..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.126, Viernes, 2 de junio del 2006

 

Pasiones prohibidas
Por: Mario Jorge Muñoz Lozano

“No es cocaína, heroína, mariguana... lo prohibido a los norteamericanos. Mucho menos antrax o peligrosas armas. Es simplemente música, única, buena…”

Aparecido en la Revista Bohemia, en julio del 2004, este artículo mantiene una absoluta vigencia. Lo traemos a ustedes en momentos en que la Srta. Condolezza Rice, clama pidiendo el recrudecimiento del bloqueo a Cuba.

Para que no pueda existir engaño: Estos son los “terroristas” a los que Washington teme y acusa:

La suerte que se supone escolte al número siete no acompañó al cantautor cubano Carlos Varela en su proyectada gira por Estados Unidos de marzo pasado. Las presentaciones con su grupo se esperaban en el Theater of the Perfoming Arts, de Miami, y en el Sobs, de Nueva York. Incluso estaba previsto que el músico realizara otros tres recitales en diferentes ciudades.

Omara Portuondo e Ibrahím Ferrer, dos de los integrantes del famoso Buena Vista Social Club, proyecto que ha logrado llegar al público estadounidense a pesar de las restricciones del bloqueo

Varela pretendía dar a conocer a los estadounidenses su obra más reciente, recogida en el disco Siete, que ya se promueve en México, España y Argentina. Todo marchaba viento en popa hasta que, una vez más, la ultraderecha de Miami armara su retórica y conocida algarabía para prohibir (a fuerza de dinero, boicot y gritería) que Varela y su tropa brindaran su arte al público norteamericano.

Una “simple” negativa de visa por parte de las autoridades norteamericanas dio al traste con Siete y su autor. También con los derechos ciudadanos de un pueblo al que su Gobierno le veda cierta música, como hace 60 años los nazis prohibieron y quemaron la cultura de otras naciones.
Récord de intolerancia

“Más de lo mismo”, diría cualquier cubano que durante los últimos 45 años se haya dedicado a seguir los ires y venires de la política violenta contra Cuba de las más de diez administraciones que han posado sus… cuerpos sobre los mullidos butacones de la Casa Blanca.

Sin embargo, parece que George W. Bush pretende llevarse el récord de intolerancia hacia la Isla: la agresividad de las nuevas medidas proclamadas recientemente contra Cuba evidencian su diabólico encaprichamiento -¿no será simplemente electoral?- con esta tierra.

El pasado 6 de marzo, el cantante dominicano Johnny Ventura se vio obligado a cancelar su actuación en Cuba -fiesta organizada por la embajada de su país en La Habana, en ocasión del aniversario 160 de la independencia nacional- debido a las fuertes presiones ejercidas por la maquinaria de los grupos reaccionarios de Miami.

No es menos cierto que las exigencias políticas y empresariales de los grupos de poder de esa ciudad -considerada la capital comercial de la música latina-, se traducen en requerimientos y hasta órdenes para artistas latinoamericanos y caribeños que pueden ver perjudicados sus bolsillos al no contar con el favor de políticos y mafiosos, regidores de ese mercado.

Nueve nominaciones a los Grammy Latinos, de 2003, fueron a parar a las manos de autores y artistas cubanos. La noticia no causó tanto revuelo en la Isla: no es la primera vez que sucede, además, son numerosos los especialistas de todo el mundo que reconocen a Cuba como una de las mayores reservas musicales del planeta.

Hace unos meses el premio Jazz Award, en la categoría de Disco Latino del Año, también de 2003, fue ganado por el álbum Cuban Odyssey, del sello Blue Note, obra respaldada por un “dream team” en el que se incluyen músicos de la talla de la flautista canadiense Jane Bunnett, e imprescindibles cubanos como Bobby Carcassés, Changuito Quintana, Tata Güines, Hilario Durán, el grupo Desandann, el conjunto Los Naranjos, Los Muñequitos de Matanzas y Guillermo Rubalcaba. Y así sucede cada año, y en los más disímiles escenarios. La música cubana gusta.

A Los Muñequitos de Matanzas recientemente les fue negada la visa de entrada a Estados Unidos para asistir a la ceremonia de entrega de los premios Grammy, a los que fueron nominados

En esta oportunidad, entre los nominados al Grammy Latino estaban las orquestas Van Van, Charanga Habanera, los soneros Ibrahím Ferrer y Eliades Ochoa, los raperos Orishas, los Muñequitos de Matanzas, Polo Montañés, La Camerata Romeu y el pianista Chucho Valdés. Indiscutiblemente, una tropa de altos quilates.

Lo absurdo, otra vez, fue que a los artistas cubanos no se les enviaran las cartas de invitación y se les negara el visado para viajar a EE UU. Había sucedido en 2001, lo que provocó, entre otras razones, que la entrega del premio fuera trasladada de Miami a la ciudad de Los Ángeles.

Para rematar, a la maniobra fascista de los grupos reaccionarios anticubanos y de la ultraderecha norteamericana se unió una gran dosis de cinismo y burla: enviaron entradas al espectáculo a glorias de la música cubana ya fallecidas como Compay Segundo, Frank Emilio, Fabio Landa y Armando Romeu.
Tabú

La lamentable historia, concluida con la ausencia de los cubanos -aunque resultaran ganadores del premio Orishas e Ibrahím Ferrer en la ceremonia-, no es más que otro capítulo de una extensa lista de prohibiciones al pueblo estadounidense para que pueda conocer y disfrutar la rica cultura de esta Isla.

Sí, porque desde hace tiempo los cubanos compiten por los primeros lugares en los más destacados concursos de la música en EE.UU. Lo de los Awards no es un hecho aislado. Ahí están los Grammy ganados por el maestro Chucho Valdés -así como sus clases impartidas en numerosas y prestigiosas universidades-, Van Van, los integrantes del Buena Vista Social Club...

