..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.133, Viernes, 21 de julio del 2006

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Por necesidad histórica irrebatible: Cuba jamás retornará a colonia yanqui
Por: Lohania Aruca Alonso

El juramento más sagrado hecho por cubanos y cubanas, desde la creación de Cuba como nación y estado en armas, es luchar indoblegablemente por mantener y defender, a costa del sacrificio que sea necesario, la libertad, la soberanía y el avance de nuestra Patria, de nuestro Pueblo y de su Cultura.

Hablar del pueblo cubano es referirnos al núcleo más profundo y sólido que llevamos adentro todos los cubanos, en Cuba o fuera de ella. Aclaro que escribo cubanos, por tanto excluyo a los anexionistas, o, “pro”, ellos se auto definen contra la existencia de la Patria y la Nación, se transforman en anticubanos, aunque su nacimiento y crianza se hubiese efectuado en Cuba.

Hay mucha sangre de indocubanos mezclada con mucha sangre, sudor y lágrimas de esclavos africanos negros y de tantos otros inmigrantes blancos, amarillos o cobrizos, que fueron tan forzados como los negros a venir a la isla de Cuba como mano de obra servil. Me refiero a los canarios, a todos los blancos pobres europeos, a los asiáticos, inclusive a americanos de todas las latitudes de este Continente, que entraron en la composición esencial del Pueblo, con color cubano, propio de nuestra historia, creencias, hábitos, costumbres, ética y moral. Hemos conocido de cerca la miseria, la mezquindad, los trabajos subalternos con que se amasó el capitalismo del “primer mundo”; el desprecio racista colonial y “postcolonial”, con que nos insultaron sus figuras protagonistas; los designios imperiales que nos han obligado a sostener continuamente guerras de liberación, o a resistir de muchas formas, con vistas a sobrevivir como entidad política con una sola identidad cultural: cubanos.

¿Qué tiene que decirle un plutócrata, genocida internacional, como el actual presidente de los Estados Unidos de América Sr. G.W. Bush al Pueblo cubano? ¿Cómo puede imaginar siquiera tal sujeto que, en nombre del Pueblo cubano, nada menos, exista un engendro de plan politiquero tan ajeno a los principios, objetivos y fines de la existencia y esencia misma de nuestro Pueblo? ¿Por qué él no viene a Cuba, personalmente, a leernos, en la Plaza de la Revolución de La Habana, su Plan para “liberar del Socialismo” a los cubanos y cubanas?

Doy fe de que el Gobierno cubano recibió muy bien al Papa de la iglesia católica, en ese mismo sitio, tan simbólico de nuestra Patria, y en otras plazas igualmente significativas. Así, se ha repetido la recepción de representantes religiosos y políticos, ilustres visitantes de muy alta jerarquía mundial, que nada tienen que ver con el comunismo. Lo que no puedo garantizar es el número de cubanos que aplaudiría a Bush en nuestra Plaza como orador político, hablándole al Pueblo cubano–a través de un traductor o traductora, infeliz en su misión de trabajo, debido al mal inglés en que, según dicen, se expresa aquel señor y a las peores ideas que se le ocurren en sus discursos. Seguramente que esta sería la única forma en que Bush podría encontrarse con el recuerdo de José Martí, de espaldas a la simbólica estatua, que no bajo su sombra, naturalmente.

Colocar un hecho histórico posible en un escenario imaginado es algo relativamente simple. Ya casi hemos “visto y oído” al Sr. G.W. Bush en la Plaza de la Revolución, disertando, con un discurso postmoderno, acerca de nuestra “liberación”, sobre “el ningún beneficio inmediato o mediato” que nos proporcionaría la supuesta i Tercera ocupación militar yanqui de Cuba, con toda lógica después de los bombardeos indiscriminados, de punta a cabo de la Isla, la Isla de la Juventud y los cayos adyacentes; la invasión de los “marines” – contando con la “posibilidad” de eliminar la resistencia del ejército de todo el pueblo que, por supuesto, no los irá a recibir con aplausos y sonrisas-, y otras ilusiones del “mago Bush”, que todavía no logra aprender el truco imprescindible para hacer realidad el dominio total de sus ejércitos en Iraq. Sucesivamente desertan y se retiran de allá los batallones de sus “seguros aliados” centroamericanos, europeos y asiáticos. Porque en el plano militar, solamente Israel sigue el juego del “hegemonismo” yanqui, fiel, pero no desinteresadamente. Hay un gran motivo: mantener a cualquier precio el ilegal estado de Israel sobre la base de sus agresiones contra los países árabes.

