..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.131, Viernes, 7de julio del 2006

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La filosofía de la política exterior de Estados Unidos de América
Por Dr. Néstor García Iturbe

La política exterior de los Estados Unidos se ha guiado por un pensar filosófico que de acuerdo con el cursar de los años y las distintas situaciones en las que dicho país se ha involucrado, ha tenido un determinado desarrollo que radica fundamentalmente en la forma en que se han realizado las acciones, aunque en el fondo el objetivo siempre ha sido el mismo, defender los intereses económicos y políticos norteamericanos; los gobernantes de turno en el país norteño se fueron preocupando de realizar cambios cosméticos que originaron desarrollo y fueron adaptando la filosofía de su política exterior primero a la expansión territorial, después a la confrontación con el campo socialista y últimamente al lugar hegemónico que aspiran a ocupar dentro de la Comunidad Internacional.

Después de terminadas las aventuras que llevaron a manos de los Estados Unidos todo el territorio continental, una ancha franja del Atlántico hasta el Pacífico, no era lógico pensar que las ansias expansionistas concluyeran, todo lo contrario, las acciones habían tenido éxito y esto alentó la idea de que las próximas lo tuvieran. Realmente el costo había sido mínimo, tanto en recursos humanos como económicos, en especial si se le comparaba con el territorio ganado.

La expansión de las trece colonias hasta el Mississippi estaba totalmente legalizada; la compra de la Luisiana por quince millones era un regalo; para comprar la Florida habían tenido que emplear la fuerza, pero cinco millones no era mucho por dicho territorio; en Texas habían quedado como defensores de los "pobres colonizadores," cuyos derechos se veían pisoteados por los mexicanos. Al iniciar la conquista de las tierras mexicanas habían desarrollado un método que permitía "salvar la cara"; mandar primero los colonizadores y después ir a defenderlos, lo que con posterioridad a realizarlo con éxito en Texas, se aplicó en California y Nuevo México, para más tarde, en un gesto magnánimo, retirar las tropas invasoras que llegaron hasta la capital mexicana y "devolverle" a los mexicanos su país; claro está, sin los territorios que pasaron a formar parte de los Estados Unidos, por los que le dieron a México, como compensación, una limosna de diez millones de dólares.

Todos estos movimientos estuvieron fundamentados y además, ayudaron a validar, una serie de principios filosóficos que los norteamericanos fueron desarrollando a la vez que realizaban sus guerras de conquista. Pudiéramos señalar como uno de los aportes más notables a esta teoría política, el realizado por el Presidente Thomas Jefferson, que después de adquirir la Luisiana ya tenía en su mente tomar la Florida; sin embargo seleccionó el camino de abrir negociaciones con España para dar confianza a dicho país y poner en práctica su método, como le explicó en carta al senador J.C. Breckenridge, en el año 1805, cuando le planteó: "tenemos reclamaciones que presentar a España, referentes a territorios al Oeste del río Norte o Bravo (aquí se estaba refiriendo concretamente a sus aspiraciones sobre el territorio de Texas) y mejor todavía al Este, hasta el río Perdido, entre Mobila y Pensacola, antiguo límite de Luisiana (aquí se refería en específico a los límites de la Florida Occidental). Tan pronto dicha nación entre en guerra, (ya se avizoraba la posibilidad de una guerra en el continente europeo, principalmente de Francia, aliada de España, contra Inglaterra) si con una mano impulsamos fuertemente estas reclamaciones y con la otra ofrecemos un precio, seguramente obtendremos las Floridas; todo a su tiempo".

La filosofía expansionista se había estado desarrollando en la medida que los acontecimientos se sucedían y a un corolario se le agregaba otro, que la hacia está más refinada; pero además, la actualizaba según las circunstancias. Se habían establecido claramente dos principios, "la prenda ambicionada debía mantenerse en las manos más débiles" y los Estados Unidos debían aguardar, "en espera paciente", hasta que se diera la ocasión propicia para tomar la prenda. La situación del momento aconsejaba agregar un nuevo principio; "en el momento difícil del débil, poseedor de la prenda, se debía abandonar la actitud expectante, para obrar rápida y enérgicamente contra éste". Estaba claro que en todos los casos debían guardarse las formas y justificar a toda costa el despojo.

