..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.131, Viernes, 7de julio del 2006

Libro de visitas


Dossier_Mr Parmly: ¡Out en primera!

Después de la deshonrosa retirada al frente de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana de un Mr. Cason tremebundo y pródigo en actitudes ridículas, que lo convirtieron en el personaje principal de ciertos dibujos animados de la televisión cubana, y consecuentemente, en el hazmerreír de nuestro pueblo, y de buena parte del personal diplomático y de seguridad norteamericano estacionado aquí (se sabe de buena fuente), creíamos que se habían agotado las reservas del ridículo imperial. Pero estábamos equivocados.

En sustitución del patético Mr. Cason nos han mandado a un no menos patético Mr. Parmly, pues aunque no ha intentado (todavía) disfrazarse de hada madrina, ni ha ordenado al sastre (todavía) agregar galones de cabo a la guayabera con que se disfrazan de nativos los diplomáticos yanquis, lo cierto es que, en su caso, el beneficio de la duda ha terminado desde el momento en que ha abierto la boca.

Ocurrió el pasado 4 de julio, Día de la Independencia de su país, cuando hizo uso de la palabra antes de iniciar un juego de pelota entre sus subalternos en La Habana. Al pronunciar las palabras, mitad en Español, mitad en Inglés, -es de presumir que estuviesen presentes algunos de sus mercenarios a sueldo-, seguramente, encargados de secarle el sudor al amo, cargarle el bate, barrer el home y, a una simple inclinación de cabeza del que paga, llevarle directamente en la boca, sin esfuerzo alguno, el chorro de Coca Cola helada.

Mr. Parmly puso en peligro el juego, por las carcajadas arrancadas a los presentes, cuando exclamó, arrobado, que la de su país si fue una revolución verdadera porque el gobierno norteamericano… “siempre ha contado con el apoyo de los gobernados”, como si la gente no supiese que los presidentes se eligen en su tierra con menos del 35 % de los votos, y que la actual aceptación de Bush es menor a esa cifra. Compitiendo con el Instituto de Meteorología pronosticó que algo nebuloso, llamado “cambio”, se aproxima a nuestras costas, pero olvidó precisar si será sobre las alas de los bombarderos o sobre las cubiertas de los portaviones de su flota. Para terminar, ya con el bate en la mano, en pose de Indiana John, y apartando a un sulacrán criollo que se empeñaba en arreglarle el cerquillo bajo la gorra, El Sr. Parmly afirmó que… “pronto la tiranía dejará de ser un obstáculo” para las relaciones entre los dos países, olvidando, una vez más, que es el gobierno, gracias al cual se encuentra en Cuba como representante ante una “tiranía”, el que lleva más de 45 años bloqueando esa relación, y que la comunidad internacional lleva 14 años condenándolo por esa causa en la Asamblea General de la ONU.

Tras lanzar al aire, con arrestos de Tarzán, un estentóreo “¡Play ball!”, Mr. Parmly dio inicio al juego tirando el bate, con fervor, contra la bola que le enviase el pitcher, con tanto acierto, que la elevó ante el delirio vocinglero de los tracatanes criollos, que en la euforia, derramaron la Coca Cola.

La bola se elevó, se elevó, se elevó… hasta caer, mansamente, en el guante de unos de los jugadores contrarios. “¡Out en primera!”, cantó el árbitro, en medio del sepulcral silencio de las consternadas alimañas, que esperaban, al menos un hit de su ídolo valeroso.

Al día siguiente, en la cinta electrónica de la Oficina de Intereses, gracias a la cual millones de cubanos resisten una tortícolis heroica con tal de saber qué pasa en el mundo libre, Mr. Parmly denunciaba que le había parecido vislumbrar una barba y un destello verdeolivo bajo el uniforme del pitcher contrario, el mismo que lo sacara out de manera tan poco heroica, en su primera vez al bate en esta isla inexplicable.