Todo sería genial si no fuera por la intransigencia y las constantes agresiones de los enemigos de la Revolución Cubana. Tan buena música está siendo condenada y boicoteada. No es cocaína, heroína, mariguana... lo prohibido a los norteamericanos. Mucho menos antrax o modernas y peligrosas armas que puedan fomentar el pánico por una agresión terrorista. Es música, única, buena. Y tal riqueza le está negada, desde hace más de cuatro décadas, a los estadounidenses. Es tabú, como el mejor tabaco del mundo y el ron Havana Club, salidos también de estas nobles tierras.

Tal es así que a pesar de las restricciones no son pocos los herejes que se atreven a “traficar” con el sabroso material explosivo. Y es explosivo, no hay duda. Porque es verdad que la música cubana “te pone la cabeza mala”, al decir de Van Van.
Las trabas del bloqueo

Algunos visitantes opinan que exageramos los daños y perjuicios provocados por el bloqueo. Evidentemente, detrás de tales comentarios está la carencia de información o la mala leche -también los hay-. No hay que leer o preguntar mucho para percatarse de que el cerco económico y comercial a este archipiélago ha incidido hasta en las llamadas esferas nobles, como es el caso, precisamente, de la música, aplaudida en los más importantes escenarios del mundo y convertida en una de las tantas frutas propias prohibidas al mercado estadounidense.

Al parecer, no es bien conocido que la Isla es una de las más notables víctimas del actual régimen monopólico que rige los destinos musicales del planeta. Nada se mueve ni se promueve sin el consentimiento de cinco gurúes: Warner Music, Universal, Sony Music, BMG y EMI, compañías que dominan entre el 80 y el 90 por ciento del mercado musical mundial.

No es retórica. En Cuba han estado los presidentes de las más importantes cadenas televisivas dedicadas a la difusión de la música, como MTV, HBO... todos interesados por el trabajo de nuestros artistas y músicos. Pero luego aparecen las trabas del bloqueo, lo cual dificulta la comercialización.

Razones para mantener un puente

Advierten los empresarios criollos que aunque exista alguna posibilidad de negociación, sus homólogos estadounidenses saben que después recibirán la llamada del Departamento de Estado o del Departamento del Tesoro para advertirles que no pueden negociar con empresas del Estado cubano.

La intolerancia de la Casa Blanca y de los grupos reaccionarios en Miami negaron al público norteamericano la posibilidad de disfrutar de Siete, la última propuesta discográfica del cantautor Carlos Varela

Los músicos que salen de esta tierra para actuar en EE.UU. no pueden cobrar por sus presentaciones; las compañías norteamericanas alegan la imposibilidad de pagar debido a la Ley de Comercio con el Enemigo, solo reciben una especie de viático, manutención para poder vivir durante los días que están en ese país. De tal forma trabajan en el “reino de la democracia”. Así, lo mismo llenan un estadio o un teatro, espectáculos a los que asisten más de cinco mil y hasta diez mil personas.

Los obstáculos no terminan ahí. Las empresas promotoras y comercializadoras de la música cubana -o cualquier otro producto cultural- tienen prohibido trabajar con el dólar estadounidense, lo cual obliga a hacer cambios de moneda, proceso incómodo y perjudicial para sus homólogas norteamericanas, al ser el billete verde el más fuerte del mercado.

La lista de frenos no acaba: los trámites migratorios son otros de los inconvenientes. No han sido pocas las ocasiones en que luego de planificada la fecha de presentación de un músico o una agrupación cubanos en EE.UU., esta ha sido retardada por problemas de otorgamiento de visas e, incluso, prohibida la entrada al país.

Las vías normales para la promoción de la música en el caso de Cuba están cerradas. Existe una pequeña grieta, la Enmienda Bergman, que permite el intercambio cultural. Pero luego, ya dentro de Estados Unidos, nuestros artistas deben enfrentarse a todas las restricciones que impiden el flujo real y la comercialización en el país que cuenta con el 35 por ciento de ese mercado en el mundo.

A pesar de todo

Sin embargo, a pesar de las trabas, la calidad de la música cubana es tanta que ha logrado cruzarlas. Tal es así que no puede ser omitida de las más serias publicaciones dedicadas al tema. Y esa situación se está dando, incluso, con ritmos como el rap, proveniente de Estados Unidos. Ya se habla de hit-hot cubano.

Considerado uno de los mejores pianistas del mundo, el cubano Chucho Valdés ha puesto en alto el nivel de la música cubana en los más diversos escenarios internacionales

También es cierto que en los últimos años los ritmos criollos han logrado introducirse en Norteamérica, sobre todo a partir del éxito mundial -y en EE.UU., sobre todo- del fenómeno Buena Vista Social Club. Lo mismo ha venido sucediendo con Van Van, Chucho Valdés, Isaac Delgado...

Y es que razones para el éxito no faltan: su calidad y el hecho de no estar regida por las exigencias de la moda, hacen que nuestro producto artístico se distinga entre tanta música parecida. Además, el público norteamericano se cuestiona por qué le está vedada nuestra cultura. Se preguntan por qué antes no habían podido conocer a tan excelentes músicos cubanos. Y sin dudas, esa presión está ayudando a que tales barreras se quiebren.

http://www.bohemia.cubasi.cu/2004/jul/02/SUMARIOS/cultura/articulo3.html




© Biblioteca Nacional "José Martí" Ave. Independencia y 20 de Mayo. Plaza de la Revolución.
Apartado Postal 6881. La Habana. Cuba. Teléfonos: (537) 555442 - 49 / Fax: 8812463 / 335938