El otro aporte teórico para justificar la expansión territorial, debe reconocérsele al Presidente James Monroe, que el 2 de diciembre de 1823, en su mensaje al Congreso, proclamó la tristemente conocida "Doctrina Monroe".

La idea principal de dicha Doctrina, respaldada por el poderío militar de los Estados Unidos, establecía que "los continentes americanos, por la libre e independiente condición que han asumido y que mantienen, no deberán ser considerados ya como susceptibles de futura colonización por cualquiera de las potencias europeas". "La sinceridad y relaciones amistosas que existen entre los Estados Unidos y aquellas potencias, nos obliga a declarar que consideraríamos peligroso para nuestra paz y seguridad, cualquier tentativa de parte de ellas que tenga como objeto extender su sistema a una porción de este hemisferio, sea cual fuere. No hemos intervenido ni intervendremos en las colonias o dependencias de cualquier potencia europea; pero cuando se trate de gobiernos que hayan declarado y mantenido su independencia, y que después de madura consideración, y de acuerdo con justos principios, hayan sido reconocidos como independientes por el gobierno de los Estados Unidos, cualquier intervención de una potencia europea, con el objeto de oprimirlos, o de dirigir de alguna manera sus destinos, no podrá ser vista por nosotros sino como la manifestación de una disposición hostil hacia los Estados Unidos". Con esto, se trató de impedir que las potencias europeas como Inglaterra y Francia, mucho más fuertes que España y que las nacientes Repúblicas de origen ibérico, fueran un impedimento a la política expansionista de los Estados Unidos.

La esencia de esa Doctrina puede resumirse en el principio "América para los americanos". Está bien claro que cuando los norteamericanos dicen "América", no se están refiriendo al territorio de Norteamérica que ocupan los Estados Unidos, sino a todo el Continente Americano, incluyendo Norte, Centro, Sur y el Caribe; pero cuando dicen "para los americanos", no se están refiriendo a las personas que habitan en el Continente Americano, incluyendo Norte, Centro, Sur y el Caribe; se están refiriendo exclusivamente a los que habitan en el territorio de Norteamérica que ocupan los Estados Unidos. Como puede verse claramente, parece igual, pero no es igual; a la palabra "América" se le identifica con dos conceptos totalmente distintos en una frase que tiene cuatro palabras, gracias a la maravillosa interpretación gramatical estadounidense.

Muchos que trataron de justificar la Doctrina Monroe la calificaron de "defensiva", pues planteaban que mediante la misma los Estados Unidos se defendían y a la vez defendían a las Repúblicas Latinoamericanas para que no cayeran bajo la influencia de las potencias europeas, las cuales mostraban gran interés en desarrollar una política amplia con sus antiguas colonias. Además de esto, se planteaba que los países de la Santa Alianza (Austria, Prusia, Francia y Rusia) planeaban una guerra de conquista sobre los países de América recién liberados, principalmente de Latinoamérica. Claramente se estableció por los Estados Unidos que cualquier intento de alguna potencia europea de intervenir en el Hemisferio Occidental, se consideraría como un peligro a la paz y la seguridad, en específico como una amenaza a la integridad del territorio de los Estados Unidos; ya desde entonces el gobierno yankee utilizó la "seguridad nacional" como justificación para intervenir con sus tropas donde le interesara hacerlo.

Evidentemente, la Doctrina Monroe tenía como objetivo servir a los intereses de los Estados Unidos y el utilizar la palabra "defender", siempre los colocaba en una posición moral privilegiada ante cualquier acción que se desarrollara en función de la expansión territorial, frente a las posibles acciones europeas. Era mejor utilizar la palabra defender que adquirir. Esta función de "defender" creaba además una fuerte dependencia entre "defensor" y "defendido", no estimulaba a que el "defendido" tratara de crear los medios para defenderse por sí solo y lo sumía en un permanente complejo de inferioridad al colocarse con respecto a los Estados Unidos en la posición de "protector" y "protegido".

