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 La filosofía
de la política exterior de Estados Unidos de América
Por Dr. Néstor García Iturbe
La política exterior de los Estados Unidos se ha guiado
por un pensar filosófico que de acuerdo con el cursar de
los años y las distintas situaciones en las que dicho país
se ha involucrado, ha tenido un determinado desarrollo que radica
fundamentalmente en la forma en que se han realizado las acciones,
aunque en el fondo el objetivo siempre ha sido el mismo, defender
los intereses económicos y políticos norteamericanos;
los gobernantes de turno en el país norteño se fueron
preocupando de realizar cambios cosméticos que originaron
desarrollo y fueron adaptando la filosofía de su política
exterior primero a la expansión territorial, después
a la confrontación con el campo socialista y últimamente
al lugar hegemónico que aspiran a ocupar dentro de la Comunidad
Internacional.
Después de terminadas las aventuras que llevaron a manos
de los Estados Unidos todo el territorio continental, una ancha
franja del Atlántico hasta el Pacífico, no era lógico
pensar que las ansias expansionistas concluyeran, todo lo contrario,
las acciones habían tenido éxito y esto alentó
la idea de que las próximas lo tuvieran. Realmente el costo
había sido mínimo, tanto en recursos humanos como
económicos, en especial si se le comparaba con el territorio
ganado.
La expansión de las trece colonias hasta el Mississippi
estaba totalmente legalizada; la compra de la Luisiana por quince
millones era un regalo; para comprar la Florida habían tenido
que emplear la fuerza, pero cinco millones no era mucho por dicho
territorio; en Texas habían quedado como defensores de los
"pobres colonizadores," cuyos derechos se veían
pisoteados por los mexicanos. Al iniciar la conquista de las tierras
mexicanas habían desarrollado un método que permitía
"salvar la cara"; mandar primero los colonizadores y después
ir a defenderlos, lo que con posterioridad a realizarlo con éxito
en Texas, se aplicó en California y Nuevo México,
para más tarde, en un gesto magnánimo, retirar las
tropas invasoras que llegaron hasta la capital mexicana y "devolverle"
a los mexicanos su país; claro está, sin los territorios
que pasaron a formar parte de los Estados Unidos, por los que le
dieron a México, como compensación, una limosna de
diez millones de dólares.
Todos estos movimientos estuvieron fundamentados y además,
ayudaron a validar, una serie de principios filosóficos que
los norteamericanos fueron desarrollando a la vez que realizaban
sus guerras de conquista. Pudiéramos señalar como
uno de los aportes más notables a esta teoría política,
el realizado por el Presidente Thomas Jefferson, que después
de adquirir la Luisiana ya tenía en su mente tomar la Florida;
sin embargo seleccionó el camino de abrir negociaciones con
España para dar confianza a dicho país y poner en
práctica su método, como le explicó en carta
al senador J.C. Breckenridge, en el año 1805, cuando le planteó:
"tenemos reclamaciones que presentar a España, referentes
a territorios al Oeste del río Norte o Bravo (aquí
se estaba refiriendo concretamente a sus aspiraciones sobre el territorio
de Texas) y mejor todavía al Este, hasta el río Perdido,
entre Mobila y Pensacola, antiguo límite de Luisiana (aquí
se refería en específico a los límites de la
Florida Occidental). Tan pronto dicha nación entre en guerra,
(ya se avizoraba la posibilidad de una guerra en el continente europeo,
principalmente de Francia, aliada de España, contra Inglaterra)
si con una mano impulsamos fuertemente estas reclamaciones y con
la otra ofrecemos un precio, seguramente obtendremos las Floridas;
todo a su tiempo".
La filosofía expansionista se había estado desarrollando
en la medida que los acontecimientos se sucedían y a un corolario
se le agregaba otro, que la hacia está más refinada;
pero además, la actualizaba según las circunstancias.
Se habían establecido claramente dos principios, "la
prenda ambicionada debía mantenerse en las manos más
débiles" y los Estados Unidos debían aguardar,
"en espera paciente", hasta que se diera la ocasión
propicia para tomar la prenda. La situación del momento aconsejaba
agregar un nuevo principio; "en el momento difícil del
débil, poseedor de la prenda, se debía abandonar la
actitud expectante, para obrar rápida y enérgicamente
contra éste". Estaba claro que en todos los casos debían
guardarse las formas y justificar a toda costa el despojo.