 

Palabras de Parmly a
July 4, 2006 Remarks by Chief of Mission Michael E. Parmly


Thank you all very much for joining us today to celebrate this July 4, the 230th anniversary of American independence. One of the signers of the Declaration of Independence, our second President of the United States, John Adams, foresaw that July 4th would be celebrated by succeeding generations of Americans. He wanted Americans to take a little time out to remember the events of that historic time, and to give thanks for the blessing of liberty. We’ve been doing that ever since, and we’ve also added another tradition, that of having fun on July 4th. All across the United States today, Americans are proclaiming their love of country and liberty, and celebrating with good food, companionship, and baseball.

Los signatarios de la Declaración de Independencia dieron inicio a una larga e ininterrumpida tradición estadounidense: la disposición inmediata de encabezar la causa de la libertad, incluso en medio de circunstancias difíciles. Aquellos valientes patriotas reinventaron la teoría política de su época. En el mundo occidental era aceptado, en su generalidad, el considerar que la autoridad de los gobernantes provenía de Dios, pero los estadounidenses consideraron que no, que esa teoría era errónea. Afirmaron que el poder y los derechos inalienables de los hombres – o sea los derechos humanos — eran bienes que pertenecían a las personas por habérselos dado Dios directamente. Declararon que los gobiernos se instituían para preservar los derechos de los hombres y para servir a sus designios. Los gobiernos sólo pueden perdurar si cuentan con el consentimiento de los gobernados. De no ser así, deben ser barridos. ¡Esa sí fue una Revolución!

I want to recognize and thank all of our junior State Department employees and young Marines here today, as well as their loving and supportive families. It gives me great peace of mind to know that you have chosen public service, and are preparing for the day when it will be your turn to lead. You’ll do great.

Young Americans’ readiness to step up to the plate generation after generation -- and our institutions’ readiness to prepare them -- is the source of our strength, and of our longevity. We’ve never needed “historic personalities” or “historic generations.” Individuals and generations are ephemeral. Our government stands the test of time because it is built on a solid foundation of human rights, liberty, institutions, and law.

Mencioné que John Adams quería que reflexionáramos acerca de la significación del 4 de julio de 1776. También mencioné que los estadounidenses añadieron otra tradición a la celebración de esta efeméride: la de divertirse en este gran día.

En este mismo instante, muchos estadounidenses, a lo largo de mi país, están disfrutando un juego de pelota. Y me pareció apropiado, en esta ocasión, celebrar este hecho también. La pelota es un pasatiempo que comparten por igual cubanos y estadounidenses. Nuestro amor mútuo por este juego es un recordatorio de cuán interrelacionados estamos. Separados sólo por 90 millas de mar, los Estados Unidos y Cuba comparten muchas tradiciones musicales, artísticas, literarias y deportivas.

La pelota es un puente, un lazo que nos recuerda a todos que la actual desavenencia entre Cuba y los Estados Unidos, además de no ser natural, también es efímera. El cambio se avecina. Pronto la tiranía dejará de ser un obstáculo para la asociación natural entre nuestros dos países. Mientras tanto, celebremos nuestra herencia compartida. ¡Vamos a jugar pelota!


¿Celebrar la democracia? Reflexiones sobre el Día de la Independencia

"¿Dónde encajamos en la independencia nacional yo y los que yo represento? ¿Se extienden a nosotros los grandes principios de libertad política y justicia nacional que encarna esa Declaración de Independencia?. La independencia de ustedes muestra la distancia inmensa que existe entre nosotros. Las bendiciones que festejan este día no se gozan en común. El patrimonio de justicia, libertad, prosperidad e independencia que sus padres les legaron se comparte entre ustedes y no conmigo. El sol que les brindó a ustedes vida y recuperación, a mí me dio azotes y muerte. El 4 de julio es suyo; no es mío. Ustedes se regocijan, yo me lamento..¿Qué es para el esclavo estadounidense el 4 de julio?"

