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El minué que Virgilio
no bailaba
Uno
de los mitos recurrentes de la contrarrevolución ilustrada
cubana, la misma que cuando le conviene se envuelve en versallescos
terciopelos libertarios y cuando no, en vulgar papel de estraza
remojado previamente en el arroyo, divide a los escritores cubanos,
en agraciados y desgraciados. Los primeros son los elevados a su
panteón por obra y gracia de una escrupulosa operación
de selección y depuración ideológica, un tenaz
escrutinio de su capacidad corporal para las reverencias, y la medición
exacta de la distancia interpuesta entre ellos y la causa apoyada
por la mayoría de su pueblo. Los segundos somos todos los
demás, principalmente aquellos que no desertan, que no se
venden, que no se alquilan. De más está decir que
en esta película estos últimos son los malos, los
equivocados, los que jamás alcanzarán la bienaventuranza
de los premios internacionales, ni el aplauso conocedor de un público
cultísimo, como el que cortejan y moldean con su política
cultural los locutores radiales de la mafia de Miami y los genios
repartidores de blasones intelectuales al por mayor de la revista
“Encuentro”, encargados de pregonar la inmortalidad
del poeta, ensayista o novelista cubano del exilio a quien le toca
en esa semana.
Por ejemplo, en el número 34-35 de la revista “Encuentro”,
correspondiente al otoño-invierno del 2004-2005, encontramos
una reseña bonachona de un tal Narciso J. Hidalgo destinada
a ensalzar el libro “Lunes de Revolución: Literatura
y cultura en los primeros años de la Revolución cubana”
de alguien llamado William Luis, ambos, como es de suponer, lumbreras
del exilio cubano, miembros del selecto escuadrón de los
agraciados, pozos del saber ilimitado en todo lo que a Cuba atañe.
Pero una cosa es engañar pepes en Madrid o rubios mascadores
de chiclet de Ohío, y otra intentar meter gato por liebre
en Guaracabuya.
William Luis nos enseña en su libro, provocando el éxtasis
enamorado de Hidalgo, que el affaire suscitado alrededor del documental
PM y las polémicas desatadas, que condujeron a la reunión
de tres días en la Biblioteca Nacional de los principales
artistas e intelectuales cubanos y al discurso de Fidel conocido
como “Palabras a los intelectuales” (30 de junio de
1961), “marcaron el inicio de la centralización y la
politización de la cultura”, provocando “miedo
entre los intelectuales”.
Hasta aquí un buen cuento para dormir a niños y viejos,
para deslumbrar a lectores en el Metro de Madrid o a excursionistas
que se solean en el Central Park, de New York, sobre todo cuando
los scholars al estilo de Luis e Hidalgo rematan con una frase supuestamente
puesta en boca de Virgilio Piñera, y que diría más
o menos “Yo sólo sé que tengo miedo”…,
en dependencia del arte dramático de quien la cite.
Someto a la consideración de los lectores dos interesantes
textos de indudable valor histórico, en la absoluta seguridad
de que jamás los hallarán citados en ninguna de las
enjundiosas obras de recopilación, esclarecimiento y adoctrinamiento
a que nos tienen acostumbrados los sesudos genios del exilio ilustrado
cubano, principalmente los que se dedican a demostrarnos que nada
sabemos sobre Cuba desde “Encuentro”, o en los inefables
libros de revelaciones macarrónicas que cada cierto tiempo
nos endilga “Ediciones Universal”, de Miami.
El primer texto corresponde a un comentario sobre la salida del
primer número de la “Nueva Revista Cubana”(abril,
1959) escrito por Virgilio Piñera, y publicado en el periódico
“Revolución”, dirigido entonces por Carlos Franqui.
En él se apreciará a un desmelenado Virgilio, en trance
jacobínico, clamando contra la publicación que dirigía
entonces Cintio Vitier, a la que reprochaba por ser demasiado adicta
al rapé y el minué, o sea, a lo refinadamente cortesano
en tiempos de revolución. Después de arremeter contra
Lezama y Retamar, este nada amedrentado comentarista tronaba porque
el arte se “empapase (definitivamente) con la luz revolucionaria”.
Sin dudas, una curiosidad hemerográfica que dejará
colgados de la brocha a los pacientes constructores de los mitos
culturales fundacionales de Miami.