El otro aporte teórico para justificar la expansión
territorial, debe reconocérsele al Presidente James Monroe,
que el 2 de diciembre de 1823, en su mensaje al Congreso, proclamó
la tristemente conocida "Doctrina Monroe".
La idea principal de dicha Doctrina, respaldada por el poderío
militar de los Estados Unidos, establecía que "los continentes
americanos, por la libre e independiente condición que han
asumido y que mantienen, no deberán ser considerados ya como
susceptibles de futura colonización por cualquiera de las
potencias europeas". "La sinceridad y relaciones amistosas
que existen entre los Estados Unidos y aquellas potencias, nos obliga
a declarar que consideraríamos peligroso para nuestra paz
y seguridad, cualquier tentativa de parte de ellas que tenga como
objeto extender su sistema a una porción de este hemisferio,
sea cual fuere. No hemos intervenido ni intervendremos en las colonias
o dependencias de cualquier potencia europea; pero cuando se trate
de gobiernos que hayan declarado y mantenido su independencia, y
que después de madura consideración, y de acuerdo
con justos principios, hayan sido reconocidos como independientes
por el gobierno de los Estados Unidos, cualquier intervención
de una potencia europea, con el objeto de oprimirlos, o de dirigir
de alguna manera sus destinos, no podrá ser vista por nosotros
sino como la manifestación de una disposición hostil
hacia los Estados Unidos". Con esto, se trató de impedir
que las potencias europeas como Inglaterra y Francia, mucho más
fuertes que España y que las nacientes Repúblicas
de origen ibérico, fueran un impedimento a la política
expansionista de los Estados Unidos.
La esencia de esa Doctrina puede resumirse en el principio "América
para los americanos". Está bien claro que cuando los
norteamericanos dicen "América", no se están
refiriendo al territorio de Norteamérica que ocupan los Estados
Unidos, sino a todo el Continente Americano, incluyendo Norte, Centro,
Sur y el Caribe; pero cuando dicen "para los americanos",
no se están refiriendo a las personas que habitan en el Continente
Americano, incluyendo Norte, Centro, Sur y el Caribe; se están
refiriendo exclusivamente a los que habitan en el territorio de
Norteamérica que ocupan los Estados Unidos. Como puede verse
claramente, parece igual, pero no es igual; a la palabra "América"
se le identifica con dos conceptos totalmente distintos en una frase
que tiene cuatro palabras, gracias a la maravillosa interpretación
gramatical estadounidense.
Muchos que trataron de justificar la Doctrina Monroe la calificaron
de "defensiva", pues planteaban que mediante la misma
los Estados Unidos se defendían y a la vez defendían
a las Repúblicas Latinoamericanas para que no cayeran bajo
la influencia de las potencias europeas, las cuales mostraban gran
interés en desarrollar una política amplia con sus
antiguas colonias. Además de esto, se planteaba que los países
de la Santa Alianza (Austria, Prusia, Francia y Rusia) planeaban
una guerra de conquista sobre los países de América
recién liberados, principalmente de Latinoamérica.
Claramente se estableció por los Estados Unidos que cualquier
intento de alguna potencia europea de intervenir en el Hemisferio
Occidental, se consideraría como un peligro a la paz y la
seguridad, en específico como una amenaza a la integridad
del territorio de los Estados Unidos; ya desde entonces el gobierno
yankee utilizó la "seguridad nacional" como justificación
para intervenir con sus tropas donde le interesara hacerlo.
Evidentemente, la Doctrina Monroe tenía como objetivo servir
a los intereses de los Estados Unidos y el utilizar la palabra "defender",
siempre los colocaba en una posición moral privilegiada ante
cualquier acción que se desarrollara en función de
la expansión territorial, frente a las posibles acciones
europeas. Era mejor utilizar la palabra defender que adquirir. Esta
función de "defender" creaba además una
fuerte dependencia entre "defensor" y "defendido",
no estimulaba a que el "defendido" tratara de crear los
medios para defenderse por sí solo y lo sumía en un
permanente complejo de inferioridad al colocarse con respecto a
los Estados Unidos en la posición de "protector"
y "protegido".
Estos fundamentos teóricos, emanados de los intereses defendidos
por las clases dominantes de los Estados Unidos y elaborados por
Jefferson y Monroe, requerían un complemento importante,
que fue aportado por Andrew Jackson, Presidente de los Estados Unidos,
cuando en 1830 comenzó a elaborar los principios de lo que
se llamó la teoría del "Destino Manifiesto"
de los Estados Unidos.