Frederick Douglass, líder de la lucha revolucionaria de los negros contra la esclavitud, 5 de julio de 1852

"En países como Estados Unidos es una creencia común que la democracia y la dictadura se oponen diametralmente: donde hay democracia no hay dictadura y donde hay dictadura no hay democracia. Pero en realidad la democracia es una forma de dictadura. En cualquier Estado donde la democracia sea la forma de gobierno político, esa democracia solo se practica de manera real en el seno de la clase dominante, mientras que sobre la clase (o clases) oprimidas se ejerce una dictadura. En los actuales autodenominados `países democráticos' existe una dictadura de la burguesía sobre el proletariado (y otras capas y grupos oprimidos)".

Bob Avakian, Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?, p. 13

"Oímos dudas de que la democracia sea una meta realista para el Medio Oriente en general, donde es raro tener libertad. Es errado y condescendiente suponer que ciertas culturas y grandes religiones son incompatibles con la libertad y el autogobierno. Por encima de todo, terminaremos la labor histórica de establecer la democracia en Afganistán e Irak, para que esas naciones iluminen un camino para las demás y ayuden a transformar una región turbulenta del mundo".

George Bush, informe presidencial anual, 2004

Frederick Douglass preguntó: "¿Qué es para el esclavo estadounidense el 4 de julio?"

¿Habrá manifestación más clara de la contradicción de millones de explotados y oprimidos de este país u otros como Irak que cuando los exhortan a celebrar los cacareados ideales de la democracia estadounidense...? Aunque la guerra de Secesión abolió las relaciones de producción de la esclavitud franca, los "principios democráticos" hoy solo existen para beneficio de una dictadura de la clase dominante que perpetúa la explotación de las clases bajas, en particular del proletariado. Entonces, podemos preguntar todavía: ¿Qué es el 4 de julio para el esclavo (asalariado), los pobres o los que viven en la calle, las nacionalidades oprimidas?

La Declaración de Independencia, con su prosa florida y frases veneradas, fue producto de una clase específica cuyos intereses económicos y de propiedad estaban en conflicto con las exigencias del sistema colonial y monárquico de Gran Bretaña. Frases como que "todos los hombres son iguales", "gobiernos instaurados entre los hombres" y "el consentimiento de los gobernados" son ideales imbuidos de un carácter de clase. El apogeo de la esclavitud durante ese período y por décadas después es prueba contundente de dicho carácter de clase. La esclavitud se abolió y vivimos en una democracia burguesa capitalista moderna, pero el concepto básico de un gobierno establecido con el "consentimiento de los gobernados" (un principio democrático que según el gobierno está estableciendo en Irak y Afganistán) define quiénes son aptos para gobernarse,y aquí siempre los intereses de la dictadura de la clase dominante imponen el criterio. Es en parte por eso que en la historia de Estados Unidos se ha estipulado ser de cierta raza (blanca), cierto género (masculino) y cierta clase (dueños de propiedad). Dicha dictadura sigue imponiéndose hoy, pues los intereses de la clase dominante burguesa determinan los parámetros del debate político (por ejemplo, mediante el proceso electoral) y cuáles posiciones se aceptarán en el gobierno de una sociedad democrática.

Al considerar el 4 de julio como es en realidad, aquí y por todo el mundo, se ve que es una celebración del saqueo de iraquíes y afganos; una celebración de los zapatos Nike hechos por 20 centavos la hora en Indonesia; de las técnicas de tortura de Abu Ghraib y Guantánamo; de una guerra sin fin contra todo el mundo; de la represión interna; del asesinato de Amadou Diallo a manos de la policía de Nueva York; de las 1600 personas que meten a diario en las cárceles (el 75% negros y latinos); de la esclavitud, la segregación, el racismo y el genocidio casi completo de los amerindios. En fin, es la celebración de más de dos siglos de opresión y explotación legitimadas.