El segundo texto es una joya, y ayuda a desmentir la supuesta
“politización inducida” de los intelectuales
y artistas cubanos a partir de “Palabras a los intelectuales”.
Como se apreciará, desde dos años antes, una larga
y más que curiosa lista de ellos, motu propio, habían
sentido la necesidad de pronunciarse contra las agresiones terroristas
que comenzaba a sufrir su pueblo, originadas, por extraña
coincidencia, donde mismo se siguen originando bodrios literarios,
no menos terroristas, como el de los scholars de marras, destinados,
precisamente, al cambalache de la verdad histórica por la
más insultante propaganda.
Los archivos y bibliotecas cubanas guardan muchos materiales como
estos, a la espera de que verdaderos investigadores los saquen a
la luz. Por eso tiembla más de uno en Miami y Madrid. Precisamente
los que viene a enamorarnos con mentiras, los que esconden sus honras
rezurcidas bajo las faldas.
Angel de la Guardia
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| Copia
facsimilar del texto de Virgilio Piñera con su transcripción. |
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VIRGILIO PIÑERA
La Nueva Revista Cubana
• La Nueva sigue siendo la Vieja
• Rapé, minuet y salón de espejos
• Muy estético, erudito y poético
A pesar de su nuevo formato, del adjetivo «nueva»,
de la declaración de propósitos («Aspiramos
a que esta publicación sea un espejo fiel, de nuestras
inquietudes y esperanzas» ...), la Nueva Revista Cubana
sigue siendo la Vieja Revista Cubana. Tal contingencia me
recuerda la famosa frase ---creo que de Pozzo di Borgo (o
acaso del Zar Alejandro I, para el caso es lo mismo)- sobre
los Borbones, con motivo de la vuelta de éstos a Francia:
No olvidaron nada, no aprendieron nada».. Por supuesto,
Luis XVIII no lo hizo del todo mal como rey constitucional
de los franceses. Por ejemplo dio la Charte y otras cosas.
Por su parte, la nueva revista no está mal, pero no
está con los nuevos tiempos; sigue oliendo a Anclen
Regime: ni ha olvidado ni aprendido nada... Cualquier lector
que la tome en sus manos (nacional o extranjero) comprobará
que sus páginas se nutren con artículos correctos,
que el tono general es respetuoso, que su presentación
tipográfica es agradable, que su lectura no levantará
vientos de tempestad, pero que por eso mismo huele incuestionablemente
a rapé.
Veamos, como método comprobatorio, el material de este
primer número. Pero digamos antes dos palabras sobre
el espíritu que informa la mayor parte de los trabajos
allí contenidos. Estilo provinciano, ése donde
nunca escuchamos el célebre «pistoletazo»
de Stendhal… ¿Un ejemplo? En el artículo
titulado «Esta tarde nos hemos reunido ...», se
lee: «Esta tarde nos hemos reunido aquí las víctimas
de una delicadísima comedia de equivocaciones. Porque
el que les habla escribe, han creído sus amigos que
podrían traerlo a ésta la más fina casa
la cultura imaginable a que dijese algunas cosas nuevas o
cuando menos entretenidas ...» Atchís, atchís...
Perdón, es que tanto rapé nos provoca deliciosos
estornudos, y con tanta amabilidad casi estamos pidiendo la
limonada de las cinco … Sin duda, se trata de un estilo
borbónico: hay, además del rapé, el discreto,
el minuet, y el Salón de los Espejos... No creo que
haya que cargar toda la responsabilidad al Director de orquesta.
Aunque sé que les gustan estás piezas, también
no es menos cierto que no tenía a su disposición,
en el momento de confeccionar el programa de concierto, mucho
donde escoger. Fatalmente, es éste el modo de expresarse
de los escritores cubanos en su inmensa mayoría. Los
argentinos, que también padecen de este mal, lo llaman
«estilo florcita»: Vaguedades y fiorituras. En
suma, aburrimiento. Tanto más se echa de ver todo ello
cuando abandono tales aburrimientos tomamos una revista francesa
o inglesa por
ejemplo; «Les Temps Mordenes» o «Encounter»
i Allí los artículos son en vivo, el escritor
no se pierde en vaguedades; se siente plenamente comprometido
como tal y sabe que al lector no se le puede dar gato por
liebre. En Cuba, cierta crítica malamente calificada
de respetuosa ha venido haciendo estragos por más de
treinta años: «no digas esto, o si lo dices procura
no herir a nadie. No te metas en camisas de once varas, (precisamente
las varas donde todo escritor que se respete debe meterse
de lleno)». Es así que, sin percibirlo nuestras
producciones resultan blandas, fofas y amorfas. Y si nos lo
hicieran ver, exclamaríamos al punto: «¡Pero
somos tan poéticos!». Ni siquiera vale tal excusa.