Según esta teoría, el pueblo norteamericano se hallaba
en plenitud de desarrollo, por lo que su civilización y peculiar
organización social, política y económica habría
de extenderse, por leyes históricas ineluctables, a todas
aquellas tierras que parecían marcadas por "un destino
manifiesto", superior a la voluntad de los hombres, para entrar
a formar parte de "la gran república". Esas tierras
no tenían límites precisos (muy importante para los
intereses expansionistas norteamericanos) y sus horizontes eran
susceptibles de ampliaciones sucesivas, (no era lógico ni
correcto privar a otros de los beneficios de la civilización
norteamericana). Esta idea llegó a introducirse tan fuertemente
en el pensar de algunos norteamericanos, que la mayoría de
estos estaba persuadida de poseer un derecho natural e indiscutible
de llevarlo a cabo y por eso estaban dispuestos a ir a la guerra
contra cualquier nación que se interpusiera en su camino.
La teoría del "Destino Manifiesto", al parecer
funcionaba hacia el Oeste y el Sur, pero no tenía efectividad
cuando se trataba de aplicarla hacia el Norte; de ahí que
a pesar de los esfuerzos realizados en distintos momentos para anexar
el territorio de Canadá a los Estados Unidos, uno de ellos
en 1837, se considerase conveniente dejar ese problema a los propios
pobladores de Canadá; no enfrentarse a un país fuerte
como Inglaterra, que defendía su colonia en dichos territorios
y continuar cumpliendo con el "destino" donde encontraban
la menor resistencia; lo cual se concretó en las posesiones
españolas y los países hispanoamericanos.
Uno de los que se apoyó fuertemente en la teoría
del "Destino Manifiesto" para lograr sus aspiraciones
expansionista lo fue el Presidente James K Polk, que en 1845 recogió
los frutos sembrados por Andrew Jackson con la incorporación
de Texas a la nación Norteamericana y en 1848 terminó
de validar la teoría con la guerra contra México,
gracias a la cual los Estados Unidos se apoderaron de California
y Nuevo México. Para lograr arrebatar a México dichos
territorios se utilizaron todos los subterfugios expansionistas
acumulados en la experiencia que los Estados Unidos tenían
sobre ese tipo de actividad. Se aplicó principalmente la
variante de introducir colonos en las tierras a conquistar y esperar
un tiempo para que estos se asentaran, con la idea de posteriormente
fomentar el descontento y organizar un alzamiento de dichos colonos,
lo que permitiría a los Estados Unidos invadir el territorio
para "proteger" a los pobres desvalidos que estaban siendo
sojuzgados por el poder establecido en dichas tierras; estos desvalidos
gracias a la ayuda norteamericana lograban su independencia, para
posteriormente pedir la anexión a los Estados Unidos; una
fórmula que en apariencias mantenía la limpieza y
el honor norteamericano en relación con ese tipo de actividad.
En cuanto a Cuba, se trataron de aplicar todas esas teorías
por parte del gobierno norteamericano para lograr que la Isla pasara
a ser parte de su territorio, ya fuera por compra, anexión,
cesión e inclusive fomentando el descontento y organizando
expediciones, como la de Narciso López, de la que formaban
parte un número de norteamericanos y cuyos objetivos eran
iniciar la lucha para posteriormente recibir la ayuda norteamericana
y que el "destino manifiesto" jugara su papel.
Evidentemente, la teoría más conocida sobre nuestro
país la elaboró John Quincy Adams, cuando al hacer
referencia a Cuba habló de "la fruta madura", que
como parte de una ley inexorable de la física tendría
que caer y caería en manos de los norteamericanos.
El 28 de abril de 1823 Quincy Adams, en aquel momento Secretario
de Estado del Presidente Monroe, envió una nota al Embajador
de Estados Unidos en España donde señalaba: "El
traspaso de Cuba a Gran Bretaña sería un acontecimiento
muy desfavorable a los intereses de esta Unión (...) La cuestión,
tanto de nuestro derecho y de nuestro poder para evitarlo, si es
necesario por la fuerza, ya se plantea insistentemente en nuestros
consejos, y el consejo se ve obligado, en el cumplimiento de sus
deberes hacia la nación, por lo menos a emplear todos los
medios a su alcance para estar en guardia contra él e impedirlo",
en esa nota detalló también los motivos del interés
norteamericano por Cuba, y la necesidad de preparar el camino para
la anexión. La vigencia de la esencia hegemónica del
documento recomienda citar otros fragmentos:
"Estas islas (Cuba y Puerto Rico) por su posición local
son apéndices naturales del continente norteamericano, y
una de ellas la isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas,
ha venido a ser, por una multitud de razones, de trascendental importancia
para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión".
