entrevista con Rémy Herrera, investigador francés
Consideraciones sobre el sistema educativo cubano

Por Aurélie Sobocinski, de Le Monde

Pregunta: ¿Cuáles han sido las grandes etapas de la construcción del sistema educativo cubano?

Rémy Herrera: Desde el principio de la revolución cubana, en 1959, la educación es una de las prioridades absolutas del gobierno, junto con la sanidad.

En los años cincuenta, antes de la revolución, la situación de la educación no era buena en Cuba —como tampoco en la mayoría de los países latinoamericanos—. Daré algunas cifras: el 45% de los niños estaban escolarizados en la primaria y sólo el 8% en la secundaria; más de medio millón de niños (unos 600.000) estaban sin escolarizar y, al mismo tiempo, más de 10.000 docentes estaban desempleados; el 42% de la población adulta del campo era analfabeta; en total había unos 800.000 adultos analfabetos.

El gobierno cubano ha puesto un gran empeño en la educación. En diciembre de 1959, con la Ley de Reforma Educacional, se creó un sistema completo de educación nacional, desde el nivel preescolar hasta el superior, y se decidió que la formación de los maestros se haría en centros públicos. El principio básico era la «educación integral», que debía asegurar el desarrollo de todas las capacidades y potencialidades (intelectuales, morales y físicas) del ser humano. En junio de 1961 le siguió la Ley de Nacionalización general y gratuita de la enseñanza. A partir de esta fecha, en Cuba la educación —laica— no es sólo un derecho inalienable de los ciudadanos, sino también un deber del estado, que debe garantizar el acceso a la educación igual para todos los ciudadanos sin exclusiones, privilegios ni discriminaciones. 1961 fue también, y sobre todo, el año de la campaña de alfabetización. Gracias al envío de 300.000 voluntarios hasta los rincones más apartados de la isla, el analfabetismo, en doce meses, retrocedió del 35% al 3% en todo el país.

A mediados de los años sesenta se alcanzó la meta de la enseñanza universal en la educación primaria. La educación de los adultos, de los trabajadores, también recibió un fuerte impulso. Esta política educativa emprendedora estuvo acompañada de una política cultural activa. Se abrieron bibliotecas, se publicaron libros, se promovieron las artes en todos los ámbitos y se fomentó la educación física y deportiva. A finales de los años ochenta, justo antes de que se desmoronara el bloque soviético, Cuba estaba muy por delante en América latina en materia de educación y cultura. Los resultados más tangibles de este esfuerzo educativo son los logros alcanzados por los investigadores científicos cubanos a escala internacional, sobre todo en el ámbito de la medicina, pero también en el de la informática.

P: ¿Cómo ha evolucionado el sistema educativo cubano a partir de la crisis económica de principios de los años noventa?

RH: Lo interesante es destacar que a pesar de las graves dificultades económicas por las que pasó la isla a principios de los años noventa, tras el desmoronamiento del bloque soviético, Cuba siguió dando prioridad a la educación e incluso conservó su adelanto y su primer puesto entre los demás países latinoamericanos.

La crisis de la economía cubana entre 1990 y 1994 fue muy grave: el producto interior bruto cayó un 35% en cuatro años y el comercio exterior se redujo en un 75%.

Todos los bienes materiales escasearon en la isla. En ese momento se endureció aún más el bloqueo estadounidense. La situación se tornó muy difícil para la población cubana. En el sector educativo esta crisis y los efectos del bloqueo obligaron a reducir de forma considerable el presupuesto, aunque en menor proporción que la producción.

A pesar de estas dificultades, durante este periodo no cerró ninguna escuela cubana. No hubo ni siquiera suspensiones de clases.

Se pudo mantener la universalidad de la enseñanza. La tasa de escolarización en la primaria (de 6 a 11 años) siguió siendo superior al 99%, expresado en tasa neta. En la enseñanza secundaria la tasa de escolarización descendió ligeramente con la crisis económica, del 94 al 91% entre 1990 y 1995, pero no tardó en recuperarse para superar el 95% en el año 1999 y alcanzar el 99% en el 2005. En la enseñanza superior, los estudiantes, como es lógico, se concentraron en las carreras que aseguraban una salida laboral en los sectores motores de la economía, sobre todo en los servicios, como el turismo, la administración o la informática. En 2005 había en Cuba 350.000 estudiantes universitarios, es decir, uno por cada 36 habitantes, el primer puesto mundial. Cuba también ocupa el primer puesto mundial en número de estudiantes universitarios extranjeros que disfrutan del becas del estado receptor.

