..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.127, Viernes, 9 de junio del 2006

 

El Financial Times enumera las condiciones para perpetuar la dependencia en Latinoamérica / «Nuevo» programa para reafirmar la dependencia
Por El Equipo

En pocas ocasiones se puede encontrar un artículo en el que, con tanta claridad y sinceridad, se manifiesten las condiciones concretas que el capitalismo internacional espera imponer a los llamados “países en vías de desarrollo” para perpetuar su condición de países dependientes.

Después que en la reciente cumbre de Viena -entre los países Latinoamericanos y la UE- se concluyera que se “reconoce la soberanía sobre los recursos” [1], queda claro que existen aquellos que desean “ apropiarse ” de dichos recursos, buscando desesperadamente algún tipo de argumentación que le de visos de legitimidad al saqueo, tal como hicieran EEUU y Gran Bretaña al inventar las “armas de destrucción masiva” para ocupar Irak; o como intentaran internacionalizar en el pasado parte del territorio latinoamericano (Ver anécdota de Cristovam Buarque sobre la internacionalización de la Amazonia [2]).

En un tono, que a veces quiere ser amenazador, Richard Lapper describe cómo el ejercicio de la soberanía nacional podría inducir a los inversores extranjeros a buscar otros mercados en los que ubicar sus capitales. El redactor parece no leer el propio Financial Times para el que escribe, ya que en el mismo se afirma -en reiteradas oportunidades- que, frente a los excedentes de capitales y la baja rentabilidad de las empresas en los países desarrollados, existe una búsqueda frenética para ubicar dichos excedentes en los llamados “mercados emergentes”.

Quiere pues, el articulista, invertir el cuadro de situación y convencer a los lectores de los enormes perjuicios que ocasionaría para la región la adopción de medidas proteccionistas cuando en realidad lo que peligra es el interés de los “inversores” que ven disminuir sus lucros desmesurados.

Parece que la experiencia pasada no ha hecho escarmentar al Financial Times. Con el mismo tono amenazador y apocalíptico sentenció a la Argentina al desastre después del default, prediciendo que jamás lograría viabilizar el canje de bonos y que debía someterse a los dictados del FMI -y demás organismos multilaterales de crédito- si deseaba volver al sistema financiero internacional. Pobres de aquellos que se guiaron por sus “aseveraciones”.

Hoy los tenedores de bonos de deuda argentina que siguieron sus recomendaciones de no entrar en el canje se encuentran desesperados ante un futuro incierto mientras que, los que lo aceptaron desoyendo al FT, han recuperado gran parte de sus posiciones y en algunos casos hasta han obtenido ganancias debido a los “warrants” vinculados al espectacular desempeño del PBI; el FMI se plantea cómo hará para subsistir debido al fuerte déficit que deberá encarar el año próximo, y la Argentina ha emitido dos series de bonos que han tenido una aceptación razonable en el circuito financiero internacional.

Por otro lado sorprende que no se cite, siquiera una vez, que la defensa de los recursos naturales no es patrimonio exclusivo de Latinoamérica. En Europa, como recuerda José Luís Fiori de la Agencia Carta Maior, “recientemente se han multiplicado las políticas e intervenciones de los gobiernos para impedir adquisiciones y fusiones que puedan desnacionalizar sus empresas energéticas, como en el caso más sorprendente del veto inglés a la compra por parte de la rusa Gazprom de la Centric PLC, la mayor distribuidora de energía del Reino Unido”.

Finalmente, del presente artículo se puede extraer el siguiente “programa para la dependencia” , que sería el costo que debieran pagar los países latinoamericanos para acceder a las bondades de los inversores:

Privilegiar los intereses de los inversores extranjeros por encima de los de los ciudadanos nacionales, a los que curiosamente nunca se cita (“...cadena de acciones de inspiración nacionalista contra los inversores extranjeros.”).

Permitir que las empresas extranjeras dejen de cumplir con la ley y sus obligaciones contractuales (“...habiendo sido asumido su control por el gobierno de Ecuador después de un conflicto contractual.”).

Renunciar a la soberanía jurisdiccional judicial en pro de Tribunales controlados por los países “desarrollados” (“...han iniciado demandas legales contra el gobierno a través del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones del Banco Mundial.”).

Destruir el mercado interno mediante la eliminación del gasto social y las leyes laborales (“...las onerosas cargas laborales...”).

Incrementar el déficit mediante la reducción de impuestos (“...las onerosas cargas... ...impositivas”).

Fomentar el riesgo ciudadano, solicitando que se disminuyan los controles por parte del estado (“...pero ha sido incapaz de facilitar las restricciones burocráticas...”).
Liberalizar las tarifas de las empresas monopólicas prestadoras de servicios públicos (“...negándose a permitir que compañías extranjeras prestadoras de servicios públicos y financieros aumenten sus tarifas.”).

Comprometer el patrimonio ambiental, permitiendo que empresas extranjeras, cuyos métodos productivos están prohibidos en sus países de origen, se instalen en la región fuera de todo tipo de control (“...Los manifestantes argentinos, temerosos de la contaminación atmosférica...”).

¿Resulta conocido?

La Argentina cumplió todos y cada uno de estos puntos programáticos y el resultado fue que se convirtió en el país más dependiente del mundo -sin política monetaria propia y con “relaciones carnales” incluidas-, y casi llegó a desaparecer de la faz de la tierra como nación.

"La Argentina no existe más", titulaba un artículo de Le Monde el 9 de enero de 2001 [3], repitiendo los conceptos de Alain Touraine que se dio el lujo de afirmar categóricamente que la Argentina "no existe. Como país y como sistema político ha muerto".

Si hay algo que se le debe reconocer a los que quieren perpetuar la dependencia de las naciones latinoamericanas es su perseverancia, no así su creatividad.

El Equipo

Traducción del Financial Times y Comentario IRW

http://www.rodolfowalsh.org/article.php3?id_article=1950




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