Consideraba además Quincy Adams tan fuertes e importantes
los vínculos geográficos, económicos y políticos
que unían a la Isla con los Estados Unidos, que refiriéndose
a la necesidad imperiosa de apoderarse de ella, apuntaba:
"Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarán
probablemente los acontecimientos en los próximos cincuenta
años, casi es imposible resistir la convicción de
que la anexión de Cuba a nuestra República Federal
será indispensable para la continuidad de la Unión
y el mantenimiento de su integridad".
El autor de la teoría de la "fruta madura" señaló
más adelante:
"Pero hay leyes de gravitación política como
las hay de gravitación física, y así, como
una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no
puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo; así Cuba,
una vez separada de España y rota la conexión artificial
que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por sí sola,
tiene que gravitar, necesariamente hacia la Unión Norteamericana,
y hacia ella exclusivamente, mientras que a la Unión misma,
en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla
en su seno".
Los esfuerzos expansionistas de Estados Unidos por apoderarse de
Cuba y por continuar agregando territorios a sus posesiones, ya
fuera como un Estado más, una posesión colonial, como
Puerto Rico, o territorios ocupados como la Base Naval de Guantánamo
y las bases militares en otros países del mundo, se pusieron
de manifiesto cada vez que dicho país tuvo la oportunidad
de apropiarse de un territorio ajeno. No obstante, la versión
moderna de la política expansionista norteamericana está
referida al saqueo colonial, el intercambio desigual, la explotación
de los recursos naturales de otras naciones, el control del comercio
y los gravámenes de la deuda externa que han puesto en manos
de los Estados Unidos a una gran cantidad de países, en especial
de América Latina, sin tener que invadirlos ni anexarlos
a la unión norteamericana.
La esencia filosófica de la política exterior norteamericana
durante el Siglo XX no varió mucho en relación con
la que fue conformándose en la etapa de la expansión
territorial; pudiéramos decir que esta se fue modificando,
más bien ampliando, acorde a las circunstancias y los momentos
en que era necesario aplicarla con el fin de proteger los intereses
económicos norteamericanos.
Si bien la Primera Guerra Mundial no agregó aportes significativos
a dicha filosofía, pues al finalizar dicha guerra imperó
en las clases dominantes el espíritu aislacionista, podemos
afirmar que al terminar la Segunda Guerra Mundial la experiencia
fue totalmente distinta, ya que los Estados Unidos se preocuparon
por proyectarse en distintas ramas de las relaciones internacionales,
tanto la política como la económica, con el marcado
propósito de asegurar las inversiones realizadas durante
el desarrollo de la contienda, los nuevos territorios ocupados y
en especial las bases militares que le permitían mantener
una presencia imprescindible para cuidar sus intereses económicos,
que de América se habían ampliado hacia Europa y Asia.
La llamada política de "contención" y "el
equilibrio de fuerzas" agregó un nuevo elemento a la
filosofía norteamericana; ahora no solamente quedaba implícito
que en el momento determinado se lanzarían a la conquista
de una nueva posesión, sino que además, aplicando
la Doctrina Monroe a otros continentes, no permitirían el
avance del comunismo y pondrían un muro de "contención"
para evitar que quedaran fuera de su esfera de influencia otros
países europeos y asiáticos que como resultado de
la Segunda Guerra Mundial pudieran recibir la influencia de la URSS
y China.
Como complemento de la "contención" y del "equilibrio
de fuerzas" se desarrolló la "Guerra Fría",
que tenía un doble propósito, pues además de
contener al entonces llamado "Campo Socialista" mediante
la amenaza de un posible conflicto armado, obligó a que éste
desviara un número importante de recursos económicos
y humanos a la preparación de la defensa de dichos países,
los cuales no podían emplear en la reconstrucción
y el desarrollo, por lo que se mantuvo la ventaja tecnológica
e industrial a favor de los Estados Unidos para la conquista de
los nuevos mercados y poder ejercer influencia en los países
europeos y asiáticos.
