..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.131, Viernes, 7de julio del 2006

Libro de visitas

 

Sí, !Vamos a Cuba!
Entrevista con el Licenciado Elíades Acosta, Director de la Biblioteca Nacional José Martí, de Cuba.
Por Manuel Alberto Ramy

“Vamos a Cuba” es el libro infantil que “más pasiones ha levantado en los últimos 50 años”, me comenta Elíades Acosta al recibirme en su templo: la Biblioteca Nacional José Martí. Acosta es un hombre alto, corpulento, de barba algo azafranada, usa lentes y en su voz clara, fuerte, monta palabras y conceptos precisos. Nació en la oriental e inquita Santiago de Cuba con el estreno revolucionario de 1959. Estudió filosofía en Moscú donde se graduó. Ha publicado varios libros entre ellos El Apocalipsis según San George, donde aborda con elementos históricos la política de los gobiernos de EEUU hacia Cuba. Y ante una taza de café criollo, comenzamos nuestra entrevista.

Manuel Alberto Ramy (MAR): Me gustaría saber, primero, cuál es el papel de la Biblioteca Nacional José Martí, es la más importante del país. ¿Qué significa para el país?

Elíades Acosta (EA): Bueno, la Biblioteca Nacional fue fundada en 1901, exactamente el 18 de octubre, de una manera un poco rara porque fue creada por una orden de un interventor militar, el general Leonardo Wood. En medio de ese panorama donde se perfilaba la anexión de Cuba a los Estados Unidos, el señor Wood ideó una manera muy sutil de acallar voces críticas de la intelectualidad cubana independentista de la época y fue contratándolos, es decir, dándoles una especie de pequeño espacio dentro de las nóminas de la ocupación para que pudiera esa persona tener un sustento y estarse tranquila.

MAR: Es decir, una “botella” (sinecura) que compraba el silencio.

EA: Absolutamente, lo que pasa es que le salió mal la jugada. Los cubanos somos tozudos. Y en este caso se equivocó, nombrando como primer director de la Biblioteca Nacional, sin librar ningún dinero para comprar libros ni contratar personal ni darle un edificio, a Domingo Figuerola Caneda, amigo de Martí, un gran bibliófilo, que lo primero que hizo fue donar 3 000 libros de su biblioteca personal para crear la Biblioteca Nacional cubana. A partir de ahí empezaron los donativos y aunque no tuvo nunca la institución un respaldo oficial verdadero y durante todos los años de la República fue motivo de constantes campañas en la prensa, lideradas por Emilio Roig y otros importantes intelectuales de la época, Fernando Ortiz, etc., en el año 41 se crea un Patronato, se crea un impuesto sobre el azúcar y se empieza a ejecutar en el año 47 el edificio que actualmente ocupa la Biblioteca Nacional, la antigua Plaza Cívica hoy Plaza de la Revolución. Es la institución de información bibliotecaria más importante del país, tiene más de cuatro millones de volúmenes. Es un centro que ha podido enriquecerse con el aporte de cientos, de miles de personas que han dado su obra y su respaldo a esta institución. De hecho además es el Centro Rector Metodológico del Sistema de Bibliotecas Públicas del país. Cuba cuenta con 413 bibliotecas públicas, que el año pasado atendieron a 16 millones de personas que solicitaron sus servicios. Creo que es una red muy extendida y cumple su papel de respaldar el afán y el deseo de saber del pueblo cubano.

MAR: Usted me habla de un número de 4 millones de libros aquí, en la Biblioteca Nacional. Ese es el número. ¿La variedad? ¿Cuál es la política de adquisición de libros? ¿Existe censura?

EA: Muy buenas preguntas. De hecho son preguntas que frecuentemente respondemos porque hay mucha gente prejuiciada que llega a este país, periodistas y gente normal, amigos incluso, a veces vienen con listas en las manos para comprobar. Recuerdo una entrevista de Boston Globe que vino con la idea de demostrar por ejemplo que no estaban las obras de Octavio Paz, un gran escritor mexicano, de derechas pero un excelente escritor. Empezamos a recorrer la biblioteca y llegamos al área de circulante, el área donde se prestan los libros y da la casualidad de que mirando los libros de los que ella me preguntaba estábamos parados al lado de una colección de las Obras Completas de Paz, y yo le dije “Mire, aquí está, precisamente está aquí en la Biblioteca Nacional, usted lo buscaba, pero es una vergüenza”. Y ella me dice “¿Por qué una vergüenza?” “Bueno es una vergüenza porque está llena de polvo. Quiere decir que la gente no ha pedido hace rato a Octavio Paz aunque lo tienen aquí a su disposición y hay que leer a Octavio Paz”.

