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 Sí, !Vamos a Cuba!
Entrevista con el Licenciado Elíades Acosta, Director
de la Biblioteca Nacional José Martí, de Cuba.
Por Manuel Alberto Ramy
“Vamos a Cuba” es el libro infantil que “más
pasiones ha levantado en los últimos 50 años”,
me comenta Elíades Acosta al recibirme en su templo: la Biblioteca
Nacional José Martí. Acosta es un hombre alto, corpulento,
de barba algo azafranada, usa lentes y en su voz clara, fuerte,
monta palabras y conceptos precisos. Nació en la oriental
e inquita Santiago de Cuba con el estreno revolucionario de 1959.
Estudió filosofía en Moscú donde se graduó.
Ha publicado varios libros entre ellos El Apocalipsis según
San George, donde aborda con elementos históricos la
política de los gobiernos de EEUU hacia Cuba. Y ante una
taza de café criollo, comenzamos nuestra entrevista.
Manuel Alberto Ramy (MAR): Me gustaría saber, primero,
cuál es el papel de la Biblioteca Nacional José Martí,
es la más importante del país. ¿Qué
significa para el país?
Elíades Acosta (EA): Bueno, la Biblioteca Nacional fue fundada
en 1901, exactamente el 18 de octubre, de una manera un poco rara
porque fue creada por una orden de un interventor militar, el general
Leonardo Wood. En medio de ese panorama donde se perfilaba la anexión
de Cuba a los Estados Unidos, el señor Wood ideó una
manera muy sutil de acallar voces críticas de la intelectualidad
cubana independentista de la época y fue contratándolos,
es decir, dándoles una especie de pequeño espacio
dentro de las nóminas de la ocupación para que pudiera
esa persona tener un sustento y estarse tranquila.
MAR: Es decir, una “botella” (sinecura) que
compraba el silencio.
EA: Absolutamente, lo que pasa es que le salió mal la jugada.
Los cubanos somos tozudos. Y en este caso se equivocó, nombrando
como primer director de la Biblioteca Nacional, sin librar ningún
dinero para comprar libros ni contratar personal ni darle un edificio,
a Domingo Figuerola Caneda, amigo de Martí, un gran bibliófilo,
que lo primero que hizo fue donar 3 000 libros de su biblioteca
personal para crear la Biblioteca Nacional cubana. A partir de ahí
empezaron los donativos y aunque no tuvo nunca la institución
un respaldo oficial verdadero y durante todos los años de
la República fue motivo de constantes campañas en
la prensa, lideradas por Emilio Roig y otros importantes intelectuales
de la época, Fernando Ortiz, etc., en el año 41 se
crea un Patronato, se crea un impuesto sobre el azúcar y
se empieza a ejecutar en el año 47 el edificio que actualmente
ocupa la Biblioteca Nacional, la antigua Plaza Cívica hoy
Plaza de la Revolución. Es la institución de información
bibliotecaria más importante del país, tiene más
de cuatro millones de volúmenes. Es un centro que ha podido
enriquecerse con el aporte de cientos, de miles de personas que
han dado su obra y su respaldo a esta institución. De hecho
además es el Centro Rector Metodológico del Sistema
de Bibliotecas Públicas del país. Cuba cuenta con
413 bibliotecas públicas, que el año pasado atendieron
a 16 millones de personas que solicitaron sus servicios. Creo que
es una red muy extendida y cumple su papel de respaldar el afán
y el deseo de saber del pueblo cubano.
MAR: Usted me habla de un número de 4 millones de
libros aquí, en la Biblioteca Nacional. Ese es el número.
¿La variedad? ¿Cuál es la política de
adquisición de libros? ¿Existe censura?
EA: Muy buenas preguntas. De hecho son preguntas que frecuentemente
respondemos porque hay mucha gente prejuiciada que llega a este
país, periodistas y gente normal, amigos incluso, a veces
vienen con listas en las manos para comprobar. Recuerdo una entrevista
de Boston Globe que vino con la idea de demostrar por ejemplo que
no estaban las obras de Octavio Paz, un gran escritor mexicano,
de derechas pero un excelente escritor. Empezamos a recorrer la
biblioteca y llegamos al área de circulante, el área
donde se prestan los libros y da la casualidad de que mirando los
libros de los que ella me preguntaba estábamos parados al
lado de una colección de las Obras Completas de Paz, y yo
le dije “Mire, aquí está, precisamente está
aquí en la Biblioteca Nacional, usted lo buscaba, pero es
una vergüenza”. Y ella me dice “¿Por qué
una vergüenza?” “Bueno es una vergüenza porque
está llena de polvo. Quiere decir que la gente no ha pedido
hace rato a Octavio Paz aunque lo tienen aquí a su disposición
y hay que leer a Octavio Paz”.
