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 Los prescindibles
Por Jorge Gómez Barata
Siempre me pregunté por qué siendo tan avanzada,
humanista y liberal, la Declaración de Independencia de los
Estados Unidos, la Constitución y su Declaración de
Derechos, omitieron el problema de los indios y de la esclavitud.
Obviamente no puede tratarse de olvidos o de falta de prioridad
y resulta imposible pensar que en los debates asociados a la independencia,
a la constitución de la Nación y del Estado y a la
expansión territorial, tales asuntos no fueran debatidos.
Lo curioso es que la independencia norteamericana ocurrió
284 años después del arribo de Cristóbal Colón,
época en que ya había perdido vigencia el debate teológico
y jurídico originado con el descubrimiento de América
cuando se puso en duda el que los indios fueran humanos, tuvieran
alma y fueran capaces de ejercer derechos.
Aunque al principio se negó la condición humana de
los indios, desde 1520 las coronas europeas y la Iglesia, reconocían
su humanidad. Las mentes jurídicas más avanzadas admitían
sus derechos a la libertad y a poseer propiedades, incluso aceptaban
la legitimidad de sus autoridades tradicionales.
Para entonces ya los padres Montesinos y Las Casas, entre otros,
se habían erigido en defensores de los indios y se auspiciaban
legislaciones paternalistas que, no obstante, legitimaban la explotación
por medio de formas camufladas de esclavitud e incluso se establecía
el trabajo forzoso como forma de pagar impuestos.
Aquella actitud no era necesariamente humanista sino pragmática.
Los indios no eran buenos como esclavos porque apenas soportaban
la rudeza de los trabajos en las minas y las plantaciones por lo
que, primero Portugal y luego España, Inglaterra, Holanda
y Francia, auspiciaron la esclavitud negra.
No es correcto pretender que los ilustrados fundadores de los Estados
Unidos, formados en las más avanzadas doctrinas europeas,
conocedores del pensamiento predominante en el Viejo Continente
donde muchos estudiaron, trabajaron y vivieron, desconocieran estos
debates y sus conclusiones.
El hecho de que los indios y los negros no fueran mencionados en
la Declaración de Independencia, no fue una omisión
circunstancial y excusable, sino de una exclusión deliberada.
La actitud norteamericana ante la esclavitud fue ambigua. Al no
prohibirla, la Constitución la aceptó. A partir de
la independencia, los estados sureños se convirtieron en
los más importantes compradores de esclavos del mundo. Desde
1787 la esclavitud se admitía en el sur y se prohibía
en el norte. En 1808 el Congreso ordenó cesar la importación
de esclavos, mas no la esclavitud. La respuesta esclavista, fue
el contrabando negrero y la organización de la reproducción
“in situ” como si se tratara de ganado.
A pesar de que la esclavitud y la trata fueron abolidas en Dinamarca
en 1792, en Gran Bretaña en 1807, en México en 1813,
en Venezuela y Colombia en 1821, todavía en 1857 el Tribunal
Supremo de los Estados Unidos, dictaminó que los esclavos
eran “propiedades y no ciudadanos.
De hecho las primeras discusiones de fondo sobre la esclavitud
comenzaron con la incorporación de nuevos territorios como
fue el caso de Missouri en 1818, Texas y luego las otras tierras
arrebatadas a México
En 1860 con la llegada a la presidencia de Abrahan Lincoln, la
discusión adquirió connotaciones dramáticas
cuando los estados esclavistas del sur se separaron de la Unión.
Lincoln que no era exactamente un abolicionista ni había
asumido compromisos respecto a la esclavitud en los estados del
sur, se mantuvo firme en la decisión de preservar la unidad
del país. La guerra se torno inevitable.
Es cierto que la guerra civil se libró en torno a la esclavitud
pero no en defensa de los negros. No fue la compasión hacía
los afro americanos lo que movió a millones de norteños
a marchar al combate. No obstante el desenlace de aquella guerra
permitió abolir la esclavitud, aunque no el racismo.
La segregación racial en las fábricas perduró
hasta que en la década del cuarenta, Roosevelt la suprimió
por necesidades de la guerra y Truman la eliminó de las fuerzas
armadas en los cincuenta, cuando la Guerra de Corea demandó
más combatientes. Eisenhower intentó ponerle fin en
las escuelas y Kennedy la ilegalizó.
Los indios y los negros no fueron olvidados o discriminados por
los padres fundadores, sino excluidos del proyecto para construir
el último imperio occidental.
http://www.argenpress.info/nota.asp?num=030642
Tomado de http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=18855
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