..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.126, Viernes, 2 de junio del 2006
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El minué que Virgilio no bailaba

Uno de los mitos recurrentes de la contrarrevolución ilustrada cubana, la misma que cuando le conviene se envuelve en versallescos terciopelos libertarios y cuando no, en vulgar papel de estraza remojado previamente en el arroyo, divide a los escritores cubanos, en agraciados y desgraciados. Los primeros son los elevados a su panteón por obra y gracia de una escrupulosa operación de selección y depuración ideológica, un tenaz escrutinio de su capacidad corporal para las reverencias, y la medición exacta de la distancia interpuesta entre ellos y la causa apoyada por la mayoría de su pueblo. Los segundos somos todos los demás, principalmente aquellos que no desertan, que no se venden, que no se alquilan. De más está decir que en esta película estos últimos son los malos, los equivocados, los que jamás alcanzarán la bienaventuranza de los premios internacionales, ni el aplauso conocedor de un público cultísimo, como el que cortejan y moldean con su política cultural los locutores radiales de la mafia de Miami y los genios repartidores de blasones intelectuales al por mayor de la revista “Encuentro”, encargados de pregonar la inmortalidad del poeta, ensayista o novelista cubano del exilio a quien le toca en esa semana.

Por ejemplo, en el número 34-35 de la revista “Encuentro”, correspondiente al otoño-invierno del 2004-2005, encontramos una reseña bonachona de un tal Narciso J. Hidalgo destinada a ensalzar el libro “Lunes de Revolución: Literatura y cultura en los primeros años de la Revolución cubana” de alguien llamado William Luis, ambos, como es de suponer, lumbreras del exilio cubano, miembros del selecto escuadrón de los agraciados, pozos del saber ilimitado en todo lo que a Cuba atañe. Pero una cosa es engañar pepes en Madrid o rubios mascadores de chiclet de Ohío, y otra intentar meter gato por liebre en Guaracabuya.

William Luis nos enseña en su libro, provocando el éxtasis enamorado de Hidalgo, que el affaire suscitado alrededor del documental PM y las polémicas desatadas, que condujeron a la reunión de tres días en la Biblioteca Nacional de los principales artistas e intelectuales cubanos y al discurso de Fidel conocido como “Palabras a los intelectuales” (30 de junio de 1961), “marcaron el inicio de la centralización y la politización de la cultura”, provocando “miedo entre los intelectuales”.

Hasta aquí un buen cuento para dormir a niños y viejos, para deslumbrar a lectores en el Metro de Madrid o a excursionistas que se solean en el Central Park, de New York, sobre todo cuando los scholars al estilo de Luis e Hidalgo rematan con una frase supuestamente puesta en boca de Virgilio Piñera, y que diría más o menos “Yo sólo sé que tengo miedo”…, en dependencia del arte dramático de quien la cite.

Someto a la consideración de los lectores dos interesantes textos de indudable valor histórico, en la absoluta seguridad de que jamás los hallarán citados en ninguna de las enjundiosas obras de recopilación, esclarecimiento y adoctrinamiento a que nos tienen acostumbrados los sesudos genios del exilio ilustrado cubano, principalmente los que se dedican a demostrarnos que nada sabemos sobre Cuba desde “Encuentro”, o en los inefables libros de revelaciones macarrónicas que cada cierto tiempo nos endilga “Ediciones Universal”, de Miami.

El primer texto corresponde a un comentario sobre la salida del primer número de la “Nueva Revista Cubana”(abril, 1959) escrito por Virgilio Piñera, y publicado en el periódico “Revolución”, dirigido entonces por Carlos Franqui. En él se apreciará a un desmelenado Virgilio, en trance jacobínico, clamando contra la publicación que dirigía entonces Cintio Vitier, a la que reprochaba por ser demasiado adicta al rapé y el minué, o sea, a lo refinadamente cortesano en tiempos de revolución. Después de arremeter contra Lezama y Retamar, este nada amedrentado comentarista tronaba porque el arte se “empapase (definitivamente) con la luz revolucionaria”. Sin dudas, una curiosidad hemerográfica que dejará colgados de la brocha a los pacientes constructores de los mitos culturales fundacionales de Miami.