La variedad de los libros es infinita. Estamos hablando de una
biblioteca que se empezó a conformar antes de 1959, antes
de la Revolución y que tiene todo lo que se ha producido
en Cuba antes de 59. Estoy hablando desde el primer periódico
La Gaceta de La Habana hasta el primer libro, la famosa Lista de
Precios de Medicina de La Habana, hasta lo último que se
ha publicado. Claro, no está todo, es imposible que esté
todo, de hecho el objetivo principal de La Biblioteca Nacional no
es conservar los libros que se produzcan en Australia, sino conservar
la obra de los cubanos en cualquier parte del mundo donde estén.
Y aquí hago una interesante digresión, se nos acusa
frecuentemente de que nosotros tenemos prejuicios para traer, de
hecho hasta en el periódico El País de España,
un académico español que después tuve la suerte
de recibirlo en La Biblioteca Nacional y verlo sudar tinta ante
las pruebas de que había mentido, se dijo en aquel artículo
de aquel académico que habíamos destruido toda la
prensa de antes del 59, cito “para borrar la memoria histórica
de la nación cubana, la memoria democrática, histórica
de la nación cubana”, ese es uno de los absurdos más
descabellados que se pueda proferir, porque basta llegar cualquier
persona a la Sala General de la Biblioteca Nacional y pedir la revista
Carteles, la Revista Social, el Diario de la Marina, la revista
Bohemia o cualquier periódico de antes del 59 y recibir el
servicio, a menos que esté en mal estado el periódico,
cosa que ocurre a veces lamentablemente, puede haber un tomo dañado
y bueno eso, no se da, pero eso ocurre en la Biblioteca Nacional
de Francia y también en la Biblioteca del Congreso de los
Estados Unidos. Ahora, está la Ley de Depósitos Legales.
MAR: ¿Qué significa eso?
EA: Existe una ley anterior de depósito legal, casi todos
los países la tienen, los Estados Unidos la tiene, establece
que los editores de toda obra impresa en cualquier soporte que se
publique en un país deben depositar una cantidad en la Biblioteca
Nacional. En el caso de Cuba la ley nos ordena a copiar, conservar,
preservar y dar servicios con la producción literaria o científica
de los cubanos o sobre Cuba publicada en cualquier parte del mundo,
es decir incluso Miami, porque Miami forma parte del mundo; yo estoy
obligado por ley a hacerlo, ¿puedo hacerlo eficazmente? No
puedo hacerlo eficazmente.
MAR: ¿Por qué? ¿Cuáles son
las dificultades que enfrenta para la eficacia?
EA: Bueno en primer lugar la gran limitación económica,
o sea los libros cada día son más caros, se producen
en muchos lugares del mundo, hay cubanos en los cuatro puntos cardinales
de este planeta, no nos enteramos frecuentemente de lo que se publica
y no tenemos el presupuesto para poderlo comprar todo. Hacemos un
esfuerzo, puedo poner un ejemplo o varios ejemplos que lo pueden
ilustrar, mira, en primer lugar tenemos un convenio con dos universidades
norteamericanas la de Chappell Hill en Carolina del Norte y la Universidad
de Berkeley en California, que fue la primera con la que firmamos
el convenio. Según este convenio, ellos vienen a Cuba y escogen
fondos duplicados, es decir que tenemos repetidos en nuestras colecciones
para fomentar la presencia actualizada de literatura cubana en los
Estados Unidos.
Quiero decir que he estado en bibliotecas norteamericanas muy importantes
y ha sido escandalosa la ausencia de la producción literaria,
científica, política, educacional de los cubanos de
la isla en los Estados Unidos. Nosotros tenemos que enviar los libros
por Canadá, todo se encarece, todo se dificulta porque el
bloqueo no permite que viajen directo libros de los Estados Unidos
a Cuba ni de Cuba a los Estados Unidos. Eso es una realidad palpable,
además lo reconocen los funcionarios de la Oficina de Intereses
en La Habana, porque tengo cartas donde lo reconocen, lo cual viola
las leyes del bloqueo, porque esas leyes exceptúan formalmente
a los impresos.