¿Es esto simplemente una cuestión de ser "antiestadounidense"? Por un lado, así es; es desdeñar absolutamente todo lo que este país representa y los horrores que impone a miles de millones de personas aquí y por todo el planeta. Pero por otro lado, es mucho más. Si se limitara al odio superficial del "American way", no sería una orientación revolucionaria marxista-leninista-maoísta. Los medios de comunicación y la burguesía pintan a los comunistas revolucionarios de antiestadounidenses furiosos. Eso se ve en los ataques en los medios, tanto derechistas como izquierdistas, contra el PCR por el movimiento contra la guerra (Vean el OR No. 1241, 23 de mayo de 2004.) Tales ataques azuzan el nacionalismo con la meta de polarizar la sociedad y de crear una opinión pública que dice: está bien si no te gustan unas acciones del gobierno, siempre y cuando aceptes que en general este país es el mejor de la Tierra; pero adoptar una posición antiestadounidense consecuente demuestra que no agradeces la esclavitud y el imperialismo moderno que hicieron de este país "el mejor de la Tierra" y, algo muy importante en estos tiempos de creciente represión, que tomas el lado de los "enemigos de la libertad y la democracia" y por eso al final de cuentas habrá que aniquilarte.

Sin embargo, dicho desdén superficial no es suficiente para hacer una revolución socialista. En su respuesta al libro Blood in My Eye de George Jackson, el presidente Bob Avakian dice que el componente ideológico esencial de una revolución no debe ser simplemente el odio, aun cuando en verdad no se puede hacer una revolución sin tener odio. (Vean el OR No. 968, 9 de agosto de 1998). Estados Unidos, como estado nacional, encarna relaciones de producción subyacentes (burguesía/proletariado) y el modo de producción capitalista en general. El concepto de estado nacional surgió de la necesidad de la clase burguesa de asegurar el crecimiento del capital dentro de ciertos límites nacionales. Las ideologías que el estado nacional fomenta, y los ideales y valores que expresan el carácter nacional correspondiente, surgen de la necesidad de legitimar las relaciones de producción subyacentes y las distinciones de clase.

El desarrollo histórico de Estados Unidos siguió ese camino de necesidad económica y la evolución del sistema capitalista determinó los objetivos políticos de la naciente burguesía. El presidente Bob Avakian lo resume así en un artículo sobre la "Declaración de Independencia":

"Este documento es precisamente una declaración de independencia de un país con respecto a otro; no es una declaración que propone la abolición de todas las relaciones de explotación y de opresión... En particular, es la declaración de las clases propietarias y políticamente dominantes de Estados Unidos. Todo eso se ve claramente en las quejas enumeradas... y en las infamias que brillan por su ausencia, sobre todo la esclavitud. Al enumerar los `abusos y usurpaciones' que les hicieron rechazar el control de la monarquía inglesa, por ejemplo `imponernos impuestos sin nuestro consentimiento' y `suspender nuestro comercio con otras partes del mundo', los autores de la declaración expresan la indignación de clases que ven restringida su propia acumulación de riqueza y capital por las medidas de las clases dominantes de una potencia extranjera".

(Bob Avakian, "La Declaración de Independencia, la igualdad de oportunidad y el derecho burgués")

En vista de eso, los blancos de oposición irrevocable son las condiciones económicas del capitalismo, como motivación, y las correspondientes relaciones de propiedad que determinan las relaciones sociales explotadoras y las ilusiones de democracia. La clase revolucionaria, el proletariado, es internacional; y es internacional también la opresión de esa clase y otros grupos, debido al capitalismo y al imperialismo de este y otros países. Así que no es suficiente desdeñar el "American way"; hay que desdeñar las acciones del imperialismo, del capitalismo, la explotación. La Declaración de Independencia del 4 de julio es, en lo fundamental, una manifestación de las relaciones de clase que llevaron a la democracia moderna, una ideología que beneficia a una clase exclusiva. Tomando todo eso en cuenta, hay que pensar en las consecuencias de lo que Estados Unidos considera su "meta histórica": la imposición de dicha democracia en el mundo.