La variedad de los libros es infinita. Estamos hablando de una biblioteca que se empezó a conformar antes de 1959, antes de la Revolución y que tiene todo lo que se ha producido en Cuba antes de 59. Estoy hablando desde el primer periódico La Gaceta de La Habana hasta el primer libro, la famosa Lista de Precios de Medicina de La Habana, hasta lo último que se ha publicado. Claro, no está todo, es imposible que esté todo, de hecho el objetivo principal de La Biblioteca Nacional no es conservar los libros que se produzcan en Australia, sino conservar la obra de los cubanos en cualquier parte del mundo donde estén.

Y aquí hago una interesante digresión, se nos acusa frecuentemente de que nosotros tenemos prejuicios para traer, de hecho hasta en el periódico El País de España, un académico español que después tuve la suerte de recibirlo en La Biblioteca Nacional y verlo sudar tinta ante las pruebas de que había mentido, se dijo en aquel artículo de aquel académico que habíamos destruido toda la prensa de antes del 59, cito “para borrar la memoria histórica de la nación cubana, la memoria democrática, histórica de la nación cubana”, ese es uno de los absurdos más descabellados que se pueda proferir, porque basta llegar cualquier persona a la Sala General de la Biblioteca Nacional y pedir la revista Carteles, la Revista Social, el Diario de la Marina, la revista Bohemia o cualquier periódico de antes del 59 y recibir el servicio, a menos que esté en mal estado el periódico, cosa que ocurre a veces lamentablemente, puede haber un tomo dañado y bueno eso, no se da, pero eso ocurre en la Biblioteca Nacional de Francia y también en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Ahora, está la Ley de Depósitos Legales.

MAR: ¿Qué significa eso?

EA: Existe una ley anterior de depósito legal, casi todos los países la tienen, los Estados Unidos la tiene, establece que los editores de toda obra impresa en cualquier soporte que se publique en un país deben depositar una cantidad en la Biblioteca Nacional. En el caso de Cuba la ley nos ordena a copiar, conservar, preservar y dar servicios con la producción literaria o científica de los cubanos o sobre Cuba publicada en cualquier parte del mundo, es decir incluso Miami, porque Miami forma parte del mundo; yo estoy obligado por ley a hacerlo, ¿puedo hacerlo eficazmente? No puedo hacerlo eficazmente.

MAR: ¿Por qué? ¿Cuáles son las dificultades que enfrenta para la eficacia?

EA: Bueno en primer lugar la gran limitación económica, o sea los libros cada día son más caros, se producen en muchos lugares del mundo, hay cubanos en los cuatro puntos cardinales de este planeta, no nos enteramos frecuentemente de lo que se publica y no tenemos el presupuesto para poderlo comprar todo. Hacemos un esfuerzo, puedo poner un ejemplo o varios ejemplos que lo pueden ilustrar, mira, en primer lugar tenemos un convenio con dos universidades norteamericanas la de Chappell Hill en Carolina del Norte y la Universidad de Berkeley en California, que fue la primera con la que firmamos el convenio. Según este convenio, ellos vienen a Cuba y escogen fondos duplicados, es decir que tenemos repetidos en nuestras colecciones para fomentar la presencia actualizada de literatura cubana en los Estados Unidos.

Quiero decir que he estado en bibliotecas norteamericanas muy importantes y ha sido escandalosa la ausencia de la producción literaria, científica, política, educacional de los cubanos de la isla en los Estados Unidos. Nosotros tenemos que enviar los libros por Canadá, todo se encarece, todo se dificulta porque el bloqueo no permite que viajen directo libros de los Estados Unidos a Cuba ni de Cuba a los Estados Unidos. Eso es una realidad palpable, además lo reconocen los funcionarios de la Oficina de Intereses en La Habana, porque tengo cartas donde lo reconocen, lo cual viola las leyes del bloqueo, porque esas leyes exceptúan formalmente a los impresos.

