..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.131, Viernes, 7de julio del 2006

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2006 en Cuba: ¿año Mozart o Caturla?
Por Juan Piñera*

Este nuevo año destaca en la memoria musical el aniversario 250 del natalicio del genio de Salzburgo, Wolfgang Amadeus Mozart; pero también, el primer centenario del natalicio de Alejandro García Caturla, figura clave –junto a Amadeo Roldán- del movimiento sinfónico de la Isla.

Por ello, los músicos cubanos y quienes rigen la política musical del país, han concebido una serie de iniciativas para homenajear a tan ilustres maestros.

Sin embargo llama la atención cómo se despidió el año en La Habana, con un concierto saludando este 2006 mozartiano; y, aún más, al reafirmarse aquella despedida, con otro dedicado al músico austriaco a principios de enero.

No cuestionamos la calidad de ambos programas, los cuales –además- aplaudimos; pero, en honor a la verdad, ¿qué, de Alejandro García Caturla? ¿No se merece también un reconocimiento de semejante valía?

Los cien años del nacimiento de Amadeo Roldán pasaron con más penas que glorias en 2005. Salvo la seria recopilación que realizara María Elena Mendiola para dos discos compactos de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), no se hizo nada de consideración al respecto.

Además, no se tomó en cuenta el recital que realizaran la pianista Rosario Franco, con la obra para piano del autor de los Tres pequeños poemas; y, mucho menos, la resurrección de la actividad del Conjunto Instrumental Nuestro Tiempo, dirigido por el maestro Manuel Duchesne Cuzán, quienes poco pudieron hacer al respecto en el círculo de actividades dedicadas a la música de concierto.

Otro tanto pasó con Rita Montaner, artista irrepetible a quien se le trató como si hubiera sido una figura de tercera o, quizás, de una aún menor categoría.

Cuba evocó el centenario del fallecimiento de Giuseppe Verdi con la puesta en escena, una vez más, de La Travista. En cambio, también el año pasado, no se tuvo en cuenta los aniversarios 115 del nacimiento y los 35 de la muerte de Gonzalo Roig, autor de la universalmente conocida zarzuela Cecilia Valdés.

Igual sucedió con los 110 del natalicio de Ernesto Lecuona, y los 25 de la desaparición física de Rodrigo Prats: la callada por respuesta.

Con estas y otras actitudes se infiere aquello de que “conozcamos al extranjero primero, y al de Cuba, después”.

No queremos que pase lo mismo con la memoria de Caturla, uno de los más importantes compositores del país, quien tuvo la valentía de vivir como un hombre de su tiempo, que es lo mismo que proyectarse hacia el futuro con su obra y su actitud social; y fuera asesinado en 1940, por ser el juez incorruptible que fue.

Honrar, honra; y, esta expresión martiana ha de ser premisa, no sólo para honrar a genios universales como Mozart, sino –también- a aquellos hombres que, de una forma u otra, contribuyeran con su obra a la reafirmación de la identidad cubana. Este y otros méritos tienen cubanos como Alejandro García Caturla.

Luego, si no se recuerda como debe ser, la vida y la obra de tan grandes hombres y mujeres del pentagrama en la Isla, ¿qué guardamos para la memoria? La verdad de Perogrullo podría ser la respuesta. Porque, un pueblo sin memoria, no es un pueblo.

Alejandro Garcia Caturla

Nació en Remedios, provincia de Villaclara, el 7 de marzo de 1906. Compositor, violinista y director de orquesta. Estudió Leyes en la Universidad de La Habana, a la vez que continuaba realizando estudios de música, tratando de estar al día acerca de lo que en esos años —1925-1927— se hacía en Europa.
La revista Social publicó la partitura de su Danza lucumí, que luego formó parte del tríptico orquestal Tres danzas cubanas.

En 1927, al regresar a su ciudad natal tras graduarse de abogado, se dio a la tarea, animado por los mismos empeños musicales que movían a Carpentier y a Amadeo Roldán, con quienes había trabado amistad durante su estancia en La Habana, de fundar una Orquesta de Cámara en su ciudad natal, entregado de lleno a tratar de llevar adelante un nuevo modo de hacer música.
Dicha agrupación estrenó en abril de 1927 su Obertura cubana, obra enraizada en lo más puro de la música cubana. Al calor del influjo que ejercían los minoristas con sus postulados renovadores —a algunos de cuyos miembros pudo conocer mientras estudiaba en la Habana— fundó en Remedios, en octubre de 1927, un pequeño periódico titulado precisamente Los minoristas, de vida efímera, pues sólo apareció ese número, y en el cual vio la luz su primera crítica a Amadeo Roldán como director de orquesta.

Con posterioridad fundó en Caibarién la Sociedad de Conciertos, desde donde divulgó la obra de músicos como Debussy, Rabel y Falla. Fue violinista de las Orquestas Sinfónica y Filarmónica de La Habana.
El día 12 de noviembre de 1940 fue asesinado por alguien a quien horas más tarde debía condenar. Su arte es una síntesis de nacionalidad y universalidad, de tradición y actualidad. Mezcló sabiamente los postulados de la vanguardia musical europea con los ritmos cubanos.

*El autor es compositor, profesor del Instituto Superior de Arte y realizador de programas de CMBF, Radio Musical Nacional.

http://www.cmbfjazz.cu/cmbf/musica/musica_00049.htm




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