No obstante, incluso en lo más recio de la crisis (comienzos de los años 1990), Cuba se mantuvo en el pelotón de cabeza o a la cabeza de los países de América Latina en materia de educación. También en el nivel preescolar, con los jardines de infancia y las guarderías. Y también en las formaciones superiores especializadas de investigación de alto nivel. En 1995 el número de científicos investigadores con dedicación plena superaba los 29.000, más que en Méjico (algo menos de 20.000) y apenas inferior al de Brasil (32.000), para unas poblaciones, respectivamente, de 11, 92 y 163 millones de habitantes en esos años. A pesar de la crisis económica, Cuba siguió invirtiendo en la investigación y ocupando el primer puesto latinoamericano y caribeño en la porción del presupuesto destinado a investigación pública en el PIB (por delante de Costa Rica) y en porcentaje de investigadores en la población activa (muy por delante de Argentina y Chile). En 2005 el presupuesto de la educación nacional cubana, en fuerte aumento desde el año 2000, era del 11,5% del PIB, mucho más que en el resto de América Latina y el Caribe.

P: ¿Cuáles son las piedras angulares, los grandes principios del sistema educativo cubano?

RH: Los grandes principios que guían la política educativa cubana han permanecido invariables desde los comienzos de la revolución. Se han mantenido a lo largo de los años.

Se trata, fundamentalmente, del universalismo, la gratuidad total y el carácter público —exclusivamente público— de la educación. Ya hemos visto que se garantizó el universalismo del sistema. La enseñanza, desde el nivel preescolar hasta el superior, siguió siendo gratuita. Conviene precisar que no se privatizó ningún centro, ya fuera escuela, guardería, universidad, laboratorio de investigación, centro de formación técnica y profesional o de formación de adultos, escuela de arte o deportiva… ¡ni tan siquiera un comedor! El sistema de educación nacional permaneció en pie, e incluso experimentó cierto desarrollo, ciertas mejoras.

Cabe añadir que los principios de laicidad, igualdad de acceso, falta de discriminación sexual, racial o religiosa y equilibrio entre la ciudad y el campo también han sido fundamentales. Así como el principio de participación, el de un trato preferente a los más desprotegidos, el de descentralización y el de equidad.

Pero estos principios son completamente ajenos a las políticas educativas neoliberales preconizadas, especialmente, por el Banco Mundial.

En Cuba equidad quiere decir igualdad de condiciones, acceso a un servicio educativo de calidad rigurosamente idéntico.

Descentralización significa fortalecer la responsabilidad y los recursos de los actores locales, pero sin poner en cuestión una política educativa única aplicada por el estado. El trato preferente a los más desprotegidos, en Cuba, no es el targeting del Banco Mundial, pues, contrariamente a lo que recomienda dicho banco, mejora una cobertura social ya universal. Por último, participación no significa penetración de las transnacionales privadas de la información y las telecomunicaciones en la estructura del capital del sector educativo, sino participación popular: de los docentes, a los que se invita a evaluar regularmente el trabajo hecho y proponer mejoras; de los alumnos también, estrechamente asociados a estas reflexiones; de los padres, informados y activos; de las colectividades locales, educativas, profesionales y asociativas. De este modo las informaciones y sugerencias se discuten colectivamente con detenimiento.

P: ¿Cómo puede calibrarse la calidad del sistema educativo cubano?

RH: La calidad del sistema educativo cubano se ha resaltado en más de una ocasión. Se puede decir que ha sido reconocida unánimemente por los observadores internacionales —la UNESCO, la UNICEF, la OMS, el PNUD, la FAO, organizaciones no gubernamentales y muchos expertos y especialistas independientes—.