Estos fundamentos teóricos, emanados de los intereses defendidos por las clases dominantes de los Estados Unidos y elaborados por Jefferson y Monroe, requerían un complemento importante, que fue aportado por Andrew Jackson, Presidente de los Estados Unidos, cuando en 1830 comenzó a elaborar los principios de lo que se llamó la teoría del "Destino Manifiesto" de los Estados Unidos.

Según esta teoría, el pueblo norteamericano se hallaba en plenitud de desarrollo, por lo que su civilización y peculiar organización social, política y económica habría de extenderse, por leyes históricas ineluctables, a todas aquellas tierras que parecían marcadas por "un destino manifiesto", superior a la voluntad de los hombres, para entrar a formar parte de "la gran república". Esas tierras no tenían límites precisos (muy importante para los intereses expansionistas norteamericanos) y sus horizontes eran susceptibles de ampliaciones sucesivas, (no era lógico ni correcto privar a otros de los beneficios de la civilización norteamericana). Esta idea llegó a introducirse tan fuertemente en el pensar de algunos norteamericanos, que la mayoría de estos estaba persuadida de poseer un derecho natural e indiscutible de llevarlo a cabo y por eso estaban dispuestos a ir a la guerra contra cualquier nación que se interpusiera en su camino.

La teoría del "Destino Manifiesto", al parecer funcionaba hacia el Oeste y el Sur, pero no tenía efectividad cuando se trataba de aplicarla hacia el Norte; de ahí que a pesar de los esfuerzos realizados en distintos momentos para anexar el territorio de Canadá a los Estados Unidos, uno de ellos en 1837, se considerase conveniente dejar ese problema a los propios pobladores de Canadá; no enfrentarse a un país fuerte como Inglaterra, que defendía su colonia en dichos territorios y continuar cumpliendo con el "destino" donde encontraban la menor resistencia; lo cual se concretó en las posesiones españolas y los países hispanoamericanos.

Uno de los que se apoyó fuertemente en la teoría del "Destino Manifiesto" para lograr sus aspiraciones expansionista lo fue el Presidente James K Polk, que en 1845 recogió los frutos sembrados por Andrew Jackson con la incorporación de Texas a la nación Norteamericana y en 1848 terminó de validar la teoría con la guerra contra México, gracias a la cual los Estados Unidos se apoderaron de California y Nuevo México. Para lograr arrebatar a México dichos territorios se utilizaron todos los subterfugios expansionistas acumulados en la experiencia que los Estados Unidos tenían sobre ese tipo de actividad. Se aplicó principalmente la variante de introducir colonos en las tierras a conquistar y esperar un tiempo para que estos se asentaran, con la idea de posteriormente fomentar el descontento y organizar un alzamiento de dichos colonos, lo que permitiría a los Estados Unidos invadir el territorio para "proteger" a los pobres desvalidos que estaban siendo sojuzgados por el poder establecido en dichas tierras; estos desvalidos gracias a la ayuda norteamericana lograban su independencia, para posteriormente pedir la anexión a los Estados Unidos; una fórmula que en apariencias mantenía la limpieza y el honor norteamericano en relación con ese tipo de actividad.

En cuanto a Cuba, se trataron de aplicar todas esas teorías por parte del gobierno norteamericano para lograr que la Isla pasara a ser parte de su territorio, ya fuera por compra, anexión, cesión e inclusive fomentando el descontento y organizando expediciones, como la de Narciso López, de la que formaban parte un número de norteamericanos y cuyos objetivos eran iniciar la lucha para posteriormente recibir la ayuda norteamericana y que el "destino manifiesto" jugara su papel.

Evidentemente, la teoría más conocida sobre nuestro país la elaboró John Quincy Adams, cuando al hacer referencia a Cuba habló de "la fruta madura", que como parte de una ley inexorable de la física tendría que caer y caería en manos de los norteamericanos.