Por otro lado hablaba del tema económico, ¿qué pedimos a cambio? Bueno pues pedimos a cambio la obra de los cubanos fuera de Cuba precisamente. Yo tengo aquí muy buenas colecciones de Ediciones Universal de Miami, que todo el mundo sabe que no publica precisamente obras complacientes hacia La Revolución Cubana. También, te agrego, recibimos donativos de colecciones completas de periódicos, la obra literaria de los cubanos, a veces no están a favor de la Revolución lo que escriben, yo creo que eso no es lo más importante en esta coyuntura sino que esté la obra y yo exhorto, con toda responsabilidad, a que los autores nos lo envíen y que después vengan y comprueben si está o no en nuestros catálogos, aunque pronto los catálogos estarán online en Internet y desde Miami lo podrán comprobar.

MAR: ¿Por qué, si existe una red nacional de más de cuatrocientas bibliotecas públicas, si existe esta política de que yo puedo leer a un autor de origen cubano radicado en Madrid o en Suecia o en Miami, aunque no sea complaciente con la Revolución Cubana, existen lo que se llaman las Bibliotecas Independientes?

EA: Bueno, esa es una operación de guerra, de subversión contra Cuba que es lamentable. Primero, utilizar una figura tan noble como el bibliotecario y las bibliotecas para esto es totalmente repudiable. Se trata de una pieza más en un engranaje mucho más vasto y basto en el sentido de bastedad, de torpeza y de agresividad de una política que pretende poner de rodillas al pueblo cubano que ha hecho una elección libre de su camino. Usted puede tener opiniones sobre lo que el pueblo cubano quiere o no, pero lo que no puede negar caminando por la calle, hablando con la gente, es que eso es lo que quiere la mayoría del pueblo cubano. Entonces existe el espejismo de que creando una especie de voceros internos sobre una ideología que en Cuba es repudiada, que se llama capitalismo, pues se piensa que se puede hacer renacer digamos la aceptación por una sociedad rebasada por la Revolución Cubana hace muchos años. Eso lo dejo al terreno de las discusiones filosóficas. Podemos estar hasta mañana discutiendo si usted puede por inseminación artificial lograr influir sobre la conciencia de las personas o si existen resortes que hacen que la persona pueda tener una opción y pueda escoger. Yo soy de los que opina la segunda variante, porque creo que la cultura es el principal antídoto contra los engaños y las manipulaciones. Un hombre culto es muy difícil de doblegar y de manipular. Las llamadas Bibliotecas Independientes es una campaña de subversión contra países socialistas que se aplicó en Europa del Este cuando existía el socialismo en Europa del Este. Allí, evidentemente, contribuyó en algo a la caída. Pero aquí en Cuba es muy diferente y es una banalidad intentar ofrecer como alternativas a una supuesta censura de la política de las bibliotecas o la política editorial de la Revolución fabricando bibliotecas y bibliotecarios.

Es curioso, el bibliotecario “independiente” es a la vez periodista “independiente” y líder “independiente” de no sé cuántos partidos con unos nombres larguísimos que tienen cuatro gatos de miembros y de la noche a la mañana se acuesta a dormir y se levanta siendo director de la biblioteca Vaclac Havel o director de la biblioteca Ileana Ross o director de la biblioteca Díaz Balart, nombres curiosos que no sé hasta qué punto puedan ser reputados como figuras literarias, pero bueno eso lo dejamos a la imaginación exacerbada del trópico, para el que quiera pensar que esas son figuras ilustradas.