http://revcom.us/a/1246/july_4th_democracy_truth_s.htm


American Patriots
Editorial


Patriotism, Tom Paine observed, is not best measured in times of national comfort and quiet. It is in times of crisis, when the summer soldiers and sunshine patriots have retreated to the safety of official talking points and unquestioning loyalty, that those who truly understand the meaning and merit of the American experiment come to its defense. On the 230th anniversary of the launch of that experiment, let us reflect on those who have met the test, noting in particular that some of the boldest expressions of patriotism have come from groups not necessarily associated with dissent.

Consider America's librarians. Since the enactment of the Patriot Act in 2001, the American Library Association (ALA) has been at the forefront of the fight to defend freedom of inquiry and thought from provisions of the act that allow the Justice Department to subpoena the records of libraries and bookstores. The librarians succeeded in getting the House to adopt language protecting library records in 2005--only to have it stripped from the bill to which it was attached by an Administration-friendly House-Senate conference committee.

But the librarians have not just been lobbying to change the Patriot Act, they've been on the front lines of exposing its abuses. When four Connecticut librarians challenged an attempt by the FBI to use a National Security Letter to obtain records of who was reading what in that state, the Justice Department slapped a gag order on them. But the 64,000-member ALA and its Freedom to Read Foundation stood up for the librarians, working with the American Civil Liberties Union, the Association of American Publishers and the American Booksellers Foundation for Free Expression to make a federal case of the issue. In May, after the FBI dropped its defense of the gag order--and shortly before it withdrew its demand for the records--a federal appeals court declared that order moot, and the librarians were at last free to speak out. Peter Chase, director of the Plainville, Connecticut, public library, explained that he and his fellow librarians decided to fight because of their frustration at receiving the National Security Letter even as "the government was telling Congress that it didn't use the Patriot Act against libraries and that no one's rights had been violated. I felt that I just could not be part of this fraud being foisted on our nation."

The ALA isn't the only group challenging the Administration's disregard for basic liberties. The American Bar Association is investigating whether George W. Bush exceeded his constitutional authority when he reserved the right to ignore more than 750 laws enacted since he took office. The American Medical Association has adopted guidelines that make it unethical for physicians to participate in interrogating detainees. And 399 communities and eight states have answered the Bill of Rights Defense Committee's call for passing resolutions upholding civil liberties.

Those defenders of basic rights are the patriotic heroes of this Fourth of July, as are those who exercise those rights, like the Code Pink members, who will fast for peace outside the Bush White House on the Fourth, and the Raging Grannies, who will join parades and picnics around the country. Fittingly, in the city where it all began, a fife-and-drum corps will lead a parade of anti-Iraq War activists through the streets of Philadelphia on the eve of the Fourth to a gathering where they will sign a Declaration of Peace. They are responding to Paine's call, as relevant now as it was more than 200 years ago: "Ye that dare oppose not only the tyranny but the tyrant, stand forth!"

© 2006 The Nation

http://www.commondreams.org/views06/0701-25.htm


A propósito del Día de la Independencia de EE.UU.
Grandeza, decadencia e ignominia de una nación

Por Pedro de la Hoz

“Un amigo norteamericano, cuyo nombre por razones obvias debo preservar, me dijo una semana atrás: "Este será el peor 4 de julio que celebremos. En realidad no tengo motivos para celebrar, a no ser la decadencia de una nación".

Quizás suenen demasiado apocalípticas esas palabras, pero lo cierto es que este martes los Estados Unidos de América conmemorarán el aniversario 230 de su independencia en medio de un descrédito universal.

