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 ¿Por qué
mataron a Manuel Buendía?
Por Ernesto Vera
Mientras cientos de páginas web se dedican,
engañosamente, a magnificar la figura de un bufón
conminado a escenificar una comedia digna del mejor “Mayo
teatral”*, en el mundo que ha sido y es, muchos verdaderos
periodistas, muchos verdaderos luchadores por la libertad de expresión
y el libre flujo de la información han dado su vida, valientemente,
por ello:
El 30 de mayo de 1984, hace 22 años, fue asesinado Manuel
Buendía, periodista mexicano cuya columna Red Privada en
el diario Excélsior era la más leída en la
prensa de ese país. Fue baleado en la avenida Insurgentes
de Ciudad de México cuando estaba en los bajos del edificio
donde tenía su oficina, ante decenas de testigos y en pleno
día. Tanta ha sido la repercusión de aquel crimen
que sus colegas conmemoran anualmente la fecha y a ese día
muchos lo consideran como el verdadero que representa la libertad
de prensa en tierra azteca.
Con el asesinato de Buendía quisieron silenciar la verdad.
Los temas fundamentales sobre los que escribía en esa etapa
Buendía tenían como base la denuncia de la ultraderecha
mexicana y los vínculos que esta tenía con la CIA
y la gusanera de Miami. En un libro póstumo titulado La ultraderecha
en México, donde fueron seleccionados y reproducidos decenas
de artículos escritos por él y publicados hasta seis
días antes de su muerte, hay varios en los que se refiere
a hechos de terrorismo realizados por elementos de origen cubano
residentes en Miami, especialmente en territorio mexicano o contra
instalaciones de ese país en el extranjero. De esos trabajos
haremos algunos breves resúmenes que ilustran al respecto.
En nota publicada en el diario El Día el 4 de octubre de
1972, denuncia cómo desde Miami se dirigen al Gobierno mexicano
para pedir la excarcelación de dos asesinos que ultimaron
en México al escritor español radicado en ese país,
José Almoina Mateos. El crimen había ocurrido en 1960
y los asesinos (Francisco Manuel Quintana Valdés, alias Manuel
Ramos Valdés y alias Frank Quintana, así como Servando
Molina Fernández, alias Dionisio García Mendieta y
alias Artemio Servando Molina) fueron condenados a 40 años
de cárcel. En el juicio se probó que los dos fueron
contratados por el dictador Trujillo para asesinar al mencionado
escritor, debido a que este había escrito un libro titulado
Víacrucis de un Pueblo, donde narraba la terrible situación
en tiempo del chacal del Caribe. Dos párrafos del artículo
son reveladores: "Cada una de las peticiones de indulto viene
firmada por dos gusanillos, una de ellas atrae especialmente la
atención porque aparece nombre, firma y dirección
de un conocido nuestro, Henry Agüero Garcés. Con esa
mentalidad que distingue al crimen organizado de los Estados Unidos,
cuando los grupos extremistas de derecha en México decidieron
dar un escarmiento a El Día, importaron a un pistolero. Henry
Agüero Garcés vino precisamente de Miami con dos granadas
en su equipaje. Uno de estos explosivos lo lanzó al interior
de nuestro edificio... estuvo unos meses preso en Lecumberri y ahí
volvió a saludar —indudablemente se conocían
ya, por identidad y oficio— a Manuel Quintana Valdés.
La campaña pro indulto de Quintana revela que existe un dispositivo
operacional que lo mismo sirve para ejecutar crímenes sobre
pedido que para emprender acciones políticas difamatorias
contra México, sus instituciones y aún su Gobierno".
Como puede apreciarse, Buendía denuncia la relación
entre Quintana, asesino del escritor Almoina, y el que hizo el atentado
contra el diario El Día, Agüero, después desde
Miami firmante de la petición de excarcelación del
primero. Es decir, simples criminales a sueldo mal vestidos con
ropajes de "luchadores por la libertad".
También denunció los nexos de la ultraderecha de
su país, la CIA y la mafia terrorista de Miami.
Otra denuncia de Buendía fue un artículo publicado
en el diario El Sol de México el 15 de mayo de 1978, donde
hace varias referencias a hechos terroristas perpetrados por elementos
vinculados a la mafia miamense. Así es reflejado en parte
del texto que reproducimos: "Por ejemplo, en julio de 1977
una fulminante acción del Licenciado Jesús Reyes Heroles,
secretario de Gobernación, desbarató el proyecto de
una vasta conjura que incluía la colocación de bombas,
el secuestro de un hijo de Fidel Velásquez, el apoderamiento
de un avión de pasajeros y la excarcelación del cubano
Orestes Ruiz Hernández, preso por el asesinato de un funcionario
consular de Cuba, homicidio perpetrado en Mérida, en julio
de 1976, de esta frustrada intentona fue responsable el Comando
de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), que dirige el pediatra
y asesino profesional Orlando Bosch, actualmente preso en Venezuela
por el atentado a un avión de Cubana de Aviación que
costó la vida a 73 personas, en octubre de 1976".