Tan importante como esto último, la "Guerra Fría"
permitió se mantuviera funcionando a buen ritmo el Complejo
Militar Industrial, que aseguró caudalosas utilidades para
empresarios, militares y científicos; garantizaba que la
industria de la guerra pudiera mantener su ritmo de trabajo y desarrollo,
lo cual implicó asegurar el empleo a decenas de miles de
norteamericanos que de otra forma hubieran tenido que ingresar en
la fila de los desocupados y además proporcionó un
"enemigo" contra el cual luchar, lo cual permitió
manipular el sentimiento nacionalista contra cualquier tipo de manifestación
interna que pusiera en peligro los intereses de las clases dominantes.
Los nuevos elementos agregados a la filosofía estuvieron
por el momento conformados, "era necesario tener un enemigo
que contener, para evitar siguiera amenazando los valores e intereses
de la sociedad norteamericana; todo aquel que propugnara la paz
y el entendimiento con 'el enemigo' debía ser reprimido".
Las famosas libertades individuales de la Constitución norteamericana
volaron en pedazos, al igual que lo que sobrevivió del "New
Deal" propugnado por Roosevelt, pues los que colaboraron con
la derrota del fascismo comenzaron a introducir en su país
los elementos de dicha doctrina. La etapa de la administración
Truman fue determinante para esos propósitos con el auge
de la Comisión Investigadora de Actividades Norteamericanas
la cual marcó en la historia de ese país lo que se
conoce como el Macartismo, verdadero aparato represivo que se utilizò
indiscriminadamente y que fue acompañado por el fortalecimiento
del aparato represivo, fundamentalmente del Buró Federal
de Investigaciones (FBI), al que se le dió la facultad de
determinar qué persona o funcionario mantenía "la
lealtad al país", gracias a la enmienda McCarran y al
decreto No. 9835 de Truman, todo lo cual se complementó con
la Ley Taft-Harley que limitaba las actividades de los sindicatos.
Se había sembrado la semilla de lo que al germinar, años
más tarde, durante la administración de George W.
Bush, se convirtió en la "Ley de Seguridad de la Patria",
un viejo anhelo de la extrema derecha norteamericana.
En el área de las relaciones exteriores la nueva filosofía
se aplicó por el Departamento de Estado, el Pentágono
y la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Aquel país que
por medio del convencimiento y la influencia política del
Departamento de Estado no se pudiera sojuzgar, que intentara defender
sus intereses nacionales o comerciar libremente, sería objeto
de atención por la CIA o el Pentágono. Si mediante
una operación encubierta era posible derrocar al gobierno
del país, o asesinar a su principal dirigente, la actividad
la desarrollaba la CIA. En caso de que se considerara necesaria
una invasión con fuerzas regulares norteamericanas para reprimir
al pueblo e imponer un gobierno afín a los intereses norteamericanos,
la operación la ejecutaba el Pentágono.
Con el desarrollo de las actividades de las agencias norteamericanas
señaladas anteriormente surgió otro elemento que agregar
a la nueva filosofía; "la contención no solamente
implicará el desarrollo de acciones propias de la Guerra
Fría; cuando sea necesario, se realizaran acciones militares
o paramilitares que permitan garantizar el control total de un determinado
país".
Dentro de los principios filosóficos básicos de la
política exterior norteamericana se estableció que
"Estados Unidos siempre atacará por haber sido atacado",
este principio resultó de importancia relevante para no aparecer
nunca como un país agresor y poder justificar la participación
en cualquier conflicto, para lo cual se requería el empleo
de altas sumas de dinero. El presentarse como víctima, o
defensor de las víctimas, permitía manipular el sentimiento
nacional, tanto para garantizar la aprobación por el Congreso
del presupuesto correspondiente, como para enviar a la muerte a
miles de sus propios ciudadanos sin tener que enfrentar una fuerte
oposición por parte de los norteamericanos defensores de
la paz.
