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 El chantaje del hambre
Por María Victoria Valdés-Rodda
A intervalos pequeñísimos de tiempo, 300 nanosegundos,
una niña o niño muere de hambre mientras otros, afortunados
y ricos, se atiborran de calorías a veces innecesarias. Es
así la injusticia que corre por las venas de un Planeta cada
día super desigual, donde únicamente el 20 por ciento
de la humanidad consume productos cárnicos. Por eso, la mayoría
de nosotros, seguimos reclamando repartir entre todos, sin distinción,
“los panes y los peces”.
No se trata empero de asumir posturas filantrópicas a la
usanza del millonario que concilia el dulce sueño tras una
autocalificada generosa limosna. Muchos años ya, cerca de
tres décadas, los países ricos, responsables por el
expolio colonial, se comprometieron a donar el 0,1 por ciento de
su Producto Interno Bruto a las arcas del desarrollo de los menos
favorecidos económicamente. Y aunque de golpe la cifra es
casi, digámoslo de este modo “respetuoso”, ínfima
o ridícula, si de irreverencias se viste mi vocablo, pocos
gobiernos se han mantenido leales a ese compromiso moral.
Ahora, a propósito de una nueva jornada del Programa Mundial
de Alimentos (PMA), que involucra a cien naciones con demandas de
iniciativas concretas y veloces de cara “al asesino silenciosos
del hambre”, recuerdo la loable conducta de repartir en épocas
de aprietos, dibujada en la expresión popular de “añadirle
más agua a la sopa” frente a una mesa pobre en variedad
de platos pero rica en valores humanos.
Por ello, y generalizando ese concepto local cubano, repaso además
mentalmente las archiconocidas imágenes de una África
desnutrida o una Latinoamérica miserable en contraste con
su pirateado caudal de diversidad biológica. Tampoco pueden
serme ajenas otras visiones menos comunes pero con similar carga
emotiva de solidaridad hacia quienes son despojados, tanto de sus
medios para subsistir, como de su dignidad. Me refiero al pueblo
palestino.
Se supone que deba existir una despolitización a la hora
de extenderle las manos a aquellos grupos de personas vulnerables
ante situaciones de conflictos, guerras o catástrofes naturales.
La más reciente historia contradice sin embargo ese postulado
de buena voluntad pues lo mismo Estados Unidos como la Unión
Europea (UE) congelaron, desde el 10 de abril último, los
fondos financieros y humanitarios destinados a las palestinas y
los palestinos.
¿Cuál fue el argumento?; la asunción, en marzo
de este años, de las riendas gubernamentales y legislativas
de parte de Hamas, uno de los grupos de Resistencia devenido importante
y legítimo partido político.
Para el sabio Homero “la muerte en todas sus formas es aborrecible
pero la peor de todas es la muerte por hambre”. A pesar de
esa perspectiva multitudinarias concentraciones en Gaza y Cisjordania
están dispuestas al sacrificio. Numerosas pancartas de una
Palestina indignada decían este domingo 21: "Sí
al hambre, no a la rendición".
¿Qué resortes pueden llevar a tanto sacrificio y
resolución?. El cerco al Leningrado soviético por
la Alemania fascista de Hitler, el bloqueo del imperialismo yanqui
contra Cuba, el embargo de Gran Bretaña a un Zimbabwe popular
y democrático o la congelación de fondos a Palestina
ocupada presentan el mismo denominador. De un lado, la estrategia
de estrangulamiento como fórmula de determinados círculos
de poder y del otro, la firmeza constante como respuesta de pueblos
convencidos de su verdad y su victoria.
Ismail Haniye, actual primer ministro palestino, ha denunciado
que "las presiones están destinadas a forzarnos a hacer
concesiones políticas”. La comunidad internacional
conoce de las discrepancias que se están dando hoy en día
al interior de las fuerzas palestinas en torno al reconocimiento
o no del Estado israelí. Estas, y otras difíciles
circunstancias para nada justifican a la UE o la Casa Blanca en
su cese de la ayuda directa a la Autoridad Nacional Palestina, ANP
y en consonancia a los cientos de miles de mujeres, niños
y ancianos de esa nación árabe todavía sin
territorio unificado y libre.
Por este concepto el Viejo continente otorga anualmente unos 610
millones de dólares, de esos, la mitad con vistas a financiar
proyectos de infraestructuras y desarrollo. El resto, se tramitan
a través de un rosario de agencias humanitarias, como por
ejemplo, la de Naciones Unidas para la Ayuda a los Refugiados Palestinos
(UNRWA). En tanto, Estados Unidos coloca unos 400 millones de dólares
en ayudas. Tel Aviv por su parte detuvo asimismo la transferencia
mensual a los palestinos de los cerca de 60 millones de dólares
obtenidos de las mercancías destinadas a Cisjordania y la
franja de Gaza, que transitan por territorio israelí.
Y precisamente a la luz de este juego tal pareciera que estamos
ante un tablero de ajedrez, donde se mueven fichas inanimadas sin
mayores repercusiones fatales más allá de un esparcimiento
momentáneo a lo jaque mate, cuando lo cierto es que se compromete
la vida de seres humanos mediante el chantaje por hambre.
http://www.radiorebelde.com.cu/noticia/comenta/comenta1-230506.htm
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