Y eso es realmente una situación que si no fuera dramática llamara a risa porque, no es que lo diga yo, es que en alguna medida lo dicen todas las personas honestas que pasan por esta isla y a las cuales les recomendamos visitar las bibliotecas independientes para que vean el bluff en su esplendor máximo y en su visión tropical joyante y barroca, donde llegan de pronto a una casa y se encuentran cinco libros y se encuentran un estantito con los mismos libros que tiene la biblioteca de la esquina, pero la persona le dice “Pero yo soy bibliotecario independiente”, “¿Pero usted qué sabe de bibliotecología?”, “No, yo no sé nada. Yo tengo esos libros ahí y se los presto a mis amigos que piensan igual que yo”. Ah, bueno, présteselos, porque usted… si se dice que en Cuba hay censura, debe alguien presentar la lista de los libros prohibidos y debe alguien demostrar quiénes son los censores.

Yo nunca he visto que haya en ningún país del mundo una censura invisible sin censores, eso no existe, ni en las obras de Orwell, en “1984”, existían censores concretos que censuraban. Por lo tanto, si usted dice que hay una lista de libros prohibidos, usted tiene que demostrar que esos libros no están al alcance de la gente y tiene que demostrar una circular donde diga “Prohibimos los libros tales, aquellos o más cuáles”.

Mire, el tema de las bibliotecas “independientes” es, además, una forma muy cómoda de nuestros pícaros tropicales porque están trabajando contra su pueblo y por acercar una invasión norteamericana contra su pueblo para liquidar la nación cubana, es una forma cómoda de no trabajar y ganar dinero. La SINA (la Oficina de Intereses de los Estados Unidos), se encarga de mandarles los libros, de darles los fax, de darles las computadoras, de darles los radios y de pagarles, porque de todo lo que acabo de decir tenemos pruebas fehacientes y concretas. Por lo tanto, usted sentado en su casa, ganando méritos para emigrar a Miami, al paraíso soñado, usted puede ganar, algunos de estos pícaros ganan tres o cuatro o cinco veces lo que gana el director de la Biblioteca Nacional, teniendo que responder por cuatro millones de libros.

MAR: Pasemos a otro tema después de esta explicación. Vamos a hablar de lo que está sucediendo en Miami Dade, con el libro “Vamos a Cuba”. Como usted sabe ha sido un libro controversial. ¿Qué usted opina de eso? ¿Cómo lo está viendo usted como bibliotecario, como hombre de la cultura, como persona que dedica su vida al trabajo con los libros?

EA: Bueno, es todo un escándalo. En primer lugar yo creo que es el único libro para niños en la historia de la humanidad, exceptuando quizás “Alicia en el país de las maravillas”, que fue controversial en su época, incluso provocó polémicas y censuras, porque decía que tenía doble sentido, que si estaba escrito, que si el autor era un pedófilo, en fin, toda una serie de historias, después la vida ha demostrado que es un clásico de la literatura universal y que no podemos crecer sin haberla leído, yo creo que es libro que más pasiones ha levantado en los últimos tiempos, por lo menos en los últimos cincuenta años en el terreno de la literatura infantil. No recuerdo otro caso. De hecho yo creo que los censores, la persona o las personas, los grupos de personas que propiciaron esta situación tan absurda y demencial se han metido en un callejón sin salida. No hay salida, a esta altura del desarrollo humano para un grupo de personas que crean ciegamente que prohibiendo un libro para niños de tercer grado logran un objetivo político. Yo creo que eso es de lo más absurdo que alguien pudiera proponer en una agenda política cualquier partido o espectro político del mundo. Estamos en presencia de un grupo de personas que se han erigido en guardianes de la fe, una especie de Mulá miamenses de la ortodoxia de lo que un niño que crezca allí, cubano o norteamericano debe saber sobre Cuba, vamos a empezar por ahí. Y un país que se precia de pluralidad, tolerancia, libertades, la tierra de los libres, es muy difícil que acepte, y yo conozco cómo piensan los bibliotecarios norteamericanos y cómo piensan los escritores norteamericanos, los periodistas norteamericanos, incluso los políticos norteamericanos exceptuando los político demenciales, los políticos lúcidos norteamericanos, es muy difícil que un norteamericano acepte que alguien pueda decir por él lo que él debe leer o su hijo debe leer estando en tercer grado.

MAR: ¿Usted ha conocido alguna reacción de colegas suyos, de bibliotecas en Estados Unidos?