Acabo de leer un ensayo de Paul Nougé -Notas sobre
la poesía concebido desde un método dialéctico
implacable. A él, remito al lector (Revista: Les Levres
Nues, No. 3, octubre de 1954). Y es que no puede hablarse
de poesía utilizando palabras pretendidamente poéticas,
o perdiéndose todo el tiempo por los Cerros de Ubeda...
Volviendo a «Les Levres Nues», diré que
se trata de una revista surrealista, y ya sabemos cuantos
delirios pueden permitirse sus partidarios. Aquí. tocamos
fondo otra vez. Nunca, por ejemplo, he sorprendido a Breton,
aún en sus momentos de delirio los más explosivos,
en un fallo conceptual a en una gratuidad. Esta es una lección
por aprender de parte de nuestros poetas.
Decididamente, este primer número de la Nueva Revista
Cubana ha tenido mala suerte en lo que respecta al rapé.
Lo digo, porque un poeta tan alejado del polvillo delicioso
como es Nicolás Guillén, publica un poema que
es todo un canto al Antiguo Régimen, No digo que Guillén
no pueda permitirse tales libertades, pero tal parece que
frente a un programa de concierto tan clásico, no le
quedo otra salida que dar esa Epístola (dedicada a
dos amigas cubanas que invernaban en Palma de Mayorca. A sólo
cinco meses del triunfo revolucionario, uno debe presumir
que Guillén, poeta revolucionario en toda la acepción
de la palabra, nos ofrecería algo revolucionario. Pero
no pudo, el programa exigía el rapé, y ya lo
ven, ahí están las dos amigas - Agueda y Nora
- chismeando agradablemente con el poeta en las páginas
de la Nueva Revista Cubana. Bueno, el Partido le pasará
por alto este pecado venial.
En cuanto a Lezama (y siguiendo con los Luises y los lises)
me recuerda a Carlos IX, el desafortunado autor de las famosas
Ordenanzas, que acabaron por sacarlo del trono. «Himno
para la luz nuestra» no es otra cosa que la senil voluntad
de un monarca tratando de imponer su Ordenanza. Por lo demás,
canción escuchada hace sus buenos veinte años.
¿Un ejemplo? Ahí va: «Luz junto a lo infuso,
luz con el dalmón, para descifrar la noche y la sangre
de las empalizadas. Las tiras de la piel ya están golpeadas,
y ahora, clavad la luz en la cruz de la Pasión»:
Y relacionando ahora la Nueva Revista con la Revolución,
a nosotros nos parecía que éste su primer número
se acercaría de modo conveniente a ésta para
empaparse en su luz. Aparte de las mil razones que justificarían
un número revolucionario, estaría, por lo menos
ésa que recibe el nombre de. «violín abligato».
A la caída de Perón en Argentina, la revista
Sur, que nunca ha aspirado a la hegemonía del proletariado
ni cosa parecida, juzgó oportuno e histórico
que la revista dedicara un número a la Revolución
argentina (llamémosla así rara facilitar). En
ese número, los escritores argentinos hicieron el recuento
de los diez años de la tiranía peronista. Y
lo mismo, aunque con menos logro, efectuó Ciclón
en su número de …
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| A
continuación las Declaraciones de los escritores cubanos
con su transcripción. |
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NUEVA REVISTA CUBANA
DECLARACIONES DE LOS ESCRITORES CUBANOS
CON motivo de los graves acontecimientos ocurridos en Cuba
durante el pasado mes de octubre, en que distintos sitios
de la isla fueron atacados por aviones procedentes de bases
situadas en los Estados Unidos, se produjeron en Cuba enérgicas
protestas y muestras de adhesión al gobierno revolucionario.
Éste que hoy reproducimos fue el primer documento sobre
estos hechos proveniente de los intelectuales. No fue el único.