Este principio se utilizó para invadir Texas, con la justificación
de que "los colonos norteamericanos eran masacrados por los
mexicanos", cuando en realidad Sam Huston había sido
enviado a dicho territorio para organizar el alzamiento de los colonos
norteamericanos; para arrebatarle a México los territorios
de Nuevo México y California, porque "una patrulla fronteriza
norteamericana fue atacada por el ejército mexicano",
lo que sucedió después de varios meses de provocación
por parte de los norteamericanos sin recibir respuesta mexicana;
para intervenir en la guerra de los cubanos contra España
y terminar con nuevos territorios en Puerto Rico, las Filipinas
y la dominación colonial sobre Cuba, porque "el acorazado
Maine fue volado en el puerto de la Habana", hecho cuyo origen
nunca se ha podido aclarar totalmente y que seguramente formó
parte del "Plan Kimball" para justificar la intervención
en la guerra de Cuba, confeccionado en 1898 por la Oficina de Inteligencia
Naval, el cual todavía permanece en secreto.
Con la justificación de ser "defensor de las víctimas
y de la democracia", elemento que se adicionó al principio
antes mencionado, realizó un verdadero rosario de intervenciones
militares en América Latina, que siempre tuvieron como final
la instauración de gobiernos sometidos a sus designios y
hasta la creación de un nuevo país, como lo fue en
el caso de Panamá, país creado para poder controlar
el Canal interoceánico que sería construido y que
Colombia quería mantener bajo su dominio y soberanía.
La participación norteamericana en la Primera Guerra Mundial,
después de haber sacado todo el provecho posible a su "neutralidad",
que le permitió vender sus productos a los dos bandos en
pugna, se materializó cuando ya la guerra esta prácticamente
decidida y se justificó "por el ataque de submarinos
alemanes a barcos norteamericanos". La entrada norteamericana
en la Segunda Guerra Mundial tuvo la misma característica;
primeramente se declaró la "neutralidad", que le
permitió vender material bélico y otros productos
a Inglaterra, Francia, Alemania, Japón e Italia. El "sorpresivo"
ataque a Pearl Harbor justificó la declaración de
guerra a las potencias del Eje, sin embargo, la historia ha demostrado
que la administración Roosevelt debió tener conocimiento
del ataque y sin embargo no se alertó convenientemente a
la Flota del Pacífico, ni se tomaron las medidas necesarias
para evitar fuera sorprendida con todos sus barcos en un solo puerto.
Los Estados Unidos justificaron su ayuda a los nacionalistas chinos
"para salvar a las víctimas del comunismo", lo
cual implicó la entrega de millones de dólares en
material bélico a las tropas de Chang Kai Seg. Algo similar
justificó su participación en la guerra de Corea,
en este caso "para que los chinos y los comunistas coreanos
no invadieran a Corea del Sur". En este caso, después
de haber iniciado la agresión, se convocó al Consejo
de Seguridad de la ONU para que ante el hecho consumado, este diera
su aprobación, lo cual lograron violando a la Carta de la
Organización en ausencia del representante de la Unión
Soviética, el que no asistía en protesta a la negativa
de darle el puesto a China Popular, dándosele a Taiwán
(Formosa) una provincia de ese país. En aquellos momentos
se agregó otro interesante aspecto al principio filosófico;
"Estados Unidos siempre atacará por haber sido atacado,
para defender víctimas o la democracia; contando en todo
momento con el respaldo internacional".
En Viet-Nam la filosofía aplicada tuvo distintas facetas,
de acuerdo al momento de su aplicación, pues en realidad
la intromisión en los asuntos de dicho país comenzó
en época de Truman, como parte de la filosofía de
la "contención" y el "equilibrio de fuerzas";
al retirase los franceses, los norteamericanos tomaron su lugar
dando ayuda militar y enviaron "asesores" para impedir
el avance del comunismo hacia el sur; precisamente fue Eisenhower
el que aniquilo los acuerdos de Ginebra, pues como el dijo, no permitiría
que los comunistas del sur ganaran las elecciones.
En época de Kennedy se continuó con la "contención"
enviando más asesores, tanto a Viet-Nam como a Laos; más
ayuda económica y por si todo eso fuera poco, a la CIA con
sus tácticas desestabilizadoras y la violación de
todo derecho establecido; hasta la época de Johnson, en que
finalmente los norteamericanos fueron "atacados" cuando
el destroyer Maddox se encontraba realizando una misión de
espionaje en el Golfo de Tonkin, mientras que en el mismo momento
se ejecutaba el Plan Operativo 34A de ataque naval a territorio
norvietnamita. Eso daba el pretexto para "atacar por ser atacado"
y como conocían era totalmente imposible que la Organización
de las Naciones Unidas les diera el respaldo internacional para
dicha acción, lo solicitaron a la Organización del
Tratado del Sudeste Asiático, para al menos tener un respaldo
regional.