La calidad del sistema educativo cubano se calibra, ante todo, por la excelencia de los indicadores de rendimiento y eficacia de dicho sistema. Por ejemplo: un máximo de 20 alumnos por maestro en la educación primaria y de 15 en la secundaria; una tasa reducida de deserción escolar, una tasa muy reducida de repeticiones de curso, el número de titulados, sobre todo universitarios, con más de 750.000 en todo el país… Esta calidad también se calibra con los resultados obtenidos por Cuba en las pruebas internacionales de conocimientos y competencias. Cuba ocupa siempre el primer puesto entre los países de América Latina y el Caribe en las pruebas de la UNESCO, especialmente en lengua materna y matemáticas. Cuba también estaba por delante de Francia en matemáticas en las últimas pruebas internacionales de Índices Cualitativos de Capital Humano (ICCH), que reúne los resultados de varias pruebas hechas con técnicas y muestras distintas por diferentes institutos internacionales.

La calidad del sistema educativo cubano también se calibra con el alto nivel alcanzado por los investigadores científicos y la importancia de sus descubrimientos en los campos farmacéutico y biotecnológico, informático y de métodos de enseñanza. El matemático francés Laurent Schwartz, en una entrevista publicada por el periódico Granma en 1968, declaró que los esfuerzos de Cuba en materia educativa eran tan ejemplares que no tardarían en producir científicos de primera fila mundial. No se equivocaba. Hoy en día Cuba posee más de 600 patentes farmacéuticas y biotecnológicas, entre ellas la de una vacuna contra la meningitis B —la única eficaz, la única descubierta por un país del Sur y administrada en países del Norte, medalla de oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual—, pero también vacunas contra la hepatitis, el Haemophilus influenzae, el cólera, las neumonías infantiles; o los tratamientos contra el colesterol (con el PPG), de los accidentes cardiovasculares y de ciertos cánceres, los trasplantes renales; así como los interferones, los sistemas de diagnóstico, los equipamientos neurocientíficos, los factores de crecimiento epidérmico, el tratamiento del sida, de las enfermedades mentales… Los cubanos exportan programas y servicios informáticos de un nivel muy alto.

La calidad de los métodos de aprendizaje cubanos, pedagógicos o didácticos (como el método «Yo sí puedo», aplicado en la misión alfabetizadora de la revolución bolivariana en Venezuela), ha merecido las felicitaciones de la UNESCO y de muchas organizaciones y asociaciones internacionales.

La calidad de este sistema educativo se sigue mejorando con una serie de medidas adoptadas recientemente en Cuba, como la introducción de la informática en la enseñanza, la universidad para todos, la creación de canales educativos de televisión, la decisión de considerar los estudios como una forma de empleo y los empleos de trabajadores sociales.

Introducción de la informática en la enseñanza: se han instalado más de 50.000 ordenadores en las aulas, la mitad en escuelas primarias, se han abierto escuelas politécnicas y universidades especializadas en ciencias informáticas y se han ideado programas informáticos pedagógicos adaptados a los centro de enseñanza.

Universidad para todos: es la extensión de la enseñanza universitaria a toda la sociedad, para contribuir a la socialización del acceso al conocimiento.

Canales educativos: recientemente se han creado dos canales de televisión especializados, y los contenidos educativos en los canales generales de la televisión cubana se han ampliado hasta el 30% de la programación.

También se ha decidido considerar los estudios como una forma de empleo, sobre todo en los sectores sociales, concretamente como acompañamiento de la reestructuración del ramo azucarero. En los últimos años se han creado muchos puestos de trabajador social, sobre todo para ayudar a los jóvenes con dificultades o para la asistencia a las personas mayores (el aumento de la esperanza de vida en Cuba crea problemas ligados al envejecimiento de la población muy similares a los de los países desarrollados del Norte).

En resumen, la educación sigue siendo una de las prioridades del proyecto social puesto en marcha por la revolución cubana.

P: ¿Cómo se pueden comparar internacionalmente los logros del sistema educativo cubano, en especial con el resto de América Latina?

RH: Para situar en su contexto los asuntos que nos ocupan, conviene mencionar algunos problemas y retos del sistema educativo cubano, disipar ciertos malentendidos al respecto y relacionar la experiencia cubana con la del resto de América Latina y el Caribe.

No es que pensemos que en Cuba todo va de maravilla en el mejor sistema educativo del mundo.