El segundo texto es una joya, y ayuda a desmentir la supuesta “politización inducida” de los intelectuales y artistas cubanos a partir de “Palabras a los intelectuales”. Como se apreciará, desde dos años antes, una larga y más que curiosa lista de ellos, motu propio, habían sentido la necesidad de pronunciarse contra las agresiones terroristas que comenzaba a sufrir su pueblo, originadas, por extraña coincidencia, donde mismo se siguen originando bodrios literarios, no menos terroristas, como el de los scholars de marras, destinados, precisamente, al cambalache de la verdad histórica por la más insultante propaganda.

Los archivos y bibliotecas cubanas guardan muchos materiales como estos, a la espera de que verdaderos investigadores los saquen a la luz. Por eso tiembla más de uno en Miami y Madrid. Precisamente los que viene a enamorarnos con mentiras, los que esconden sus honras rezurcidas bajo las faldas.

Angel de la Guardia

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Copia facsimilar del texto de Virgilio Piñera con su transcripción.
VIRGILIO PIÑERA
La Nueva Revista Cubana

• La Nueva sigue siendo la Vieja
• Rapé, minuet y salón de espejos
• Muy estético, erudito y poético

A pesar de su nuevo formato, del adjetivo «nueva», de la declaración de propósitos («Aspiramos a que esta publicación sea un espejo fiel, de nuestras inquietudes y esperanzas» ...), la Nueva Revista Cubana sigue siendo la Vieja Revista Cubana. Tal contingencia me recuerda la famosa frase ---creo que de Pozzo di Borgo (o acaso del Zar Alejandro I, para el caso es lo mismo)- sobre los Borbones, con motivo de la vuelta de éstos a Francia: No olvidaron nada, no aprendieron nada».. Por supuesto, Luis XVIII no lo hizo del todo mal como rey constitucional de los franceses. Por ejemplo dio la Charte y otras cosas. Por su parte, la nueva revista no está mal, pero no está con los nuevos tiempos; sigue oliendo a Anclen Regime: ni ha olvidado ni aprendido nada... Cualquier lector que la tome en sus manos (nacional o extranjero) comprobará que sus páginas se nutren con artículos correctos, que el tono general es respetuoso, que su presentación tipográfica es agradable, que su lectura no levantará vientos de tempestad, pero que por eso mismo huele incuestionablemente a rapé.
Veamos, como método comprobatorio, el material de este primer número. Pero digamos antes dos palabras sobre el espíritu que informa la mayor parte de los trabajos allí contenidos. Estilo provinciano, ése donde nunca escuchamos el célebre «pistoletazo» de Stendhal… ¿Un ejemplo? En el artículo titulado «Esta tarde nos hemos reunido ...», se lee: «Esta tarde nos hemos reunido aquí las víctimas de una delicadísima comedia de equivocaciones. Porque el que les habla escribe, han creído sus amigos que podrían traerlo a ésta la más fina casa la cultura imaginable a que dijese algunas cosas nuevas o cuando menos entretenidas ...» Atchís, atchís... Perdón, es que tanto rapé nos provoca deliciosos estornudos, y con tanta amabilidad casi estamos pidiendo la limonada de las cinco … Sin duda, se trata de un estilo borbónico: hay, además del rapé, el discreto, el minuet, y el Salón de los Espejos... No creo que haya que cargar toda la responsabilidad al Director de orquesta. Aunque sé que les gustan estás piezas, también no es menos cierto que no tenía a su disposición, en el momento de confeccionar el programa de concierto, mucho donde escoger. Fatalmente, es éste el modo de expresarse de los escritores cubanos en su inmensa mayoría. Los argentinos, que también padecen de este mal, lo llaman «estilo florcita»: Vaguedades y fiorituras. En suma, aburrimiento. Tanto más se echa de ver todo ello cuando abandono tales aburrimientos tomamos una revista francesa o inglesa por
