..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.126, Viernes, 2 de junio del 2006

 

Los prescindibles
Por Jorge Gómez Barata

Siempre me pregunté por qué siendo tan avanzada, humanista y liberal, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, la Constitución y su Declaración de Derechos, omitieron el problema de los indios y de la esclavitud.

Obviamente no puede tratarse de olvidos o de falta de prioridad y resulta imposible pensar que en los debates asociados a la independencia, a la constitución de la Nación y del Estado y a la expansión territorial, tales asuntos no fueran debatidos.

Lo curioso es que la independencia norteamericana ocurrió 284 años después del arribo de Cristóbal Colón, época en que ya había perdido vigencia el debate teológico y jurídico originado con el descubrimiento de América cuando se puso en duda el que los indios fueran humanos, tuvieran alma y fueran capaces de ejercer derechos.

Aunque al principio se negó la condición humana de los indios, desde 1520 las coronas europeas y la Iglesia, reconocían su humanidad. Las mentes jurídicas más avanzadas admitían sus derechos a la libertad y a poseer propiedades, incluso aceptaban la legitimidad de sus autoridades tradicionales.

Para entonces ya los padres Montesinos y Las Casas, entre otros, se habían erigido en defensores de los indios y se auspiciaban legislaciones paternalistas que, no obstante, legitimaban la explotación por medio de formas camufladas de esclavitud e incluso se establecía el trabajo forzoso como forma de pagar impuestos.

Aquella actitud no era necesariamente humanista sino pragmática. Los indios no eran buenos como esclavos porque apenas soportaban la rudeza de los trabajos en las minas y las plantaciones por lo que, primero Portugal y luego España, Inglaterra, Holanda y Francia, auspiciaron la esclavitud negra.

No es correcto pretender que los ilustrados fundadores de los Estados Unidos, formados en las más avanzadas doctrinas europeas, conocedores del pensamiento predominante en el Viejo Continente donde muchos estudiaron, trabajaron y vivieron, desconocieran estos debates y sus conclusiones.

El hecho de que los indios y los negros no fueran mencionados en la Declaración de Independencia, no fue una omisión circunstancial y excusable, sino de una exclusión deliberada.

La actitud norteamericana ante la esclavitud fue ambigua. Al no prohibirla, la Constitución la aceptó. A partir de la independencia, los estados sureños se convirtieron en los más importantes compradores de esclavos del mundo. Desde 1787 la esclavitud se admitía en el sur y se prohibía en el norte. En 1808 el Congreso ordenó cesar la importación de esclavos, mas no la esclavitud. La respuesta esclavista, fue el contrabando negrero y la organización de la reproducción “in situ” como si se tratara de ganado.

A pesar de que la esclavitud y la trata fueron abolidas en Dinamarca en 1792, en Gran Bretaña en 1807, en México en 1813, en Venezuela y Colombia en 1821, todavía en 1857 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, dictaminó que los esclavos eran “propiedades y no ciudadanos.

De hecho las primeras discusiones de fondo sobre la esclavitud comenzaron con la incorporación de nuevos territorios como fue el caso de Missouri en 1818, Texas y luego las otras tierras arrebatadas a México

En 1860 con la llegada a la presidencia de Abrahan Lincoln, la discusión adquirió connotaciones dramáticas cuando los estados esclavistas del sur se separaron de la Unión. Lincoln que no era exactamente un abolicionista ni había asumido compromisos respecto a la esclavitud en los estados del sur, se mantuvo firme en la decisión de preservar la unidad del país. La guerra se torno inevitable.

Es cierto que la guerra civil se libró en torno a la esclavitud pero no en defensa de los negros. No fue la compasión hacía los afro americanos lo que movió a millones de norteños a marchar al combate. No obstante el desenlace de aquella guerra permitió abolir la esclavitud, aunque no el racismo.

La segregación racial en las fábricas perduró hasta que en la década del cuarenta, Roosevelt la suprimió por necesidades de la guerra y Truman la eliminó de las fuerzas armadas en los cincuenta, cuando la Guerra de Corea demandó más combatientes. Eisenhower intentó ponerle fin en las escuelas y Kennedy la ilegalizó.

Los indios y los negros no fueron olvidados o discriminados por los padres fundadores, sino excluidos del proyecto para construir el último imperio occidental.

http://www.argenpress.info/nota.asp?num=030642

Tomado de http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=18855




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