Hay problemas, pero también se procura hallar soluciones a esos problemas. Para empezar están los problemas materiales, las carencias materiales, de material pedagógico diverso, una carencia agravada por el bloqueo usamericano, que nunca debe olvidarse, pues acarrea sobreprecios importantes en el aprovisionamiento de materiales importados. También hay problemas con la adaptación de las formaciones propuestas a la evolución de la estructura productiva y de la creación de empleos, que obligan no sólo a abrir nuevas vías de especialización, sino también a reforzar las carreras tradicionales, como la medicina o las carreras de la enseñanza, para hacerlas más atractivas frente a los nuevos estudios (turismo, administración, informática…). Es preciso encarecer la tarea del docente, aumentar sus sueldos y jubilaciones, mejorar sus condiciones de trabajo en general, prodigar las formaciones continuas para poner al día y diversificar los conocimientos de los profesores y disponer así de un número suficiente de docentes de calidad que hagan posible el desarrollo del sistema educativo.

Contra Cuba se oyen muchas cosas negativas, a menudo exageradas y a veces puras mentiras. Al mismo tiempo, otras cosas muy positivas para Cuba se silencian, se ocultan. Pondré algunos ejemplos relacionados con nuestro asunto. ¿Cómo ha respondido Cuba los últimos años cuando el gobierno usamericano ha endurecido el bloqueo? Ofreciendo becas del gobierno cubano a jóvenes pobres de USA, que así pueden cursar estudios gratuitos en Cuba. ¿Alguien se molesta en recordar que los científicos cubanos publican e invitan a sus colegas de USA, mientras que a ellos el gobierno de George W. Bush les prohíbe lisa y llanamente la publicación y la entrada en USA (para participar en congresos, por ejemplo)? ¿Alguno de nuestros medios menciona que los editores usamericanos se arriesgan a ser sancionados si publican artículos y libros científicos escritos por cubanos? ¿Cómo olvidar que pese a las dificultades y la escasez de recursos, miles de médicos cubanos, cumpliendo una misión internacionalista en unos sesenta países del Sur, atienden gratis a los más pobres de entre los pobres? ¿Y que 2.500 médicos cubanos, la mayoría mujeres, marcharon a finales de 2005 a Paquistán para atender a las víctimas del terremoto en zonas de alta montaña? ¿Acaso no merece Cuba un poco más de consideración? Porque no podemos olvidar la situación dramática en que se encuentran todavía millones y millones de pobres en el Sur, especialmente en América Latina: el 60% de los niños son pobres, un tercio de los niños de menos de dos años padecen malnutrición, el 30% de los niños del continente no terminan la escuela primaria, el 70% no terminan la secundaria… ¿Cuántos niños hay en la calle sin educación, sin atención médica, sin casa, sin una alimentación mínima, sin derechos? ¿Cuántas decenas de miles, cientos de miles, millones de niños de la calle hay en América Latina? ¡Ni siquiera lo sabemos! Pero lo que sabemos, y con certeza, es que ninguno de estos niños de la calle es cubano.

Texto íntegro de la entrevista a Rémy Herrera grabada el 17 de noviembre de 2006 en los locales parisinos del diario Le Monde por Aurélie Sobocinski para el suplemento «Le Monde – Lettre de l’Education», de la que se publicaron extractos en la edición del lunes 27 de noviembre de 2006.

*Rémy Herrera es investigador del CNRS (Centre national de la Recherche scientifique) y enseña economía en la universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne. Coordina la serie Cuba révolutionnaire de la colección «Forum du Tiers Monde» editada por L’Harmattan. Se han publicado los dos primeros volúmenes: Histoire et Culture (2003) y Économie et Planification (2006). Sobre la educación en Cuba ha publicado en 2006, en colaboración con Philippe Bayart y Eric Mulot, un Cahier de la Maison des Sciences économiques de la universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne.

Traducido del francés por Juan Vivanco, miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Este artículo se puede reproducir libremente con fines no comerciales, a condición de respetar su integridad y mencionar a sus autores y la fuente. URL de este artículo:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=42744.
Véase asimismo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=1711&lg=es

Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Juan Vivanco




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