ejemplo; «Les Temps Mordenes» o «Encounter» i Allí los artículos son en vivo, el escritor no se pierde en vaguedades; se siente plenamente comprometido como tal y sabe que al lector no se le puede dar gato por liebre. En Cuba, cierta crítica malamente calificada de respetuosa ha venido haciendo estragos por más de treinta años: «no digas esto, o si lo dices procura no herir a nadie. No te metas en camisas de once varas, (precisamente las varas donde todo escritor que se respete debe meterse de lleno)». Es así que, sin percibirlo nuestras producciones resultan blandas, fofas y amorfas. Y si nos lo hicieran ver, exclamaríamos al punto: «¡Pero somos tan poéticos!». Ni siquiera vale tal excusa. Acabo de leer un ensayo de Paul Nougé -Notas sobre la poesía concebido desde un método dialéctico implacable. A él, remito al lector (Revista: Les Levres Nues, No. 3, octubre de 1954). Y es que no puede hablarse de poesía utilizando palabras pretendidamente poéticas, o perdiéndose todo el tiempo por los Cerros de Ubeda... Volviendo a «Les Levres Nues», diré que se trata de una revista surrealista, y ya sabemos cuantos delirios pueden permitirse sus partidarios. Aquí. tocamos fondo otra vez. Nunca, por ejemplo, he sorprendido a Breton, aún en sus momentos de delirio los más explosivos, en un fallo conceptual a en una gratuidad. Esta es una lección por aprender de parte de nuestros poetas.
Decididamente, este primer número de la Nueva Revista Cubana ha tenido mala suerte en lo que respecta al rapé. Lo digo, porque un poeta tan alejado del polvillo delicioso como es Nicolás Guillén, publica un poema que es todo un canto al Antiguo Régimen, No digo que Guillén no pueda permitirse tales libertades, pero tal parece que frente a un programa de concierto tan clásico, no le quedo otra salida que dar esa Epístola (dedicada a dos amigas cubanas que invernaban en Palma de Mayorca. A sólo cinco meses del triunfo revolucionario, uno debe presumir que Guillén, poeta revolucionario en toda la acepción de la palabra, nos ofrecería algo revolucionario. Pero no pudo, el programa exigía el rapé, y ya lo ven, ahí están las dos amigas - Agueda y Nora - chismeando agradablemente con el poeta en las páginas de la Nueva Revista Cubana. Bueno, el Partido le pasará por alto este pecado venial.
En cuanto a Lezama (y siguiendo con los Luises y los lises) me recuerda a Carlos IX, el desafortunado autor de las famosas Ordenanzas, que acabaron por sacarlo del trono. «Himno para la luz nuestra» no es otra cosa que la senil voluntad de un monarca tratando de imponer su Ordenanza. Por lo demás, canción escuchada hace sus buenos veinte años. ¿Un ejemplo? Ahí va: «Luz junto a lo infuso, luz con el dalmón, para descifrar la noche y la sangre de las empalizadas. Las tiras de la piel ya están golpeadas, y ahora, clavad la luz en la cruz de la Pasión»:
Y relacionando ahora la Nueva Revista con la Revolución, a nosotros nos parecía que éste su primer número se acercaría de modo conveniente a ésta para empaparse en su luz. Aparte de las mil razones que justificarían un número revolucionario, estaría, por lo menos ésa que recibe el nombre de. «violín abligato». A la caída de Perón en Argentina, la revista Sur, que nunca ha aspirado a la hegemonía del proletariado ni cosa parecida, juzgó oportuno e histórico que la revista dedicara un número a la Revolución argentina (llamémosla así rara facilitar). En ese número, los escritores argentinos hicieron el recuento de los diez años de la tiranía peronista. Y lo mismo, aunque con menos logro, efectuó Ciclón en su número de …


A continuación las Declaraciones de los escritores cubanos con su transcripción.