El 28 de abril de 1823 Quincy Adams, en aquel momento Secretario de Estado del Presidente Monroe, envió una nota al Embajador de Estados Unidos en España donde señalaba: "El traspaso de Cuba a Gran Bretaña sería un acontecimiento muy desfavorable a los intereses de esta Unión (...) La cuestión, tanto de nuestro derecho y de nuestro poder para evitarlo, si es necesario por la fuerza, ya se plantea insistentemente en nuestros consejos, y el consejo se ve obligado, en el cumplimiento de sus deberes hacia la nación, por lo menos a emplear todos los medios a su alcance para estar en guardia contra él e impedirlo", en esa nota detalló también los motivos del interés norteamericano por Cuba, y la necesidad de preparar el camino para la anexión. La vigencia de la esencia hegemónica del documento recomienda citar otros fragmentos:

"Estas islas (Cuba y Puerto Rico) por su posición local son apéndices naturales del continente norteamericano, y una de ellas la isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser, por una multitud de razones, de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión".

Consideraba además Quincy Adams tan fuertes e importantes los vínculos geográficos, económicos y políticos que unían a la Isla con los Estados Unidos, que refiriéndose a la necesidad imperiosa de apoderarse de ella, apuntaba:

"Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarán probablemente los acontecimientos en los próximos cincuenta años, casi es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuidad de la Unión y el mantenimiento de su integridad".

El autor de la teoría de la "fruta madura" señaló más adelante:

"Pero hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así, como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo; así Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar, necesariamente hacia la Unión Norteamericana, y hacia ella exclusivamente, mientras que a la Unión misma, en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno".

Los esfuerzos expansionistas de Estados Unidos por apoderarse de Cuba y por continuar agregando territorios a sus posesiones, ya fuera como un Estado más, una posesión colonial, como Puerto Rico, o territorios ocupados como la Base Naval de Guantánamo y las bases militares en otros países del mundo, se pusieron de manifiesto cada vez que dicho país tuvo la oportunidad de apropiarse de un territorio ajeno. No obstante, la versión moderna de la política expansionista norteamericana está referida al saqueo colonial, el intercambio desigual, la explotación de los recursos naturales de otras naciones, el control del comercio y los gravámenes de la deuda externa que han puesto en manos de los Estados Unidos a una gran cantidad de países, en especial de América Latina, sin tener que invadirlos ni anexarlos a la unión norteamericana.

La esencia filosófica de la política exterior norteamericana durante el Siglo XX no varió mucho en relación con la que fue conformándose en la etapa de la expansión territorial; pudiéramos decir que esta se fue modificando, más bien ampliando, acorde a las circunstancias y los momentos en que era necesario aplicarla con el fin de proteger los intereses económicos norteamericanos.

Si bien la Primera Guerra Mundial no agregó aportes significativos a dicha filosofía, pues al finalizar dicha guerra imperó en las clases dominantes el espíritu aislacionista, podemos afirmar que al terminar la Segunda Guerra Mundial la experiencia fue totalmente distinta, ya que los Estados Unidos se preocuparon por proyectarse en distintas ramas de las relaciones internacionales, tanto la política como la económica, con el marcado propósito de asegurar las inversiones realizadas durante el desarrollo de la contienda, los nuevos territorios ocupados y en especial las bases militares que le permitían mantener una presencia imprescindible para cuidar sus intereses económicos, que de América se habían ampliado hacia Europa y Asia.

La llamada política de "contención" y "el equilibrio de fuerzas" agregó un nuevo elemento a la filosofía norteamericana; ahora no solamente quedaba implícito que en el momento determinado se lanzarían a la conquista de una nueva posesión, sino que además, aplicando la Doctrina Monroe a otros continentes, no permitirían el avance del comunismo y pondrían un muro de "contención" para evitar que quedaran fuera de su esfera de influencia otros países europeos y asiáticos que como resultado de la Segunda Guerra Mundial pudieran recibir la influencia de la URSS y China.

Como complemento de la "contención" y del "equilibrio de fuerzas" se desarrolló la "Guerra Fría", que tenía un doble propósito, pues además de contener al entonces llamado "Campo Socialista" mediante la amenaza de un posible conflicto armado, obligó a que éste desviara un número importante de recursos económicos y humanos a la preparación de la defensa de dichos países, los cuales no podían emplear en la reconstrucción y el desarrollo, por lo que se mantuvo la ventaja tecnológica e industrial a favor de los Estados Unidos para la conquista de los nuevos mercados y poder ejercer influencia en los países europeos y asiáticos.