Posteriormente apareció el «Llamamiento a los
escritores, artistas e intelectuales del mundo», respaldado
por más de un centenar de firmas y encabezado por Alicia
Alonso, Wilfredo Lam, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén
y José Ardévol, en que se informaba de los sucesos
y se recababa el auxilio de los hombres de pensamiento.
Los hechos denunciados no se han repetido, creemos que en
parte no pequeña por las rápidas y unánimes
manifestaciones del pueblo cubano, así como por la
hermosa solidaridad manifestada por sectores amigos de todo
el continente y del planeta todo. Recogemos aquí, sin
embargo, las declaraciones, como testimonio de la actitud
de los escritores cubanos en momentos de prueba para nuestra
Revolución:
Los escritores signatarios deseamos expresar nuestra más
profunda indignación ante las agresiones físicas
de que ha sido víctima Cuba en los últimos días,
y especialmente ante el increíble bombardeo y ametrallamiento
de La Habana el pasada miércoles 21 de octubre, que
dejara un trágico balance de muertos y heridos.
El hecho de que este crimen, según cínica confesión,
haya sido dirigido por un desertor del ejército y traidor
a Cuba; y de que los aviones agresores utilicen como base
de operaciones a un país vecino que ha dado no sólo
acogida, sino atención senatorial a dicho traidor,
no puede sino acrecer hasta el máximo nuestra inconformidad
y nuestra repulsa.
Mientras por una parte contemplamos entronizadas la honradez
administrativa, la máxima rectitud en las tareas de
gobierno y la promulgación de leyes valientes e imprescindibles,
todo lo cual ha devuelto a Cuba el orgullo de sí y
la confianza en su destino; por otra parte hemos visto con
creciente alarma las maniobras de quienes alevosamente pretenden
sofocar la voluntad de independencia de un pueblo: maniobras
que no se han detenido ante el ametrallamiento de multitudes
indefensas.
Dadas la insólita magnitud y la extremada gravedad
de estos actos, no es digno que sector alguno del país
permanezca silencioso. Las diferencias ideológicas,
a las que no hay por qué renunciar, deben ser dejadas
de lado cuando se halla comprometida la sobrevivencia misma
del país, y cuando se trata de defenderlo frente a
incalificables conjuras contra nuestra soberanía, que
es ahora más cabal que nunca antes. Es eso precisamente
lo que algunos - por fortuna bien pocos - no pueden perdonarnos:
nuestra definitiva decisión de ser y permanecer libres.
Al expresar nuestra indignación por los hechos ocurridos,
cuya cuidadosa preparación ha quedado ampliamente demostrada
y cuyo fin evidente era ahogar una vez más todo anhelo
de libertad política y económica en una pequeña
nación, queremos proclamar nuestra firme voluntad de
defender este momento excepcional con cuantos medios tengamos
a nuestro alcance, pues no queremos ni podemos, hoy, preferir
nuestra vida como individuos a nuestra vida como pueblo.
La Habana, octubre 25 de 1959.
Alejo Carpentier, Pbro. Ángel Gaztelu; Medardo Vitier,
Juan Marínello; Virgilio Piñera, José
Lezama Lima; Nicolás Guillén, Lino Novás
Calvo, Cintio Vitier, Roberto Fernández Retamar, Samuel
Feijóo; Enrique Labrador Ruiz, Guillermo Cabrera Infante,
Jorge Mañach, José Antonio Portuondo; Eliseo
Diego; Mirta Aguirre; José Rodríguez Feo; Marcelo
Pogolotti, Pablo Armando Fernández, Manuel Navarro
Luna, Fayad Jamís; José Áivarez Baragaño;
Fermín Borges, Fina García Marruz; Luis Aguilar
León, Roberto Branly; Carlos M. Luis; Aldo Menéndez,
Pedro de Oraá; Heberto Padilla, César Leante;
Alcides Iznaga, Lorenzo García Vega, Graziella Pogolotti;
Octavio Smith, Severo Sarduy, Humberto Rodríguez Tomeu;
Gregorio Ortega, Antón Arrufat, Manuel Díaz
Martínez, Lisandro Otero; Rosario Antuña, Jaime
Sarusky; Humberto Arenal; Adrián García Hernández;
Sergio Rigol; Loló de la Totriente, José Barbeito;
Raimundo Fernández Bonilla; Julia Rodríguez
Tomeu; Rine R. Leal; Luis Agüero; René Jordán,
Rolando Ferrer, Onelio Jorge Cardoso.
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