NUEVA REVISTA CUBANA

DECLARACIONES DE LOS ESCRITORES CUBANOS

CON motivo de los graves acontecimientos ocurridos en Cuba durante el pasado mes de octubre, en que distintos sitios de la isla fueron atacados por aviones procedentes de bases situadas en los Estados Unidos, se produjeron en Cuba enérgicas protestas y muestras de adhesión al gobierno revolucionario. Éste que hoy reproducimos fue el primer documento sobre estos hechos proveniente de los intelectuales. No fue el único. Posteriormente apareció el «Llamamiento a los escritores, artistas e intelectuales del mundo», respaldado por más de un centenar de firmas y encabezado por Alicia Alonso, Wilfredo Lam, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén y José Ardévol, en que se informaba de los sucesos y se recababa el auxilio de los hombres de pensamiento.
Los hechos denunciados no se han repetido, creemos que en parte no pequeña por las rápidas y unánimes manifestaciones del pueblo cubano, así como por la hermosa solidaridad manifestada por sectores amigos de todo el continente y del planeta todo. Recogemos aquí, sin embargo, las declaraciones, como testimonio de la actitud de los escritores cubanos en momentos de prueba para nuestra Revolución:

Los escritores signatarios deseamos expresar nuestra más profunda indignación ante las agresiones físicas de que ha sido víctima Cuba en los últimos días, y especialmente ante el increíble bombardeo y ametrallamiento de La Habana el pasada miércoles 21 de octubre, que dejara un trágico balance de muertos y heridos.
El hecho de que este crimen, según cínica confesión, haya sido dirigido por un desertor del ejército y traidor a Cuba; y de que los aviones agresores utilicen como base de operaciones a un país vecino que ha dado no sólo acogida, sino atención senatorial a dicho traidor, no puede sino acrecer hasta el máximo nuestra inconformidad y nuestra repulsa.
Mientras por una parte contemplamos entronizadas la honradez administrativa, la máxima rectitud en las tareas de gobierno y la promulgación de leyes valientes e imprescindibles, todo lo cual ha devuelto a Cuba el orgullo de sí y la confianza en su destino; por otra parte hemos visto con creciente alarma las maniobras de quienes alevosamente pretenden sofocar la voluntad de independencia de un pueblo: maniobras que no se han detenido ante el ametrallamiento de multitudes indefensas.
Dadas la insólita magnitud y la extremada gravedad de estos actos, no es digno que sector alguno del país permanezca silencioso. Las diferencias ideológicas, a las que no hay por qué renunciar, deben ser dejadas de lado cuando se halla comprometida la sobrevivencia misma del país, y cuando se trata de defenderlo frente a incalificables conjuras contra nuestra soberanía, que es ahora más cabal que nunca antes. Es eso precisamente lo que algunos - por fortuna bien pocos - no pueden perdonarnos: nuestra definitiva decisión de ser y permanecer libres.
Al expresar nuestra indignación por los hechos ocurridos, cuya cuidadosa preparación ha quedado ampliamente demostrada y cuyo fin evidente era ahogar una vez más todo anhelo de libertad política y económica en una pequeña nación, queremos proclamar nuestra firme voluntad de defender este momento excepcional con cuantos medios tengamos a nuestro alcance, pues no queremos ni podemos, hoy, preferir nuestra vida como individuos a nuestra vida como pueblo.


La Habana, octubre 25 de 1959.

Alejo Carpentier, Pbro. Ángel Gaztelu; Medardo Vitier, Juan Marínello; Virgilio Piñera, José Lezama Lima; Nicolás Guillén, Lino Novás Calvo, Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar, Samuel Feijóo; Enrique Labrador Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Jorge Mañach, José Antonio Portuondo; Eliseo Diego; Mirta Aguirre; José Rodríguez Feo; Marcelo Pogolotti, Pablo Armando Fernández, Manuel Navarro Luna, Fayad Jamís; José Áivarez Baragaño; Fermín Borges, Fina García Marruz; Luis Aguilar León, Roberto Branly; Carlos M. Luis; Aldo Menéndez, Pedro de Oraá; Heberto Padilla, César Leante; Alcides Iznaga, Lorenzo García Vega, Graziella Pogolotti; Octavio Smith, Severo Sarduy, Humberto Rodríguez Tomeu; Gregorio Ortega, Antón Arrufat, Manuel Díaz Martínez, Lisandro Otero; Rosario Antuña, Jaime Sarusky; Humberto Arenal; Adrián García Hernández; Sergio Rigol; Loló de la Totriente, José Barbeito; Raimundo Fernández Bonilla; Julia Rodríguez Tomeu; Rine R. Leal; Luis Agüero; René Jordán, Rolando Ferrer, Onelio Jorge Cardoso.




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