Por otro lado hablaba del tema económico, ¿qué
pedimos a cambio? Bueno pues pedimos a cambio la obra de los cubanos
fuera de Cuba precisamente. Yo tengo aquí muy buenas colecciones
de Ediciones Universal de Miami, que todo el mundo sabe que no publica
precisamente obras complacientes hacia La Revolución Cubana.
También, te agrego, recibimos donativos de colecciones completas
de periódicos, la obra literaria de los cubanos, a veces
no están a favor de la Revolución lo que escriben,
yo creo que eso no es lo más importante en esta coyuntura
sino que esté la obra y yo exhorto, con toda responsabilidad,
a que los autores nos lo envíen y que después vengan
y comprueben si está o no en nuestros catálogos, aunque
pronto los catálogos estarán online en Internet y
desde Miami lo podrán comprobar.
MAR: ¿Por qué, si existe una red nacional
de más de cuatrocientas bibliotecas públicas, si existe
esta política de que yo puedo leer a un autor de origen cubano
radicado en Madrid o en Suecia o en Miami, aunque no sea complaciente
con la Revolución Cubana, existen lo que se llaman las Bibliotecas
Independientes?
EA: Bueno, esa es una operación de guerra, de subversión
contra Cuba que es lamentable. Primero, utilizar una figura tan
noble como el bibliotecario y las bibliotecas para esto es totalmente
repudiable. Se trata de una pieza más en un engranaje mucho
más vasto y basto en el sentido de bastedad, de torpeza y
de agresividad de una política que pretende poner de rodillas
al pueblo cubano que ha hecho una elección libre de su camino.
Usted puede tener opiniones sobre lo que el pueblo cubano quiere
o no, pero lo que no puede negar caminando por la calle, hablando
con la gente, es que eso es lo que quiere la mayoría del
pueblo cubano. Entonces existe el espejismo de que creando una especie
de voceros internos sobre una ideología que en Cuba es repudiada,
que se llama capitalismo, pues se piensa que se puede hacer renacer
digamos la aceptación por una sociedad rebasada por la Revolución
Cubana hace muchos años. Eso lo dejo al terreno de las discusiones
filosóficas. Podemos estar hasta mañana discutiendo
si usted puede por inseminación artificial lograr influir
sobre la conciencia de las personas o si existen resortes que hacen
que la persona pueda tener una opción y pueda escoger. Yo
soy de los que opina la segunda variante, porque creo que la cultura
es el principal antídoto contra los engaños y las
manipulaciones. Un hombre culto es muy difícil de doblegar
y de manipular. Las llamadas Bibliotecas Independientes es una campaña
de subversión contra países socialistas que se aplicó
en Europa del Este cuando existía el socialismo en Europa
del Este. Allí, evidentemente, contribuyó en algo
a la caída. Pero aquí en Cuba es muy diferente y es
una banalidad intentar ofrecer como alternativas a una supuesta
censura de la política de las bibliotecas o la política
editorial de la Revolución fabricando bibliotecas y bibliotecarios.
Es curioso, el bibliotecario “independiente” es a la
vez periodista “independiente” y líder “independiente”
de no sé cuántos partidos con unos nombres larguísimos
que tienen cuatro gatos de miembros y de la noche a la mañana
se acuesta a dormir y se levanta siendo director de la biblioteca
Vaclac Havel o director de la biblioteca Ileana Ross o director
de la biblioteca Díaz Balart, nombres curiosos que no sé
hasta qué punto puedan ser reputados como figuras literarias,
pero bueno eso lo dejamos a la imaginación exacerbada del
trópico, para el que quiera pensar que esas son figuras ilustradas.