Tan importante como esto último, la "Guerra Fría" permitió se mantuviera funcionando a buen ritmo el Complejo Militar Industrial, que aseguró caudalosas utilidades para empresarios, militares y científicos; garantizaba que la industria de la guerra pudiera mantener su ritmo de trabajo y desarrollo, lo cual implicó asegurar el empleo a decenas de miles de norteamericanos que de otra forma hubieran tenido que ingresar en la fila de los desocupados y además proporcionó un "enemigo" contra el cual luchar, lo cual permitió manipular el sentimiento nacionalista contra cualquier tipo de manifestación interna que pusiera en peligro los intereses de las clases dominantes.

Los nuevos elementos agregados a la filosofía estuvieron por el momento conformados, "era necesario tener un enemigo que contener, para evitar siguiera amenazando los valores e intereses de la sociedad norteamericana; todo aquel que propugnara la paz y el entendimiento con 'el enemigo' debía ser reprimido". Las famosas libertades individuales de la Constitución norteamericana volaron en pedazos, al igual que lo que sobrevivió del "New Deal" propugnado por Roosevelt, pues los que colaboraron con la derrota del fascismo comenzaron a introducir en su país los elementos de dicha doctrina. La etapa de la administración Truman fue determinante para esos propósitos con el auge de la Comisión Investigadora de Actividades Norteamericanas la cual marcó en la historia de ese país lo que se conoce como el Macartismo, verdadero aparato represivo que se utilizò indiscriminadamente y que fue acompañado por el fortalecimiento del aparato represivo, fundamentalmente del Buró Federal de Investigaciones (FBI), al que se le dió la facultad de determinar qué persona o funcionario mantenía "la lealtad al país", gracias a la enmienda McCarran y al decreto No. 9835 de Truman, todo lo cual se complementó con la Ley Taft-Harley que limitaba las actividades de los sindicatos. Se había sembrado la semilla de lo que al germinar, años más tarde, durante la administración de George W. Bush, se convirtió en la "Ley de Seguridad de la Patria", un viejo anhelo de la extrema derecha norteamericana.

En el área de las relaciones exteriores la nueva filosofía se aplicó por el Departamento de Estado, el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Aquel país que por medio del convencimiento y la influencia política del Departamento de Estado no se pudiera sojuzgar, que intentara defender sus intereses nacionales o comerciar libremente, sería objeto de atención por la CIA o el Pentágono. Si mediante una operación encubierta era posible derrocar al gobierno del país, o asesinar a su principal dirigente, la actividad la desarrollaba la CIA. En caso de que se considerara necesaria una invasión con fuerzas regulares norteamericanas para reprimir al pueblo e imponer un gobierno afín a los intereses norteamericanos, la operación la ejecutaba el Pentágono.

Con el desarrollo de las actividades de las agencias norteamericanas señaladas anteriormente surgió otro elemento que agregar a la nueva filosofía; "la contención no solamente implicará el desarrollo de acciones propias de la Guerra Fría; cuando sea necesario, se realizaran acciones militares o paramilitares que permitan garantizar el control total de un determinado país".

Dentro de los principios filosóficos básicos de la política exterior norteamericana se estableció que "Estados Unidos siempre atacará por haber sido atacado", este principio resultó de importancia relevante para no aparecer nunca como un país agresor y poder justificar la participación en cualquier conflicto, para lo cual se requería el empleo de altas sumas de dinero. El presentarse como víctima, o defensor de las víctimas, permitía manipular el sentimiento nacional, tanto para garantizar la aprobación por el Congreso del presupuesto correspondiente, como para enviar a la muerte a miles de sus propios ciudadanos sin tener que enfrentar una fuerte oposición por parte de los norteamericanos defensores de la paz.

Este principio se utilizó para invadir Texas, con la justificación de que "los colonos norteamericanos eran masacrados por los mexicanos", cuando en realidad Sam Huston había sido enviado a dicho territorio para organizar el alzamiento de los colonos norteamericanos; para arrebatarle a México los territorios de Nuevo México y California, porque "una patrulla fronteriza norteamericana fue atacada por el ejército mexicano", lo que sucedió después de varios meses de provocación por parte de los norteamericanos sin recibir respuesta mexicana; para intervenir en la guerra de los cubanos contra España y terminar con nuevos territorios en Puerto Rico, las Filipinas y la dominación colonial sobre Cuba, porque "el acorazado Maine fue volado en el puerto de la Habana", hecho cuyo origen nunca se ha podido aclarar totalmente y que seguramente formó parte del "Plan Kimball" para justificar la intervención en la guerra de Cuba, confeccionado en 1898 por la Oficina de Inteligencia Naval, el cual todavía permanece en secreto.

