..."Lo que os puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada..."
"Don Quijote de la Mancha". Capítulo XLII: " De los consejos que dió Don
Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula..."

ISSN: 1810-4479
Publicación Semanal. Año 3, Nro.127, Viernes, 9 de junio del 2006

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Una mujer en el espejo
Por Stella Callón

Especial para Granma

Rapsodia en azul para Pamela y piano, de la argentina Ana María Radaelli. La novela se presenta en la Biblioteca Nacional José Martí, el viernes 9 de junio, a las 2 p.m.

Este es en realidad un libro de poesía más que de prosa poética. Ana María Radaelli se deja atrapar por las palabras, sus juegos y sus magias, sin barreras, rompiendo esquemas, astillando espejos. Se hunde, como en un río, en esta historia en la que me reconozco y en la que muchos argentinos nos reconoceremos siempre y por eso es la poesía la que mueve mis manos para trazar estas líneas.

Rapsodia en azul para Pamela y piano tiene un tono irrepetible, el mismo que pudo ver Aitana Alberti en un prólogo luminoso. Con ambas, yo recorrí los "laberintos de la memoria" cuya salida es, en este caso, un inmenso acto de amor que derrota los tiempos del horror. Las marcas de las dictaduras bajo las cuales hemos vivido son laberintos diversos en la memoria, como lo son las clandestinidades o las huidas.

El mundo del regreso que plantea Ana María es también un largo, sinuoso y sorprendente viaje por laberintos. Como lo es el exilio. Quien ha vivido el destierro sabe que hay muchos exilios y que la vida se reinicia en forma constante, pero siempre las intemperies azotan. Ana María comienza el regreso desde un mundo cálido y protector y eso cambiará todas sus percepciones. Y necesita el espejo que siempre coloca frente a ella, donde sea que vaya. Así puede ser ella misma y desdoblarse en la otra, la que verdaderamente quedó encerrada y sin salidas. Ana es Ana y es Alejandra a la vez, una dualidad impecablemente resuelta en su literatura. Por todo eso, la novela aborda los destellos de una imagen en el espejo. Hay destellos del pasado, quebrados, hechos pedazos en las manos también rotas. La desesperada carrera del regreso está determinada por el plazo, un tiempo del otro que se acaba, y por los obstáculos, como un sueño en círculos. Y de eso se trata los caminos cortados por ríos desbordados, por inundaciones que lo arrastran todo y que dejan huellas y marcas y convierten el paisaje en espacios irreconocibles.

Para la autora, que está en el camino del retorno y la búsqueda de la hermana y la familia perdidas, de su propio paisaje también arrasado, la tragedia de la inundación es su propia tragedia. Como aquel puente maldito que atraviesa, que es en realidad el puente hacia una Ciudad Nueva, la ciudad de la degradación (Ciudad del Este), fundada por el ex dictador Alfredo Stroessner, en Paraguay. Ana María queda atrapada en esa Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay) en un sitio imposible de describir como lo es toda ciudad del mal. Y siente que por allí, por esos caminos pasaron también los desaparecidos que los dictadores del Sur se intercambiaban como objetos.

Sin saberlo, las inundaciones que la retienen son como piadosas barreras que le van dando señales incomprensibles para ella en ese momento. Le dicen las señales que no siga, que no cruce ese puente, al menos por un tiempo, hasta que pueda rearmar sus recuerdos y continuar su camino de regreso.

Ella es Alejandra-Ana, o Alejandra-Pamela-Ana la que escribe la novela, la que se desdobla, la que es la otra, amada y desconocida, luchando dentro de ese otro escenario de amores y desamores. Y la frontera es un espejismo cuando todo parece estar muy cerca, una ilusión eterna, que está a la mano, pero es a la vez inalcanzable. La protagonista corre jadeante para nunca llegar, porque todo la retiene en el camino.

Finalmente esa mujer, siempre doble, traspasa la Ciudad Nueva. Detrás de este espejismo está Pamela y Ale, las dos, las hermanas, simbióticamente unidas por tragedias, por complicidades, adormecidas por otros miedos. Y está la madre que nunca quiso serlo y que les dejó la señal del desamor como una imagen bíblica, látigo y castigo, y el padre, a la vez idealizaciones y una demanda nunca respondida del amor ausente. Y hay otra imagen desoladora y perversa: la del peregrino. El sacerdote que acompañaba a los prisioneros condenados a muerte por los dictadores y les ofrecía una confesión redentora, que en realidad pudiera servir para cazar a otros. Y les pedía arrepentimiento para luego bendecir a sus verdugos.

Ese sacerdote es real, tan real como lo fue en su niñez. Todo cabe en el laberinto del regreso, en los recuerdos que se mezclan con la nostalgia por la tierra que dejó y que a veces Ana-Alejandra-Pamela ve con los miedos de haber decidido por la vida. Con un lenguaje extraordinario, distinto, que bucea en los caminos de Alejo Carpentier, la autora anda por regiones bellísimas o duras, despiadadas, adivinando, detrás, los paisajes de la niñez. Y así logra una superposición maravillosa de imágenes. Hacia el final, Ana María va despojándose de las culpas, reencontrándose con sus hermanas, que eligieron caminos muy diferentes: la que decidió por lo aparentemente estable, en suma por la frustración, y la que se largó al mundo desafiante optando por la vida.

La novela de Radaelli marca una decisión, un compromiso con la vida. Eso es lo que significa el regreso. Entonces hace su duelo frente a lo que tenía que dejar atrás para vivir con lo nuevo, lo que renace cada día. Y su despedida del pasado tiene que ver con el rito de la liberación de los cuerpos, de la armonización de los dolores, y el retorno a su eterna lucha sin otros lastres que los dolores auténticos.

Hay en esta novela espejos rotos y enterrados y otros que brillan para reflejar transparentemente la cara de Alejandra, salvada de aguas y lodos, cuando, despojada, deja atrás el pasado para vivir con plenitud en otro paisaje, el que ella cinceló, y con hermanos y hermanas verdaderas que en su nueva tierra "sin males", como en los mitos guaraníes, la esperan como para siempre.

http://www.granma.cubaweb.cu/2006/06/08/cultura/artic01.html




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