Y eso es realmente una situación que si no fuera dramática
llamara a risa porque, no es que lo diga yo, es que en alguna medida
lo dicen todas las personas honestas que pasan por esta isla y a
las cuales les recomendamos visitar las bibliotecas independientes
para que vean el bluff en su esplendor máximo y en su visión
tropical joyante y barroca, donde llegan de pronto a una casa y
se encuentran cinco libros y se encuentran un estantito con los
mismos libros que tiene la biblioteca de la esquina, pero la persona
le dice “Pero yo soy bibliotecario independiente”, “¿Pero
usted qué sabe de bibliotecología?”, “No,
yo no sé nada. Yo tengo esos libros ahí y se los presto
a mis amigos que piensan igual que yo”. Ah, bueno, présteselos,
porque usted… si se dice que en Cuba hay censura, debe alguien
presentar la lista de los libros prohibidos y debe alguien demostrar
quiénes son los censores.
Yo nunca he visto que haya en ningún país del mundo
una censura invisible sin censores, eso no existe, ni en las obras
de Orwell, en “1984”, existían censores concretos
que censuraban. Por lo tanto, si usted dice que hay una lista de
libros prohibidos, usted tiene que demostrar que esos libros no
están al alcance de la gente y tiene que demostrar una circular
donde diga “Prohibimos los libros tales, aquellos o más
cuáles”.
Mire, el tema de las bibliotecas “independientes” es,
además, una forma muy cómoda de nuestros pícaros
tropicales porque están trabajando contra su pueblo y por
acercar una invasión norteamericana contra su pueblo para
liquidar la nación cubana, es una forma cómoda de
no trabajar y ganar dinero. La SINA (la Oficina de Intereses de
los Estados Unidos), se encarga de mandarles los libros, de darles
los fax, de darles las computadoras, de darles los radios y de pagarles,
porque de todo lo que acabo de decir tenemos pruebas fehacientes
y concretas. Por lo tanto, usted sentado en su casa, ganando méritos
para emigrar a Miami, al paraíso soñado, usted puede
ganar, algunos de estos pícaros ganan tres o cuatro o cinco
veces lo que gana el director de la Biblioteca Nacional, teniendo
que responder por cuatro millones de libros.
MAR: Pasemos a otro tema después de esta explicación.
Vamos a hablar de lo que está sucediendo en Miami Dade, con
el libro “Vamos a Cuba”. Como usted sabe ha sido un
libro controversial. ¿Qué usted opina de eso? ¿Cómo
lo está viendo usted como bibliotecario, como hombre de la
cultura, como persona que dedica su vida al trabajo con los libros?
EA: Bueno, es todo un escándalo. En primer lugar yo creo
que es el único libro para niños en la historia de
la humanidad, exceptuando quizás “Alicia en el país
de las maravillas”, que fue controversial en su época,
incluso provocó polémicas y censuras, porque decía
que tenía doble sentido, que si estaba escrito, que si el
autor era un pedófilo, en fin, toda una serie de historias,
después la vida ha demostrado que es un clásico de
la literatura universal y que no podemos crecer sin haberla leído,
yo creo que es libro que más pasiones ha levantado en los
últimos tiempos, por lo menos en los últimos cincuenta
años en el terreno de la literatura infantil. No recuerdo
otro caso. De hecho yo creo que los censores, la persona o las personas,
los grupos de personas que propiciaron esta situación tan
absurda y demencial se han metido en un callejón sin salida.
No hay salida, a esta altura del desarrollo humano para un grupo
de personas que crean ciegamente que prohibiendo un libro para niños
de tercer grado logran un objetivo político. Yo creo que
eso es de lo más absurdo que alguien pudiera proponer en
una agenda política cualquier partido o espectro político
del mundo. Estamos en presencia de un grupo de personas que se han
erigido en guardianes de la fe, una especie de Mulá miamenses
de la ortodoxia de lo que un niño que crezca allí,
cubano o norteamericano debe saber sobre Cuba, vamos a empezar por
ahí. Y un país que se precia de pluralidad, tolerancia,
libertades, la tierra de los libres, es muy difícil que acepte,
y yo conozco cómo piensan los bibliotecarios norteamericanos
y cómo piensan los escritores norteamericanos, los periodistas
norteamericanos, incluso los políticos norteamericanos exceptuando
los político demenciales, los políticos lúcidos
norteamericanos, es muy difícil que un norteamericano acepte
que alguien pueda decir por él lo que él debe leer
o su hijo debe leer estando en tercer grado.
MAR: ¿Usted ha conocido alguna reacción de
colegas suyos, de bibliotecas en Estados Unidos?