A la filosofía de la "contención", pudiéramos
decir que los Estados Unidos en ciertas y determinadas regiones
agregaron la de la "regresión". Era imprescindible
para los intereses norteamericanos volver a imponer el orden en
países que de una forma u otra se habían salido de
su esfera. Para lograr eso la acción principal a desarrollar
estuvo a cargo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y cuando
fue necesario, la actividad la desarrolló el Pentágono
mediante la invasión militar.
A la teoría de la "regresión" hizo un fuerte
aporte el que fuera Presidente de los Estados Unidos, Lyndon B.
Johnson, cuando para justificar la invasión a Republica Dominicana
estableció nuevos principios filosóficos que modernizaron
la Doctrina Monroe. Johnson declaro al respecto que, " una
revolución nacional en el Hemisferio Occidental deja de ser
un problema de interés local cuando el objetivo de la misma
es establecer una dictadura Comunista".
En Guatemala se pudo lograr la "regresión" mediante
la actividad de la CIA; en Nicaragua también la CIA logró
tener éxito en su misión; en Cuba, a pesar de los
recursos empleados y de la intensa preparación, las distintas
operaciones de la CIA han terminado en el fracaso. En los casos
de República Dominicana, Granada y Panamá, para no
correr riesgos innecesarios, se le asignó la tarea al Pentágono,
con el fin de que la "regresión" estuviera acompañada
por la eliminación total de oposición a los intereses
norteamericanos. Pudiera mencionarse como un elemento mas dentro
de esta política el Programa de Santa Fe I y II cuyo propósito
era el de ganar el terreno perdido.
Es indudable que dos acontecimientos fundamentales y otros secundarios
trajeron como resultado que la fundamentación filosófica
de la política exterior norteamericana sufriera un cambio
significativo. Esos acontecimientos fueron la desaparición
de la Unión de Repúblicas Soviéticas (URSS),
conjuntamente con el Campo Socialista y los ataques terroristas
realizados contra instalaciones en suelo norteamericano efectuados
el 11 de septiembre del año 2001.
Cronológicamente, la desaparición de la URSS fue
el primer evento que influyó en modificar la filosofía,
pues había desaparecido el "enemigo", por lo tanto,
hablar de "contención" y de "equilibrio de
fuerzas" no tenía mucho sentido; esto a su vez afectó
una parte altamente sensible de la economía norteamericana,
representada por la industria armamentista y los otros componentes
del Complejo Militar Industrial. Si el "enemigo" desaparecía,
entonces los presupuestos militares debían reducirse y eso
era un serio peligro.
Una ventaja de la nueva situación creada era la posibilidad
de lograr el establecimiento del "hegemonismo" en el campo
internacional bajo la batuta de los Estados Unidos, pues con el
desmembramiento de la otra gran potencia mundial, que mantenía
el balance en dicho campo, evidentemente resultaba mucho más
fácil poder imponer al resto del mundo la "defensa"
de los intereses norteamericanos. A partir de ese momento los que
de una forma u otra recibían ayuda del campo socialista tendrían
que tocar a las puertas norteamericanas, lo que abría las
puertas a la penetración económica y la influencia
política.
En general la nueva situación ofreció ventajas y
desventajas, más era imprescindible sacar la economía
norteamericana de la tendencia descendente en que se encontraba
en aquellos momentos y buscar la fórmula que mantuviera un
nivel aceptable de empleo, pues este era otro rublo que disminuía
a la vez que el de precios aumentaba. Los sucesos del 11 de septiembre
proporcionaron todo lo necesario para lograr el cambio requerido.
Nuevamente apareció el "enemigo", con la diferencia
que ahora no era un país determinado, el "enemigo",
materializado en el terrorismo, podía ser o estar en cualquier
país y eso era muy conveniente para los Estados Unidos, que
debían prepararse para luchar en distintos escenarios seleccionados
de acuerdo con su criterio, pues eran ellos los que se habían
abrogado la facultad de determinar qué país era fuente
de terrorismo.
El propio presidente de la nación norteamericana George
W. Bush proclamó otro cambio importante en la filosofía;
"a partir de ahora los Estados Unidos atacarían sin
haber sido atacados". Solamente la idea o el conocimiento de
que alguien o algún país pudiera atacar a los Estados
Unidos sería suficiente para que fuera atacado.