EA: Efectivamente. Este tema, aunque algunas personas de Miami Dade crean que hay que enterrarlo en el patio para que nadie lo conozca, es de dominio universal. Los bibliotecarios norteamericanos están por estos días reunidos en su convención anual en New Orleans y están intercambiando sobre el tema constantemente en las listas de discusiones en las cuales nosotros, los bibliotecarios cubanos estamos suscritos. Y es abrumadora, no he encontrado una sola opinión, ni siquiera entre los bibliotecarios conservadores, que existen y además que son algunos muy críticos de la Revolución Cubana, no he encontrado una sola opinión que respalde esa postura, quiere decir que esa es una postura condenada a cien años de soledad. Nadie que no esté obcecado por el odio va a apoyar porque vulnera principios universalmente aceptados de libertades intelectuales y de libre flujo de ideas que a esta altura son conquistas de la humanidad. Por lo tanto, creo que es un absurdo, que está condenado al fracaso y en alguna medida, salvando las distancias, por su carácter absurdo y por su fin anunciado, me recuerda el secuestro de Elián González.

Mar: ¿Por qué usted hace este paralelo entre Elián González y el caso este del libro?

EA: Salvando las distancias, el caso del niño Elían era más dramático pero el paralelo está establecido por los grupos que una y otra vez protagonizan esta intolerancia y que van a tener en este caso el mismo final. Pero volviendo al libro Vamos a Cuba, le digo que yo no me escandalizaría si se hubiera prohibido, quizás, la obra de Ramonet, “Biografía a dos voces”, que no se hubiera permitido venderla en Miami o en Miami Dade en las librerías, quizás, uno dice, bueno, de acuerdo, tiene un sentido político, puede que alguien no lo tolere, pero tendría una lógica. Pero un libro que lo único que muestra es a los niños cubanos sonrientes, uniformados y donde la autora, que es norteamericana, dice, “En Cuba, como en todas partes del mundo, las personas y los niños comen, disfrutan, pero Cuba tiene algunas cosas únicas” y habla de eso. Y todos los paneles que han examinado el texto del libro han terminado diciendo que es un libro absolutamente inocuo, pero es que esa Cuba y esa sonrisa de los niños cubanos parece que molesta en Miami a ciertas personas y por esa razón se le prohíbe.

MAR: Usted me había dicho que había en estos momentos una reunión de grandes bibliotecarios norteamericanos en Estados Unidos. ¿Qué información tiene sobre si ha tenido alguna repercusión el libro? ¿Qué personalidades han hablado?

EA: Bueno, es la convención anual de American Library Association (ALA), por cierto, una sociedad de bibliotecarios muy prestigiosa, los bibliotecarios norteamericanos son muy profesionales y debo decir, aunque le duela a algunos que tienen excelentes relaciones con los verdaderos bibliotecarios cubanos. De hecho, en el año 2001, en el congreso anual de la Federación Mundial de Bibliotecas que se celebró en Boston, se aprobó una resolución sobre Cuba que exhortaba a los bibliotecarios del mundo a establecer vínculos con los verdaderos bibliotecarios de la isla, o sea con sus colegas, con nosotros y no, cito textualmente, “con representantes de entidades independientes que representan los intereses políticos de los Estados Unidos”. Esta Resolución de Boston se aprobó con el 87% de los votos de los delegados del mundo, lo cual daba un rotundo mentís y derrotaba lamentablemente el intento de lograr un reconocimiento internacional de las llamadas bibliotecas “independientes”. En estos momentos esa asociación está reunida en New Orleans. Es una asociación que ha estado sometida a presiones, incluso intentos de chantajes por los que quiero poner este tema en la agenda. Se ha usado una panoplia de métodos vergonzosos para desacreditar al presidente, para enemistar a los bibliotecarios cubanos y norteamericanos por un reducidísimo grupo de gente interesada en fomentar las discusiones, el odio y el aislamiento de Cuba. En esa dirección se inscribe, que han sacado del baúl de los recuerdos, a una señora como Madeline Albright, que enarboló allí, en el discurso inaugural que hizo en la Convención, el sábado 24 de julio, primero su pedigrí anticomunista checoslovaco, como si fueran medallas exhibidas, y luego se dedicó, más de un tercio de su discurso, después de promover su libro, qué casualidad que allí estaba la gente que compra libros para las bibliotecas en los Estados Unidos, después de promover su último libro, la señora se dedicó entonces, jubilosamente a decir que estaba en contra del bloqueo norteamericano a Cuba, una cosa muy rara porque cuando fue Secretaria de Estado se dedicó a fortalecerlo. Por otro lado se dedicó a decir que estaba en contra del Acta Patriótica que el gobierno de Bush ha implantado para poder espiar libremente a los lectores norteamericanos y a los correos electrónicos en las bibliotecas públicas, cosa muy extraña, porque ella es una mujer partidaria de métodos similares, para terminar diciendo que las bibliotecas en los Estados Unidos debían de convertirse en laboratorios de la libertad y debían apoyar a las bibliotecas “independientes” de Cuba porque en Cuba se censura, etc., etc., etc. Esto nos pareció muy extraño, en primer lugar no tuvo ningún apoyo esa posición allí, no hubo ninguna moción aprobada a favor de esa postura y contra Cuba. Los bibliotecarios norteamericanos le dieron un cortés aplauso y la despidieron, pero no logró los objetivos que pretendía.