EA: Efectivamente. Este tema, aunque algunas personas de Miami
Dade crean que hay que enterrarlo en el patio para que nadie lo
conozca, es de dominio universal. Los bibliotecarios norteamericanos
están por estos días reunidos en su convención
anual en New Orleans y están intercambiando sobre el tema
constantemente en las listas de discusiones en las cuales nosotros,
los bibliotecarios cubanos estamos suscritos. Y es abrumadora, no
he encontrado una sola opinión, ni siquiera entre los bibliotecarios
conservadores, que existen y además que son algunos muy críticos
de la Revolución Cubana, no he encontrado una sola opinión
que respalde esa postura, quiere decir que esa es una postura condenada
a cien años de soledad. Nadie que no esté obcecado
por el odio va a apoyar porque vulnera principios universalmente
aceptados de libertades intelectuales y de libre flujo de ideas
que a esta altura son conquistas de la humanidad. Por lo tanto,
creo que es un absurdo, que está condenado al fracaso y en
alguna medida, salvando las distancias, por su carácter absurdo
y por su fin anunciado, me recuerda el secuestro de Elián
González.
Mar: ¿Por qué usted hace este paralelo entre
Elián González y el caso este del libro?
EA: Salvando las distancias, el caso del niño Elían
era más dramático pero el paralelo está establecido
por los grupos que una y otra vez protagonizan esta intolerancia
y que van a tener en este caso el mismo final. Pero volviendo al
libro Vamos a Cuba, le digo que yo no me escandalizaría si
se hubiera prohibido, quizás, la obra de Ramonet, “Biografía
a dos voces”, que no se hubiera permitido venderla en Miami
o en Miami Dade en las librerías, quizás, uno dice,
bueno, de acuerdo, tiene un sentido político, puede que alguien
no lo tolere, pero tendría una lógica. Pero un libro
que lo único que muestra es a los niños cubanos sonrientes,
uniformados y donde la autora, que es norteamericana, dice, “En
Cuba, como en todas partes del mundo, las personas y los niños
comen, disfrutan, pero Cuba tiene algunas cosas únicas”
y habla de eso. Y todos los paneles que han examinado el texto del
libro han terminado diciendo que es un libro absolutamente inocuo,
pero es que esa Cuba y esa sonrisa de los niños cubanos parece
que molesta en Miami a ciertas personas y por esa razón se
le prohíbe.
MAR: Usted me había dicho que había en estos
momentos una reunión de grandes bibliotecarios norteamericanos
en Estados Unidos. ¿Qué información tiene sobre
si ha tenido alguna repercusión el libro? ¿Qué
personalidades han hablado?
EA: Bueno, es la convención anual de American Library Association
(ALA), por cierto, una sociedad de bibliotecarios muy prestigiosa,
los bibliotecarios norteamericanos son muy profesionales y debo
decir, aunque le duela a algunos que tienen excelentes relaciones
con los verdaderos bibliotecarios cubanos. De hecho, en el año
2001, en el congreso anual de la Federación Mundial de Bibliotecas
que se celebró en Boston, se aprobó una resolución
sobre Cuba que exhortaba a los bibliotecarios del mundo a establecer
vínculos con los verdaderos bibliotecarios de la isla, o
sea con sus colegas, con nosotros y no, cito textualmente, “con
representantes de entidades independientes que representan los intereses
políticos de los Estados Unidos”. Esta Resolución
de Boston se aprobó con el 87% de los votos de los delegados
del mundo, lo cual daba un rotundo mentís y derrotaba lamentablemente
el intento de lograr un reconocimiento internacional de las llamadas
bibliotecas “independientes”. En estos momentos esa
asociación está reunida en New Orleans. Es una asociación
que ha estado sometida a presiones, incluso intentos de chantajes
por los que quiero poner este tema en la agenda. Se ha usado una
panoplia de métodos vergonzosos para desacreditar al presidente,
para enemistar a los bibliotecarios cubanos y norteamericanos por
un reducidísimo grupo de gente interesada en fomentar las
discusiones, el odio y el aislamiento de Cuba. En esa dirección
se inscribe, que han sacado del baúl de los recuerdos, a
una señora como Madeline Albright, que enarboló allí,
en el discurso inaugural que hizo en la Convención, el sábado
24 de julio, primero su pedigrí anticomunista checoslovaco,
como si fueran medallas exhibidas, y luego se dedicó, más
de un tercio de su discurso, después de promover su libro,
qué casualidad que allí estaba la gente que compra
libros para las bibliotecas en los Estados Unidos, después
de promover su último libro, la señora se dedicó
entonces, jubilosamente a decir que estaba en contra del bloqueo
norteamericano a Cuba, una cosa muy rara porque cuando fue Secretaria
de Estado se dedicó a fortalecerlo. Por otro lado se dedicó
a decir que estaba en contra del Acta Patriótica que el gobierno
de Bush ha implantado para poder espiar libremente a los lectores
norteamericanos y a los correos electrónicos en las bibliotecas
públicas, cosa muy extraña, porque ella es una mujer
partidaria de métodos similares, para terminar diciendo que
las bibliotecas en los Estados Unidos debían de convertirse
en laboratorios de la libertad y debían apoyar a las bibliotecas
“independientes” de Cuba porque en Cuba se censura,
etc., etc., etc. Esto nos pareció muy extraño, en
primer lugar no tuvo ningún apoyo esa posición allí,
no hubo ninguna moción aprobada a favor de esa postura y
contra Cuba. Los bibliotecarios norteamericanos le dieron un cortés
aplauso y la despidieron, pero no logró los objetivos que
pretendía.