El respaldo internacional, que con tanto celo se buscó para
legitimizar las acciones contra otros países, ya no se consideraba
imprescindible; la propia posición hegemónica ocupada
por los Estados Unidos les permitía iniciar una guerra sin
el apoyo y la aceptación de la comunidad internacional, es
decir las Naciones Unidas. La aceptación y el apoyo se negociarían
a posteriori; eso evitaba someter a una consideración colectiva
los hechos que pudieran provocar el conflicto armado, fueran estos
reales o fabricados.
Las armas de exterminio masivo resultaron un buen pretexto para
apoderarse del petróleo de Irak, aunque ahora se declare
que realmente nunca existieron. Ese propio pretexto se ha esgrimido
contra Cuba y según el señor Bolton, su capacidad
para producir armas biológicas, algo que solamente el, el
Presidente Bush y la mafia miamense consideran existe, como posible
justificación para una acción armada; la ingerencia
norteamericana en Venezuela representa una muestra mas de la impunidad
con que los Estados Unidos pretenden actuar en su política
exterior contra todo aquel que afecte sus intereses económicos,
actúe con autodeterminación y se enfrente al hegemonismo.
Internamente, la propia "Ley de Seguridad de la Patria",
violando todos los derechos reconocidos en la Constitución
de los Estados Unidos proporcionó el fundamento jurídico
para reprimir a los que quisieran mostrar su inconformidad con las
decisiones gubernamentales. Si alguien era detenido como sospechoso
de organizar o cooperar en actos terroristas podía ser confinado,
incomunicado y no presentado a juicio por tiempo indefinido; ni
tan siquiera era necesario dar su nombre para informar de su detención.
Durante el tiempo que estuviera detenido podía ser sometido
a un severo régimen carcelario violatorio de sus derechos
humanos sin que tuviera la más mínima posibilidad
de protestar por eso.
Todos estos elementos conformaron el fundamento filosófico
actual de la política exterior del gobierno de los Estados
Unidos, que puede resumirse en lo siguiente:
"Existe un nuevo enemigo, más peligroso que el anterior;
ese o cualquier otro enemigo deberá ser eliminado sin esperar
que ataque a los Estados Unidos; para atacarlo se utilizará
cualquier pretexto, o simplemente asumir que resulta peligroso para
la Seguridad Nacional norteamericana; si no existen pruebas de eso,
se fabricaran. Para llevar a vías de hecho el ataque no se
esperara por la aprobación de la Comunidad Internacional,
a esta se le presentara la situación en desarrollo.
A los que dentro de los propios Estados Unidos manifiesten su descontento
con esta situación o los procedimientos utilizados, se les
reprimirá fuertemente, sin tomar en consideración
sus derechos constitucionales. Las personas que se detengan como
sospechosos de colaborar con el enemigo, serán sometidas
a un severo régimen de prisión y no se les reconocerá
derecho alguno, incluyendo el de ser presentados ante un juez".
El pensamiento filosófico que en la actualidad guía
los pasos de los dirigentes norteamericanos y en especial a su Presidente
George W. Bush no es nuevo, de una forma u otra ha sido empleado
con anterioridad; los métodos empleados en la actualidad
si lo son, pero la esencia del mismo corresponde a los principios
filosóficos de la clase dominante de ese país, que
coincide con el pensamiento de un hombre que vivió en la
primera mitad del Siglo XX, Adolfo Hitler, que dentro de su programa
político escribió:
"En el despiadado ataque al adversario la gente encuentra
siempre la reafirmación de su propio derecho. Lo que ellos
quieren es la victoria del mas fuerte y el aniquilamiento o la rendición
incondicional del más débil".
La filosofía de la política exterior norteamericana
ha sufrido grandes cambios, cada día se acerca mas al fascismo,
manteniendo sus principios en defensa de los intereses económicos
de la clase dominante en el país; si la analizamos retrospectivamente
llegamos a la conclusión de que el "big stick"
sigue estando presente; mas bien siempre lo ha estado, algunas veces
encubierto o con cierta validación de algún organismo
internacional, o como en los momentos presentes, en que la posición
hegemónica permite llevarlo en la mano, sin tapujo alguno
y utilizarlo como planteo recientemente el Presidente George W.
Bush, cuando exista la posibilidad o simplemente la idea de que
los Estados Unidos van a ser atacados.
Marzo/2006
http://www.cubasocialista.cu/TEXTO/cs0213.htm
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