Con la justificación de ser "defensor de las víctimas y de la democracia", elemento que se adicionó al principio antes mencionado, realizó un verdadero rosario de intervenciones militares en América Latina, que siempre tuvieron como final la instauración de gobiernos sometidos a sus designios y hasta la creación de un nuevo país, como lo fue en el caso de Panamá, país creado para poder controlar el Canal interoceánico que sería construido y que Colombia quería mantener bajo su dominio y soberanía.

La participación norteamericana en la Primera Guerra Mundial, después de haber sacado todo el provecho posible a su "neutralidad", que le permitió vender sus productos a los dos bandos en pugna, se materializó cuando ya la guerra esta prácticamente decidida y se justificó "por el ataque de submarinos alemanes a barcos norteamericanos". La entrada norteamericana en la Segunda Guerra Mundial tuvo la misma característica; primeramente se declaró la "neutralidad", que le permitió vender material bélico y otros productos a Inglaterra, Francia, Alemania, Japón e Italia. El "sorpresivo" ataque a Pearl Harbor justificó la declaración de guerra a las potencias del Eje, sin embargo, la historia ha demostrado que la administración Roosevelt debió tener conocimiento del ataque y sin embargo no se alertó convenientemente a la Flota del Pacífico, ni se tomaron las medidas necesarias para evitar fuera sorprendida con todos sus barcos en un solo puerto.

Los Estados Unidos justificaron su ayuda a los nacionalistas chinos "para salvar a las víctimas del comunismo", lo cual implicó la entrega de millones de dólares en material bélico a las tropas de Chang Kai Seg. Algo similar justificó su participación en la guerra de Corea, en este caso "para que los chinos y los comunistas coreanos no invadieran a Corea del Sur". En este caso, después de haber iniciado la agresión, se convocó al Consejo de Seguridad de la ONU para que ante el hecho consumado, este diera su aprobación, lo cual lograron violando a la Carta de la Organización en ausencia del representante de la Unión Soviética, el que no asistía en protesta a la negativa de darle el puesto a China Popular, dándosele a Taiwán (Formosa) una provincia de ese país. En aquellos momentos se agregó otro interesante aspecto al principio filosófico; "Estados Unidos siempre atacará por haber sido atacado, para defender víctimas o la democracia; contando en todo momento con el respaldo internacional".

En Viet-Nam la filosofía aplicada tuvo distintas facetas, de acuerdo al momento de su aplicación, pues en realidad la intromisión en los asuntos de dicho país comenzó en época de Truman, como parte de la filosofía de la "contención" y el "equilibrio de fuerzas"; al retirase los franceses, los norteamericanos tomaron su lugar dando ayuda militar y enviaron "asesores" para impedir el avance del comunismo hacia el sur; precisamente fue Eisenhower el que aniquilo los acuerdos de Ginebra, pues como el dijo, no permitiría que los comunistas del sur ganaran las elecciones.

En época de Kennedy se continuó con la "contención" enviando más asesores, tanto a Viet-Nam como a Laos; más ayuda económica y por si todo eso fuera poco, a la CIA con sus tácticas desestabilizadoras y la violación de todo derecho establecido; hasta la época de Johnson, en que finalmente los norteamericanos fueron "atacados" cuando el destroyer Maddox se encontraba realizando una misión de espionaje en el Golfo de Tonkin, mientras que en el mismo momento se ejecutaba el Plan Operativo 34A de ataque naval a territorio norvietnamita. Eso daba el pretexto para "atacar por ser atacado" y como conocían era totalmente imposible que la Organización de las Naciones Unidas les diera el respaldo internacional para dicha acción, lo solicitaron a la Organización del Tratado del Sudeste Asiático, para al menos tener un respaldo regional.