MAR: ¿Qué piensan hacer los bibliotecarios
cubanos ante esta situación del libro “Vamos a Cuba”?
EA: Bueno, yo creo que lo que podemos a hacer no es mucho: debo
decir, en primer lugar, porque si hubiera un intercambio entre las
dos orillas de la Florida, es decir, si a los bibliotecarios cubanos
les dieran visa para ir a los Estados Unidos, cosa que no ocurre
hace ya varios años, como tampoco se permite que aquí
en Cuba se hagan reuniones de bibliotecarios norteamericanos, en
este año, 2006, iba a ser en junio precisamente la reunión
de una organización bibliotecaria norteamericana en La Habana
y fue prohibida por carta expresa, de la cual tenemos copia, de
la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos. Pero si eso
fuera posible, nosotros por supuesto, podríamos intercambiar
con nuestros colegas de Miami Dade sobre estos temas y muchos otros
más y sobre la realidad cubana también, nosotros no
tenemos temor por discutir sobre cualquier punto con cualquiera
que quiera conversar. Pero lo que podemos hacer es desde la distancia,
es más bien un apoyo moral a las fuerzas mayoritarias que
se oponen, ACLU, ALA, los bibliotecarios norteamericanos, muchas
personas en el propio Miami, en el condado de Miami Dade a esta
acto de odio y de censura.
Lo que vamos a hacer es muy modesto, el primero de julio, sábado,
a las once la mañana, simultáneamente en todas las
bibliotecas públicas de Ciudad de La Habana y en las bibliotecas
públicas provinciales, o sea las más importantes en
cada provincia del país y en la Biblioteca Nacional, vamos
a tener un encuentro de denuncia de este hecho con niños
y jóvenes cubanos y con bibliotecarios, maestros, padres,
etc. Allí nosotros vamos a iniciar una campaña que
se llama “Sí, vamos a Cuba”, que va a tener como
imagen precisamente la carátula de este libro prohibido y
tiene un texto muy sencillo que dice de la siguiente manera “En
Miami molesta la sonrisa de los niños cubanos, allí
se impide que un libro sobre nuestra realidad llegue a manos de
los niños norteamericanos. Defendemos el derecho del pueblo
estadounidense a una información objetiva y veraz sobre Cuba.
No a la censura en bibliotecas escolares de Miami.” Esto lo
vamos a hacer, repito, simultáneamente en todo el país
en todas las bibliotecas públicas y comienza una campaña
que también vamos a desarrollar por internet y por otros
medios para concienciar sobre los que significa ese atentado a las
libertades y a la Primera Enmienda de los ciudadanos norteamericanos,
dicho sea de paso. Creemos que eso contribuirá a explicar
también en nuestro país la verdadera esencia retrógrada
y cavernaria de un pequeño grupo encargado y profesionalmente
dedicado, de lo cual sacan no pocas ganancias, de exacerbar los
odios y exacerbar la tensión política entre Cuba y
los Estados Unidos.
*Manuel Alberto Ramy es jefe de la corresponsalía de
Radio Progreso Alternativa en La Habana, Cuba, y editor de la versión
en español de Progreso Semanal.
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