"(Por lo menos dos de los mejores agentes de Bosch están
siendo procesados en Washington por el asesinato de Letelier desde
que investigaciones de la prensa norteamericana exhibieron los entretelones
de la invasión de Bahía de Cochinos, nadie puede ignorar
la vinculación que el grupo de Orlando Bosch, como casi todos
los demás que integran la gusanera de Miami, tuvo y mantiene
con la CIA)".
"Unas veces son las bombas en los consulados de México
—han estallado en nuestras oficinas de Los Ángeles,
San Francisco y Nueva York—; otras, los operativos más
audaces y agresivos como el de julio de 1976; otras, en fin, se
realizan en alianza con los grupos fascistas locales, como aquella
ominosa concentración de jóvenes hitlerianos en Los
Remedios, cuando un Presidente mexicano visitó Cuba".
En el artículo el autor se refiere también a varios
atentados de los que son sospechosos terroristas provenientes de
Miami.
De un extenso trabajo de Buendía en Excélsior, publicado
el 6 de agosto de 1982, extraemos lo siguiente: "Los núcleos
terroristas —Alpha 66 entre ellos— habían sido
integrados en el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas
(CORU) durante una convención... convocada por un importante
oficial de la CIA, Lawrence Sternfield. En octubre de 1978, Red
Privada dio a conocer identidad y actividades de Sternfield, quien
a la sazón ya había sido nombrado jefe de la CIA en
México. Sternfield fue el brazo derecho de George Bush, ahora
vicepresidente de Estados Unidos, durante el tiempo que se desempeñó
como director general de la CIA".
Más adelante, el 14 de octubre de 1982 una nota de Buendía
en Excélsior revela: "Según se expuso ayer, los
archivos periodísticos muestran que efectivamente hay una
conexión tan gruesa como un tubo de albañal, entre
las extremas derechas de ambos países": México
y Estados Unidos, y que "esto incluye una alianza entre grupos
paramilitares y terroristas, cuyo fin permanente ha sido provocar
la violencia en México. También se describió
cómo la tubería subterránea comunica a los
más extraños personajes y organizaciones diversas,
de suerte que ya sea por línea directa o por medio de Estación
de rebombeo —como si se tratara de una red de gasoducto—
se hallan enlazados el Ku Klux Klan y la John Birch Society con
los grupos terroristas de la extrema derecha asentados en la Universidad
de Guadalajara, o los desalmados matones de Alpha 66 en Miami, con
nuestro seráfico Opus Dei, la Coparmex y la cúpula
del Concejo Coordinador Empresarial".
Si algunos de los párrafos seleccionados de los artículos
de Manuel Buendía dan señales inequívocas de
los vínculos de los elementos terroristas de origen cubano
asentados en Miami, un libro publicado por el hermano del periodista
asesinado ofrece datos e informaciones como pruebas del motivo principal
que decidió el crimen y los implicados en esa acción.
Ángel Buendía afirma en su libro titulado Mi Testimonio,
publicado en 1999, que la razón fundamental del crimen fue
el conocimiento que había logrado obtener su hermano Manuel
sobre las vinculaciones de algunas autoridades y narcotraficantes
mexicanos sobre la operación ilegal del gobierno estadounidense
destinada a entregar armas a la contra nicaragüense. Para él,
no basta que haya sido sancionado José Antonio Zorrilla,
quien era jefe de la policía federal, sino que había
otras autoridades culpables del más alto nivel y capos de
la mafia de la droga también implicados en el crimen. Así
evitaron la denuncia que se disponía a hacer Manuel Buendía.
Sin duda alguna, un año después habría estado
entre los señalados alguien "fugado" de una cárcel
caraqueña que con los más variados pasaportes y nombres,
no podía evitar un rostro en el que se reflejan más
crímenes que años, el siempre agente de la CIA Luis
Posada Carriles.
En la página final de ese libro hay un último párrafo
de Ángel Buendía que dice lo siguiente: "Finalmente
la pregunta obligada: ¿Por qué en Estados Unidos a
la distancia de más de 15 años, el caso Manuel Buendía
sigue siendo un secreto de Estado y caso de seguridad nacional?"
A ello habría que agregar los siete años de silencio
transcurridos después de la edición del libro.
Courtesy of Attorney José Pertierra
Imagen tomada de http://www.razonypalabra.org.mx/libros/imagenes/portada.jpg
*Mayo Teatral: Festival de Teatro que se realiza anualmente en
Cuba
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