Aun cuando la jornada, siguiendo el deseo que en 1776 le dictó jubiloso John Adams a su esposa, se lleve a cabo "con pompa y desfiles, con espectáculos, juegos, deportes, campanas, fogatas y luces, de un extremo al otro de este continente, a partir de ahora y para siempre", habrá muchas más razones para la frustración y la rabia, para el estupor y la vergüenza.

Si bien, de manera coyuntural, preocupan la baja del dólar a un mínimo de varias semanas frente al euro luego de que un índice mostrara que la actividad manufacturera de Estados Unidos avanzó más lentamente de lo esperado en junio, reforzando, según un análisis de la agencia Reuters, la evidencia sobre una desaceleración del sector, así como la divulgación de un informe del Departamento de Energía que dio cuenta de una gran caída de los inventarios de crudo y una sorpresiva disminución de las existencias de gasolina ante la temporada de mayor demanda en el verano, otros signos de mayor consistencia marcaron la antesala de la conmemoración: el empantanamiento de las tropas en Afganistán e Iraq, las revelaciones sobre las atrocidades contra la integridad humana que ejercitan sistemáticamente las tropas norteamericanas, el estrepitoso fracaso de la fórmula de enfrentar el terrorismo con más terrorismo y la certeza cada vez más acusada de que George W. Bush y sus adláteres son la encarnación misma del desgobierno.

El perfil actual de la nación dista mucho de ser el de los días de euforia en que los padres fundadores decidieron liberarse de la metrópoli británica. Nada que ver con la grandeza de Lincoln, el espíritu abierto de Emerson, la caudalosa voz lírica de Whitman, el humor de Mark Twain, o la mística humanista de Thomas Merton.

Menos aún que ver con lo que el maestro mexicano Gilberto López y Rivas ha llamado el otro lado de la historia imperial norteamericana: el de los rebeldes, opositores, intelectuales pacifistas, los héroes anónimos del movimiento obrero sindicalista, los activistas antisegregacionistas y en favor de los derechos civiles, las mujeres que pagaron con cárcel y represión el derecho al voto, los internacionalistas de la Brigada Lincoln en la guerra de España, los resistentes contra la guerra de Viet Nam. Iconoclastas que rompieron con la ideología de racismo, intolerancia política, sexismo y estrategias imperialistas promovida por las clases dominantes del Estados Unidos blanco, anglosajón y protestante.

Nuestro José Martí, que penetró como pocos en los Estados Unidos de su época, supo ver más un siglo atrás las agudas paradojas que se incubaban en el seno de aquel país, es decir, los polvos que fomentaron el lodazal de ahora: "Es de gente menor, y de la envidia incapaz y roedora, el picar puntos a la grandeza patente, y negarla en redondo, por uno u otro lunar, o empinársele de agorero, como quien quita una mota al sol. Pero no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia, y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Y no cumple con su deber quien lo calla, sino quien lo dice".

En estos tiempos, las instituciones oficiales de EE.UU. deberían tomar en serio una de las grandes verdades dichas por Martin Luther King Jr: "Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual".

Hoy no se deben obviar las palabras de George Washington, cuando advirtió: "[el gobierno] opera como el fuego; es un sirviente peligroso y un amo temible; en ningún momento se debe permitir que manos irresponsables lo controlen".

Lo más honesto a estas alturas tal vez sea recordar a las cúpulas gobernantes de la Roma del siglo XXI estas palabras escritas por Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia: "Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales; que a todos les confiere su creador ciertos derechos inalienables entre los cuales están la vida, la libertad y la consecución de la felicidad; que para garantizar esos derechos, los hombres instituyen gobiernos que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que siempre que una forma de gobierno tiende a destruir esos fines, el pueblo tiene derecho a reformarla o a abolirla, a instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en aquellas formas que a su juicio garanticen mejor su seguridad y su felicidad".

Ya va siendo hora de retomar la letra y el espíritu del texto de 1776. Y de hacerlo cumplir.

http://granma.co.cu/2006/07/04/nacional/artic04.html





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