A la filosofía de la "contención", pudiéramos decir que los Estados Unidos en ciertas y determinadas regiones agregaron la de la "regresión". Era imprescindible para los intereses norteamericanos volver a imponer el orden en países que de una forma u otra se habían salido de su esfera. Para lograr eso la acción principal a desarrollar estuvo a cargo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y cuando fue necesario, la actividad la desarrolló el Pentágono mediante la invasión militar.

A la teoría de la "regresión" hizo un fuerte aporte el que fuera Presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, cuando para justificar la invasión a Republica Dominicana estableció nuevos principios filosóficos que modernizaron la Doctrina Monroe. Johnson declaro al respecto que, " una revolución nacional en el Hemisferio Occidental deja de ser un problema de interés local cuando el objetivo de la misma es establecer una dictadura Comunista".


En Guatemala se pudo lograr la "regresión" mediante la actividad de la CIA; en Nicaragua también la CIA logró tener éxito en su misión; en Cuba, a pesar de los recursos empleados y de la intensa preparación, las distintas operaciones de la CIA han terminado en el fracaso. En los casos de República Dominicana, Granada y Panamá, para no correr riesgos innecesarios, se le asignó la tarea al Pentágono, con el fin de que la "regresión" estuviera acompañada por la eliminación total de oposición a los intereses norteamericanos. Pudiera mencionarse como un elemento mas dentro de esta política el Programa de Santa Fe I y II cuyo propósito era el de ganar el terreno perdido.

Es indudable que dos acontecimientos fundamentales y otros secundarios trajeron como resultado que la fundamentación filosófica de la política exterior norteamericana sufriera un cambio significativo. Esos acontecimientos fueron la desaparición de la Unión de Repúblicas Soviéticas (URSS), conjuntamente con el Campo Socialista y los ataques terroristas realizados contra instalaciones en suelo norteamericano efectuados el 11 de septiembre del año 2001.

Cronológicamente, la desaparición de la URSS fue el primer evento que influyó en modificar la filosofía, pues había desaparecido el "enemigo", por lo tanto, hablar de "contención" y de "equilibrio de fuerzas" no tenía mucho sentido; esto a su vez afectó una parte altamente sensible de la economía norteamericana, representada por la industria armamentista y los otros componentes del Complejo Militar Industrial. Si el "enemigo" desaparecía, entonces los presupuestos militares debían reducirse y eso era un serio peligro.

Una ventaja de la nueva situación creada era la posibilidad de lograr el establecimiento del "hegemonismo" en el campo internacional bajo la batuta de los Estados Unidos, pues con el desmembramiento de la otra gran potencia mundial, que mantenía el balance en dicho campo, evidentemente resultaba mucho más fácil poder imponer al resto del mundo la "defensa" de los intereses norteamericanos. A partir de ese momento los que de una forma u otra recibían ayuda del campo socialista tendrían que tocar a las puertas norteamericanas, lo que abría las puertas a la penetración económica y la influencia política.

En general la nueva situación ofreció ventajas y desventajas, más era imprescindible sacar la economía norteamericana de la tendencia descendente en que se encontraba en aquellos momentos y buscar la fórmula que mantuviera un nivel aceptable de empleo, pues este era otro rublo que disminuía a la vez que el de precios aumentaba. Los sucesos del 11 de septiembre proporcionaron todo lo necesario para lograr el cambio requerido.

Nuevamente apareció el "enemigo", con la diferencia que ahora no era un país determinado, el "enemigo", materializado en el terrorismo, podía ser o estar en cualquier país y eso era muy conveniente para los Estados Unidos, que debían prepararse para luchar en distintos escenarios seleccionados de acuerdo con su criterio, pues eran ellos los que se habían abrogado la facultad de determinar qué país era fuente de terrorismo.

El propio presidente de la nación norteamericana George W. Bush proclamó otro cambio importante en la filosofía; "a partir de ahora los Estados Unidos atacarían sin haber sido atacados". Solamente la idea o el conocimiento de que alguien o algún país pudiera atacar a los Estados Unidos sería suficiente para que fuera atacado.