MAR: ¿Qué piensan hacer los bibliotecarios cubanos ante esta situación del libro “Vamos a Cuba”?

EA: Bueno, yo creo que lo que podemos a hacer no es mucho: debo decir, en primer lugar, porque si hubiera un intercambio entre las dos orillas de la Florida, es decir, si a los bibliotecarios cubanos les dieran visa para ir a los Estados Unidos, cosa que no ocurre hace ya varios años, como tampoco se permite que aquí en Cuba se hagan reuniones de bibliotecarios norteamericanos, en este año, 2006, iba a ser en junio precisamente la reunión de una organización bibliotecaria norteamericana en La Habana y fue prohibida por carta expresa, de la cual tenemos copia, de la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos. Pero si eso fuera posible, nosotros por supuesto, podríamos intercambiar con nuestros colegas de Miami Dade sobre estos temas y muchos otros más y sobre la realidad cubana también, nosotros no tenemos temor por discutir sobre cualquier punto con cualquiera que quiera conversar. Pero lo que podemos hacer es desde la distancia, es más bien un apoyo moral a las fuerzas mayoritarias que se oponen, ACLU, ALA, los bibliotecarios norteamericanos, muchas personas en el propio Miami, en el condado de Miami Dade a esta acto de odio y de censura.

Lo que vamos a hacer es muy modesto, el primero de julio, sábado, a las once la mañana, simultáneamente en todas las bibliotecas públicas de Ciudad de La Habana y en las bibliotecas públicas provinciales, o sea las más importantes en cada provincia del país y en la Biblioteca Nacional, vamos a tener un encuentro de denuncia de este hecho con niños y jóvenes cubanos y con bibliotecarios, maestros, padres, etc. Allí nosotros vamos a iniciar una campaña que se llama “Sí, vamos a Cuba”, que va a tener como imagen precisamente la carátula de este libro prohibido y tiene un texto muy sencillo que dice de la siguiente manera “En Miami molesta la sonrisa de los niños cubanos, allí se impide que un libro sobre nuestra realidad llegue a manos de los niños norteamericanos. Defendemos el derecho del pueblo estadounidense a una información objetiva y veraz sobre Cuba. No a la censura en bibliotecas escolares de Miami.” Esto lo vamos a hacer, repito, simultáneamente en todo el país en todas las bibliotecas públicas y comienza una campaña que también vamos a desarrollar por internet y por otros medios para concienciar sobre los que significa ese atentado a las libertades y a la Primera Enmienda de los ciudadanos norteamericanos, dicho sea de paso. Creemos que eso contribuirá a explicar también en nuestro país la verdadera esencia retrógrada y cavernaria de un pequeño grupo encargado y profesionalmente dedicado, de lo cual sacan no pocas ganancias, de exacerbar los odios y exacerbar la tensión política entre Cuba y los Estados Unidos.

*Manuel Alberto Ramy es jefe de la corresponsalía de Radio Progreso Alternativa en La Habana, Cuba, y editor de la versión en español de Progreso Semanal.




© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938