Hay que hacer acopio de serenidad, inteligencia, sabiduría, a más de sentido común, para leer o escuchar con seriedad lo que se expresa en el Plan Bush sobre Cuba, los argumentos y el andamiaje jurídico administrativo que se le propone al Congreso de una potencia mundial, por un hipotético líder salvador del capitalismo y la cultura occidental. Esta última es irrespetada y violada en sus principios básicos, que no son casuales, sino acumulativos, dados por las experiencias de muchas revoluciones antiesclavistas, antifeudales, anticolonialistas, anticapitalistas, antifascistas y antinazistas, que han existido para dar a la luz una realidad, aunque sea parcialmente, anunciada en el lema de la modernidad, “Libertad, igualdad y fraternidad”; para que se elaboraran las ideas elementales sobre los “Derechos del Hombre” -entre los cuales tímidamente asoman los de la mujer como parte de la especie-, y la Convención de Ginebra sobre situaciones de Guerra. Se borra y desaparece esta historia, que es parte del importante proceso de humanización, y aparece el uso de la fuerza militar como causa última de la vida, más bien de la muerte, en la sociedad internacional.

Se apela a crear una situación virtual: la transición de la sociedad cubana hacia el capitalismo salvaje, bajo el gobierno intervensionista de los Estados Unidos de América. No habrá, dicen ellos, sucesión en el futuro gobierno de Cuba. La pieza clave en este inusitado drama es la desaparición física del Comandante en Jefe, actual Presidente y Secretario general del Partido Comunista de Cuba –quien, por cierto, dentro de pocas semanas celebrará muy felizmente y con todo el prestigio internacional que merece su ¡ochenta cumpleaños!

El “paisaje después de la batalla” se dibuja muy claramente por los directores de la puesta en escena “hollywudense”. El “casting” está a tono con su objetivo principal, impactar a la Opinión pública internacional. Una mujer negra, Secretaria de Estado, es la que asume el protagonismo de la historia que se cuenta -al igual que al inicio de la guerra contra Iraq, lo hizo un hombre negro en el mismo cargo, el Sr. Collin Powell. Después se arrepintió amargamente de ello y de las mentiras que contó. Un segundo papel, administrativo, lo representará un “estadounidense desconocido”, sin fama ni aplausos en la escena política. La claque de los cubano-miamenses sólo servirá de telón de fondo, son los inversionistas de la “restauración” capitalista, y, tal vez, la carne de cañón. El fervor fratricida no es total, debido a las divisiones internas y a las ambiciones tremebundas de esta parte del “elenco artístico”.

Los medios de comunicación masiva del Imperio están listos para la divulgación del “guión” en torno a la “transición hacia la democracia en Cuba” –devastación, terror, persecuciones, tortura, desapariciones masivas y todo género de crímenes y vejaciones que se pretenden llevar a cabo. Los países “aliados”, aún no repuestos de las no airosas salidas de Iraq, intranquilos y preocupados por el nuevo encargo “actoral” que les destina el “héroe y salvador del mundo occidental”, con su estilo muy democrático de amo de vida y muerte. A él, exclusivamente, le corresponderá sonar la claqueta y exclamar por el altavoz: “¡Acción!”.

Esperemos que el público espectador, mayoritariamente estadounidense, reflexione, evalúe y también saque sus propias conclusiones. El pueblo de los Estados Unidos será, al propio tiempo, el que expondrá la honra, la piel, la sangre y las contribuciones económicas, para esta anunciada tragedia universal. Ojalá que descubra a tiempo las múltiples y variadas trampas del “Guión”, urdidas por el inescrupuloso “Director”. De no ocurrir la seria reflexión que amerita la magnitud e irresponsabilidad de las acciones propuestas, el desenlace no será el “happy end” acostumbrado. Esto lo predicen multitudes de pueblos, desde ahora, a los que se suma, humildemente, la cubanita de “a pie” que escribió para ustedes este sencillo comentario.

El Sr. Bush nunca hace promesas políticas a nadie. Es sabido por todos, y es un gran problema para todos, que él no es político, su profesión es de otro tipo. Los manejos polítiqueros de las situaciones doméstica e internacional de un país, no forman parte del currículo de carrera universitaria alguna que yo sepa, hasta el día de hoy.
Fuente: CUBARTE




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