El respaldo internacional, que con tanto celo se buscó para legitimizar las acciones contra otros países, ya no se consideraba imprescindible; la propia posición hegemónica ocupada por los Estados Unidos les permitía iniciar una guerra sin el apoyo y la aceptación de la comunidad internacional, es decir las Naciones Unidas. La aceptación y el apoyo se negociarían a posteriori; eso evitaba someter a una consideración colectiva los hechos que pudieran provocar el conflicto armado, fueran estos reales o fabricados.

Las armas de exterminio masivo resultaron un buen pretexto para apoderarse del petróleo de Irak, aunque ahora se declare que realmente nunca existieron. Ese propio pretexto se ha esgrimido contra Cuba y según el señor Bolton, su capacidad para producir armas biológicas, algo que solamente el, el Presidente Bush y la mafia miamense consideran existe, como posible justificación para una acción armada; la ingerencia norteamericana en Venezuela representa una muestra mas de la impunidad con que los Estados Unidos pretenden actuar en su política exterior contra todo aquel que afecte sus intereses económicos, actúe con autodeterminación y se enfrente al hegemonismo.

Internamente, la propia "Ley de Seguridad de la Patria", violando todos los derechos reconocidos en la Constitución de los Estados Unidos proporcionó el fundamento jurídico para reprimir a los que quisieran mostrar su inconformidad con las decisiones gubernamentales. Si alguien era detenido como sospechoso de organizar o cooperar en actos terroristas podía ser confinado, incomunicado y no presentado a juicio por tiempo indefinido; ni tan siquiera era necesario dar su nombre para informar de su detención. Durante el tiempo que estuviera detenido podía ser sometido a un severo régimen carcelario violatorio de sus derechos humanos sin que tuviera la más mínima posibilidad de protestar por eso.

Todos estos elementos conformaron el fundamento filosófico actual de la política exterior del gobierno de los Estados Unidos, que puede resumirse en lo siguiente:

"Existe un nuevo enemigo, más peligroso que el anterior; ese o cualquier otro enemigo deberá ser eliminado sin esperar que ataque a los Estados Unidos; para atacarlo se utilizará cualquier pretexto, o simplemente asumir que resulta peligroso para la Seguridad Nacional norteamericana; si no existen pruebas de eso, se fabricaran. Para llevar a vías de hecho el ataque no se esperara por la aprobación de la Comunidad Internacional, a esta se le presentara la situación en desarrollo.

A los que dentro de los propios Estados Unidos manifiesten su descontento con esta situación o los procedimientos utilizados, se les reprimirá fuertemente, sin tomar en consideración sus derechos constitucionales. Las personas que se detengan como sospechosos de colaborar con el enemigo, serán sometidas a un severo régimen de prisión y no se les reconocerá derecho alguno, incluyendo el de ser presentados ante un juez".

El pensamiento filosófico que en la actualidad guía los pasos de los dirigentes norteamericanos y en especial a su Presidente George W. Bush no es nuevo, de una forma u otra ha sido empleado con anterioridad; los métodos empleados en la actualidad si lo son, pero la esencia del mismo corresponde a los principios filosóficos de la clase dominante de ese país, que coincide con el pensamiento de un hombre que vivió en la primera mitad del Siglo XX, Adolfo Hitler, que dentro de su programa político escribió:

"En el despiadado ataque al adversario la gente encuentra siempre la reafirmación de su propio derecho. Lo que ellos quieren es la victoria del mas fuerte y el aniquilamiento o la rendición incondicional del más débil".

La filosofía de la política exterior norteamericana ha sufrido grandes cambios, cada día se acerca mas al fascismo, manteniendo sus principios en defensa de los intereses económicos de la clase dominante en el país; si la analizamos retrospectivamente llegamos a la conclusión de que el "big stick" sigue estando presente; mas bien siempre lo ha estado, algunas veces encubierto o con cierta validación de algún organismo internacional, o como en los momentos presentes, en que la posición hegemónica permite llevarlo en la mano, sin tapujo alguno y utilizarlo como planteo recientemente el Presidente George W. Bush, cuando exista la posibilidad o simplemente la idea de que los Estados Unidos van a ser atacados.

Marzo/2006

http://www.cubasocialista.cu/TEXTO/cs0213.htm


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